viernes, abril 16, 2010

Un viaje por mi libido

Volviste a subir al mismo bus que cogí yo. Tu pantalón y camisa manga larga me hicieron reconocerte fácilmente. Fue lo que en la ocasión pasada, llamaron mi atención. Ese día, como siempre, el bus estaba lleno, nos tocó pararnos en el pasillo, uno a lado del otro. De reojo te analicé. Zapatos negros, corbata azul, carpeta en la mano, cabello engominado peinado hacia atras. Más alto que yo. Me gustan esos hombres.

Traté de percibir tu aroma, pero la cantidad de gente y olores no me lo permitió. Me quedé con las ganas.

La señora sentada al pie tuyo se levantó para bajarse del bus. Y me cediste el asiento. Es caballero, pensé. Punto a favor. Te sonreí y me senté mientras decía gracias.

Pensar que, quizá, jamás te enteres que has inspirado un post...

Tu entrepierna quedó a la altura de mi hombro derecho. Claro, las hormonas empezaron a hacer de las suyas. Sentía la carpeta golpeando ligeramente mi espalda. Tenías que agarrarte bien para no caerte. Quise decirte "puedo llevarte la carpeta si quieres", pero me quedé callada. Qué cobarde.

Se desocupó el asiento detrás mío, y te sentaste. El saber que estabas detrás mío me excitaba. Tenía el cabello recogido. Te mostré mi nuca. Espero la hayas visto. Esos cabellos chiquitos que van naciendo, los que me hacen erizar con tan solo un pequeño soplido. Espero hayas querido soplarlos.

Estaba sumergida en la lectura de mi libro. Pero no pude leerlo completamente. Las letras se convertían en gemidos, las palabras en tus dedos, un párrafo en tu espalda, el capítulo entero era tu cuerpo. Era allí donde quería sumergirme. Y perderme.

Está atrás tuyo, está atrás tuyo. ¡Ya mente! Contrólate. Deja terminar el capítulo. Verne nunca ha sido tan difícil de leer.

El viento despeinaba mi cabello. Ya estaba cerca de bajarme y me acomodé el cabello despeinado con doble propósito: el no andar con los mechones alborotados y el mostrarte mi cabellera. Solté el pincho, introduje mis manos y acomodé mis cabellos. Me peiné y volví a agarrarme el cabello. Espero hayas percibido el shampoo.

Me bajé.

Pero eso fue hace una semana. Hoy, justo hoy nos volvimos a subir al mismo bus. Había asiento disponible, me senté de una. Oh, qué delicia. Ahora quedaron tus nalgas a la altura de mis hombros. No podía ser tan obvia de morbosearte. Pero pude sentirte gracias al movimiento del bus. Sin embargo se desocupó un asiento más atrás y te fuiste, dejándonos solas, a mí y a mis ganas.

Hoy sí pude leer el capítulo de Los hijos del capitán Grant sin tanta interrupción.

3 comentarios:

Rossy dijo...

Solo diré:

Eres una sádica.

Mario Josefo dijo...

agh plgp... no te vuelvo a leer en mi esquinita de la muerte xDD

Kodama San dijo...

Iiichiiii!!!!!! Deberías tomarle una fotito así, calladita :P