El payaso se mueve alrededor de un halo mágico. Su sola llegada ilumina los rostros de los niños. Hoy lo vi, lo viví, con mis propios ojos. Yo mismo sonreía. Contenía las lágrimas. Y no eran gotas de dolor, ni de tristeza. Eran pequeñas gotitas de amor, de alegría.
Hoy fue mi primera visita, como civil, al hospital, para aprender a realizar las intervenciones lúdicas. Y estos payasos, estos hermosos, mágicos, y formidables payasos, cambiaron el ambiente de todo aquel que se les cruzó. Desde afuera. Ni siquiera entraban al hospital. Al cruzar la calle, al esperar en el semáforo, a las personas en la vereda. Al guardia, al vendedor de agua. Iban pasando e iban alegrando. Fue simplemente maravilloso. Entran, y todo cambia. La gente voltea a verlos, los niños se paran, se emocionan. Y risas. Risas por doquier. Es hermoso el sonido que produce una risa. Desde el fondo. Esa risa verdadera, que sale del diafragma, la que no puedes contener. La que NO debes contener.
La energía que irradian es tal, que uno sale cansado, pero renovado. Recargado. De tan buena vibra, que quiere regresar. Me llevo risas, me llevo juego, me llevo burbujas, príncipes, novios, zapatitos, famosos. ¿Dolor? Yo no vi dolor. Por 20 minutos, por el tiempo que dura la intervención lúdica en cada sala, yo no vi dolor. Yo vi alegría, emoción, algarabía, amor. Hoy vi amor. Del puro, del real, el inocente. El que simplemente nace, y uno lo deja salir. Ese amor que es como una ola expansiva, y llega hasta el rincón más escondido de la sala. Aquel amor que se esparce por los pasillos. Y con cada risa se multiplica, y se dispersa. Hoy llenamos ese hospital de amor.
Conocí a Fernando, un niño con parálisis cerebral. Quien se enamoró con locura de las burbujas. Así que le llenaron el aire de aquellas mágicas pompas de jabón. Y Fernando reía, a boca abierta. Se le reventaban en la nariz, en los brazos. Le soplaban, más y más burbujas. Fernandito reía con tremenda carcajada, que nos contagió a todos. Y así, todos a su alrededor reíamos. También conocimos a una nenita, que apenas vio entrar a los payasos, se sorprendió. Y todo el tiempo estuvo con la boca abierta. Haciendo: "ooohhhh". Las cejas alzadas. Siguiendo con la mirada todos sus movimientos. Una hermosura. Ella hoy va a soñar con payasitos de narices rojas.
Mi corazón está alborotado. Fueron tantas sensaciones que el pobre no sabe como controlarse, y volver a latir normal. Él quiere volver. Él quiere sanar. Sanarse, para poder sanar. Amarse, para poder amar. Voy a ser doctora. Doctora clown. Soy payaso. Y estoy enamorada de mi nueva profesión.
Creo que amo el verde. Sí, lo sé, mi color favorito siempre ha sido el rojo. Pero ahora último estoy empezando a enamorarme del verde. Del verde de tus ojos, por ejemplo. Ajá. De esa combinación verde tornasol que alumbra mis findes. O del delicioso verde hecho patacón, chifle, bolón, majadito, frito, asado. Cualquier plato que tenga verde. Y aunque deja de ser verde, el maduro, el pintón. Oh sí, lo amo también. El verde de la naturaleza. Siempre me ha gustado. Sentir el césped, oler la tierra mojada. Treparme a un árbol cuando era chiquita. Recostarme bajo su sombra ahora de adulta.
Verde es el mar,
verde la montaña,
verde es el musgo, verde su humedad.
Verde su mirada,
verde su pisada.
Verde es el camino,
es verde su destino.
Verde la esperanza.
Que nunca se pierde.
Verde la mañana,
verde el mediodía.
Verde es la tarde,
que me da alegría.
Verde la marea,
verde las palmeras.
Verde son las hojas,
y también tus ojos.
Verde es la botella,
llena de licor.
Verde las paredes,
de ese viejo cuarto.
Sueño en sus calzones,
que también son verdes.
Y en un desayuno...
con un bolón de verde.
¡De verde con café!
Con café.
Yo quiero un bolón de verde.
¡De verde con café!
Pero con mucho chicharrón.
Y hay algo verde que me tiene completamente enamorada. Mi nueva nariz. Una extensión de mi corazón. Que saca lo mejor de mí. Como nos dijo hoy nuestra madre: "van a sacar la mejor versión de ustedes". Hoy me llevo abrazos. Muchos, muchos abrazos (un abrazo verde también). Me llevo juegos. Risas. Complicidad. Miradas. Me llevo también la ausencia que nos hicieron los hermanos que faltaron. Me llevo narices. De muchos colores. Emociones. Sensaciones. Me llevo amor. Tranquilidad. Cansancio. Satisfacción. Ganas, muchas ganas. De salir y abrazar al mundo. De amar. De simplemente entregarme. De disfrutar. De vivir. Me llevo plenitud. Me llevo, me llevan, me dejo llevar.
Hoy he recibido un hermoso regalo: mi nueva nariz. "Verde ecológica", le dijeron. A lo mejor y es verde esperanza. O verde boooloooooon -inserte aquí babas-. No importa. Es una nueva oportunidad de sacar lo mejor de mí. Cada noche llego con las justas al taller de Payaso Humanitario. Y por más que esté cansada, del largo trajín del día, llego con una sonrisa. Porque me encontraré con mis hermanos payasos, con nuestra mamá payaso, eh, y la tía también, jajajajajaja. De repente, me olvido del mundo de afuera (aunque a veces es difícil), y estoy ahí, aquí. Ser y estar. Conectarme. Conmigo misma, con mis hermanos, con lo que sucede a mi alrededor. Lo que siento, lo que quiero. Llego cansada, sí, y uno creería que luego de 3 horas, debería salir agotada. Pero resulta que no. Salgo revitalizada. Cargada de una energía maravillosa. Llena de risas, miradas, sonrisas, abrazos, emociones, sensaciones, caricias, mimos, carcajadas. Un espacio donde lloro. Donde río. Donde me acuerdo de mi papá. Y extraño a muchas personas. Donde canto, sin importarme que, según yo, canto feo. Un lugar donde juego. Un lugar donde soy yo misma, en mi máxima plenitud. Donde no me juzgan. Donde no se juzga. Jamás creí que algo tan pequeño como una nariz pueda hacerme sentir todo esto. Estoy tratando de ponerlo con palabras, expresarlo, pero es difícil. Es simplemente disfrutar, sentir, ser. Es una experiencia enriquecedora. Te da motivos para sonreír sin razón. Te hace ver que vivir es un regalo maravilloso que tenemos. Y hay que aprovechar al máximo aquello. A llenarse de experiencias. De equivocarse, meter la pata, y seguir adelante. A aprender. A ser feliz. A aprender a ser feliz. Eso.
Así que ahora, tengo un nuevo amor. Una pequeña naricita verde, pillina, coqueta, juguetona, sensible. Esperen. ¿Me estoy describiendo yo, o estoy describiendo a la nariz? Jejejeje.
Se me mueve el piso en este momento. Quisiera pisar firme, sentir que estoy en terreno seguro. Pero no. No lo estoy. No lo siento. Me tambaleo. Así es la vida. Así de hija de puta. Te agarra y te sacude. Muévete, chucha. ¿Cuál va a ser tu próximo paso? No lo sé. No sé qué quiero. No estoy segura. Vamos. Tratas de pisar, pero el suelo se desvanece bajo tus pies. No voy a caer. Tropieza. Levántate. Sacúdete. Sigue. Sigue, Diana, sigue. No siempre tienes que estar segura. Es justamente este momento, instantes como este, los que te ayudan a definir. ¿Qué quiero? ¿Qué necesito? ¿Qué merezco?
Y se supone que ya debería estar dormida. Y, heme aquí, escribiendo. Bendita inspiración. Tienes que llegar en momentos tan inoportunos como este. Pero cuando arribas, no puedo evitarte. Debo dejarte fluir. Porque así soy, así somos, un equipo. Vos tocas la puerta, y yo, por más cansada que esté, os abro, me acomodo contigo en la sala, y nos ponemos a conversar. Sí, cansada. Porque despierto antes que salga el sol, voy al trabajo, termino mi jornada, hago ejercicio, y termino en un maravilloso taller, que está sacando un ser en mí que amo Y no acaba ahí. Llego a casa, a preparar todo para el día siguiente. Y recién voy 2 días, son 6 semanas. ¡Vamos, mona! Solita te metiste. Ahora te las aguantas. Como macha. Carajo. Y quiero dormir. Largarme a la playa. Decir: "qué chucha, te quiero también". Pero luego, lastimarnos. Maldita sea, otra vez. A veces no sé ni pa qué me meto, pa salir mal parada. Pero vuelve la naturaleza, el maldito escorpión. No quiero hacerte daño. No quiero hacerme daño. Quiero, te quiero. Me quiero. Dormir. Chantón. Párame la mano. Aquí me bajo. Y me duele el cuerpo, pero es el esfuerzo. Y en esta vida, hay que meterle ñeque. 10h58pm. Sigo despierta. Y la nariz me transporta. Me deja pensando, sintiendo. Ser, y estar. Estar. Quiero estar. Pero no aquí. Allá. Contigo. Con nadie. Conmigo. "Yo me entiendo", dice la etiqueta de este post. Sí, cómo no... Bien que me entiendo. Se acabó, inspiración, hora de dormir. Puedes seguirme jodiendo en sueños. Buenas noches.
Mi trabajo demanda que viaje a Milagro todos los días. Es una rutina que ya manejo de memoria. Sé cuánto me demoro en llegar al terminal, qué buses me llevan, la hora máxima en la que debo estar embarcada para llegar a tiempo, los programas de radio que escuchan, las películas que ponen (a veces me sorprenden), dormirme sin pasarme de mi parada, etc. Sin embargo, el día de hoy, me tocó viajar a lado del conductor, en el asiento destinado al oficial. El conductor era un negro, contextura gruesa, de esa hermosa raza mulata que tenemos en nuestra costa ecuatoriana. Empezamos a conversar (heredé de mi padre la facilidad de entablar conversación con desconocidos), y como buena curiosa, le pregunté cómo era la vida de un conductor de bus de pasajeros. Ahí, Jhon Jairo -Sánchez Yiovanni-, me confesó que su verdadera profesión es la de domador de animales de circo. Yo me quedé pasmada. ¿Qué hace un domador de animales manejando un bus a la ciudad de las piñas? Y a partir de ahí, tuve el viaje a Milagro más interesante que he vivido hasta ahora. Me contó que empezó desde muy pequeño, cuando el circo de los hermanos Gasca venía al país. Trabajó con ellos, "en la labor más baja de todas: limpiar". Así estuvo un tiempo, hasta que un día el domador le dijo que iba a enseñarle el oficio. Jhon Jairo se asustó. Me confesó que no quería. Pero el domador le insistió. Le dijo que no iba a ser un "limpia mierda" toda su vida. Hacía que se sentara detrás de él, y viera todo lo que hacía. "El truco está en el movimiento del látigo". Jhon Jairo paría. Compartir espacio con 4 tigres que pueden devorarte, debe ser algo espeluznante. Y así, poco a poco fue aprendiendo. Cabe recalcar, antes de proseguir con mi relato, que yo estoy en contra de estos espectáculos. De chiquita papá nos llevaba al circo todos los años, y me fascinaba. Pero ahora, que defiendo los derechos de los animales, sé el ambiente inhumano en que muchos circos de mala muerte los mantienen, el que estén en cautiverio, y el simple hecho de domar una bestia salvaje para que haga maromas o acrobacias para el simple el disfrute de las personas, me parece denigrante. Yo sigo disfrutando el circo, pero no si ofrece espectáculo con animales que deben vivir en libertad. Jhon Jairo, muy conversón, me dijo que por ahora estaba manejando un bus, porque lo quisieron mandar a Irak (o Irán, no le escuché bien), a un circo. Todo pagado. Le daban comida, hospedaje, y su sueldo intacto. Pero lo rechazó porque allá hay una gran tasa de muertes. Y eso que iban a pagarle muy bien, pero iba a ser muy peligroso. Además no iba a poder hacer nada fuera del circo. Me decía que "allá las mujeres están todas cubiertas. Les ponen una tela, que sólo se le ven los ojos, y ni siquiera puedes mirarlas. Aparte, me encanta bailar, y allá no hay nada. Ni canchas, y a mí me encanta pelotear". Entonces decidió quedarse, para la siguiente oportunidad. Que igual ya mismo se le da. Me dijo que se iba al Perú, por las fiestas patrias, durante 1 mes. "Claro que tengo que llegar antes, para conocer a los tigres". Conocer a los tigres. Qué fascinante. Gracias a su trabajo, ha estado en varios circos de América. Además del Perú, me dijo que ha estado en México, Estados Unidos, Argentina. "Desde que me enseñaron a usar el Facebook, mandó mis videos a todos lados, y me llaman. Les gusta que sea negro, porque no hay domadores negros. Todos son blancos. Entonces vienen y me presentan como el domador de bestias salvajes, proveniente de África. Y a la gente le gusta eso". Pero también sucede que se sorprenden cuando se enteran que en verdad es de Ecuador. Y la gente se emociona. Porque no creen que acá haya nacido alguien que pueda domar fieras. Le pregunté cuáles eran los animales más fáciles y difíciles de domar. Me dijo que los elefantes y los caballos son los más sencillos. Obvio, por su nivel de inteligencia. Y que el más difícil es el oso, por ser el más agresivo. Él trabaja con cualquier animal, menos osos. No le gustan. Su favorito es el liger. Ha trabajado hasta con un máximo de 8 tigres al mismo tiempo. Ha recibido algunos zarpasos, en los brazos, en la nalga. Me contaba del caso de un domador que fue asesinado en pleno espectáculo, en frente de todos los espectadores. Dice que nunca debes descuidarte. Le pregunté cómo hacían para que no atacaran, si el asunto es tenerlos con la panza llena, y me dijo que no. Que el animal tiene miedo a que le pegues, y por eso te hace caso. Pero que el instinto está ahí. Y en cualquier momento, puede atacarte. Pero eso también depende de la personalidad del animal. Sí, tienen carácter. Unos los va conociendo, y sabe cuáles son dóciles, cuáles son más tercos, cuál se te quiere sublevar, etc. Así que muy alejados de nosotros no se encuentran nuestros queridos 4 patas. Luego pasó a contarme que los tigres son bien alimentados. "Carne de primera, fileteadita. Y viajan en camiones amplios, que yo también manejo a veces". Que les limpian las jaulas seguido, porque en cualquier momento les cae la inspección y si hay algo malo, los multan. Le dije que ahora hay cada vez menos acogida a los circos con animales, por todo el tema de los derechos de ellos, y me dijo que sí, que efectivamente hay menos circos, y que suben a Colombia. Donde tienen que pagar más para que los dejen presentarse. El espectáculo dura un promedio de 15 minutos. Que debe ser rápido, lo ideal es que dure 12 minutos, pero a veces hay tigres que se demoran en hacer caso, entonces hay que darles un poquito más de tiempo. - ¿Tu teléfono tiene eso para pasar videos entre celulares? - ¿Bluetooth? - Sí, sí, eso. Ten. Pasa este video para que veas lo que hago. Entre domar animales de circo y ser conductor de bus, ¿qué prefiere Jhon Jairo? "¡Domador!", me dijo sin dudar. Aparte que gana mucho más, es, obviamente, un trabajo más interesante. Y así, llegué a Milagro sin dormirme, con una gran historia, un video de Jhon Jairo domando a 8 tigres, su cuenta de Facebook para que lo agregue, y -no pude contenerme- una foto de los dos.
Cada vez que me sienta tentado a hablar duro, contendré mi impulso y callaré. Amar es no darse permiso para ser grosero.
Si no puedo acompañarte en tu camino, al menos no te estorbaré. Amarte significa desear que crezcas.
Nunca te echaré mis problemas. Sé que tienes bastante con los tuyos. Y amar, para mí, significa simplificarte la vida, nunca hacértela más complicada.
No quiero tener la razón siempre. Acepto que tú eres persona y tendrás razón al menos tantas veces como yo. Amar es ser y dejar ser: intentar ser yo y ayudarte a ser tú... (Y no olvides: aún un reloj parado tiene razón dos veces al día).
No querré la atención sólo para mí. Sin duda, a veces deberé actuar yo, pero otras tendré que conformarme y dejarte el puesto a ti.
No tengo que ser (no soy) perfecto, ni tú tampoco. Amar es aceptar nuestra imperfección.
Dejaré de pedir o esperar que cambies. Si te acepto en mi vida te acepto como eres. Sólo así creceremos ambos.
Desde ahora renuncio a culparte. Puesto que las decisiones las hacemos sobre nuestra experiencia personal, a nadie tendo derecho a culpar, a no ser a mí mismo.
Dejaré de tener expectativas. Una cosa es desear y otra tener expectativas. Lo primero genera esperanza; lo segundo genera dolor. Si fomento expectativas hacia ti, no te amo, te exploto.
En el amor puedo hacer una de dos cosas: esperar a que tú seas el que hagas algo por mí, o adelantarme yo a hacer por ti eso mismo que espero de ti. Lo primero es una forma de ponerme por arriba de ti, de creerme con más derecho que tú.