lunes, julio 29, 2013

Odisea Tababela.

Desde que se inauguró el nuevo aeropuerto de Quito, en Tababela, sólo he leído puras críticas, en su mayoría negativas. Que está muy lejos, que no hay asientos, que los atrasos, que esto, lo otro, y lo de más acá. Yo sabía que en algún momento, ya sea por trabajo o por placer, tendría que viajar a la capital, y me tocaría descubrir si tanta quejadera era verdad. Y este fin de semana que pasó, lo comprobé. Atravesé un periplo digno de ser publicado. Así que vamos a darle movimiento a este blog *sacando el polvo de los muebles* y contarles la odisea que atravesé.

Todo empezó desde el viaje de ida. Tababela no entraba en mi vida todavía. El vuelo que debía salir a las 6y10pm terminó saliendo pasada las 7pm. Esta mona, experta en dormirse en medios de transporte que no está manejando, pensaba pegarse una pequeña siestecita en el avión. Hasta que conoció a su compañero de vuelo. Un hermoso nene de año y medio con temor a las turbulencias. Y creo que ya se imaginan lo que ocurrió en nuestro vuelo, ¿verdad? Exactamente. Turbulencia.

El pobre nene lloraba, asustado, y por más que la madre intentara calmarlo, el muchacho no cesaba de gimotear. En ese momento supe que no iba a dormir "es nada" y me dediqué a entretener al pelado para que no sufriera tanto.

-Inicio del consejo parental-
Madres, padres, tutores, responsables de criaturas: hagan el favor de tener el juguete favorito del nene en estos casos. Si el niño está asustado, tiene que quitarle de la mente la angustia. ¿Cómo? Jugando.
-Fin del consejo parental-

Luego de 45 minutos de "buuuaaaahhhh" "buuuuuuuu" "waaaaaaaaaa" "ñeeeeeeeee", llegamos a Tababela. Agarra bus, llega a Quito. Nada del otro mundo.

Ahora sí viene lo bueno. Domingo, hora de retornar a Guayaquil. Durante todo el finde escuché un viento digno de película de terror. Sonaban las ventanas, los techos de zinc, las ramas de los árboles se batían con desenfreno. Ya mismo aparecía el asesino, con cuchillo en mano, y tenía que salir corriendo por mi vida. Claro, para que me alcance a las 2 cuadras porque me iba a dar soroche y hasta ahí llegaba la mona.

Mi vuelo salía a las 6pm. Entonces a las 3 me dirigí al antiguo aeropuerto a agarrar el bus. Camino a Tababela, entre que me dormía y me despertaba, llegó un momento en que nos detuvimos. Y lo que vi, fue esto:


Un colómetro de carros digno de resignación. El conductor se comunicó con la central, y le indicaron que hubo un derrumbe en el puente sobre el río del Chiche, y todos esos carros estaban atascados. ¿Y ahora? Pues a dar la vuelta y buscar otra ruta. ¿Y los vuelos? No se preocupen, todos estaban atrasados.

Fue ahí cuando la agonía empezó... ¡chan, chan!

La vuelta que tuvimos que dar, nos hizo llegar casi 1 hora tarde al aeropuerto. Entré rápido a la sala de pre embarque para toparme con un gajo de gente. Estaba repleto. Me acerqué a un trabajador de la aerolínea y me notificó que no me preocupara, que mi vuelo ni siquiera lo abrían.

Ni-siquiera-lo-abrían.

En ese momento pensé en Tom Hanks. Vi la pantalla con la info de los vuelos y casi todos tenían esa dichosa palabra en letras rojas: Demorado.

"Bueno", pensé, "toca sentarse y esperar. No perdí el vuelo. Eso es lo importante". Así que me senté, saqué el celular, y empecé a consumir mi muy querido plan de datos.

Luego de ponerme creativa en Twitter, y chismear con mis panas (los grupos de Whatsapp son el demonio, hasta que estás encerrada en un aeropuerto), veía que pasaba el tiempo, y no nos avisaban nada. En el counter, todos los pasajeros reclamaban. Las señoritas indicaban que los vuelos estaban atrasados desde el mediodía, debido al mal clima. Que de los 4 vuelos que debieron aterrizar en la mañana, sólo dos pudieron, y fue tan turbulento, que los pasajeros terminaron vomitando, y llorando. Los otros dos tuvieron que regresar a Guayaquil. Para colmo, en el derrumbe del puente, quedaron atrapados algunos tripulantes, y había que esperar a que llegaran.

Así que volví a sentarme, y a seguir gozándome la situación. ¿Cabrearme? Naaaaaa, que se amarguen los otros.


De repente, ¡al fin! Buenas nuevas. Ya teníamos hora de salida: 9y45pm. Whaaaaaaat! Procedieron a darnos un voucher alimenticio, para morir de rabia, pero no de hambre.


Ya llegaba un momento en que no tenías la seguridad de que íbamos a volver ese día. Esperar tanto tiempo, para que te hagan regresar al día siguiente, sería espantoso. Yo ya quería estar en mi casa, en mi cama, en mi calorcito guayaco. Bueno, sí, no está haciendo calor, pero igual. Amo estar a nivel del mar.

Luego de comer, empecé a dar vueltas, cuando de repente, lo escuché: "buuuaaaahhhh" "buuuuuuuu" "waaaaaaaaaa" "ñeeeeeeeee". ¡Oh, no! El niño otra vez. Lo saludé, saludé a la madre, y lo primero que hice fue preguntarle: "¿en qué vuelo va usted?" No saben el suspiro de alivio que tuve, al saber que iba en otro vuelo. Esperemos que el muchacho no haya llorado tanto.

Seguía pasando el tiempo, 9pm, 9y30pm, 10pm. Aguanta. ¿No que salíamos 9y45pm? Nanais. Salimos casi 10y30pm. Y para ponerle sazón al asunto, con turbulencia.

Hasta que por fin llegamos a Guayaquil. Al tocar pista, el remezón me despertó. Ya estaba cansada. Sólo quería llegar a casa. Y como bien saben, ni bien el avión baja la velocidad, la gente apurada se levanta y es experta en obstaculizar el pasillo para bajar lo más pronto posible. El de la última fila quiere bajar primerito. 

El avión se detuvo, se apagaron las señales de abrocharse el cinturón, y se supone que ahí aparece la azafata y abre la puerta. 2, 3, 5 minutos. Nada. Cuando de repente se escucha:

- Buenas noches pasajeros, les habla su capitán. Lamentamos informarles que por un cambio de último minuto de puerta, no podemos bajar del avión hasta que nos traigan la escalera.

¿Me están jodiendo, verdad? Mientras medio mundo reclamaba, yo me empecé a reír. Como dije más arriba, allá que se amarguen los otros. Habrán sido unos 15 a 20 minutos, hasta que por fin abrieron la puerta.

¡Guayaquil, cuánto te extrañé!

Avancé presurosa al parqueadero. Ya había llamado al taxi y no quería perderlo. Al verlo, me acerqué, y la cereza del pastel fue una señora que, al yo abrir la puerta, ella metió su maleta mientras me decía: "este es mi taxi". Y yo, ¡qué! ¿se me van a robar mi taxi? Al preguntarle al conductor, comprobamos que era MI taxi. Resultó que la señora había llamado a la misma compañía y se dio la confusión. Lo bueno fue que su destino estaba en mi ruta, así que decidimos compartir el carro.

Llegué a mi casa casi a la 1 de la madrugada. Si hubiese regresado por tierra, llegaba antes. Fue una odisea. Creo que todo lo malo que pudo haber pasado en Tababela, se dio. Una experiencia que no quisiera repetir. Pero una experiencia que me reafirmó lo importante de la actitud ante las adversidades, o los problemas. Mientras la gran mayoría de los que estábamos encerrados ahí, se molestaron, indignaron, cabrearon, y vociferaron, yo decidí esperar tranquila. ¿Qué más iba a hacer? Gritar no hará que el viento cese, enfurecerme no evitara el derrumbe. Aproveché pa dar vueltas, conocer, observar a las personas. Una gallada de muchachos estaban emocionados con su voucher y corrieron a comprar hamburguesas con papas. Una chiquilla sonreía mientras repetía la palabra "guacamole". Un extranjero preguntaba cómicamente dónde estaba el área de hamacas para poder esperar. Yo me divertí en Twitter, conversé con mis amigos, comí rico, y esperé. 

Tababela, nuestra primera cita fue desastrosa. Esperemos te portes bien para la próxima.

3 comentarios:

LEILA dijo...

Que bacan, me he divertido con tu platica

Anónimo dijo...

"Lo importante es la actitud frente a las adversidades".

Es facil sonreir cuando estas en una situacion de estas, y la tremenda demora lo unico que te detiene es de llegar a acostarte en tu cama; nada mas.

Cuando la demora te detiene de alcanzar una conexion a otro vuelo (que la aerolinea demorada NO te va a reconocer si lo pierdes), de una reunion MUY importante de negocios, de una entrevista de trabajo, o Dios no quiera, te impide llegar a despedirte de un ser querido que esta muriendo... vamos a ver si puedes mantener esa misma actitud frente a las adversidades.

Cuando lo unico que te detuvo el vuelo es de llegar rapido a acostarte a tu cama, es hasta ridiculo pensar en amargarte.

David dijo...

Esta buenísimo poder viajar y disfrutar de llegar a otros sitios y conocer su cultura y relacionarse con su gente. Para este verano tenia ganas de conseguir Vuelos a Quito y poder disfrutar de las diversas ciudades Ecuatorianas