martes, enero 11, 2022

Volando

- Sabés que pasa luego de una reunión en la que te vea no? 

- Lo sé. Pero me haré la cojuda. 

- Jajajaja

Me imagino tu risa, ya que sólo puedo leerla. ¿Será sonora? O quizá más cortica. Me imagino soltando juntos una buena carcajada. El humor es algo tan importante para mí. ¿Te pondrás rojo como yo?

Me imagino acariciando tu cabello. ¿Será suave? ¿Se perderán mis dedos entre ellos? Será que, quizá, ¿pueda halarlo un poco? Ya sabes por dónde va la cosa... Todo sea por verte disfrutar.

Me imagino tus manos. ¿Su tacto será firme y delicado? ¿Estrujan? ¿Amasan? ¿Encajarán con las mías? ¿Son de las que se deslizan suavemente sólo con las puntas? ¿O de las que aprietan con ganas de poseer? Rózame cuando nadie vea. Veamos si me erizas...

La imaginación es una herramienta muy poderosa. Una fantástica, necesaria y deliciosa forma de acercarnos.

¿Te gusta poner música? ¿Algún incienso o velas? Dijiste que podía regarme el vino para que tú lo bebieras de mi cuerpo. ¿Qué otros manjares me colocarías encima? Bébeme. Cómeme entera. Hagamos un bacanal.

Y podría seguir detallando aquí lo que mi querida, sucia y pervertida mente se imagina, pero no lo haré. Prefiero dejarte con las ganas. Con esas mismas ganas que nos tenemos.

Con esas mismas ganas que, espero, algún día nos quitemos...

miércoles, octubre 13, 2021

Tender la cama.

Hoy desperté desganada. La alarma del novio sigue sonando de lunes a viernes, así que por más que no quiera despertar temprano, toca hacerlo. Hoy creo que ni siquiera la escuché. O estaba tan profundamente dormida que no me afectó. Sé que no abrí los ojos y seguí dormitando. A fin de cuentas no tengo que ir a un trabajo ni marcar entrada en un biométrico, así que no importa si sigo en cama.

Hoy es, o fue, uno de esos días en que no quiero, quería, salir de la cama. ¿Cómo lo sé? Porque ni siquiera quiero tenderla. El novio se dio cuenta. ¿Cómo? Yo soy una "morning person". Apenas me despierto me activo y ya soy un ente útil para la sociedad. Él, en cambio, necesita procesar el hecho de haberse despertado en contra de su voluntad. Por ende yo soy la que se levanta de una y empieza su rutina matutina: preparo el desayuno y me equipo para ir al gimnasio. Hoy no fue así. Hoy no quería hacer nada. Cuando volví a abrir los ojos, sumergida en mis pensamientos negativos, encontré mi jarro con café recién pasado encima de mi velador. Un acto de amor. 💓

No sé si han visto el video del discurso motivacional del Almirante que empieza hablando de la importancia de tender tu cama. En caso de no ubicarlo, dense una vueltica y véanlo.


Me identifico plenamente con ese sentir: empezar mi día con un acto tan simple como tender la cama es algo que me hace sentir bien conmigo misma. Y es por eso que me doy cuenta que estoy en un bajón de mi montaña rusa emocional. Cuando no quiero hacerlo. Sin embargo trato de no estancarme o quedarme mucho tiempo abajo y volver a subir.

Estar sin trabajo me desanima. Porque no me siento útil. Es ahí cuando la mente me boicotea. Porque sé que soy valiosa, pilas, y un gran aporte para cualquier empresa que me contrate. Pero no, la vocecita bandida esa dentro de mi mente me cuchichea y jode. "Quédate acostada. No hagas nada". Y no vengo a darles el secreto o la solución para que no les pase lo mismo. No la tengo. Sólo vengo a contarles mi sentir. Mi experiencia. Es como si nos estuviéramos tomando un café y me preguntaras qué tal mi día.

¿Qué tal mi día?

Fui tarde al gimnasio. Pero fui. El profe ya me conoce cuando tengo pereza, porque le envío un emoji específico, y me anima para que vaya a entrenar.

Hice unas compritas para la cena de hoy. Y mientras escribo esto, un pollo está dorándose en el horno.

Terminé de ver Inside Pixar. ¿Dónde aplico para trabajar con ellos?

Le escribí a dos contactos informándoles que estoy buscando trabajo y les hice llegar mi hoja de vida.

Y claro, tendí la cama. Y verla así, me calma. Me da paz. 

Hoy no ha sido un día grandioso. Y está bien. No todos los días son iguales ni fantásticos ni tienen que ser excelentes. Sáquese ese falso positivismo que te dice que siempre debes estar feliz. Está bien sentirse miserable a veces. Desmotivado. Desganado. Pero a final de cuentas depende de ti en qué emoción vas a quedarte. O cuál va a prevalecer. He tenido días mejores y peores. Hoy ha sido un día común y corriente de una mujer de 38 años que vive en Ecuador y está actualmente desempleada. Quizá mañana sea mejor. Espero que no sea peor.

Pero aunque se lea tonto, tendí la cama.

miércoles, septiembre 08, 2021

Dicha

1. Estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno. 

Es extraño sentirse dichosa en la Metrovía. Pero en este momento, camino al trabajo, me siento así. Mientras suena "I still haven´t found what I'm looking for" de U2 en Spotify. Tengo trabajo, amor, salud, familia. Veo a las personas cada una inmersa en su mundo. Los audífonos son una maravilla de invento. A veces me pregunto qué estará escuchando cada uno. A través de la ventana acabo de ver un ciclista pedaleando tranquilo. Y me entró una ligera envidia. Porque me gustaría poder ir al trabajo en bici. Lamentablemente queda lejos y toca atravesar avenidas principales y muy transitadas. Así que ha tocado dejarla para apretujarme en la Metro. Sin embargo el avanzar en transporte público le da chance a mi mente para que se eche a volar. A divagar. Ya que no debo estar concentrada en el camino, puedo dejarme llevar por pensamientos aleatorios. ¿Bici o Metro? Bici, de ley.

I have climbed highest mountains
I have run through the fields
Only to be with you
Only to be with you
I have run
I have crawled
I have scaled these city walls
These city walls
Only to be with you

¿Estoy completamente satisfecha con mi vida? No siempre. No creo que la dicha sea algo perenne. Pero sí aprecio y disfruto estos momentos en que me siento dichosa. Es la diferencia entre ser feliz y estar feliz. Ser y estar no es lo mismo para mí. ¿Ya estoy profundizando mucho? Bueno, bueno, le bajo a las revoluciones tantito.

But I still haven't found what I'm looking for

¿Todavía no encuentro lo que estoy buscando? En este momento creo que ni siquiera sé qué estoy buscando. ¿Estoy buscando algo?

miércoles, junio 23, 2021

El primero en saberlo.

Salía de hacer unas compritas en un local de confianza. Al decir "de confianza" es porque ya me conocen lo suficiente para dejar la bici en la entrada y no tenga que llevarla al parqueadero para amarrarla. Es lo que me dijo el guardia en una de mis anteriores visitas: "déjela aquí nomás que yo le echo un ojo. Allá atrás no puedo verla". Es una persona muy agradable de tratar, con quien cruzo par de palabras antes y después de entrar en la tienda. Al salir me preguntó por mi bicicleta, y me enseñó una que están vendiendo en la misma tienda, preguntando mi opinión sobre la calidad. Resulta que cada dos semanas los rotan, y le va a tocar ir a otro local que queda más lejos de su casa, y está pensando ir en bici. Mientras la veía, hablábamos y le daba mi opinión, sonó mi celular. Contesté una llamada que llevaba esperando un día (y medio año). Escuché, agradecí, y colgué. Miré al guardia y le dije:

- "Usted es la primera persona a la que le digo que acabo de conseguir trabajo".

Enmascarillados y todo pude ver en sus ojos la felicidad. Me felicitó, dio sus bendiciones y deseo que todo me vaya muy bien. Yo no paraba de sonreír. Luego llamé a mi novio. Quien también está muy contento. A mi mamá le diré en persona. Porque sé que va a emocionarse al punto de abrazarme. Y eso no me lo voy a perder en una llamada.

Tengo otra vez trabajo. Gracias, gracias, gracias. 

martes, mayo 18, 2021

Huelga de mascarilla.

Guayaquil, 18 de mayo de 2021

Querida pandemia:

Estimada pandemia:

Pandemia:

Es mi deber informarte que hemos decido postergar la boda hasta que te vayas de nuestras vidas. O, por lo menos, hasta que te tengamos más controlada. ¿El motivo principal? No estás invitada.

Sabemos que será una ceremonia íntima y pequeña. Pero aun así, entre los contados invitados que tendremos, no te queremos presente. Siento mucho tener que hacerte un desplante así.

Permíteme expresarte nuestro sentir. Queremos tener fotos sin mascarilla. Descubrirnos dándole un fuerte abrazo a alguien. Reírnos a carcajadas sin pensar en esas gotitas de saliva que salen de nuestra boca. Sonar un beso en la mejilla. Queremos libertad de expresión. No más toques de queda ni confinamientos. Lo único que queremos que se contagie la gente es de risas y amor.

Queremos libertad de celebrar nuestro amor sin restricciones de bioseguridad. Sin temor a que estés entre nosotros y te disperses. Sin tener que medir el distanciamiento o echarnos alcohol frecuentemente en las manos. 

Llegaste a cambiarnos la vida y hemos aprendido a vivir contigo en nuestro día a día. Y no nos gusta. Qué pena ser así de franca pero nos caes mal. Lo bueno es que nuestro amor sigue intacto. Y eso no lo has podido cambiar. 

Ándate nomás, que aquí no te queremos más.

Atentamente,

Diana.

lunes, mayo 17, 2021

It's a girl

Alex está acostado en la camilla del quirófano, desnudo y cubierto por una sábana. Su expresión es de nervios. Sus ojos no dejan de ver todo lo que sucede a su alrededor. Ve los equipos médicos para monitorear sus signos vitales, la lámpara de luz y al personal que se encuentra preparando todo para la cirugía.

El médico, un hombre de 40 años, se acerca a Alex.


—¿Cómo te sientes?

—Ner… nerviosa —respondió con voz entrecortada.

—Lo sé. Es normal. ¿Estás segura de querer seguir?

—Sí… Sí, lo estoy —tragó saliva— ¿Todo va a salir bien, doc?

—Claro que sí. Respira profundo y empieza a contar hacia atrás desde 10. Cuando despiertes, verás en el espejo a la mujer que tienes dentro de ti. Confía, Alexandra.


Alexandra sonríe y empieza a contar en su mente: 10… 9… 8… 7… La anestesia empieza a hacer efecto… 6… 5… 4… Cierra sus ojos… 3… 2… 1… Queda profundamente dormida…

Afuera en la sala de espera está Beatriz sentada, sosteniendo entre sus manos un peluche en forma de oso. Está nerviosa y mira constantemente el reloj de pared encima de la recepción. A su lado están su cartera y una bolsa de papel de regalo. Beatriz mira hacia arriba y murmura algo, como una plegaria. Baja la mirada al oso y lo aprieta. Vemos que es un peluche gastado por su uso, con una camisetita azul que dice: “It’s a boy”. Beatriz derrama unas lágrimas, aspira profundamente, y mete la mano en la funda de regalo para sacar un peluche, nuevo, en forma de oso con una camisetita rosada que dice: “It’s a girl”. Pone sobre su regazo un oso al lado del otro, los mira, y esboza una sonrisa nerviosa, mientras se seca las lágrimas.

miércoles, mayo 12, 2021

Pretextos

El calor era insoportable. Salir al mediodía a hacer los trámites de costumbre era una tortura para Joaquín. Se solía sentir como un ingrediente más de la sopa caliente en la que se convertía Guayaquil durante el invierno. No sabía si odiaba más el calor o la humedad. Hoy se sentía un fideo flotando entre la papa, la zanahoria, y las arvejas. 

Entrar al banco era el mejor pretexto para refrescarse. Iba a sacar el dinero para pagar el curso de cocina que iba a empezar esa misma tarde. Sus mayores logros eran no romper la yema del huevo frito, o hacer sánduches de jamón y queso. Hacer arroz en olla arrocera no valía. Pero Mariela sí. Valía. Y mucho. Iba a meterse al taller de cocina sólo para verla todos los días. Otro pretexto más. La vida de Joaquín estaba llena de pretextos.

Módulo 1: Ensaladas.

Mariela era una mujer muy divertida y espontánea. Joaquín buscaba cualquier pretexto para sentarse cerca de ella y así, cuando tocaba elegir pareja para trabajar, les tocaba juntos. Entre picar tomates y pelar zanahorias, Joaquín descubrió que un secreto de una buena vinagreta era ponerle un toquecito de azúcar para cortar la acidez del limón.

Módulo 2: Pastas.

Joaquín solía esperar a Mariela en la entrada del aula, con dos cafés en mano. El de ella, con edulcorante. En su mente estaba haciendo puntos para atreverse a invitarla a salir, pero cada vez que se armaba de valor, algo sucedía. Llegaba un mensaje de texto, u otro compañero llegaba y se unía a la conversación. Joaquín se quedaba con la pregunta en la lengua y la ahogaba con un sorbo de café. Al menos consiguió llegar al punto exacto de cocción de sus fideos. Siempre quedaban “al dente”.

Módulo 3: Cocteles.

Luego de 3 Margaritas, 2 Mojitos y 4 Piña Coladas (¿4 o 5? Joaquín ya no estaba seguro) Mariela se encontraba de muy buen humor. Salieron tarde de la clase y ya corría viento de verano. Ese rico viento nocturno que mueve las copas de los árboles y levanta las hojas caídas. Joaquín le ofreció su chompa a Mariela, quien aceptó muy gustosa. Se la quedó viendo, embobado, y estuvo a punto de besarla. Pero se demoró mucho y el taxi llegó. La vio subirse en el carro e irse, y con ella su último pretexto de tener algo llamado amor.

Y como todo ciclo, el calor volvió. Bendito calor. Joaquín, al menos, ya no se sentía como cualquier papa de la sopa. Ahora era la pierna de cerdo adobada a las finas hierbas rodeada de vegetales que tenía en el horno hace 1 hora. El arroz con queso y albahaca estaba graneadito. El vino ya mismo lo iba a descorchar para que respire. En la pared había colgado su diploma enmarcado. Quizá no encontró el amor que buscaba pero la vida le puso otro en su lugar. ¡Ja! Otro pretexto más.