sábado, septiembre 21, 2013

La transferencia.

Dicen que lo que no cambia, perece. Y cuando veo una poza de agua estancada, confirmo que es verdad. Debemos movernos, cambiar, mutar, crecer, progresar, fluir, para mantenernos vivos. El mismo cuerpo se atrofia si no se mueve. El cerebro, si no se lo usa. ¿El corazón? No, tranquilos. Este post no se trata de amor.

Hoy al despertarme y empezar mi rutina, caí en cuenta de lo que tengo que dejar en este cambio que toca hacer. Pensando las cosas que dejo, empecé a sonreír, porque hay algunas que voy a extrañar. Y empecé a sentir su falta, a pesar de tenerlas todavía. Pero seguí sonriendo, porque aunque toque dejarlas atrás, es por un buen motivo.

Y salí a pedalear, a las 6 de la mañana. Es lo primero que voy a extrañar. El friecito que me termina de despertar. El Guayaquil para mí solita, mis calles, mi recorrido. El saludar al astro rey, y verlo salir. Me encanta pedalear a esa hora, ver la salida del sol, y sentir que me saluda, dándole la bienvenida a un nuevo día.

El "buenos días" del cuida carros del parque. Un señor que siempre me veía pasar, y gracias a la costumbre, empezamos a saludarnos día a día. El saludo cordial que me daba con los deportistas que me topaba. Me encanta ver a la gente haciendo ejercicio. El asentimiento de mi cabeza era un: "dale, sigue, no pares".

El pancito caliente, recién salidito del horno. Eso voy a extrañar horrores. Aunque atentaba contra mi dieta. Por lo menos unito, a la semana. Ese delicioso pecadito. Es un olor tan irresistible. Y el "sabor manabita". Boloncito y café de Jipijapa por $0.50. Aquellos días en que por apuro no traía desayuno. El viejito siempre me salvaba.

El "disculpe la interrupción". Perdí la cuenta de la cantidad de veces que escuché esa frase. Me reía por dentro, y los recibía con una sonrisa. Creían que me interrumpían. Cuando estoy aquí para ellos. Venga, siéntese, está en su casa. Dígame para qué soy útil. Estoy aquí para ustedes.

La sencillez, la humildad, los momentos de tranquilidad. El "me voy de rancho". Uno aprende bastantes cosas cuando sale de su zona de confort.

¿Y ahora? Ahora me toca el "tráfico" de la 9 de Octubre (entre comillas, porque voy en bici, jujuju), el casco comercial, el corre corre, el sube y baja, el turnero, el trabajo en equipo, los reclamos y requerimientos. ¿Asustada? No. Emocionada, sí. Amo lo que hago. Me place ayudar. Vamos avanzando, una vuelta a la vez al pedal. Manteniendo el equilibrio. Sonriendo. Disfrutando lo que hago.

Changos. Al final de cuentas, terminó siendo un post de amor.

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