sábado, mayo 18, 2013

Hoy desperté muy alegre, porque mi alegría aliviará su sufrimiento.


El payaso se mueve alrededor de un halo mágico. Su sola llegada ilumina los rostros de los niños. Hoy lo vi, lo viví, con mis propios ojos. Yo mismo sonreía. Contenía las lágrimas. Y no eran gotas de dolor, ni de tristeza. Eran pequeñas gotitas de amor, de alegría.



Hoy fue mi primera visita, como civil, al hospital, para aprender a realizar las intervenciones lúdicas. Y estos payasos, estos hermosos, mágicos, y formidables payasos, cambiaron el ambiente de todo aquel que se les cruzó. Desde afuera. Ni siquiera entraban al hospital. Al cruzar la calle, al esperar en el semáforo, a las personas en la vereda. Al guardia, al vendedor de agua. Iban pasando e iban alegrando. Fue simplemente maravilloso.

Entran, y todo cambia. La gente voltea a verlos, los niños se paran, se emocionan. Y risas. Risas por doquier. Es hermoso el sonido que produce una risa. Desde el fondo. Esa risa verdadera, que sale del diafragma, la que no puedes contener. La que NO debes contener. 



La energía que irradian es tal, que uno sale cansado, pero renovado. Recargado. De tan buena vibra, que quiere regresar. Me llevo risas, me llevo juego, me llevo burbujas, príncipes, novios, zapatitos, famosos.

¿Dolor? Yo no vi dolor. Por 20 minutos, por el tiempo que dura la intervención lúdica en cada sala, yo no vi dolor. Yo vi alegría, emoción, algarabía, amor. Hoy vi amor. Del puro, del real, el inocente. El que simplemente nace, y uno lo deja salir. Ese amor que es como una ola expansiva, y llega hasta el rincón más escondido de la sala. Aquel amor que se esparce por los pasillos. Y con cada risa se multiplica, y se dispersa. Hoy llenamos ese hospital de amor.



Conocí a Fernando, un niño con parálisis cerebral. Quien se enamoró con locura de las burbujas. Así que le llenaron el aire de aquellas mágicas pompas de jabón. Y Fernando reía, a boca abierta. Se le reventaban en la nariz, en los brazos. Le soplaban, más y más burbujas. Fernandito reía con tremenda carcajada, que nos contagió a todos. Y así, todos a su alrededor reíamos. 


También conocimos a una nenita, que apenas vio entrar a los payasos, se sorprendió. Y todo el tiempo estuvo con la boca abierta. Haciendo: "ooohhhh". Las cejas alzadas. Siguiendo con la mirada todos sus movimientos. Una hermosura. Ella hoy va a soñar con payasitos de narices rojas.

Mi corazón está alborotado. Fueron tantas sensaciones que el pobre no sabe como controlarse, y volver a latir normal. Él quiere volver. Él quiere sanar. Sanarse, para poder sanar. Amarse, para poder amar.

Voy a ser doctora. Doctora clown. Soy payaso. Y estoy enamorada de mi nueva profesión.




2 comentarios:

Cecilia Ganin dijo...

Diana, qué lindo! sólo el leer lo que has vivido me ha sacado lágrimas de felicidad y un poco de tristeza también por no haber podido asistir...Te felicito por tu blog...

Mariuxi Velásquez Cedeño dijo...

Precioso Diana!!! Gracias por compartir en palabras lo que hemos vivido hoy!! La verdad es una experiencia maravillosa y que en buenahora será nuestra nueva profesión, tal como dices. hasta mañana... con nuevad y más emociones y maravillas que contar. Paz y Bien.. Mariuxi