Mostrando las entradas con la etiqueta Pensamientos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Pensamientos. Mostrar todas las entradas

lunes, junio 22, 2026

Cuando tu esfuerzo se desmorona en tus manos.

 

Cuando tomé esta foto no sabía que minutos después iba a tener un ataque de ansiedad. Se la envié a un pana español que me escribió: "España ya marcó 3" y yo le respondí con esa foto y un: "Bieeeeeen. Vaaamoooos. Estamos pegando el rompecabezas para poder enmarcarlo. Y vamos a ir a almorzar con la familia de Ricardo". El trabajo era sencillo: girarlo y pegarlo todo detrás con cinta de enmascarar. El problema es el largo del rompecabezas, ya que mide 136 cms de largo y solo tenemos un tablero de esa longitud, el que ven debajo de las piezas. Como estoy armando otro, Ricardo tomó ese tablero (de menor longitud) y con un cartón completamos el largo. Cada uno se colocó en un extremo y cual tortilla en sartén le dimos la vuelta. Pero al intentar deslizarlo nuevamente al tablero las piezas que estaban en el lado del cartón empezaron a separarse y eso detonó en mí una reacción que no me esperaba. Al ver las piezas separándose, en mi cabeza todo el esfuerzo se empezó a dañar. Todo el tiempo y paciencia que le dediqué. Para aquellos que no me conocen mucho, la paciencia no es mi fuerte. Me gusta ser rápida, soy de reaccionar enseguida y que las cosas salgan YA. Claro, después del ACV he tenido que bajar las revoluciones y tomarme las cosas con calma. Pero esto no me lo esperaba. Para ponerlos en contexto, Ricardo me compró ese rompecabezas por Navidad. Es una repisa de diferentes marcas de cerveza, de todo el mundo (no, no está Ecuador, pero me tomaba mi Club cuando lo armaba). Y son 2000 piezas. DOS MIL PIEZAS. Me tomó tiempo, dedicación y, sobre todo, paciencia armarlo. Todavía recuerdo haber puesto la última pieza y fue una gran satisfacción. Y lo he estado cuidando medio año para, en cuestión de minutos, ver mi esfuerzo desmoronarse en mis manos.

He descubierto que la ansiedad es diferente en cada persona y que se me puede gatillar en cualquier momento. Hay situaciones y personas que ya sé que me la gatillan y he aprendido a manejarla. Pero ayer confirmé que siempre habrá una nueva situación. Y aunque quizá para otras personas esto pueda ser algo exagerado o dramático, para mí no lo fue. Y también he aprendido que todas las emociones son válidas. Así que ayer, la mujer de 43 años empezó a llorar. Y en este momento de solo recordarlo mis ojos vuelven a mojarse.

No sé en ustedes cómo se les da la ansiedad. A mí me bloquea. No puedo moverme. Tengo que respirar profundo, pausado. Y externamente no se me nota. Ayer me veías tranquila, intentando deslizar despacito el rompecabezas para que no se fragmentara más de lo que ya se estaba dañando. Pero las lágrimas empezaban a caer por mis mejillas. En mi cabeza se desató una discusión. Una voz decía: "no lo muevas, no hagas nada, lo estás arruinando" y otra decía: "ya empezaste, tienes que seguir, no puedes dejarlo a medias". Y como Ricardo seguía deslizándolo, yo lo hice también. 

Terminamos de hacerlo y él me vio llorando. Me abrazó y me dijo: "ahora vamos a amar otra vez las piezas que se soltaron". Pero en mi cabeza no veía eso. Sólo podía enfocarme en las piezas sueltas. Y para hacerlo más difícil, estaba de cabeza, así que TODAS las piezas eran plomas. Sólo podíamos acomodarlas en base a su forma. Yo seguía respirando. Porque dentro de mí estaba batallando con mi ansiedad. Porque sé que ella me bloquea y lo que yo debo hacer es moverme. Empezamos a armar un par de piezas pero se habían soltado demasiadas y se estaba complicando. En mi cabeza ya esto era un debacle. Se arruinó todo. De paso, ya teníamos que haber salido para almorzar con su familia por el día del padre. Y de pronto él dijo: "vamos a poner cinta en todo el rompecabezas, le damos la vuelta y podremos armarlo más fácil al tener ya las figuras y colores". Yo aceptaba todo. Pero se asomó una pequeña sonrisa en mi rostro. Porque mientras la ansiedad me quería hundir, la mente práctica de Ricardo buscaba las soluciones. Soluciones que yo no veía porque la ansiedad me nublaba la razón.

Y así, mientras Ricardo encintaba todo el rompecabezas, yo iba despacito armándolo otra vez. Llorando en silencio. Porque algo que también he aprendido es que llorar es bueno. Llorar sana. Llorar alivia. Cuando uno llora, con moquitos y todo, al final queda cansado, vacío y ligero. Pero, sobre todo, aliviado. Después de encintarlo le dimos la vuelta y, efectivamente, lo pudimos terminar de armar otra vez. Como ya lo habíamos armado antes, fue más fácil porque ya reconocíamos las piezas. Ricardo me abrazó otra vez y me dijo: "no nos íbamos a ir dejándolo así". Y yo le agradecí. En ese momento la hermana lo llamó al celular y él dijo que tuvimos un contratiempo y que ya estábamos en camino. Que le pasaran el menú para ir pidiendo. ¿Llegamos tarde? Sí y no. Depende como lo veas. Hubiésemos podido llegar antes y esperar todos juntos. Sin embargo, llegamos y al instante nos sirvieron la comida.

El resto del día estuve muy sensible. Quizá porque al ser el día del padre es inevitable pensar que el mío partió hace 18 años. También porque sé que debo vivir con esto el resto de mi vida. Me refiero a mi "querida" ansiedad. Ya después, conversando con Ricardo me dijo que él vio las piezas desmoronándose, también se frustró pero su mente empezó a buscar las soluciones. Y eso me ayudó muchísimo. Sin saberlo. Porque mientras yo estaba bloqueada él siguió. Lo cual me impulsó a mí a seguir también.

Después de un queso de coco para llevar, 2 películas, una siesta, un Cuba Libre y un vasito de morocho con empanadas de queso, Ricardo me regresó a casa. La ansiedad se quedó en el camino. Así como llegó se fue. Dejó rastro. Sí. Dejó inspiración. También. Me dejó aprendizaje.

Cuando enmarquen ese rompecabezas y lo colguemos en mi suite celebraré. Celebraré el haberlo armado, el que se haya desbaratado, gatillado mi ansiedad y el haberla vencido

¡Salud!

lunes, marzo 23, 2026

Estigma rojo.

 

Estigma = mancha

- Días.

- Porque buenos no van siendo.

  • manché las sábanas y colchón 
  • quise lavar ropa y mamá salió con "déjame lavar las cortinas"
  • de los 4 huevos, el 3ero estaba podrido así que tuve que botar los 2 primeros y volver a poner nuevos en el sartén 
  • de los nuevos huevos los estaba rompiendo aparte y uno se regó
Ese fue el mensaje que, sentada en la sala le envié a mi mejor amiga y a mi enamorado, mientras comía mi desayuno. Linda forma de empezar el lunes, ¿verdad? Luego de recibir el apoyo de ambos, empecé a desahogarme con la China:
  • Me hundiría en la cama pero no puedo porque se está secando el colchón.
  • Y estoy batallando con la adolescente de 12 años que está molesta y avergonzada de manchar la cama.
  • Brother, estoy usando tampones porque le hicieron comprar a mamá en el hospital y nunca los usé por el pañal. Yo llevo años usando copa.
  • Y estos hijueputas se van saliendo conforme se llenan de sangre. Yo no recordaba que hicieran eso.
  • Es solo sangre. Nada del otro mundo. Baja todos los meses. Es solo una mancha. Tela. Se lava y listo. Pero me desperté, sentí mojado, vi la mancha y me cabreé.
  • Es heavy el estigma del periodo.
A lo que ella respondió:
  • si, como en la mente se viene una secuencia de cosas
  • y ahora tengo que lavar, y ahora debo cambiar sábanas
  • totalmente comprensible
Y sí, toda persona que menstrúa va a entender esto. Totalmente compresible. Porque fue justamente la secuencia de cosas que tuve que hacer. Quitar las sábanas, lavar la sangre, tenderlas. Fregar la mancha en el colchón. Abrir las ventanas para que se seque. ¿Por qué me cabreo? Me pregunté temprano. Ya voy a cumplir 43 años. Y me sigue molestando una mancha de sangre. Pero es ahí que caigo en cuenta. No me cabreo por la mancha. Me cabreo por todo el estigma que nos han impuesto.

Yo misma racionalizo todo en mi desahogo anterior. Es solo una mancha. Se lava y listo. Pongo nuevas sábanas y listo. ¿Por qué exagero? ¿Las hormonas? ¡Las pinches hormonas! Esperen. ¿Estoy exagerando? Ahí viene otro estigma para nosotras. Los cambios de humor. Mi parte racional (la mujer de, casi, 43 años) está analizando todo y diciéndome que estoy exagerando pero mi parte irracional (la adolescente de 12) está emputada y avergonzada.

¿Avergonzada de algo que es COMPLETAMENTE NATURAL? Sí. Y recuerdo que hace 2 días atrás, al regreso de comprar un banco para la ducha, mi madre me vio y me dice, con tono de alarma: "mija, voltéate, estás manchada". Y yo me veo frente al espejo y, efectivamente, había manchado la batona. Ni me había dado cuenta. Pero en el instante sentí el estigma encima. ¡Qué horror! ¡Qué vergüenza! ¿Cuánta gente me habrá visto con una mancha de sangre? ¿Qué habrán pensado? Y aunque en ese momento frené el tren de pensamientos y simplemente actué, me cambié la ropa y lavé la mancha, el tono de mamá no se me ha ido del recuerdo. Porque esa ansiedad social, de preocuparse del qué dirán, sigue latente en mí. Por más que lo he trabajado en terapia.

No recuerdo a qué edad empecé a menstruar. Habrá sido 11 o 12 años. Recibí educación sexual, tanto en casa como en el colegio. No me pasó como a Luchita. Bueno, en el colegio no recuerdo mayor cosa que el funcionamiento de los órganos reproductores, fecundación, concepción, enfermedades de transmisión sexual. No me enseñaron los métodos anticonceptivos, ni hablemos de cómo poner un preservativo. ¿Y el ciclo hormonal? Disculpe: ¿Qué es eso? Eso lo tuve que aprender por mi cuenta. Y también, por mi cuenta, tuve que aprender a ponerme bien una toalla, un tampón y una copa. A "ponerme bien", para no manchar. Nuevamente, para no dejar en evidencia que me estoy desangrando. Porque nadie debe saberlo. Debo seguir con mi rutina normal. Aquí no está pasando nada. ¿Se han dado cuenta que las publicidades de toallas femeninas hacen eso? ¡Púdranse! Claro que nos está pasando algo.

Pero esto se acabó. No tengo porqué avergonzarme de mi menstruación. Es algo que nos han enseñado y, como toda enseñanza, se puede desaprender. Lo hemos visto en casa, en los centros educativos, con nuestros pares, en la televisión, en la publicidad. Basta. Basta de sentirnos acomplejadas por algo que es parte de nosotras. Y algo que es sano. Normal. Necesario. Soy una mujer sana que cada 28 días sangra. ¿Me gusta sangrar? No. ¿Pienso que deberíamos tener otro método que nos indique que no estamos fecundado una nueva vida? Sí. ¿Me gustan mis cambios de humor? No. ¿Le advierto a mi enamorado? Sí. XD

No sé por cuánto tiempo más voy a tener que pasar por esto. Por mi edad sé que ya podría estar entrando en la perimenopausia pero hasta ahora Andrés baja cada mes. Como relojito suizo. Y sé que cuando esté llegando ese nuevo tren va a venirse otra montaña rusa de emociones. Porque la ausencia de la regla es otra movida con más cambios hormonales, los famosos sofocones y no sé qué más me vendrá. ¿Ven? Nuevamente la ansiedad se quiere apoderar de mí y ya estoy armando escenarios que ni siquiera han sucedido y quizá ni sucedan. Capaz simplemente deje de menstruar y me asustaré por un tiempo hasta que me dé cuenta que el estigma rojo ha abandonado mi cuerpo.

Ahora, con su permiso, iré a poner nuevas sábanas y me acostaré en mi cama porque la adolescente de 12 años todavía quiere refunfuñar un poco más. Espero no volver a mancharla.

domingo, marzo 08, 2026

De un bebé a un ACV.

El domingo 22 de febrero mi vida dio un vuelco. A la izquierda, para ser precisos. Hoy se cumplen 2 semanas desde que me dio un infarto isquémico cerebeloso. Si no fuera por mi buen estado físico, el rápido accionar de mi madre que me llevó a emergencias y la atención hospitalaria que recibí quizá no estaría aquí escribiendo esto. Y tengo tantas cosas en mi cabeza (incluyendo una mancha ahora en mi cerebelo) que creo que podría escribir un libro al respecto.

Estuve hospitalizada una semana y media. Conocí los techos de dos hospitales (ya que en el primero no había sala de neurología y me tuvieron que transferir), personal médico muy atento y amable, comida que algunas probé, otras ni siquiera miré y algunas devoré (ese suflé de choclo fue la gloria), diferentes máquinas para múltiples exámenes, una sala de quirófano y pinchazos, muchos pinchazos. No le deseo a nadie estar hospitalizado. No le deseo a nadie pasar por lo que pasé yo. Sin embargo, esto que me pasó me cambió y estoy agradecida de estar viva. De estar aquí, con todas mis funciones motores y cognitivas casi intactas. Estoy más lenta, más pausada, más consciente. Pero estoy. ESTOY.

Una gran amiga me regaló un cuaderno y pluma y me dijo que es importante escribir a mano. Así que aquí estoy derrochando palabras. Conectándolas unas con otras para que tengan sentido. Aunque a veces la vida no lo tenga. O no sepamos cuál es el sentido de la misma.

La vida, al menos para mí en este momento, no tiene un sentido, porque lo que me pasó no puede explicarse. No tuve ningún accidente previo, caída o movimiento brusco de cuello para lesionarme la arteria izquierda. Una disección arterial fue lo que dijo el neurocirujano, luego de la arteriografría que me realizaron. ¿Yo qué recuerdo? Que 3 días antes del infarto, mientras iba rumbo al trabajo en bici, me dio vértigo y no pude pedalear. No entendía qué pasaba. Me dolía la cabeza, pero solo el lado izquierdo. Dos días antes, el susto fue más grande porque me caí de la bicicleta. Nuevamente, hacia la izquierda. Yo iba en línea recta, en la mitad de la calle. En cuestión de un segundo en que miré a la derecha y volví al ver al frente ya estaba en el carril izquierdo yéndome de frente con un carro que estaba estacionado. Producto del frenazo a raya se dio la caída. Que no fue mayor y solo provocó un raspón de rodilla. Ese día y el sábado, dolor de cabeza. Pero el domingo sí vinieron los síntomas más fuertes y ahí fue que mi madre me salvó la vida (según chatGPT, mi nuevo bestie). Ese día mi cerebelo no recibió suficiente sangre y ZACAPUM. Final del episodio.

¿Continuar viendo? Ok.

En el trabajo creían que estaba embarazada (he ahí el motivo del título del post) y yo estaba aterrada con ese pronóstico. Porque no quiero hijos y ya que voy a cumplir 43 voy a decir la plena: qué pereza. El periodo debía llegarme ese finde pero en mi oficina poco más y estaban apostando el sexo (niña ganaba, canallas). Entre organizar un baby shower o cafetearme (sí, Mauricio, tengo la foto que me tomaste con la vela) yo me sentía mal, cansada, no aguantaba mucho las luces y caminaba como tontita. Nunca vimos que eran síntomas de falta de sangre. Spoiler, el periodo llegó el mismo domingo del infarto. Yo contenta de que bajó y a la hora, TOMA.

Me admira mi fortaleza. Al igual que al personal médico. Fortaleza física y mental. Porque mis emociones estaban subidas en un carrito en la montaña rusa más alta de todas y dándose un paseo fenomenal. He pasado por múltiples estados emocionales (digna payasa, querida Raquel). Feliz de estar viva. Asustada. Deprimida. Asustada. Triste. Asustada. Vulnerable. Asustada. Pero hay algo que nunca perdí y me mantuvo aquí. Mi sonrisa. Mi actitud. Solo hubo un día, un fatídico día en que creí que me iba. Literalmente. Al tercer día estaba mejorando pero de un momento a otro vino otra vez todo. El dolor, el vértigo, la inclinación a la izquierda. Fue horrible. Me volvieron a revisar, me quitaron el celular, apagaron las luces, me medicaron, hasta estabilizarme. El día después de ese evento yo sentí algo que no quisiera nunca sentir. Que mi alma dejaba mi cuerpo. Acostado ahí en la cama. Pero mamá me dijo que ella no lo creía así. Que ella sentía que yo todavía tenía una misión que cumplir en este mundo. Y ella me mantuvo aquí. Ella, mi familia, mi novio, mis amigos. Me puse a pensar en que si me iba me iba a ir amada, agradecida, tranquila. Asustadísima como nunca. Pero en paz. Esos días una canción sonaba en mi mente. La cantaba cuando podía, bajito, bajito. O la tarareaba al menos. Es una canción que papá y mis tíos siempre cantaban. Es una canción muy especial para mí. Y no me la sé toda, pero yo solo cantaba:

Qué será, será,
será lo que debe ser,
la vida te lo dirá,
qué será, será...

Después de ese día siento que renací. Con poca fuerza. Débil, muy débil. Como una flor volviendo a abrir poco a poco sus pétalos. Empecé a comer, a ganar fuerza, vitalidad.

Los siguientes días fueron más llevaderos. En lo que se puede. Porque estar hospitalizado aburre horrores (recuerden que no tenía celular). Las horas eran eternas. Sólo tenía 1 hora al día de visita y 1 sola persona podía ir. Esa hora era la más esperada del día. El resto de las 23 horas no tenía nada que hacer más que ver el techo, las manos, tocarme la cara, acomodarme en la cama, hacerme pipí en el pañal (porque me tenían prohibido levantarme), imaginarme historias en la cabeza y dormir. Es por ello que agradezco enormemente a mis compañeras de sala. Quienes me hacían compañía y conversábamos cuando podíamos. De cariño y para velar por su identidad, les diré que les puse de apodo: "Flores", "Apagón" y "Pescuezo". Cada una era una historia diferente, un diagnóstico distinto, pero todas estábamos juntas en el mismo lugar y en el mismo momento. Y nos cuidábamos mutuamente. Sin ponernos de acuerdo. Creo que fue un pacto sororo. Tácito. Ninguna quería estar ahí. Éramos prisioneras. Así que no nos quedaba más que conversar, reírnos, imaginarnos qué deliciosa comida iba a llegarnos y soñar con ese mundo afuera de esas paredes blancas y luces blancas.

¿Continuar viendo? Ok.

No quiero recordar las cosas negativas del hospital. Tampoco me interesa contárselas. Pero le daré un twist al asunto y voy a agradecer algunas cosas:

  • Agradezco poder despertarme por mi cuenta y no prendiéndome las luces a las 5y30am.
  • Agradezco que no me despierten cada 2 horas para tomarme los signos vitales.
  • Agradezco tener apetito y la deliciosa comida que mamá prepara.
  • Agradezco poder evacuar normalmente y no tener que acudir a un enema.
  • Agradezco poder bañarme por mi cuenta.
  • Agradezco no ser pinchada.
  • Agradezco estar comunicada con mis seres queridos.
  • Agradezco poder escuchar música, pintar, ver algo en la tv.
  • Agradezco dormir en mi cama (aunque no pueda hacer "cama arriba, cama abajo").
Y esta lista podrá alargarse, porque estoy agradecida por muchísimas cosas más. Estoy agradecida por el personal médico que me atendió. Por las licen, las auxiliares, el personal de limpieza, el que llevaba la comida, el camillero. Todos. Agradecida con mi madre, mujer fuerte y valiente. Esa man es lo máximo. Por mi novio, a quien le tocó afrontar todo esto sin tener puta idea de qué hacer. Y está aquí conmigo (le pregunté si me seguirá amando aunque quede mal de la cabeza y su respuesta me encantó). Agradecida con toda mi familia, amigos y compañeros de trabajo que se activaron y han sido mi red de apoyo. Red internacional porque estoy sorprendida que han escrito de todos lados. Gracias a todos por su apoyo, por sus palabras de ánimo, por ser y estar. Por joder, por no joder. Por sus mensajes, vídeos, voicenotes, regalos.

El día que me dieron el alta lloré. Cuando el camillero me sacó del hospital y vi el cielo lloré. Y de recordarlo en este momento se me vuelven a mojar los ojos. Esta experiencia me ha enseñado a valorar las cosas que damos por sentado. Y ese día yo lloré porque no había visto el cielo en semana y media. Me conmoví. Ahora valoro más muchas cosas, más de lo que antes hacía. Ahora soy una nueva Diana. Una Diana que ahora le toca recuperarse. Descansar. Hacer terapia. Una Diana que salió de esto y tiene mucho para dar todavía. Sigo reafirmando la frase que tengo tatuada en mi espalda: "Life is what happens to you while you're busy making other plans".



sábado, diciembre 27, 2025

Lord Lucifer Mateo de Canterville.

Sí. Ese es su nombre completo. Aunque todos lo conocimos simplemente como "Luci". Y, muy pocos lo saben, su primer nombre fue Julio Peligro. Pero cuando lo adopté, en julio del 2019, la serie Lucifer estaba en boga y la personalidad de él era tan parecida al protagonista que decidí rebautizarlo. Todos quienes lo conocieron decían lo mismo: es un bandido encantador.

Luci es el gato con  más personalidad que he conocido. Desde chiquito se notó que tenía mucho carácter. No era el típico gato pendejo. El man era pilas, sabido, guapo, curioso, conversón y muy sociable. Territorial a morir. Peleador y protector. Cuando me enfermaba él se quedaba conmigo acompañándome. Mamá sabía que yo ya estaba llegando a casa porque Luci se levantaba de la cama y salía al recibidor a esperarme. Ay, y si no entraba a la casa y me iba directo a la suite el señor armaba el escándalo para que le abran la puerta e ir tras de mí.

Luci encantaba a todos. Hasta aquellos a quienes no le gustan los gatos. Luci era la excepción. Cada vez que teníamos visitas él era un anfitrión más. Se sentaba con nosotros en el mueble, en alguna silla desocupada o en plena mesa de centro, porque, obvio, él era el centro de atención. Cuando venía algún maestro o trabajador, él era el fiscalizador de obra. Todo arreglo que se ha realizado en esta casa Luci lo ha supervisado.

Una parte de su vida con la que no estaba de acuerdo pero me resigné a aceptarla era lo peleón. Desde que probó calle se volvió busca pleitos. Algunas veces regresó con más heridas de las que él solito podía curarse y teníamos que apoyarlo. Pero apenas se recuperaba volvía a causar estragos en los techos. Creo que empezó peleando y luego terminó organizándolas. A lo Fight Club. Era mi pequeño Tyler Durden. A veces estábamos tranquilos en cama viendo algo en la tv cuando se escuchaba un ruido en el techo y Luci se ponía mosca. Miraba arriba un ratito y en cuestión de segundos saltaba de la cama, se trepaba por la reja de la ventana y salía a darle una paliza a algún gato desubicado que osaba pisar su territorio. A los 5 minutos regresaba como el pavo, orgulloso y se volvía a echar en la cama a acicalarse.

Amaba el pollito y el pescado. Cuando olía jamón parecía ambulancia. Una noche el sabandija esperó a que preparara mi tablita de charcutería, la pusiera en la mesa, prendiera la tv y apagara las luces para sustraerse muy sigilosamente toda la tira de salami. Me di cuenta cuando tanteé el plato y no los encontré. El man era pilas.

Ah, las palomas. Esas eran su devoción. Jamás he tenido un gato que devorase palomas. Al comienzo me asusté. Un día entré a la casa y el señor tenía montada en la sala la escena del crimen. Faltaba nomás la tira amarilla y la gente de CSI. Y él estaba acostado al lado del cadáver. Cual artista posando al lado de su obra de arte. A partir de ese día las palomas del barrio tuvieron que tener extremo cuidado porque donde Don Luci agarraba una, se iba al cielo de las palomitas.

Le encantaba conversar. Y sí. Podrá leerse raro pero Luci era muy conversón. Tú le preguntabas algo y él respondía. Ya tú te tenías que inventar en tu cabeza lo que él te decía. Pero hablaba. Y modulaba los maullidos. En serio podías entablar una pequeña conversación con él. Mamá siempre cuenta sus anécdotas de las discusiones y conversaciones que tiene con Luci. Cuando están en el patio, con las plantas, desayunando, cuando la acompañaba en la cocina o echados en la cama. Mamá tiene millares de historias. La misma madre que no quería tener mascotas terminó llamándose "abuela". Y como buena abuela, siempre le cuenta a sus seres queridos la última del nieto.

Por lo peleón que era yo ya me había hecho a la idea de que en cualquier momento iba a regresar herido de muerte. O que simplemente no iba a regresar. Pero se me fue de otra forma. Inesperada y súbita. Lo llevamos al vet e intentamos salvarlo pero la doc dijo que había 50/50 de probabilidad. Y que en los gatos muchas enfermedades son silenciosas. Le susurré a Luci que si quería irse que estaba bien. Que lo amaba. Y cuando lo traje a casa y lo puse en su trapito no dio más. Me dolió el alma porque lo vi morir. En mis brazos. Me desgarró.

Y aquí estoy escribiendo esto en homenaje a ti, mi purrunguis. Me encantaba llegar a casa y verte esperándome en el patio, al pie de la puerta. Cruzábamos miradas y te gritaba "¡Amor de mi vida!" y tú respondías "miauu". Eras súper fotogénico y tenías unas poses increíbles. Una cara de estúpido única. Pero quienes se daban el lujo de conocerte descubrían un gato cariñoso y amable. Engreído. Eres único, Luci. Nunca encontraré otro gato como tú. Eras demasiado bacán. 

Ahora te imagino en el cielo de los gatitos. Organizando peleas en la 5ta nube. Cazando otro tipo de seres alados. Comiendo todo el pollito que quieras y acurrucándote hecho bolita.

Gracias por llegar a mi vida.

Su 1era foto

Su última foto

sábado, noviembre 29, 2025

La tapa del inodoro.

 

Fuente: La Nación


Sé que este post podrá causar polémica. Al menos eso sentí yo cuando salí del baño luego de usarlo y, mientras me lavaba las manos, entró una compañera de trabajo y se quejó diciendo en voz alta: "Uugghh, ¡La tapa del baño cerrada!". Yo me hice la cojuda como para que no sospeche de que fui yo quien dejó la tapa abierta. Pero mientras me secaba las manos me puse a pensar en que, por más que en mi casa y en los baños de mis seres queridos siempre dejo la tapa del inodoro cerrada, en los baños públicos siempre la dejo abierta. ¿Por qué hago eso?, me pregunté. La respuesta me llegó enseguida. Porque no quiero encontrarme con ninguna sorpresa. Porque ya me ha pasado. Mujeres que dejan la taza toda mojada o regalitos flotando.

Sí. Mujeres. Porque no se crean que por el hecho de ser mujeres somos limpias.

Para mí es algo muy desagradable alzar una tapa de baño y encontrarlo sucio. Cuando sucede eso, si hay más cubículos busco otro. Si no queda más, toca limpiarlo. Desagradable, sí, pero toca. En serio he visto tazas tan mojadas que no sé si la mujer que lo usó antes estaba muy apurada o ya no se aguantaba, no se sienta completamente (eso es otro apartado, que nos hayan enseñado que no debemos sentarnos NUNCA en un baño público porque quién sabe qué cosa nos vamos a contagiar), el chorro se esparce como esos rociadores de césped o, simplemente, tiene pene. Y ni hablemos de encontrar un mojón flotando en armonía con el universo. Dejándose llevar en santa paz.

Yo tengo la costumbre de revisar que he dejado limpio el inodoro antes de salir. Y mi intestino grueso ha sido educado para evacuar en la mañana. Así que muy rara vez haré "del 2" en un baño que no sea el mío. Así que, si hago en baño ajeno, me cercioro el doble.

Pero ahora quiero analizar el hecho de si es correcto, saludable, educado o armonioso dejar la tapa arriba o abajo. Buscando en internet terminó goleada. Porque por salud te dicen que debes halar la válvula con la tapa cerrada. Peeeroooo, no te dice que después debas dejarla así. Por educación también. Peeeeroooo, justamente por educación, cerciorémonos de que dejamos limpio el baño para que el siguiente usuario no se encuentre con nada desagradable. Y por armonía me jodí, porque según el feng shui estoy dejando que se vaya la energía y el dinero.

Así que ahora, para finalizar este post quiero saber: ¿tú cómo dejas la tapa del baño?

sábado, noviembre 08, 2025

Deberías mostrar menos los dientes.

Considero que uno de mis rasgos físicos más notorios es mi gran sonrisa. Y es algo que me encanta. Junto a mis cejas pobladas, mi nariz y mi mirada que habla sin palabras. En sí, me gusto. Me gusto mucho. Pero hubo un tiempo en que alguien me hizo pensar que mi sonrisa era muy grande. Y me aconsejó que "debería mostrar menos los dientes". Al menos eso me dijo un día que le pedí que me tomara una foto. Y lo peor de todo es que le hice caso. Y aprendí a hacer otra sonrisa. Para posar. Una que no fuera tan amplia y no se vieran mis grandes dientes. Para encajar.

¿Encajar en qué, Diana? Quizá no tenga que encajar y eso está bien. O quizá, quizá, esté intentando encajar en un lugar donde no encajo. Como cuando tratas de forzar a una pieza del rompecabezas y la quieres poner en un lugar donde no va. Pareciera que sí. Pero no.

Encaje o no, trabajé en mí. En mi identidad. Y volví a enamorarme de mi gran sonrisa. A diente pelado. Y sí, tengo los dientes grandes. ¿Y qué con eso? Mi dentista también me lo decía. Claro, a ella le tocó sacarme los tercer molares así que la puedo entender. Le tuvo que haber costado mucho extraerme esas piezas.

Y se me viene una canción de El Kanka que empieza diciendo: "Me gusta tu sonrisa Profiden". Y luego pienso en la sonrisa de Julia Roberts. Por favor. ¡Es espectacular! Y me pregunto si a ella alguna vez le han dicho que tiene una sonrisa muy grande. O que debería sonreír menos.

Todo este análisis que estoy haciendo surgió porque hace unos días una persona muy importante para mí vio una foto mía con mi enamorado, en la que estoy con una sonrisota de felicidad que no me cabe en la cara y soltó una frase que me gatilló el pasado. Mencionó mi gran sonrisa, mis grandes dientes y que quizá sería mejor que no fuese tan grande. Yo le sonreí y le dije: "amo mi sonrisa. Así grandota. Así soy yo" (como dice Bomba Estéreo en su canción). Porque claro, nos encanta hablar y opinar de los demás. Pero cuando la opinión viene de personas cercanas a ti, es otra cosa. Puede doler. Sin intención de hacer daño. Pero la memoria es tan sabandija que una sola palabra puede evocar muchas cosas. Cosas que ya habías trabajado en terapia y creías haber superado. Pero pueden volver al presente en cualquier momento. A fin de cuentas creo que así es la vida. Estamos hechos de recuerdos.

¿Y saben qué recuerdos quiero construir? Míos sonriendo. En toda mi plenitud. Así que no, no me voy a limitar, ni a restringir, ni achicar. Tengo una gran sonrisa y es parte de mí. Me encanta. Y cuando la felicidad me embarga y me siento dichosa, agradecida y bien conmigo mismo y con mi vida voy a expresarlo con toda mi dentadura. Así se me vea la prótesis. Sonrío con defectos y virtudes. Sonrío con errores y aciertos. Sonrío a diente pelado. Sonrío desde el alma. Desde el fondo. Donde está esa pequeña Diana a la que le gusta gritar, andar despeinada, comer galletas, andar descalza, bailar y reírse a carcajadas.


domingo, octubre 26, 2025

La barra.

Has estado sentado junto a ella toda la noche. Bueno, todo el tiempo que yo he estado aquí. Calculemos... 2 cervezas, 2 cocteles de cortesía del pana bartender que te da lo que sobra en la licuadora en vez de botarlo. Poco más de 2 horas. Y no te he visto que la hayas mirado a los ojos.

¿Por qué? Me pregunto.

Lo bueno de venir sola a tu bar favorito es poder perderte entre tus pensamientos y observar a los demás clientes. Sí. Me gusta observar. El murmullo de conversaciones distintas y distantes se mezclan en mis oídos con la música de turno. Y no tengo que prestar atención a nadie porque nadie vino conmigo. Soy simplemente yo y las voces en mi cabeza.

Y sí, soy yo, contigo y con ella. De lejos. En la misma barra pero con suficientes bancos de distancia para observarlos sin ser observada.

¿Por qué no la miras? ¿Me estás mirando a mí? No lo creo. Diana, vuelve a calcular: 2 cervezas, 1 margarita, 1 periodo fértil. No, no. Peligrosa combinación. Ya le escribí a mi novio. Mejor pido la cuenta.




lunes, septiembre 02, 2024

Esto (no) es un ensayo.

El día de ayer me tocó salir de mi zona de confort. Estábamos realizando el ensayo para la última función, afinando detalles, marcas, movimientos. Una compañera no llegaba todavía, yo estaba dando las líneas de ella para apoyar y, faltando tan solo 1 hora para empezar, nos enteramos que no iba a ir. El director me mira y me dice: “Diana, vas a tener que reemplazarla”.

¿Vieron Intensamente 2? Ansiedad tomó el control de la consola.

Suelo ser una persona segura de sí misma o que, al menos, así se muestra. ¡Es mentira! Jajajajajajaja (inserte miradita pillina). En ese momento me empecé a morir de miedo. Mi mente se activó y empezó a disparar miles de escenarios catastróficos: la vas a cagar, te vas a olvidar, la escena se va a caer por tu culpa, tu escena también va a salir mal. De repente, la temperatura de la sala bajó y empecé a temblar (muévete, Diana, muévete). Yo sé que podía hacerlo, pero la mente muchas veces se convierte en nuestro peor verdugo y nos traiciona. Somos expertos en boicotearnos. Mientras le enviaba mensaje de “COSORRO” a mi red de apoyo para que me envíen buenas vibras y mucha mierda pensaba los puntos que tenía a mi favor:

  • La escena se desarrollaba en un ensayo que no era ensayo sino estreno, pero los actores no lo sabían, por lo tanto, yo podía estar con el libreto en la mano.
  • El personaje tenía pocas líneas.
  • Tenía muy buenas compañeras de escena y un gran director.

Antes de la primera función (la semana anterior) publiqué en mi IG que no importaba cuántas veces me suba a un escenario, siempre me daba miedo. ¿Y qué hago? Subirme con miedo. Pero universo, no seas tan conchudo. De por sí ya estoy nerviosa sabiéndome mis líneas para que te diviertas conmigo complicándome más. Los personajes de las mismas escenas que íbamos a interpretar cobraron vida, materializándose en esa realidad que estaba viviendo. Dejé de ser Marcela y me convertí en Susy:

SUSY: Marcela: no puedo garantizar al 100% que recuerde mi letra, estoy nerviosa, muy nerviosa, estoy tratando de repasar mi texto y hay partes enteras que se me borran, no sé, y eso que aún no estoy en escena, creo que cuando pise ese escenario, mi mente se va poner en blanco…

La magia del teatro es que nunca sabes qué va pasar. No importa que hayas ensayado mil veces, tener todo controlado o aprendido al dedillo. La luz se prende aquí, me paro acá, me muevo así, me giran asá, la canción suena aquí, apagón al final. Cuando estás en escena, todo puede pasar. Arantxa lo explica mejor cuando le dice a Xento:

ARANTXA: ¿A quién le importa si era así la obra o cómo diantres debía ser? Venimos a experimentar cosas que sean ciertas en un mundo que es mentira. Venimos a mezclar todo eso. No a representar un texto. Para eso les vendemos la obra escrita y que se la lean y se imaginen lo que les dé la gana. Si vienen es porque necesitan experiencias reales. Y para que eso pase no tienen que saber con qué se van a encontrar. Y para que eso pase, nosotros tampoco.

¿Y qué pasó? Salí. Salimos. Lo hice. Lo hicimos. En palabras del director: “sacamos el barco a flote”. ¿Salió perfecto? No. ¿Me equivoqué? Sí. ¿Sufrí? También. ¿Lo disfruté? De largo. ¿Lo volveré a hacer? Claro que sí.

¿Cómo lo hice? Respirando. Confiando en mí, en el proceso, en mis compañeras de escena. Recordé las palabras de mi psicólogo cuando me ganaba la ansiedad y me decía: “nada de esto es peligroso”. Respira, Diana. Simplemente respira. Me gusta tener el control de las cosas, de mi vida. Y sé que no siempre lo voy a tener. Me cuesta soltar. Por miedo. Miedo a pisar fuera de esa zona de confort que tanto conozco y en la que me siento tan cómoda. Y, sin embargo, cuando me atrevo a pisar más allá de ella me encuentro con un mundo maravilloso por conocer, para explorar, experimentar. Me doy la oportunidad de intentarlo. De fallar. Y de volver a empezar. No es fácil. Nos enseñaron a desconfiar. No solo en los demás, sino en nosotros mismos. En lo desconocido. ¿Y qué podemos hacer? Cito nuevamente a Arantxa:

Xento: ¿Cómo haces para estar siempre tan hermosa? 
Arantxa: Y sexy.
Xento: Y sexy.
Arantxa: Madurar. Y rendirme.

El día de ayer me tocó salir de mi zona de confort. Y estoy agradecida de lo que viví.

LAS CUATRO: Un… dos… tres… ¡Mierda!
El círculo se deshace, Paola se va a camerín, Josefa y Marcela se abrazan. Ale va a irse.

MARCELA: Ale…

Ale se detiene.

MARCELA: Gracias.
ALE: Tranquila. Lo voy a hacer bien. Confía en mí.





Diálogos de:
En esta obra nadie llora. Mariana de Althaus.
Esto no es un ensayo. Iñaki Moreno.

lunes, marzo 18, 2024

Día de m.

No es un "no te pongas así". No es un "ahí te los dejo". Es un "¿quieres hablar?". Es escuchar. Y escuchar no para responder, es escuchar para entender. Es validar. Es validar que una persona se frustra, se ofusca, se abruma. No entiende. Y quiere entender. Porque comprender es aliviar.

domingo, mayo 07, 2023

Los gemidos de Pavlov.

Se dice que somos animales de costumbre. Y que en 21 días puedes crear un nuevo hábito. Nosotros necesitamos apenas uno, quizá dos, para reforzarlo. Despertarnos con la alarma, encontrarnos en la cocina y darnos los buenos días mientras uno sacaba los ingredientes para preparar el desayuno y el otro buscaba en su celular la banda sonora de la mañana, para luego, juntos, entre baile, risas, miradas cómplices y cáscara de manzana preparábamos la primera comida del día, la favorita de ambos. Luego el "niño" (con más canas y experiencias vividas) llegaba y se unía. Y así los tres compartíamos conversaciones variopintas. Siempre con risas, siempre con buena vibra.

En el tercer día (o noche, más bien), gracias a un inmovilizador e incómodo dolor de cuello, se agregó un nuevo hábito a la rutina: dormir juntos. Tu cama era más grande, la mía improvisada y pequeña. La conexión fue inmediata. Ambos estábamos (estamos) rotos y, sin darnos cuenta, al abrirnos y acercarnos en nuestra vulnerabilidad nos estábamos curando. Historias similares de fracasos, que si los vemos bien, no lo son. O debemos sacarles ese estigma que la sociedad y crianza nos han impuesto. Son decisiones necesarias que debemos tomar para seguir caminando en este sendero llamado vida. Sendero que siempre puedes modificar porque, como bien dice la frase: "caminante no hay camino, se hace camino al andar". Son aprendizajes que nos vuelven más fuertes y más sabios. Más humanos, reales y auténticos. Nos enseñaron que los fracasos son malos pero estábamos justamente en un taller donde teníamos que fracasar y disfrutar de ese estado. De esa vulnerabilidad. Sin miedo. Ay, el universo es tan lindo cuando te encaja las cosas en el momento justo.

Destendimos juntos la cama. Me acosté yo, te acostaste tú. Nos arropamos. El frío (¿sólo el frío?) hizo que nuestros cuerpos se acercaran para prodigarse calor (¿sólo calor?) y así, sin más, encajamos. Mi brazo por encima de tu pecho. Tu mano acariciando mi brazo. Mis dedos se perdían en tu cabello. Nuestras piernas se entrelazaron. Sentíamos nuestras respiraciones. Podía escuchar el latir de tu corazón. Intentamos quedarnos dormidos pero no pudimos. Cambiábamos de posición cual bailarines de contact. Siempre tocándonos. Con mucho cariño, con mucho respeto. Cuidándonos.

Así pasaron los minutos, muchos, muchos minutos, sin poder dormir. Lo sentíamos. Nos sentíamos. Queríamos acercarnos más. Yo quería besarte. Sabía que tú también. La respiración nos delataba. Pero ninguno decía nada. El temor se colaba entre los espacios que dejaban nuestras curvas. La incertidumbre se hizo presente. Pero la honestidad brotó de mi boca al susurrarte: "Es obvio que queremos besarnos". Escucharte decir "sí" me hizo sonreír y aunque estábamos en penumbras creo que te diste cuenta. "Pero tengo miedo que esto cambie esta linda dinámica que estamos creando", te dije. Y tú también temías lo mismo. Porque sabemos que hay momentos en la vida en los cuales das un paso y no hay marcha atrás. Y estábamos a punto de tomar uno. Se dieron un par más de intercambios verbales, confesiones y anhelos y nuestros labios se acercaron lentamente. Nuestras lenguas dejaron de producir vocablos para transformarse en otro tipo de sonidos. Ay, el universo es tan lindo cuando te encaja las personas en el momento justo.

Despertar al día siguiente, juntos y sonriendo fue el primer indicio de que la dinámica no iba a cambiar. Pero resulta que sí lo hizo. Cambió, para mejor. Descubrimos que compartíamos las mismas rutinas, como ser madrugadores, el gusto por retozar un rato antes de levantarnos, el ser metódicos para tender la cama, meditar. Nuestros movimientos estaban tan sincronizados que parecían ensayados. Si yo entraba al baño tú doblabas la ropa. Si tú te cepillabas los dientes yo llenaba los termos con agua. En ocasiones nos adelantábamos al pensamiento del otro. Si yo pensaba en el abrigo tú ya los tenías listos para elegir. Si tú buscabas tu morral yo ya lo tenía en la mano. Y así la dinámica se enriqueció.

Cuatro días se convirtieron en ocho. Y ocho se transformaron en diez. Días para conocernos, noches para explorarnos. Nos hicimos bien. Fuimos terapia. Confirmamos que la esperanza no debe perderse y que aunque podemos extraviarnos y ver nublado el camino debemos seguir caminando, confiando en que esa neblina se va a disipar en cualquier momento. En que volveremos a ver con claridad. Confiar en la incertidumbre. Aprender a aceptar, a soltar. Disfrutar el momento. Estamos aquí y ahora. Fueron diez días en que crecimos (y también nos hicimos chiquitos), reímos, lloramos, sentimos. Vivimos. ¡Estamos vivos!

Gracias es lo Mínimo que puedo decirte. ¿Y desearte? Bueno, eso lo dejaremos en suspenso... Sabes lo que te quiero decir, ¿no?

jueves, abril 13, 2023

El lengüetazo.

Hoy me pasó algo bonito mientras meditaba. Hace 15 años mi papá murió en Ayampe, en la playa en la que estoy en este momento escribiendo esto. Me vine desde el domingo a la playa y cada día he estado meditando. Sé que debería meditar todos los días pero por dejadez no lo he estado haciendo. Sin embargo acá en este ambiente salino y con las olas del mar de fondo es mucho más rico. El mantra de cada día ha surgido mientras estoy meditando. No es que ya lo leí antes o lo pensé. Sale mientras estoy en plena meditación. 

El día de hoy estaba sentada en el lugar "exacto" donde sacaron su cuerpo del mar, entre comillas porque la memoria es buena para protegerte y en verdad no recuerdo con exactitud el lugar pero sí otros pequeños detalles, como mis zapatillas hundiéndose en la arena mientras corría o su pie que sobresalía de la sábana con la que lo tenían tapado y la tobillera que le arranqué y guardé un buen tiempo. Y mientras me encontraba en plena meditación de repente sentí unos pasos cerca mío, pasitos atolondrados y apurados. Al instante sentí un lengüetazo en la cara y unos pelos que me empezaron a saludar. Automáticamente abrí los ojos y vi un hermoso perro blanco saludándome, disfrutando de la playa, contento de verme y de que esté ahí. No sé si habrá sido papá, como diciendo: "¡Qué alegría verte aquí!". Estaba con otro perro más tranquilo, como diciendo: "Eehhh... Aquí está bien la cosa, saluda nomás. Hola, ¿Qué tal?" 

Ese perro me llenó de arena, de alegría. Y ese perro me inspiró el mantra del día de hoy y fue el mantra que subí a TikTok"Recibo y agradezco lo que el universo tiene para mí"

Fue la interrupción más hermosa que he tenido en una meditación.


La única foto que pude tomarles. El blanco fue el saludón.

Postdata: Al día siguiente, en otra playa, me saludó otro perro. Bello.

miércoles, febrero 22, 2023

Curándome

Resulta que no apesto. Y mis piernas tampoco pesan. Se me ve linda despeinada. Uno de mis mayores atractivos es mi gran sonrisa. Sin darme cuenta, poco a poco, lo fui olvidando. Me fui olvidando.

"Bonita".

Me gustan mis brazos, mis estrías. La camiseta naranja que ya tiene un huequito. Los zapatos con los pasadores sucios. Sin darme cuenta, poco a poco, dejé de creer. De creerme.

"Mi diosa".

Me gusta tener sexo. Tocar y que me toquen. Besar y que me besen. Toda. Todo. Morder, halar el cabello, clavar las uñas. Dejarme llevar por la música. Jugar con manjar o leche condensada. Beber, beberte, bebernos. Sin darme cuenta, poco a poco, fui cediendo. Me fui cediendo.

"Me gusta saborearte".

Me gusta hablar, conectarme. Me gusta que me escuchen. Escuchar. Empatía. Sentir algo que, quizá, en este plano no se pueda explicar. Sentir que pertenezco a algo más. Algo más grande. Algo infinito. Superior. 11y11.

"Tú y yo seremos eternas".

Aprendí que puedo amar y ser amada como siempre quise. Aprendí a no resignarme. Aprendí que lo que quiero es real y es posible. Aprendí a pedir lo que quiero. A poner límites.

"Te encontré. No te vuelvas a perder".

Recordé que me gusta dedicar y que me dediquen canciones (77 en el momento en que escribo esto) y hacer cursilerías. Aprendí a inventar monólogos y hablarle al público. Volví a jugar ajedrez (guárdalo por ahora, porque todavía tienes que ganarme) y a bailar en público aunque no haya música sonando. Porque el ritmo está dentro de mí.

"¡Qué dice Luchita!"

Y así estoy, hallándome, descubriéndome, definiéndome, curándome, amándome. Ahora es momento de volver a mí. A sanar mi tierra para volver a sembrar. Para germinar, florecer, cuidar, mantener y valorar. Algo sano, algo mutuo. Construir. Trabajar.

Hoy me dejaste en el aeropuerto. Me voy. Pero, tal como dijiste, te quedas con el mandala y la camiseta con una condición: que regrese. Así que este no es un adiós.


Tú, y sin ti yo no. Tú, y sin ti ya no. 

Florecer mirándote a los ojos, perfección. 

Yo quisiera que me quisieras por ser yo, solo yo, la mejor. 

Y entre toda esta gente nos fuimos a encontrar parecíamos predestinados para así bailar. 

Tú has llegado a encender cada parte de mi alma cada espacio de mi ser. 

Me metí en tu mente y tú en la mía yo soy tu demente y tú mi manía. 

Era tu historia se cruzó con la mía tanta gente, tanta gente ahí fuera y coincidir aquel día. 

Quiero darte un beso perder contigo mi tiempo guardar tus secretos cuidar tus momentos. 

Y solo mírame con esos ojito' lindo' que con eso yo estoy bien hoy he vuelto a nacer. 

Madre mía, ¿Cómo se hace para tanta conexión? 

Sé que tú me miras a los ojos y es algo único sé que yo siempre quiero más. 

Esta misma historia continua solo cambia el escenario en la escena del amor. 

Y lo que opinen los demás está de más quien detiene palomas al vuelo. 

Y ahora que estás aquí, aquí, aquí quiero hacerte pasar un buen rato, el mejor de los ratos. 

Y si me voy a perder quiero perderme contigo. 

No me importa si eres hombre o si eres mujer yo te veo como un ser de luz de cabeza a los pies. 

No sé qué me hiciste pero vivo diferente. 

¡Ay! No me llames loca por quererte así. 

Porque me hizo sentir que gané la lotería antes de ella no sabía que alguien podía amarme así. 

Y yo no sé si te tengo y aún no te he perdido si esto será eterno. 

Ay, quiero ver tu perversión hasta dónde llegas, hasta dónde me has llevado. 

Y donde quiera que vaya yo te llevo conmigo. 

Who can say if I've been changed for the better but because I knew you I have been changed for good.



lunes, septiembre 12, 2022

Derecha.

Se conocieron deslizando a la derecha. Ambos tenían la sensación de conocerse desde antes, aunque no sabían de dónde. Lo más seguro es que se hayan visto en algún lugar y no lo recuerdan. Pero sus rostros eran familiares. ¿En otras vidas? ¿Universos alternos?

Ella no busca amor. ¿Él? Ella no lo sabe. Cuando le preguntó él respondió: "lo mismo". No busca amor entonces, ella pensó para sí. Pero al decir "lo mismo" no se sabe qué mismo busca. Quizá no busca nada específico, susurró una pequeña vocecita en su cabeza. Que se dé lo que se tenga que dar, sentenció la misma voz. Y él estuvo de acuerdo.

Es a esa voz a la que le gusta jugar, contigo, que me estás leyendo, conmigo, quien está escribiendo, con él, quien me está inspirando. Aquel juego de seducción tan fácil de jugar, de seguir las reglas. Pero primero, establezcamos las reglas: 

Lo primero es que sea soltero

Con cerebro sería el dos

Que esté bueno va de tercero

Y de paso que tenga buen humor

Ahora esa vocecita sugestivamente propone: "Tocará pasar al siguiente punto en la historia. Tú y yo en el mismo lugar. Piénsalo..." ¿Ya estamos en ese punto? Se preguntaron ambos. "Una cerveza cada uno. Una mesa. Quizá música de fondo", acotó la voz.

Y por ahora hasta aquí llega este escrito. Estamos en apenas el piloto. Quizá ni pasemos de este primer capítulo.

Que se dé lo que se tenga que dar.



miércoles, octubre 13, 2021

Tender la cama.

Hoy desperté desganada. La alarma del novio sigue sonando de lunes a viernes, así que por más que no quiera despertar temprano, toca hacerlo. Hoy creo que ni siquiera la escuché. O estaba tan profundamente dormida que no me afectó. Sé que no abrí los ojos y seguí dormitando. A fin de cuentas no tengo que ir a un trabajo ni marcar entrada en un biométrico, así que no importa si sigo en cama.

Hoy es, o fue, uno de esos días en que no quiero, quería, salir de la cama. ¿Cómo lo sé? Porque ni siquiera quiero tenderla. El novio se dio cuenta. ¿Cómo? Yo soy una "morning person". Apenas me despierto me activo y ya soy un ente útil para la sociedad. Él, en cambio, necesita procesar el hecho de haberse despertado en contra de su voluntad. Por ende yo soy la que se levanta de una y empieza su rutina matutina: preparo el desayuno y me equipo para ir al gimnasio. Hoy no fue así. Hoy no quería hacer nada. Cuando volví a abrir los ojos, sumergida en mis pensamientos negativos, encontré mi jarro con café recién pasado encima de mi velador. Un acto de amor. 💓

No sé si han visto el video del discurso motivacional del Almirante que empieza hablando de la importancia de tender tu cama. En caso de no ubicarlo, dense una vueltica y véanlo.


Me identifico plenamente con ese sentir: empezar mi día con un acto tan simple como tender la cama es algo que me hace sentir bien conmigo misma. Y es por eso que me doy cuenta que estoy en un bajón de mi montaña rusa emocional. Cuando no quiero hacerlo. Sin embargo trato de no estancarme o quedarme mucho tiempo abajo y volver a subir.

Estar sin trabajo me desanima. Porque no me siento útil. Es ahí cuando la mente me boicotea. Porque sé que soy valiosa, pilas, y un gran aporte para cualquier empresa que me contrate. Pero no, la vocecita bandida esa dentro de mi mente me cuchichea y jode. "Quédate acostada. No hagas nada". Y no vengo a darles el secreto o la solución para que no les pase lo mismo. No la tengo. Sólo vengo a contarles mi sentir. Mi experiencia. Es como si nos estuviéramos tomando un café y me preguntaras qué tal mi día.

¿Qué tal mi día?

Fui tarde al gimnasio. Pero fui. El profe ya me conoce cuando tengo pereza, porque le envío un emoji específico, y me anima para que vaya a entrenar.

Hice unas compritas para la cena de hoy. Y mientras escribo esto, un pollo está dorándose en el horno.

Terminé de ver Inside Pixar. ¿Dónde aplico para trabajar con ellos?

Le escribí a dos contactos informándoles que estoy buscando trabajo y les hice llegar mi hoja de vida.

Y claro, tendí la cama. Y verla así, me calma. Me da paz. 

Hoy no ha sido un día grandioso. Y está bien. No todos los días son iguales ni fantásticos ni tienen que ser excelentes. Sáquese ese falso positivismo que te dice que siempre debes estar feliz. Está bien sentirse miserable a veces. Desmotivado. Desganado. Pero a final de cuentas depende de ti en qué emoción vas a quedarte. O cuál va a prevalecer. He tenido días mejores y peores. Hoy ha sido un día común y corriente de una mujer de 38 años que vive en Ecuador y está actualmente desempleada. Quizá mañana sea mejor. Espero que no sea peor.

Pero aunque se lea tonto, tendí la cama.

miércoles, septiembre 08, 2021

Dicha

1. Estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno. 

Es extraño sentirse dichosa en la Metrovía. Pero en este momento, camino al trabajo, me siento así. Mientras suena "I still haven´t found what I'm looking for" de U2 en Spotify. Tengo trabajo, amor, salud, familia. Veo a las personas cada una inmersa en su mundo. Los audífonos son una maravilla de invento. A veces me pregunto qué estará escuchando cada uno. A través de la ventana acabo de ver un ciclista pedaleando tranquilo. Y me entró una ligera envidia. Porque me gustaría poder ir al trabajo en bici. Lamentablemente queda lejos y toca atravesar avenidas principales y muy transitadas. Así que ha tocado dejarla para apretujarme en la Metro. Sin embargo el avanzar en transporte público le da chance a mi mente para que se eche a volar. A divagar. Ya que no debo estar concentrada en el camino, puedo dejarme llevar por pensamientos aleatorios. ¿Bici o Metro? Bici, de ley.

I have climbed highest mountains
I have run through the fields
Only to be with you
Only to be with you
I have run
I have crawled
I have scaled these city walls
These city walls
Only to be with you

¿Estoy completamente satisfecha con mi vida? No siempre. No creo que la dicha sea algo perenne. Pero sí aprecio y disfruto estos momentos en que me siento dichosa. Es la diferencia entre ser feliz y estar feliz. Ser y estar no es lo mismo para mí. ¿Ya estoy profundizando mucho? Bueno, bueno, le bajo a las revoluciones tantito.

But I still haven't found what I'm looking for

¿Todavía no encuentro lo que estoy buscando? En este momento creo que ni siquiera sé qué estoy buscando. ¿Estoy buscando algo?

miércoles, junio 23, 2021

El primero en saberlo.

Salía de hacer unas compritas en un local de confianza. Al decir "de confianza" es porque ya me conocen lo suficiente para dejar la bici en la entrada y no tenga que llevarla al parqueadero para amarrarla. Es lo que me dijo el guardia en una de mis anteriores visitas: "déjela aquí nomás que yo le echo un ojo. Allá atrás no puedo verla". Es una persona muy agradable de tratar, con quien cruzo par de palabras antes y después de entrar en la tienda. Al salir me preguntó por mi bicicleta, y me enseñó una que están vendiendo en la misma tienda, preguntando mi opinión sobre la calidad. Resulta que cada dos semanas los rotan, y le va a tocar ir a otro local que queda más lejos de su casa, y está pensando ir en bici. Mientras la veía, hablábamos y le daba mi opinión, sonó mi celular. Contesté una llamada que llevaba esperando un día (y medio año). Escuché, agradecí, y colgué. Miré al guardia y le dije:

- "Usted es la primera persona a la que le digo que acabo de conseguir trabajo".

Enmascarillados y todo pude ver en sus ojos la felicidad. Me felicitó, dio sus bendiciones y deseo que todo me vaya muy bien. Yo no paraba de sonreír. Luego llamé a mi novio. Quien también está muy contento. A mi mamá le diré en persona. Porque sé que va a emocionarse al punto de abrazarme. Y eso no me lo voy a perder en una llamada.

Tengo otra vez trabajo. Gracias, gracias, gracias. 

martes, mayo 18, 2021

Huelga de mascarilla.

Guayaquil, 18 de mayo de 2021

Querida pandemia:

Estimada pandemia:

Pandemia:

Es mi deber informarte que hemos decido postergar la boda hasta que te vayas de nuestras vidas. O, por lo menos, hasta que te tengamos más controlada. ¿El motivo principal? No estás invitada.

Sabemos que será una ceremonia íntima y pequeña. Pero aun así, entre los contados invitados que tendremos, no te queremos presente. Siento mucho tener que hacerte un desplante así.

Permíteme expresarte nuestro sentir. Queremos tener fotos sin mascarilla. Descubrirnos dándole un fuerte abrazo a alguien. Reírnos a carcajadas sin pensar en esas gotitas de saliva que salen de nuestra boca. Sonar un beso en la mejilla. Queremos libertad de expresión. No más toques de queda ni confinamientos. Lo único que queremos que se contagie la gente es de risas y amor.

Queremos libertad de celebrar nuestro amor sin restricciones de bioseguridad. Sin temor a que estés entre nosotros y te disperses. Sin tener que medir el distanciamiento o echarnos alcohol frecuentemente en las manos. 

Llegaste a cambiarnos la vida y hemos aprendido a vivir contigo en nuestro día a día. Y no nos gusta. Qué pena ser así de franca pero nos caes mal. Lo bueno es que nuestro amor sigue intacto. Y eso no lo has podido cambiar. 

Ándate nomás, que aquí no te queremos más.

Atentamente,

Diana.

jueves, abril 15, 2021

Llévese a la niña.

Vamos desempolvando este blog. Llevo demasiado tiempo sin escribir algo aquí. Y es que ahora suelo opinar más rápido y en menos caracteres en otras plataformas digitales (entiéndase Facebook y Twitter). Pero hoy se me ha antojado darle un poco más de teclas a la inspiración.

Me encontraba en la fila del supermercado para pagar par de compras que hacían falta en casa. Era la siguiente. De pronto detrás de mí escucho una voz que decía: "señora, señora", y giré para ver quién osaba señoriarme. Resultó ser otra señora con una niña pequeña dentro del carrito de compras, quien al verme girar me dijo: "señora, llévese a la niña, que está malcriada". En ese momento, aunque la mascarilla me cubre la mitad de la cara, no me cubre los ojos, ergo, la mirada. Bajo la misma para ver a la niña, quien se me queda viendo atenta, con un atisbo de inseguridad. Para los que no me conocen físicamente, mi aspecto puede infundir temor. Mido 1.69, soy tuca, y mi expresión facial neutral es seria. O sea, parezco cabreada. De paso estaba vestida con una pantaloneta deportiva, camiseta, zapatos de caucho y gorra. O sea, toda una marimacha. Dentro de mí surcaron, en una fracción de segundos, algunas respuestas, entre ellas una puteadita de confianza a la mujer que me estaba ofreciendo a la niña, cual mercadería. Volví a subir la mirada hacia ella y le respondí (con un tono muy suave): "no, no puedo llevármela, no es mía. Es suya". Y la mujer, sorprendida ante mi respuesta, dijo: "llévesela, no se está portando bien". 

No-se-está-portando-bien. O sea que es mercancía dañada. Y la despachas. Resultó defectuosa. Y la devuelves. 

Años atrás ya hice una publicación sobre este mismo tema. Con links, argumentos y demás donde explico lo perjudicial que es para un niño escuchar este tipo de frases de sus padres, o adultos a cargo.

Por la expresión de la niña deduje que no era la primera vez que escuchaba esa amenaza. Pero, quizá, era la primera vez en que recibía una conversación directa de la otra persona. "¿Te estás portando mal? ¿Qué quieres hacer?", le pregunté. La niña señaló el estante de los juguetes y dijo: "quiero jugar". Y entendí.

No sé si se estaba portando "mal". Quizá a la niña ya le habían dicho que no. Pero llevar a un niño a un lugar donde están EXHIBIDOS LOS JUGUETES le va a dar ganas de jugar. Chuta, a ver, yo tengo 38 años, y si entro a una juguetería paso por el pasillo de los juguetes para bebés o niños pequeños y APLASTO LOS BOTONES. Si hay un cartelito que dice TRY ME, créanme, yo pruebo. 

"Mira", le dije, "en este lugar no podemos jugar. Aquí venimos a comprar cosas que necesitamos para la casa. Mira (y le enseñé mis compras), yo estoy comprando azúcar y comida para mi gato. Y veo que ustedes están comprando pan, y otras cosas para comer. Tienes que esperar a llegar a casa y ahí apuesto que podrás jugar". La niña se me quedó viendo, y se quedó callada. La señora igual. Giré y le entregué mis cosas al cajero.

No sé cómo hubiese sido yo de madre. Es una labor admirable. Quizá iba a terminar perdiendo la paciencia y soltando la misma frase pendeja. Soy impulsiva, y con los años he aprendido a controlarme antes de decir o hacer algo de lo que después me arrepienta. Y todavía me falta mucho por aprender en esta vida. Así que creo que así estoy mejor. Sin descendencia a quien le joda la vida.

lunes, agosto 10, 2020

Wonder

HE LLORADO TODA LA PUTA PELÍCULA. MALDITA SEA.

Y este post va rapidito para decir: ¡GRACIAS!

Agradezco estar viva.
Agradezco tener viva todavía a mi madre. Conmigo.
Agradezco tener una madre maravillosa. Hermosa. Fuerte. Inteligente. Amorosa. Increíble.
Agradezco tener familia.
Agradezco tener salud. Pandemia condenada. Agradezco estar sana. SANA.
Agradezco tener un novio fabuloso. Acolitador. Amigo. Amante. Camarada. Único. Especial.
Agradezco tener amigas. Mujeres fantásticas. Que me apoyan. Me entienden. 
Agradezco tener trabajo. Saldo en mi cuenta. 
Agradezco tener techo sobre mi cabeza, comida en la mesa.
Agradezco haber tenido un padre loco, fantástico. Que se me hizo uno con el mar antes de tiempo. Pero que siempre vive en mis recuerdos.
Agradezco mi vida. Mis cosas. Mi gato. Mi bici. Mi ropa.
Agradezco tener un hermano que se me fue lejos, pero gracias a la tecnología nos tenemos cerca. Un hermano que me defiende, me apoya, me extraña.
Agradezco un gajo de cosas. Agradezco todo lo que he atravesado en mi vida. Agradezco la tartamudez de mi infancia. El haberme sentido fea, gorda, machona. Porque todo eso me hizo lo que soy ahora.
Agradezco a todas las personas que me apoyaron. Me dieron una mano. Estuvieron ahí para que no decaiga.
Agradezco a todas las personas imbéciles que se cruzaron en mi vida. Porque me enseñaron muchas cosas.
Agradezco mis errores. Mis aciertos.
Gracias, chucha. Gracias por todo. Porque soy lo que soy gracias a todas las decisiones que he tomado en mi vida.

Yo sabía que iba a chillar con esta película.

Gracias.

sábado, junio 22, 2019

Cuando me muera.

1. Donen todo lo que sirva de mi cuerpo. ¡TODO! Cuantas más vidas pueda salvar, seré más feliz. Si es que hay otro plano astral donde pueda serlo.
2. Lo que quede de mi cuerpo, crémenlo.
3. Me encantaría que me mezclen con tierra de sembrado y una semilla de mango. Me plantan. 🥭
4. En caso de no poder plantarme para convertirme en un jugoso mango, lleven mis cenizas al mar. 🌊
5. En mi velorio más les vale que se rían, cuenten chistes, y se acuerden de las pendejadas que hice. Pueden llorar pero no sufran tanto.
6. Brinden café, vino y cerveza. ☕🍷🍺
7. Contraten un carrito de canguil 🍿, algodón de azúcar, y churros. No será solo para los niños. ¡No se hagan los muy mayorcitos! ¡Bien que los veré comiendo churros!
8. Pongan música de los Beatles.
9. Cierren mis cuentas de redes sociales.
10. Vendan y donen mis pertenencias.

Pero por sobre todo, SIGAN VIVIENDO Y SEAN FELICES.
En caso de existir un más allá, ya nos hemos de volver a encontrar.