Cuando mis dedos acarician las teclas
Unas cuantas caricias para transmitir lo que veo, pienso, siento y creo...
lunes, junio 22, 2026
Cuando tu esfuerzo se desmorona en tus manos.
lunes, marzo 23, 2026
Estigma rojo.
| Estigma = mancha |
- Días.
- Porque buenos no van siendo.
- manché las sábanas y colchón
- quise lavar ropa y mamá salió con "déjame lavar las cortinas"
- de los 4 huevos, el 3ero estaba podrido así que tuve que botar los 2 primeros y volver a poner nuevos en el sartén
- de los nuevos huevos los estaba rompiendo aparte y uno se regó
- Me hundiría en la cama pero no puedo porque se está secando el colchón.
- Y estoy batallando con la adolescente de 12 años que está molesta y avergonzada de manchar la cama.
- Brother, estoy usando tampones porque le hicieron comprar a mamá en el hospital y nunca los usé por el pañal. Yo llevo años usando copa.
- Y estos hijueputas se van saliendo conforme se llenan de sangre. Yo no recordaba que hicieran eso.
- Es solo sangre. Nada del otro mundo. Baja todos los meses. Es solo una mancha. Tela. Se lava y listo. Pero me desperté, sentí mojado, vi la mancha y me cabreé.
- Es heavy el estigma del periodo.
- si, como en la mente se viene una secuencia de cosas
- y ahora tengo que lavar, y ahora debo cambiar sábanas
- totalmente comprensible
domingo, marzo 08, 2026
De un bebé a un ACV.
El domingo 22 de febrero mi vida dio un vuelco. A la izquierda, para ser precisos. Hoy se cumplen 2 semanas desde que me dio un infarto isquémico cerebeloso. Si no fuera por mi buen estado físico, el rápido accionar de mi madre que me llevó a emergencias y la atención hospitalaria que recibí quizá no estaría aquí escribiendo esto. Y tengo tantas cosas en mi cabeza (incluyendo una mancha ahora en mi cerebelo) que creo que podría escribir un libro al respecto.
Estuve hospitalizada una semana y media. Conocí los techos de dos hospitales (ya que en el primero no había sala de neurología y me tuvieron que transferir), personal médico muy atento y amable, comida que algunas probé, otras ni siquiera miré y algunas devoré (ese suflé de choclo fue la gloria), diferentes máquinas para múltiples exámenes, una sala de quirófano y pinchazos, muchos pinchazos. No le deseo a nadie estar hospitalizado. No le deseo a nadie pasar por lo que pasé yo. Sin embargo, esto que me pasó me cambió y estoy agradecida de estar viva. De estar aquí, con todas mis funciones motores y cognitivas casi intactas. Estoy más lenta, más pausada, más consciente. Pero estoy. ESTOY.
Una gran amiga me regaló un cuaderno y pluma y me dijo que es importante escribir a mano. Así que aquí estoy derrochando palabras. Conectándolas unas con otras para que tengan sentido. Aunque a veces la vida no lo tenga. O no sepamos cuál es el sentido de la misma.
La vida, al menos para mí en este momento, no tiene un sentido, porque lo que me pasó no puede explicarse. No tuve ningún accidente previo, caída o movimiento brusco de cuello para lesionarme la arteria izquierda. Una disección arterial fue lo que dijo el neurocirujano, luego de la arteriografría que me realizaron. ¿Yo qué recuerdo? Que 3 días antes del infarto, mientras iba rumbo al trabajo en bici, me dio vértigo y no pude pedalear. No entendía qué pasaba. Me dolía la cabeza, pero solo el lado izquierdo. Dos días antes, el susto fue más grande porque me caí de la bicicleta. Nuevamente, hacia la izquierda. Yo iba en línea recta, en la mitad de la calle. En cuestión de un segundo en que miré a la derecha y volví al ver al frente ya estaba en el carril izquierdo yéndome de frente con un carro que estaba estacionado. Producto del frenazo a raya se dio la caída. Que no fue mayor y solo provocó un raspón de rodilla. Ese día y el sábado, dolor de cabeza. Pero el domingo sí vinieron los síntomas más fuertes y ahí fue que mi madre me salvó la vida (según chatGPT, mi nuevo bestie). Ese día mi cerebelo no recibió suficiente sangre y ZACAPUM. Final del episodio.
¿Continuar viendo? Ok.
En el trabajo creían que estaba embarazada (he ahí el motivo del título del post) y yo estaba aterrada con ese pronóstico. Porque no quiero hijos y ya que voy a cumplir 43 voy a decir la plena: qué pereza. El periodo debía llegarme ese finde pero en mi oficina poco más y estaban apostando el sexo (niña ganaba, canallas). Entre organizar un baby shower o cafetearme (sí, Mauricio, tengo la foto que me tomaste con la vela) yo me sentía mal, cansada, no aguantaba mucho las luces y caminaba como tontita. Nunca vimos que eran síntomas de falta de sangre. Spoiler, el periodo llegó el mismo domingo del infarto. Yo contenta de que bajó y a la hora, TOMA.
Me admira mi fortaleza. Al igual que al personal médico. Fortaleza física y mental. Porque mis emociones estaban subidas en un carrito en la montaña rusa más alta de todas y dándose un paseo fenomenal. He pasado por múltiples estados emocionales (digna payasa, querida Raquel). Feliz de estar viva. Asustada. Deprimida. Asustada. Triste. Asustada. Vulnerable. Asustada. Pero hay algo que nunca perdí y me mantuvo aquí. Mi sonrisa. Mi actitud. Solo hubo un día, un fatídico día en que creí que me iba. Literalmente. Al tercer día estaba mejorando pero de un momento a otro vino otra vez todo. El dolor, el vértigo, la inclinación a la izquierda. Fue horrible. Me volvieron a revisar, me quitaron el celular, apagaron las luces, me medicaron, hasta estabilizarme. El día después de ese evento yo sentí algo que no quisiera nunca sentir. Que mi alma dejaba mi cuerpo. Acostado ahí en la cama. Pero mamá me dijo que ella no lo creía así. Que ella sentía que yo todavía tenía una misión que cumplir en este mundo. Y ella me mantuvo aquí. Ella, mi familia, mi novio, mis amigos. Me puse a pensar en que si me iba me iba a ir amada, agradecida, tranquila. Asustadísima como nunca. Pero en paz. Esos días una canción sonaba en mi mente. La cantaba cuando podía, bajito, bajito. O la tarareaba al menos. Es una canción que papá y mis tíos siempre cantaban. Es una canción muy especial para mí. Y no me la sé toda, pero yo solo cantaba:
Después de ese día siento que renací. Con poca fuerza. Débil, muy débil. Como una flor volviendo a abrir poco a poco sus pétalos. Empecé a comer, a ganar fuerza, vitalidad.
Los siguientes días fueron más llevaderos. En lo que se puede. Porque estar hospitalizado aburre horrores (recuerden que no tenía celular). Las horas eran eternas. Sólo tenía 1 hora al día de visita y 1 sola persona podía ir. Esa hora era la más esperada del día. El resto de las 23 horas no tenía nada que hacer más que ver el techo, las manos, tocarme la cara, acomodarme en la cama, hacerme pipí en el pañal (porque me tenían prohibido levantarme), imaginarme historias en la cabeza y dormir. Es por ello que agradezco enormemente a mis compañeras de sala. Quienes me hacían compañía y conversábamos cuando podíamos. De cariño y para velar por su identidad, les diré que les puse de apodo: "Flores", "Apagón" y "Pescuezo". Cada una era una historia diferente, un diagnóstico distinto, pero todas estábamos juntas en el mismo lugar y en el mismo momento. Y nos cuidábamos mutuamente. Sin ponernos de acuerdo. Creo que fue un pacto sororo. Tácito. Ninguna quería estar ahí. Éramos prisioneras. Así que no nos quedaba más que conversar, reírnos, imaginarnos qué deliciosa comida iba a llegarnos y soñar con ese mundo afuera de esas paredes blancas y luces blancas.
¿Continuar viendo? Ok.
No quiero recordar las cosas negativas del hospital. Tampoco me interesa contárselas. Pero le daré un twist al asunto y voy a agradecer algunas cosas:
- Agradezco poder despertarme por mi cuenta y no prendiéndome las luces a las 5y30am.
- Agradezco que no me despierten cada 2 horas para tomarme los signos vitales.
- Agradezco tener apetito y la deliciosa comida que mamá prepara.
- Agradezco poder evacuar normalmente y no tener que acudir a un enema.
- Agradezco poder bañarme por mi cuenta.
- Agradezco no ser pinchada.
- Agradezco estar comunicada con mis seres queridos.
- Agradezco poder escuchar música, pintar, ver algo en la tv.
- Agradezco dormir en mi cama (aunque no pueda hacer "cama arriba, cama abajo").
lunes, enero 26, 2026
Mayoría de edad.
Un día como hoy, hace 18 años, recibí una llamada que cambió mi vida para siempre: "tu padre está perdido en el mar". El 26 de enero del 2008 mi papá estaba disfrutando de un baño en la playa de Ayampe cuando un temblor sacudió todo y, por más que él intentó salir, la naturaleza fue más fuerte y se lo llevó.
Hoy mi duelo cumple su mayoría de edad. Y no, no se va a independizar. Ni siquiera tiene la mínima intención de hacerlo. Han sido 18 años en que nos hemos hecho compañía y he aprendido muchísimo de él. Este ser va a quedarse conmigo hasta que a mí me toque irme también de este mundo.
Una vez leí que el duelo nunca se achica sino que uno crece alrededor de él. Y es justamente lo que he hecho. Su ausencia se sigue sintiendo. Hay días en que me duele más (como hoy) y días en que se siente como una ligera brisa mañanera. Hay momentos en que un recuerdo suyo brilla como el sol y me calienta el rostro iluminando mis días y otros me cubren como un aguacero en los que las lágrimas se esconden entre las gotas de lluvia. Un mismo recuerdo me puede gatillar distintas emociones. Un mismo recuerdo me puede hacer llorar y reír al mismo tiempo. ¡Qué locura! ¿Verdad?
Te fuiste hace 18 años, papá, y me sigues enseñando cosas. Esa rebeldía que creo que heredé de ti sigue innata. Ese espíritu aventurero. La pasión por vivir. Creo que, si siguieras vivo, estarías orgulloso de mí. De mi carcajada. De mis ocurrencias. De verme bailando en los pasillos del supermercado. De hacer alguna travesura y ponerme roja cuando me descubren. De mi coquetería. De ser yo. De vivir.
Así que, mientras te siga recordando vas a seguir viviendo en mí. Mi duelo y yo hemos llegado a un acuerdo. Lo dejo quedarse conmigo con una condición: cada vez que me haga llorar me tendrá que hacer reír.
sábado, diciembre 27, 2025
Lord Lucifer Mateo de Canterville.
Sí. Ese es su nombre completo. Aunque todos lo conocimos simplemente como "Luci". Y, muy pocos lo saben, su primer nombre fue Julio Peligro. Pero cuando lo adopté, en julio del 2019, la serie Lucifer estaba en boga y la personalidad de él era tan parecida al protagonista que decidí rebautizarlo. Todos quienes lo conocieron decían lo mismo: es un bandido encantador.
Luci es el gato con más personalidad que he conocido. Desde chiquito se notó que tenía mucho carácter. No era el típico gato pendejo. El man era pilas, sabido, guapo, curioso, conversón y muy sociable. Territorial a morir. Peleador y protector. Cuando me enfermaba él se quedaba conmigo acompañándome. Mamá sabía que yo ya estaba llegando a casa porque Luci se levantaba de la cama y salía al recibidor a esperarme. Ay, y si no entraba a la casa y me iba directo a la suite el señor armaba el escándalo para que le abran la puerta e ir tras de mí.
Luci encantaba a todos. Hasta aquellos a quienes no le gustan los gatos. Luci era la excepción. Cada vez que teníamos visitas él era un anfitrión más. Se sentaba con nosotros en el mueble, en alguna silla desocupada o en plena mesa de centro, porque, obvio, él era el centro de atención. Cuando venía algún maestro o trabajador, él era el fiscalizador de obra. Todo arreglo que se ha realizado en esta casa Luci lo ha supervisado.
Una parte de su vida con la que no estaba de acuerdo pero me resigné a aceptarla era lo peleón. Desde que probó calle se volvió busca pleitos. Algunas veces regresó con más heridas de las que él solito podía curarse y teníamos que apoyarlo. Pero apenas se recuperaba volvía a causar estragos en los techos. Creo que empezó peleando y luego terminó organizándolas. A lo Fight Club. Era mi pequeño Tyler Durden. A veces estábamos tranquilos en cama viendo algo en la tv cuando se escuchaba un ruido en el techo y Luci se ponía mosca. Miraba arriba un ratito y en cuestión de segundos saltaba de la cama, se trepaba por la reja de la ventana y salía a darle una paliza a algún gato desubicado que osaba pisar su territorio. A los 5 minutos regresaba como el pavo, orgulloso y se volvía a echar en la cama a acicalarse.
Amaba el pollito y el pescado. Cuando olía jamón parecía ambulancia. Una noche el sabandija esperó a que preparara mi tablita de charcutería, la pusiera en la mesa, prendiera la tv y apagara las luces para sustraerse muy sigilosamente toda la tira de salami. Me di cuenta cuando tanteé el plato y no los encontré. El man era pilas.
Ah, las palomas. Esas eran su devoción. Jamás he tenido un gato que devorase palomas. Al comienzo me asusté. Un día entré a la casa y el señor tenía montada en la sala la escena del crimen. Faltaba nomás la tira amarilla y la gente de CSI. Y él estaba acostado al lado del cadáver. Cual artista posando al lado de su obra de arte. A partir de ese día las palomas del barrio tuvieron que tener extremo cuidado porque donde Don Luci agarraba una, se iba al cielo de las palomitas.
Le encantaba conversar. Y sí. Podrá leerse raro pero Luci era muy conversón. Tú le preguntabas algo y él respondía. Ya tú te tenías que inventar en tu cabeza lo que él te decía. Pero hablaba. Y modulaba los maullidos. En serio podías entablar una pequeña conversación con él. Mamá siempre cuenta sus anécdotas de las discusiones y conversaciones que tiene con Luci. Cuando están en el patio, con las plantas, desayunando, cuando la acompañaba en la cocina o echados en la cama. Mamá tiene millares de historias. La misma madre que no quería tener mascotas terminó llamándose "abuela". Y como buena abuela, siempre le cuenta a sus seres queridos la última del nieto.
Por lo peleón que era yo ya me había hecho a la idea de que en cualquier momento iba a regresar herido de muerte. O que simplemente no iba a regresar. Pero se me fue de otra forma. Inesperada y súbita. Lo llevamos al vet e intentamos salvarlo pero la doc dijo que había 50/50 de probabilidad. Y que en los gatos muchas enfermedades son silenciosas. Le susurré a Luci que si quería irse que estaba bien. Que lo amaba. Y cuando lo traje a casa y lo puse en su trapito no dio más. Me dolió el alma porque lo vi morir. En mis brazos. Me desgarró.
Y aquí estoy escribiendo esto en homenaje a ti, mi purrunguis. Me encantaba llegar a casa y verte esperándome en el patio, al pie de la puerta. Cruzábamos miradas y te gritaba "¡Amor de mi vida!" y tú respondías "miauu". Eras súper fotogénico y tenías unas poses increíbles. Una cara de estúpido única. Pero quienes se daban el lujo de conocerte descubrían un gato cariñoso y amable. Engreído. Eres único, Luci. Nunca encontraré otro gato como tú. Eras demasiado bacán.
Ahora te imagino en el cielo de los gatitos. Organizando peleas en la 5ta nube. Cazando otro tipo de seres alados. Comiendo todo el pollito que quieras y acurrucándote hecho bolita.
Gracias por llegar a mi vida.
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| Su última foto |
sábado, noviembre 29, 2025
La tapa del inodoro.
| Fuente: La Nación |
domingo, noviembre 23, 2025
Carrusel de dulces Supermaxi
¿En qué punto un acto repetitivo se convierte en tradición? No sé desde cuándo Corporación Favorita C.A. empezó a poner su carrusel de dulces. Pero, conforme se van acercando los últimos meses de año, yo lo espero con emoción.
Hace algunos años me di cuenta que cada vez que lo veía montado le tomaba una foto. Hasta que un día me tomé el trabajo de buscar. Llevo 17 años haciéndolo. La primera fue en el 2009. Y quizá pude haberlo hecho antes pero quién sabe en qué antigua red social la pude haber subido y se perdió entre los 1 y 0.
Sea como sea, resalto la emoción que me da verlo. Toda la vida he sido dulcera y cada año vuelvo a ser una niña a la que le brillan los ojos al verlos. Este año, por ejemplo, fui con mi enamorado para hacer las compras semanales y mientras íbamos por el carrito vi el carrusel de lejos y, en un abrir y cerrar de ojos, cambié de dirección y fui directo. Mientras los seleccionaba él se acercó sonriendo y me dijo: "sabía que ibas a hacer eso".
Gracias, Supermaxi, por mantener esta hermosa tradición. Aquí tienen una fiel cliente que será feliz cada vez que monten su carrusel de dulces y que espera poder seguir comprando por muchos años más.





















