lunes, abril 24, 2017

Tu luz.

Pobre lunes. Es el día con la peor reputación de la semana. Y para colmo él ni tiene la culpa. Le tocó el calendario así y punto.


Yo tampoco quiero culparlo. Pero llego al terminal, avanzo a ver mi bici y, la falla: tubo bajo.

No saben cómo me puede cambiar el ánimo un tubo desinflado... Porque resulta que tengo todo programado, el tiempo medido, la ruta trazada, y un percance así me trastoca todo. 

Mi mente empezó a disparar ideas: "No te ofusques, Diana, sé práctica. Deja la bici, después te encargas de ella. Debes ir a la dentista. Mueve".

Y refunfuñando entre dientes avancé a la parada de buses.

Luego de esperar media hora en la sala de espera, salgo de la cita con una tercera dentista y un nuevo diagnóstico de mi hipersensibilidad. Tener meses sin poder tomar cosas frías no es nada agradable. 

Paga y avanza. No me jodas más, lunes.

Pero mientras esperaba la luz del semáforo para cruzar, veo pasar la única buseta que me avanzaba a casa. Buseta que volvería a pasar en, mínimo, 15 minutos. Y estaba empezando a llover.

Lunes, modérate.

Cruza y espera. Y espera. Y sigue esperando. Hasta que llegó. Al subir me topo con un cantante que entonaba en su guitarra las últimas notas de "Mi plegaria", y me senté canturreando. No pude evitar pensar en papá.

La buseta avanzaba y en Urdesa veo que llovía más fuerte. Yo sin paraguas, impermeable, nada. 

El lunes se había asociado con San Pedro...

Bájate en Ilanes y camina. Ya, te vas a mojar, qué más da. Camina.

Y camina.

Y sigue caminando.

Y  con mi mente frustrada, pensando en cómo rescatar mi bici, llevando en la mochila el nuevo uniforme de un trabajo que ya no me llena, el libro del curso de lenguaje de señas que se podía estar mojando, los frascos para las muestras de los exámenes que debo hacerme mañana en ayunas, lo que significa madrugar más de lo que ya madrugo para llegar al hospital antes de las 8, pastas de dientes, eliminar cosas ácidas, rogar que esta sea la solución para no tener que hacerme otro tratamiento conducto, mojándome, mojándome, mojándome, y de repente:


Un farol se prende justo encima mío.

Y veo arriba, su luz, su haz cayéndome, irradiándome, iluminándome. Y sonreí. Dejé de pensar en tantas huevadas y sonreí. Vi las gotas cayendo, iluminadas también. Recordé que de chiquita me encantaba mojarme en la lluvia. Cuando escuchaba llover salía corriendo al patio a mojarme. A bailar, a jugar, a saltar.

Seguí caminando con otra actitud. Aceptando. Recordando que hay cosas que puedo controlar, y otras que no. Y el truco es aprender a lidiar con eso. A aflojar, a ceder, a soltar. A arreglárselas y seguir avanzando. A encontrar la solución.

A mojarse.

Y así llegué a casa. Sin bici, mojada, y contenta.


Si en la noche azul,
Oyes el eco enamorado de mi voz,
Escúchalo, mi bien,
Escúchalo, mi bien,
Que es para ti.

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