miércoles, octubre 27, 2010

El placer de caminar

Por lo general aprovecho mis vacaciones para hacer aquellas tareas que el poco tiempo libre que tengo luego de la jornada laboral me permite. O llego cansada, tengo planes con los amigos, la familia, etc. Ahora, gracias a que tengo más tiempo, puedo realizar una actividad que me gusta bastante: caminar.

Como buena guayaquileña de clase media, me conozco la ciudad a punta de buseta. Cuando la pereza gana o el tiempo está en contra, toca pedir un taxi. Pero en estos días, he disfrutado el llegar a los distintos destinos con mis dos piernas como medio de transporte. Y ha sido delicioso. Hace tiempo que no percibía mi hermoso Guayaquil "a pata". Sus calles, las esquinas, la adrenalina de cruzar una calle con algunos instintos asesinos al volante, las fachadas de las casas, los letreros, los otros peatones, las flores, el esquivar los regalitos que dejan los perros, las veredas en buen estado, en mal estado, los olores, los colores. Mis sentidos se han despertado y han absorbido una ciudad que está siempre en constante movimiento. Una ciudad que se mece entre el orden y el caos, entre la belleza y lo antiestético, entre el ruido y el silencio. Entre... entre...

Sigo convencida que mientras uno más crece, más responsabilidades tiene y el tiempo se convierte en un enemigo. Nunca tenemos tiempo, siempre estamos apurados. No, no quiero vivir una vida apurada, siempre yendo rápido, de arriba para abajo. Quiero al tiempo de mi lado. Vivir suavecito, tener tiempo, escuchar el tic tac y no estresarme. Quiero caminar, quiero disfrutar, quiero vivir caminando con el tiempo a mi lado.

Qué rico es caminar.

2 comentarios:

Kodama San dijo...

Ahí es cuando, o me muero de la envidia, o me da tristeza no vivir cerca de vos, para que me lleves a caminar, jejeje (ni que fuera perro, no?). Yo lo que más extraño desde que vine a vivir acá es caminar, no sé porqué en mi mente y mi cuerpo no me habitúo a caminar por acá sola, me deprimo, me hace algo en la garganta... no, no me gusta. Allá en Sangolquí si me iba no más solita a donde sea, aunque claro, la mayor parte del tiempo digamos que tuve companía, pero al final no me hacía lío para salir sola cuando tocaba.

Yo que era acostumbrada a caminar de dos a cuatro horas diarias... acá a duras penas camino una hora a la semana, y eso si es feo... siento mis articulaciones oxidadas, me suenan los huesos, mis extremidades tiesas... y me digo que ya, que ya saldré a caminar aunque sea sola... pero no, hay algo que no me deja (seguramente mi cabeza boba)

En fin, creo que solamente te iba a felicitar por ese lindo hábito y ya me mandé tremenda queja, jajaja.

Un abrazo monita! que te aprovechen esas vacaciones y las caminadas!!

Efren (a.k.a. Ludovico) dijo...

Caminar es uno de los pocos placeres de estas ciudades. Muy de acuerdo