sábado, junio 22, 2019

Cuando me muera.

1. Donen todo lo que sirva de mi cuerpo. ¡TODO! Cuantas más vidas pueda salvar, seré más feliz. Si es que hay otro plano astral donde pueda serlo.
2. Lo que quede de mi cuerpo, crémenlo.
3. Me encantaría que me mezclen con tierra de sembrado y una semilla de mango. Me plantan. 🥭
4. En caso de no poder plantarme para convertirme en un jugoso mango, lleven mis cenizas al mar. 🌊
5. En mi velorio más les vale que se rían, cuenten chistes, y se acuerden de las pendejadas que hice. Pueden llorar pero no sufran tanto.
6. Brinden café, vino y cerveza. ☕🍷🍺
7. Contraten un carrito de canguil 🍿, algodón de azúcar, y churros. No será solo para los niños. ¡No se hagan los muy mayorcitos! ¡Bien que los veré comiendo churros!
8. Pongan música de los Beatles.
9. Cierren mis cuentas de redes sociales.
10. Vendan y donen mis pertenencias.

Pero por sobre todo, SIGAN VIVIENDO Y SEAN FELICES.
En caso de existir un más allá, ya nos hemos de volver a encontrar.

jueves, marzo 21, 2019

Hoy aprendí que Somos.

Hoy aprendí que Somos una sociedad machista, homofóbica, clasista, sexista, misógina, adultocentrista, racista. Y al mismo tiempo cálida, bondadosa, alegre, amiguera. Hoy comprendí que castramos emocionalmente a nuestros hijos varones, al mismo tiempo que ofrecemos a nuestras hijas al mejor postor. Digo, partido. Y que con tan solo 16 años ya vamos a ser madres. Y ya debemos dejar esas cosas de ensayos de lado, porque debemos cuidar al marido. 

Hoy aprendí que nuestros padres dicen estar orgullosas de nosotras y jamás han ido a ver nuestras presentaciones. Y que nos da permiso para ciertas cosas, pero para eso no. "Uy, no, señorita, mi marido para eso no me da permiso"

Hoy conocí dos adolescentes con la fortaleza suficiente para hablar de cosas que nos incomodan. De primos, flores, libros, y derechos. De respirar. De sueños. De ser. Y sobre todo, de no dejar de ser lo que queremos ser. 

Hoy regreso a casa con la analogía del gasfitero que con el tiempo ya solo grita: "eeerooooo". Que nuestra relación al pasar el tiempo sea como su llamado, el cual lo entendemos aunque no lo pronuncie completo. 

Hoy Somos mucho más de lo que fuimos tiempo atrás. Y todavía nos falta por ser.

La danza del asiento amarillo.

Decidió avanzar hasta la estación central para agarrar el bus que la dejaba al pie de su casa. Ya era tarde. Justo se bajaba del bus y vio llegar al que debía subirse. Entró y se fijó que todos los asientos azules ya estaban ocupados. Al inicio del bus, sólo habían 3 asientos amarillos desocupados. Asientos que no son para ella.

"Ya es tarde", pensó. "Tal vez no se llene el bus. Y si se sube alguien que tenga preferencia, me levanto". Y así se sentó en uno de ellos.

Los otros asientos amarillos estaban ocupados por dos ancianos, y por otros dos jóvenes que, a simple vista, no eran de la tercera edad, no estaban embarazados, con alguna discapacidad física, o niño en brazo.

El bus inició su recorrido. Un par de estaciones más adelante se subió un señor de la tercera edad. Nadie se inmutó. Automáticamente ella se levantó y le cedió el asiento. 

Y ahí inició una danza. Sin música.

Uno de los jóvenes en otro asiento amarillo se levantó para cederle el puesto a ella. Sonrío y se sentó. El bus siguió avanzando y, nuevamente, luego de un par de estaciones una anciana se subió. Nadie se movió, y ella le hizo señas indicándole que se acercara. Pero el impulso tal vez fue contagioso porque el otro joven se levantó primero para cederle su asiento.

Ella sonrió y se quedó sentada. Tal vez vibraba en bondad y la estaba esparciendo.

Faltaban apenas 4 estaciones más para su parada cuando se sube una señora, de rostro cansado. La vio buscando dónde agarrarse bien y le sonrió. "Señora, venga, siéntese aquí", mientras se levantaba. Entre las arrugas brillaron unos ojos agradecidos. Con cuidado se sentó, y se pudo ver cómo dejó su cuerpo caer.

El recorrido llegó a su fin. Aunque sólo iba a casa en su mente ella iba danzando.

jueves, enero 31, 2019

No me quiero olvidar.

Ayer estaba viendo un capítulo de The Good Place en donde Chidi, para poder seguir con el plan que tienen, decide resetearse para no acordarse haber conocido a su ex. El asunto está en que al hacer eso se olvidará también que conoció a Eleanor. El Arquitecto decide mostrarles una película de momentos que pasaron juntos, como pareja. Y como a mí me encanta echarle la culpa a mi menstruación cuando me pongo sensible, asumo que gracias a ella se me mojaron los ojitos y me puse a recordar momentos nuestros.

En la u, en una clase con Marina, ella nos preguntó sin qué cosa no podríamos vivir, o ser. Empezamos a responder: el oxígeno, el agua, la comida, y cosas así. Necesidades básicas como seres humanos. Ella quería que fuéramos más allá. Por más que dábamos opciones, nunca le atinamos a la respuesta. Hasta que nos dijo: "la memoria". Nosotros no seríamos nada si no tuviésemos memoria. Y ese momento no se me olvida. No recuerdo la materia, el día, el tema que estábamos tratando. Pero ese momento caló en mí.

Piénsenlo un momento. Despertar un día y no acordarte de cosas importantes. De personas. Momentos. Lugares. No acordarte de quien eres. Creo que el Alzheimer es una enfermedad atroz. Poco a poco te vas desvaneciendo.

Una de mis películas favoritas es 50 first dates. Otra cursilería, jajajajajaja. Por un lado hermoso todo lo que él hace por ella, pero vuelvo a ponerme en sus zapatos, despertarme cada día y no acordarme de ti. No poder crear nuevos recuerdos.

¿Qué seríamos sin los recuerdos?

Y yo no me quiero olvidar.
  • No me quiero olvidar de esa noche viendo tv en la sala y me llenabas la mano de maní garrapiñado cuando te dabas cuenta que me los estaba acabando. 
  • No me quiero olvidar cuando un 1 de enero me dijiste que lo único bueno de tu año fui yo. 
  • O de ese recorrido en moto en que, sin poder explicarlo, te abracé y sentí cuanto te amaba. 
  • No quisiera olvidar que una noche me abrazaste y dijiste que soy tu propiedad horizontal (y estallamos de risa por la ocurrencia). 
  • Una vez te fuiste de viaje y me dejaste comprado panes para mis desayunos.
  • Un día me saqué la puta limpiando la casa y me destapaste una cerveza que, sin darme cuenta, habías puesto en el congelador.
Uno construye su vida en base a los recuerdos. Y no sé cuánto tiempo dure esto. Duremos. Que dure lo que tenga que durar. Quiero seguir construyendo recuerdos. Pero no me quiero olvidar...

You're asking me will my love grow 
I don't know I don't know 
You stick around now it may show
I don't know I don't know

domingo, agosto 05, 2018

El encanto del sur.

El amor me trajo a vivir al sur desde inicios de este año. Mi cuñada siempre alardea canturreando la estrofa de una canción de Raffaella Carrà: "Para hacer bien el amor hay que venir al sur". Toda mi vida he vivido en el norte. Bueno, de pequeña estuvimos en el centro, pero desde los 7 u 8 años mi vida se ha desarrollado en el punto cardinal superior. Teníamos familia que visitábamos en el sur, cuando había un cumpleaños u ocasión especial. De pequeña recuerdo el cine Inca, la dulcería La Dolce Vita frente al Cristóbal Colón. En contadas ocasiones entrar a La Caraguay. Pero para mí el sur era visitado solo para algo específico. Y sobre todo, para mí el sur era dos cosas: lejos y feo.

Bueno, bueno, si no desean la palabra "feo" que puede leerse despectivo, digámosle "poco atractivo". Toda mi vida adulta, mi círculo social, los lugares que frecuento, pasatiempos y demás se encuentran en el norte. Pero ahora, aparte de estar enamorada de mi novio, debo confesarles que me estoy enamorando del sur.

El sur tiene detalles que nunca tuve en el norte. Por ejemplo, vendedores ambulantes o personas que pasan voceando sus servicios. Este post ha sido inspirado por un señor que acaba de pasar gritando: "Arregle esas ventanas. Cambie la tela que tiene rota. Para que pueda abrir las ventanas". Eso JAMÁS escuché en mi antigua casa. Ni hablar del bollero que pasa en su bici todos los días. 8am y 5pm. Los fines de semana, días en que lo puedo escuchar pasar, su grito me sirve de reloj. Otro señor pasa vendiendo pescado y camarones, seguimos teniendo el afilador de cuchillos. Pasa una camioneta llevándose electrodomésticos que ya no uses, zapatos viejos, frascos de perfume.

El otro fin de semana, se nos dañó la refri. La pobre dejó de enfriar. Y las cervezas no podían entibiarse. En esta casa eso es pecado. Ofensa. Blasfemia. Ponte a buscar un técnico un viernes de feriado. Pero como ángel caído del cielo, pasó un señor gritando: "Arreglo lavadooooora, aire acondicionaaaaaado, refrigeradooooraaaaa. Le arregló la booombaaaa". Y espero que estén leyendo e imaginen el cantadito con el que este señor iba. Bastó un grito, y en 5 minutos ya la estaba revisando.

No hablemos de las delicias culinarias que tengo alrededor. Y lo más importante: MÁS BARATAS. Un vasito de morocho en el norte te puede costar $1,60. Acá la tarrina de litro de la carretilla El Shaddai (esquina de Los Ríos y Pancho Segura) te cuesta $1,50. César dice que antes estaba enriquecido con Nestlé. Ahora dice: "Enriquecido con la bendición de Dios". Imaginamos se le acabó el contrato a la primera empresa. Hamburguesas completas a menos de $3. O combos con papas fritas y té por el mismo valor. Filetes de lomo fino, tomahawks, bife de chorizo, en salsas de hongos, queso, hierbas del Domador de Leonas son fabulosos platos, bien servidos, y oscilan entre $7,50 y $13. Y conste, el plato de $13 alcanza para 3 o 4 bocas.

El mercado La Caraguay es ahora visita fija el domingo de mañana. Tránsito y Reinaldo nos venden las legumbres y vegetales, la prima Francisca (o "abogada" de cariño) nos surte con frutas. Y cada que vamos nos recibe con un par de uvitas o una mandarina para degustar mientras compramos. Mariscos fresquitos. Hoy salimos con libra y media de camarones por $6, y 1 libra de picudo por $4. Y no puede faltar pegarnos un tuco de muchín por $0,75, acompañado de una tacita de café pasado por $0,50. La vez pasada saboreamos un suculento encebollado miSto por $3,00. Los camarones se salían del plato.

EN ESTE PRECISO MOMENTO ESTÁ PASANDO EL GASFITERO. ¿Ven? ¿Ven?

La verdad no creí que iba a encantarme con el sur. Adapté mi rutina sin mayor problema. Ahora mis panas del norte me vacilan que estoy lejos, cada vez que organizo alguna reunión en casa y los invito. Acá siento que hay más árboles. Más bicis. Más barrio. Ya no lo veo feo. ¿O será que como estoy enamorada lo veo bonito? Así como la chica que tiene el pretendiente feo pero con el tiempo lo va viendo atractivo. Lo empieza a ver con ojitos de amor.

¿Será? Sea como sea, puedo decir que aunque viví casi toda mi vida en la ciudadela El Paraíso, ahora simplemente vivo en otro paraíso.

lunes, mayo 21, 2018

En mi libertad elijo quedarme contigo.

Estaba interesante la conversación. Se estaban conociendo. Y se lanzó la pregunta de rigor: 

- ¿Estás soltera?

En ese momento te preguntas si decirle la verdad sabiendo que podrá huir, o una dulce mentira para que se quede.

Y aunque te gustan los dulces, más rico sabe la verdad.

- No, no lo estoy. Tengo novio.
- Y entonces, ¿qué haces aquí?
- Él también lo está.
- No entiendo. Explícame eso.

Bien, piensas. Se enganchó. Sigamos.

- Sí, es una relación diferente y muy interesante. No es que no crea en la monogamia. Hay personas que lo son. Y está bien. Yo lo considero una imposición de la sociedad y la religión. El ser humano por naturaleza no es monógamo.
Solo mira las estadísticas a nivel mundial. Tanta infidelidad, cachos, cuernos, peleas, divorcios.
Tampoco ando tirando con Raymundo y todo el mundo. Jajajajajaja. Pero es súper interesante que al tener libertad total, decido quedarme. No sé si me explico bien. Cada día en mi libertad lo elijo a él como mi pareja.

...

...

Ya era tarde. El sueño la venció. Pero hoy volvió a escribir. Cruzamos un par de palabras. Ella está soltera. 

- ¿Planes para hoy?
- Un paquete de galletas y a dormir. Ya preparé todo para mañana. ¿Y vos?
- Pues en cama a ver pelis. Pensé que me ibas a decir que ibas a hacer el amor, jeje.
- Ya le hice el amor. Le preparé una copa de sangría y se la dejé en la mesa. Mientras trabaja. Yo ya estoy echada en la cama. ¿Qué peli vas a ver?

...

...

Todavía no responde. Y el sueño me vence de nuevo.

jueves, mayo 03, 2018

¿De dónde viene el miedo?

Dime a quién le echo la culpa. Además de mí, obvio. ¿Por qué tengo tanto miedo? Dime en qué momento el miedo se hizo tan grande que me domina. Y aun así, con mi talla, él llega y me hace sentir pequeña, incapaz. Me invalida. Me invalido.

Y me cabreo. Conmigo. Contigo. Conmigo. No nos engañemos. No quiero vivir así. Queriendo y no atreviéndome. No quiero vivir temiendo. ¿Temor a qué? Diana, ¿A que le tienes tanto miedo? A caerme. Golpearme. Al dolor. Causar un accidente. No dominarla. Al fracaso. Nuevamente, miedo al fracaso.

No soy capaz. Tanta fuerza, tanta talla, tanta energía. Y no soy capaz.

Maricona.

Cobarde.

Y esa voz que me da confianza se opaca. La escucho apenas. Bajito. Porque el miedo es más grande y le tapa la boca. No la escucho. 

¿De dónde viene el miedo? ¿Cómo lo venzo? Porque recuerdo tus palabras. Y en momentos así te extraño con más ganas. Lloro de rabia. De impotencia. Tú sabrías exactamente qué decir y hacer para darme valor. Me recordarías lo fuerte que soy. Lo valiente. Lo capaz. Me darías un fuerte abrazo y me dirías: "yo sé que tú puedes. Estoy aquí. Vamos". 

Pero de qué vale pensar eso si ya no estás. Sólo vives en mis recuerdos. Extraño tu voz. A veces creo que empiezo a olvidarme de su tono. Extraño tu serenidad. Tu sonrisa. Esa mirada que me inyectaba confianza. 

¿En qué momento creciste, miedo? ¿Por qué permito que seas más fuerte que yo? ¿Qué voy a hacer contigo? ¿Conmigo?

viernes, enero 19, 2018

Las rejas están en nuestra mente.


Espacio público: "en principio diremos que el espacio público corresponde a aquel territorio de la ciudad donde la persona tiene derecho a estar y circular libremente (como un derecho); ya sean espacios abiertos como plazas, calles, parques, etc.; o cerrados como bibliotecas públicas, centros comunitarios, etc."
Fuente: ub.edu


“Es el lugar donde cualquier persona tiene el derecho a circular en paz y armonía, donde el paso no puede ser restringido por criterios de propiedad privada, y excepcionalmente por reserva gubernamental”.

“El espacio público tiene además una dimensión social, cultural y política. Es un lugar de relación y de identificación, de manifestaciones políticas, de contacto entre la gente, de vida urbana y de expresión comunitaria. En este sentido, la calidad del espacio público se podrá evaluar sobre todo por la intensidad y la calidad de las relaciones sociales que facilita, por su capacidad de acoger y mezclar distintos grupos y comportamientos, y por su capacidad de estimular la identificación simbólica, la expresión y la integración cultural”.
Fuente: Wikipedia

Estos últimos años que he usado la bici como modo de transporte he podido ver un Guayaquil desde un punto de vista distinto. Con la calma, libertad e independencia que te dan las dos ruedas. No voy apretada en un bus, ni encerrada en una caja de metal. No quito validez a los otros medios de transporte. Pero la bici me da una sensación inigualable. Una conexión con la calle distinta.

Ahora con el reclamo de restringir la entrada del Parque Centenario me pongo a pensar en los accesos que nos da la ciudad como peatones. Y pienso en los pasos a desnivel que no usamos, la línea cebra que “está muy lejos”, el paradero del bus donde no estamos esperando, la fila en la estación de la Metrovía que no respetamos, y siga usted incrementando la lista. Me doy cuenta de algo: las rejas no solo están regadas en toda la ciudad. Están dentro de nosotros. En nuestra cultura. Idiosincrasia. Hemos sido educados así. Enrejados mentalmente.

Tenemos que enrejar puertas y ventanas para que no entren los ladrones. Aun así un ladrón las usó para escalar hasta el 3er piso y meterse por la ventana al departamento de mi novio.

Cierran las puertas del parque Centenario porque no pueden con la inseguridad. Y nos toca verlo desde afuerita o rodearlo. Como si fuese prohibido.

Enrejan toda la avenida Delta frente a la Estatal para obligar a los peatones a caminar hasta el paso cebra. Un tramo de la calle exclusivo para nuestro paso. Pero preferimos arrojarnos a cruzar la calle por donde nos es más cómodo o más rápido.
Avenidas principales traficadas con pasos peatonales que no usamos porque nos da pereza llegar a ellos, subir, cruzar, y volver a bajar. Porque nos toma más tiempo. Preferimos esperar algún huequito entre tanto carro y atravesar el asfalto cual ranita de Frog.

Rejas dividiendo, protegiendo, dirigiendo la circulación, obligando, forzando, civilizando, educando. ¿No se sienten como animalitos a los que deben encerrar para que no se salgan? No podemos tomar decisiones civilizadas por nosotros, por sentido común, y por ello nos chantan rejas. Rejas para no entrar, rejas para no cruzar, rejas para no pasarse, rejas para limitar.

¿Hasta cuándo vamos a pensar sólo en nosotros y no en el bien común?