miércoles, mayo 17, 2017

La vida: importante, frágil, y efímera.

En aquellas tres palabras podría resumir lo que me sucedió ayer por la noche. Había llegado a casa luego de un pesado día de trabajo. No sin antes pasar por la dentista para un tratamiento. Mi mamá estaba en la cama viendo una serie, a la cual puso en pause para conversar. Luego de ponernos al día en nuestro día (valga la cacofonía), la conversación se desvió al tema de tener o no tener hijos. A mis 34 años puedo decir que no está en mis planes tener descendencia. Y suelo reírme por dentro porque cuando era adolescente, según yo, tenía planeado mi futuro. Iba a casarme a los 26, tener mi primer hijo a los 28, y uno, máximo dos más.

Quería tener hijos joven, para poder tener la energía, tiempo, y vitalidad para criarlos, educarlos, jugar con ellos, lanzarme al piso, trepar árboles, y todo lo necesario para darles una vida llena de fantásticas experiencias. Eso creía, y sí, sigo creyendo que debe hacerse. Pero ahora lo pienso no una, sino dos, tres, muchas veces, antes de tomar la decisión de ser madre.

Hablaba con mi madre, y entre risas le pedía disculpas, porque sé que ella quiere que le dé nietos. Tiene 2, sí, pero un "poquito" lejos. Allá mi hermano quien decidió cruzar el charco, encontró una maravillosa mujer por allá, y se instaló. Y aquí, yo, no quiero tener hijos. El universo puede ser bien conchudo a veces. Lo siento, amada madre.

No es un no rotundo a la posibilidad de ser madre. Sé que podría ser una madre maravillosa. Jodona, eso sí. Pobres mis hijos, les haría bullying maternal, ajajajajaja. Me siento preparada para serlo. Pero no quiero. ¿Por qué? Porque considero que es la responsabilidad más grande que alguien pueda tener en esta vida. Traer a este mundo a un pequeño ser humano, y criarlo para bien. Para que sea una persona con valores y principios, que sea un ente productivo y positivo para la sociedad. Y además de todo eso, que sea feliz.

No considero que debes tener un hijo porque te sientes sola, porque quieres compañía, porque sería bonito, porque sino no te realizas como mujer. ¿Ya estoy en la percha? No me importa. Es un gran sacrificio, que sí, trae muchísimos beneficios, pero también muchísima, muchísima responsabilidad. Es un acto de amor único, de entrega completa. Ser madre debe ser una experiencia maravillosa, incomparable. Sublime. Y me encantan los niños. No crean que soy tan Grinch. 

¿Pero saben qué me pone a pensar antes de tener uno? Los errores que puedas cometer en su crianza. Y muchos sin darte cuenta. Sólo busca en Internet artículos al respecto y te saldrán un sinfin de páginas. Frases que a muchos de nosotros nos dijeron. Acciones que veo hacer a otros padres, día a día. Cosas que hacen creyendo que es por el bien de los pelados, y los están cagando.

Si me cago la vida, quiero cagármela yo solita. A nadie más.

Y en plena conversación así de profunda, a mi madre le suena el celular y al leer el mensaje su rostró se opacó drásticamente. Su amiga de colegio acababa de fallecer.

En ese momento se fue a la mierda todo lo que estábamos hablando. Me acerqué rápidamente a abrazarla y sostenerla. Lloramos. Su muerte no nos agarró por sorpresa. Ella estaba enferma, internada. Era cuestión de esperar. Pero igual, lo esperes o no, una pérdida así siempre te tambalea el piso. Y duele.

La vida es un regalo. Siempre lo he dicho. Pero con cada acto, cada experiencia, aprendizaje, reafirmo que es tan frágil y efímera, que en el momento menos inesperado te la arrebatan. Bueno, no. Para arrebatarte algo tiene que ser tuyo, ¿verdad? ¿Nuestra vida, es nuestra? Quienes me conocen saben que no soy religiosa. Tampoco me considero atea, más bien sería agnóstica. Quién quita que esto que creemos es vida, no es más que una ilusión, un soplo cósmico, un juguete de un pequeño alienígena. E.T. va a despertarse y nosotros dejaremos de existir.

Es interesante la forma en que el universo equilibra las cosas. Una noche cualquiera estás hablando de traer vida, al mismo tiempo que se va otra.

jueves, abril 27, 2017

"Le dejo al niño porque está malcriado".




En mi trabajo atiendo muchas personas al día, y algunas de ellas suelen venir con algún niño. Bueno, a veces traen el batallón. Cuando el niño es bien portado me encanta. Se sienta o se queda parado al lado del adulto. Si me saluda, ¡me derrito! Y se queda tranquilo. Puede estar jugando, viendo alrededor, o escuchándonos (aunque no entienda nada). En otras ocasiones el chamaco empieza a exigir atención: llama al adulto, interrumpe, se empieza a mover, etc. Un buen llamado de atención y finito. Asunto arreglado. Comprendo que acompañar a los padres a hacer diligencias no es nada entretenido para un pelado. Recuerdo cuando me tocaba ir con mi madre a realizar sus trámites. Y sí, uno se ABURRE. 

Pero, ¿qué sucede cuando el pelado no hace caso y el adulto saca la famosa frase: "Pórtate bien o le digo al guardia que te lleve"
Me hala de los pelos. 

En mi adultez he aprendido el peligro de lanzar semejante amenaza a un menor. Ah, y esperen que tenemos sus variaciones: 
- "Le digo al policía que te lleve"
- "Te va a llevar el Cuco". (Esta sí es de antaño. Hace tiempo no la escucho). 
- "El doctor te va a poner una inyección"
- "Te voy a dejar aquí botado"
- "La niña se va a poner brava". (La peor para mí. Yo, aquí, la villana, la roba niños, la bruja de la historia). 
- "Niña, le regalo al niño". (Ni loca. ¡Lléveselo!) 

Entiendo que es algo que aprendieron de sus padres. Y se transmite de generación en generación. Muchos recibieron la misma advertencia cuando eran menores. Pero no, no, no. Es nefasto. 

Primer error: crear temor e inseguridad. 
Miedo a que se lo lleven. ¿Entiendes lo que significa eso? Ponte un momento a pensar como un niño. Un niño que confía en sus padres, que debe confiar en los adultos. Y el mismo adulto en quien más confía lo amenaza con regalarlo, dejarlo, o permitir que un desconocido o figura de autoridad le haga daño. Imagínate el trauma que puedes ocasionarle. La figura que lo cuida, lo protege, lo ama. 

Segundo error: aprende a portarse bien por temor, no porque es lo correcto. 
Un niño debe aprender a comportarse, y entender que en ciertos lugares debe quedarse tranquilo. Que hay un momento y un lugar para todo. No por miedo a que le pase algo malo. Peor cuando lo amenazas con una figura de autoridad a la que no debería temer. Después no entienden por qué le tienen miedo al doctor, al dentista. Una persona en la que deben depositar su confianza, respetar.

Tanto así que han habido campañas donde piden que dejen de utilizarlos como herramienta de amenaza ante un mal comportamiento. 






También sé que es difícil que una criatura pequeña entienda el concepto de esperar, realizar trámites, sentarse en un escritorio y no entender qué están haciendo. Para entretenerlo lleva un juguete, algo en que pueda enfocar su atención. Y así va a ser más llevadero para él. Y háblale. Explícale. Creer que porque es "niño" es bruto y no entiende, es menospreciar su capacidad cognitiva. Los pelados pueden ser pilísimas, si los educas. Si les das tiempo, espacio, calidad. No tratarlos como adultos, pero sí enseñarles a razonar, a comprender. No les das la tablet y ahí que no joda...

Este tipo de reprimendas lo que hacen es erosionar la confianza en sus mayores, en los adultos, en las figuras de autoridad. Y esto, aunque no lo crean, queda grabado en el subconsciente y al crecer les puede dificultar entablar relaciones afectivas sanas.

Me encantan los niños, hasta que empiezan a hacer berrinches. Y por alguna razón el universo no me ha dado hijos. Lo cual agradezco. No sé si quiera ser madre, al menos en esta vida. Sin embargo, sigo aprendiendo.

Ay, si supieran cuántos niños me han querido regalar...

Links de interés:

lunes, abril 24, 2017

Tu luz.

Pobre lunes. Es el día con la peor reputación de la semana. Y para colmo él ni tiene la culpa. Le tocó el calendario así y punto.


Yo tampoco quiero culparlo. Pero llego al terminal, avanzo a ver mi bici y, la falla: tubo bajo.

No saben cómo me puede cambiar el ánimo un tubo desinflado... Porque resulta que tengo todo programado, el tiempo medido, la ruta trazada, y un percance así me trastoca todo. 

Mi mente empezó a disparar ideas: "No te ofusques, Diana, sé práctica. Deja la bici, después te encargas de ella. Debes ir a la dentista. Mueve".

Y refunfuñando entre dientes avancé a la parada de buses.

Luego de esperar media hora en la sala de espera, salgo de la cita con una tercera dentista y un nuevo diagnóstico de mi hipersensibilidad. Tener meses sin poder tomar cosas frías no es nada agradable. 

Paga y avanza. No me jodas más, lunes.

Pero mientras esperaba la luz del semáforo para cruzar, veo pasar la única buseta que me avanzaba a casa. Buseta que volvería a pasar en, mínimo, 15 minutos. Y estaba empezando a llover.

Lunes, modérate.

Cruza y espera. Y espera. Y sigue esperando. Hasta que llegó. Al subir me topo con un cantante que entonaba en su guitarra las últimas notas de "Mi plegaria", y me senté canturreando. No pude evitar pensar en papá.

La buseta avanzaba y en Urdesa veo que llovía más fuerte. Yo sin paraguas, impermeable, nada. 

El lunes se había asociado con San Pedro...

Bájate en Ilanes y camina. Ya, te vas a mojar, qué más da. Camina.

Y camina.

Y sigue caminando.

Y  con mi mente frustrada, pensando en cómo rescatar mi bici, llevando en la mochila el nuevo uniforme de un trabajo que ya no me llena, el libro del curso de lenguaje de señas que se podía estar mojando, los frascos para las muestras de los exámenes que debo hacerme mañana en ayunas, lo que significa madrugar más de lo que ya madrugo para llegar al hospital antes de las 8, pastas de dientes, eliminar cosas ácidas, rogar que esta sea la solución para no tener que hacerme otro tratamiento conducto, mojándome, mojándome, mojándome, y de repente:


Un farol se prende justo encima mío.

Y veo arriba, su luz, su haz cayéndome, irradiándome, iluminándome. Y sonreí. Dejé de pensar en tantas huevadas y sonreí. Vi las gotas cayendo, iluminadas también. Recordé que de chiquita me encantaba mojarme en la lluvia. Cuando escuchaba llover salía corriendo al patio a mojarme. A bailar, a jugar, a saltar.

Seguí caminando con otra actitud. Aceptando. Recordando que hay cosas que puedo controlar, y otras que no. Y el truco es aprender a lidiar con eso. A aflojar, a ceder, a soltar. A arreglárselas y seguir avanzando. A encontrar la solución.

A mojarse.

Y así llegué a casa. Sin bici, mojada, y contenta.


Si en la noche azul,
Oyes el eco enamorado de mi voz,
Escúchalo, mi bien,
Escúchalo, mi bien,
Que es para ti.

jueves, marzo 16, 2017

Al frente.

No esperaba verte hoy. Quería. Pero no sabía que iba a suceder así. De la nada. Tan repentino. Un mensaje inocente, y seguí pedaleando a mi destino. Pero de pronto, entre el ruido de la ciudad, alguien me llamaba.

Eras tú. 
En la acera de en frente. 

Una sonrisa. Un saludo de la mano. Un mensaje de texto. 

- "Hoy no puedo"
- "Cierto. Lo había olvidado". 
- "Adiós". 
- "Adiós". 

Otra sonrisa. Una despedida de la mano. 

Y aunque una calle transitada nos separaba, te sentí cerca de mí. 

Tu sonrisa. Tu mirada. Tú.


sábado, diciembre 24, 2016

Navidad con el grupo Nins.

Después de 5 minutos de intentar prender mi laptop estoy aquí. Sí, la pobre está viejita y necesita un poco de paciencia y monearle el cable hasta que agarre. Podría escribir desde la tablet, pero se pierde la magia del teclado. Además que las palabras me fluyen mejor cuando presiono las teclas. Por algo el nombre del blog.

Sí, nada podrá igualar la delicia de la pluma y el papel. Eso es mágico.

Este post se ha venido cocinando solito, de a poco. Empezó con la chaucherita de mi papá. Se calentó con la última clase de yoga en Ganesha, y el "pin" del horno sonó hoy, con el cassette de villancicos. Así que ahora se los voy a servir. Cuidado, está caliente. Pero muy sabroso. 

Papá murió hace 8 años, ya mismo 9 (en enero). Todavía puedo recordar ese día y ciertos detalles con suma precisión. Pero hay uno que viene a medias. No recuerdo cómo obtuve su chaucherita (o monedero). Creo que estaba en su mochila. 

Los pies de papá sobresalían de la sábana blanca que lo cubría. En su tobillo tenía una pulserita de piola. Negra. Recuerdo agacharme, desamarrársela, y guardarla. La usé un tiempo, y la bandida se me cayó en algún lugar y no me di cuenta. Eso fue hace ya tiempo. Pero su chaucherita se mantuvo conmigo hasta hace un par de semanas. No sé cuánto tiempo la habrá tenido él. 

La chaucherita ya está vieja (como mi laptop), por lo que decidí que era hora de cambiarla. Pero no sabía si botarla, o guardarla. Podrá guardar sólo monedas, pero el valor sentimental es mayor. Ha estado en mi aparador, hasta que hoy, para tomarle la foto que verán más abajo, ha encontrado su nueva morada.


Poco a poco he ido armando una especie de altar. Y sin darme cuenta. La chaucherita es esa con tela jean, apoyada en la botellita de vino. Dicha botella me la tomé en Ayampe hace 2 años, en su honor. Al pie del mar. ¡Y claro que le di un poquito a él! Me guinda donde no echaba un chorrito al agua. También hay un rey y reina del tablero de ajedrez que tuve durante muchos años. Juego que él me enseñó a jugar, cuando era tan pequeña que ni siquiera tengo recuerdo de haber aprendido. Desde que tengo memoria, sé jugar ajedrez. Adicional, un par de piedras y conchitas. Y obvio, algo de los Beatles. ¿Dónde tengo el altar? Junto a mis libros. Otra hermosa herencia que me dio. El amor por la lectura.

Este jueves que pasó tuvimos la última clase en Ganesha. Llevo poco más de 1 año practicando yoga. Y aunque soy como la marea, porque he dejado de asistir par de meses, ya sea por danza, entrenamiento multifuncional, o ejercicio en mi casa, no hay nada que se le iguale. Esperen, también soy como Hunter, si se va, viene. 

La clase la dieron en conjunto Rafa y Desi. Y no se les ocurrió mejor idea que dedicarla a abrir el 4to chakra, el del corazón. ¡Ayayai, mona! 


En un post anterior ya les confesé que a veces lloro en el savasana. Adivinen qué pasó. Seeeeeeee. Se me volvieron a salir las lágrimas. Pero ahora le echo la culpa a Desi (la vez anterior fue Rafa). ¡Ya verán!

Sí, sí, les echo la culpa para hacerme la víctima. Pero en verdad les estoy agradecida. Venga, dejen que meta un poco de drama. Eso vende, ñañita.

Durante la clase, Desi dijo algunas cosas que me encantaría recordarlas ahora, para poder transcribirlas aquí. Es más, las quería escribir, pero eso significaba salirme de la postura, y perder el foco. No, lo siento. Ahí quedarán revoloteando en mi subsconciente, ayudándome a sanar, a ser mejor persona. 

Pero hay una frase que sí recuerdo. Porque me la escribí en la pierna. Sí, hice trampa. *Inserte aquí emoji del monito tapándose los ojos*

"Recuerda que cuando atravieses la oscuridad siempre al final habrá luz".

Y este año ha sido eso. Un recorrido en montaña rusa, mezclado con esos trenes que atraviesan túneles. Un subidón emocional. Una lucha interna, obstáculos, desafíos, pruebas. ¡Uufff! Sacudones. Metan fuerza G, tembleque del suelo, pérdida del norte, y no saber qué chucha hacer.

Pero en este momento, mientras escribo, me encuentro muy bien. Tranquila. Bien dice la frase, "mar en calma no entrena marineros". Y como dije esa noche en la clase, todo lo que me ha pasado me ha llevado a estar en el lugar donde estoy. Aquí y ahora. Y estoy agradecida. Eternamente agradecida con todo, con todos. Porque todo en esta vida no es más que aprendizaje. Experiencias, lecciones, momentos, decisiones. Y es para crecer, para mejorar, para ser felices. Porque sé que estamos aquí para ser felices. Y esa felicidad depende de nosotros. Este turbulento año está acabando bien.

Hoy, luego de dormir casi 12 horas seguidas, resucité y busqué un cassette de villancicos que mamá guarda todavía. Canciones que de chiquita ponía en casa desde el 1ero de diciembre. Eso era obligación. Y las cantaba como loca todo el día. Tradición año tras año. Y sí, estoy hablando de muchos años. No sé cuándo mamá lo habrá comprado. Y lo más extraordinario es que todavía lo tenga.

Lo pongo en la casetera, presiono play, y nada. NADA. No sonaba. Al sacarlo me doy cuenta que no estaba la cinta. Pero gracias a mi adolescencia Mac Gyviresca, herramientas, y un poco de cinta, logré recomponerlo. Claro, recordé que tengo problemas de motricidad fina, y me costó un poco. También felicité mentalmente a todos los cirujanos, quienes deben tener una precisión maldita para hacer su trabajo.



Lo vuelvo a poner en la casetera, presiono play, ahora con mamá a mi lado, y después de unos segundos, empezó a sonar. ¡LO HE SALVADO! ¡Salvé la Navidad! Nos abrazamos y empezamos a bailar. Y automáticamente las lágrimas empezaron a rodar (¡Deeeeesiiiiiiii, pooor queeeeee!) Se me agolparon todos los sentimientos, se alborotaron, hicieron mosh y empezaron a gritar: "eh eh eh eh". Y yo, moqueando. Abrazadas todavía. Todo se mezcló, el espíritu navideño, la falta que me hace papá, mi ñaño que está lejos, los recuerdos, todo, todito, todo.

Y adivinen: ESTOY OTRA VEZ LLORANDO.

Pero lloro de felicidad. Porque por más que papá se haya ido, sigue en mí. Por más que mi ñaño esté lejos, sé que está feliz. Y yo estoy aquí, junto a mi madre, una maravillosa mujer. Una guerrera, diosa, que todos los días me enseña. De quien siempre vas a aprender algo.

¡POR QUÉ ME PONGO TAN SENSIBLE EN ESTAS FECHAS!

Y así como el grinch al final de la película, ando contenta. Me vale el sistema, el consumismo, el caótico tráfico navideño, las largas colas de los supermercados, la gente como loca comprando regalos. Me vale. Vuelvo a creer en la Navidad. Vuelvo a creer que esta fecha es para amar, perdonar, estar juntos, sonreír, dar regalos (ya sean materiales o no). El que quiera comprar algo, que lo compre. El que quiera hacerlo a mano, que lo haga. El que no quiera hacer nada, que no haga. Cada uno es feliz a su manera. Y que la Navidad no sea excusa para todo esto. Que todo el año sea así.

Así que mis mejores deseos para todos ustedes, queridos lectores. Les deseo tiempo para estar con sus seres amados. Ese es el mejor regalo que pueden darse. TIEMPO. Aquello es irrecuperable.



Feliz Navidad.

Postdata: Mi casa ya huele a relleeeeenoooooo. ¡Wiiiiiiiiiiii!

lunes, octubre 10, 2016

La hormiguita.


La inspiración suele llegar en el momento menos esperado. Por ejemplo: en el asiento de atrás de un vehículo, regresando a casa a través de la autopista East 6th.

Alzas la mirada y ves un cielo negro, despejado, matizado con algunas estrellas. Y por tu mente pasa el pensamiento de estar viendo otro cielo (o al menos otro pedazo distinto al que siempre ves). Respirar otro aire, escuchar otro idioma. Una y miles de culturas. Y vivir nuevas experiencias.

Porque jamás te imaginaste pasar una tarde recolectando manzanas directamente de los árboles. Y subirte a un tractor para salir de la granja de calabazas.

Conocer una ciudad tan grande y tan famosa. La cual te hace sentir tan pequeña. Y que YO me sienta pequeña es difícil. Pero claro, si me comparo con todo el mundo, con todo lo que me falta por conocer, uff, soy minúscula.

Salir y vivir, experimentar, perderse, ubicarse, reencontrarse, reencontrarme. Descubrir cosas nuevas.

Soy muy chiquita para todo lo que puedo llegar a hacer. Pero creo que a las hormiguitas no les importa eso, ¿verdad? Agarran el bulto y empiezan a caminar.

lunes, septiembre 12, 2016

Boggart.

Creo que la inspiración para este escrito me ha llegado de a poquito. Como por tandas. Porque llevo tiempo pensando en escribirlo pero no me terminaba a decidir por donde empezarlo. Y es que llevo así ya un buen tiempo: sin saber qué hacer, cómo empezar. Con el escrito, y con mi vida. ¡Deténganme el paseo que perdí la dirección! 

¿No les pasa que se ven al espejo y no les gusta el reflejo? Y por más que de afuera te lleguen mensajes positivos tu mente te boicotea. Y ni los halagos, las vacaciones, la sonrisa, el positivismo, ni los mensajes del universo te sacan de aquel estado depresivo en el que solita te metiste. Un hueco que he ido cavando poco a poco, sin darme cuenta, y en el que me he metido. Y ahora, desde adentro, miro hacia arriba y pienso: "¿qué chucha pasó?" 

Así que ahora tengo que salir. Solita. Tal cual como entré, empezar a escalar y volver a subir. 

Porque estoy emputada de estar así. 

Este subidón emocional me tiene hastiada. No estoy contenta, estoy perdiendo tiempo, energía, vida. Y sé que todo depende de mí. 

No estoy a gusto conmigo mismo. En este momento no me gusto. Y lo peor es que me refugio en la comida. Y debo cerrarme la boca para no bajarme más fundas de papas. Y me engordo. Y, ¡oh no!, volvemos a hincar esa espinita del sobrepeso. 

Es impresionante como sucumbes a algo que sabes te está haciendo daño. 

Por eso ahora necesito escribirlo. Sacarlo. Plasmarlo en algo físico, que no se queden como ideas dando vueltas en mi cabeza. Algo así como el bicho ese de Harry Potter que adopta tu temor más grande. Lo siento, no tengo Google en este momento para buscar su nombre. Pero necesito invocar mi patronus YA. Porque solita me estoy jodiendo. 

Y así con este revoltillo de... Esperen, acabo de recordar que tengo una pequeña botellita de vino que calza perfecto aquí. 




Disculpen la interrupción. He vuelto. (Manía mía de escribir para un público). 

No puedo querer si no me quiero.
No puedo dar lo que no tengo. 
No puedo buscar un "somos" si no "soy". 

Diana (ahora me hablo a mí misma), hazte, hazme, haznos el favor de sacudirte de una vez por todas de esta montaña rusa emocional y encontrar la solución. Volvamos a tener ese equilibrio, esa armonía. Paz interior. 

Porque debo creer en mí. 
Porque soy fuerte. 
Soy capaz. 
Soy humana. 
Está bien llorar. 
Está bien perderse. 
Está bien. 
Estoy bien. 
Quiero estar bien. 
Voy a estar bien.