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miércoles, junio 23, 2021

El primero en saberlo.

Salía de hacer unas compritas en un local de confianza. Al decir "de confianza" es porque ya me conocen lo suficiente para dejar la bici en la entrada y no tenga que llevarla al parqueadero para amarrarla. Es lo que me dijo el guardia en una de mis anteriores visitas: "déjela aquí nomás que yo le echo un ojo. Allá atrás no puedo verla". Es una persona muy agradable de tratar, con quien cruzo par de palabras antes y después de entrar en la tienda. Al salir me preguntó por mi bicicleta, y me enseñó una que están vendiendo en la misma tienda, preguntando mi opinión sobre la calidad. Resulta que cada dos semanas los rotan, y le va a tocar ir a otro local que queda más lejos de su casa, y está pensando ir en bici. Mientras la veía, hablábamos y le daba mi opinión, sonó mi celular. Contesté una llamada que llevaba esperando un día (y medio año). Escuché, agradecí, y colgué. Miré al guardia y le dije:

- "Usted es la primera persona a la que le digo que acabo de conseguir trabajo".

Enmascarillados y todo pude ver en sus ojos la felicidad. Me felicitó, dio sus bendiciones y deseo que todo me vaya muy bien. Yo no paraba de sonreír. Luego llamé a mi novio. Quien también está muy contento. A mi mamá le diré en persona. Porque sé que va a emocionarse al punto de abrazarme. Y eso no me lo voy a perder en una llamada.

Tengo otra vez trabajo. Gracias, gracias, gracias. 

viernes, enero 19, 2018

Las rejas están en nuestra mente.


Espacio público: "en principio diremos que el espacio público corresponde a aquel territorio de la ciudad donde la persona tiene derecho a estar y circular libremente (como un derecho); ya sean espacios abiertos como plazas, calles, parques, etc.; o cerrados como bibliotecas públicas, centros comunitarios, etc."
Fuente: ub.edu


“Es el lugar donde cualquier persona tiene el derecho a circular en paz y armonía, donde el paso no puede ser restringido por criterios de propiedad privada, y excepcionalmente por reserva gubernamental”.

“El espacio público tiene además una dimensión social, cultural y política. Es un lugar de relación y de identificación, de manifestaciones políticas, de contacto entre la gente, de vida urbana y de expresión comunitaria. En este sentido, la calidad del espacio público se podrá evaluar sobre todo por la intensidad y la calidad de las relaciones sociales que facilita, por su capacidad de acoger y mezclar distintos grupos y comportamientos, y por su capacidad de estimular la identificación simbólica, la expresión y la integración cultural”.
Fuente: Wikipedia

Estos últimos años que he usado la bici como modo de transporte he podido ver un Guayaquil desde un punto de vista distinto. Con la calma, libertad e independencia que te dan las dos ruedas. No voy apretada en un bus, ni encerrada en una caja de metal. No quito validez a los otros medios de transporte. Pero la bici me da una sensación inigualable. Una conexión con la calle distinta.

Ahora con el reclamo de restringir la entrada del Parque Centenario me pongo a pensar en los accesos que nos da la ciudad como peatones. Y pienso en los pasos a desnivel que no usamos, la línea cebra que “está muy lejos”, el paradero del bus donde no estamos esperando, la fila en la estación de la Metrovía que no respetamos, y siga usted incrementando la lista. Me doy cuenta de algo: las rejas no solo están regadas en toda la ciudad. Están dentro de nosotros. En nuestra cultura. Idiosincrasia. Hemos sido educados así. Enrejados mentalmente.

Tenemos que enrejar puertas y ventanas para que no entren los ladrones. Aun así un ladrón las usó para escalar hasta el 3er piso y meterse por la ventana al departamento de mi novio.

Cierran las puertas del parque Centenario porque no pueden con la inseguridad. Y nos toca verlo desde afuerita o rodearlo. Como si fuese prohibido.

Enrejan toda la avenida Delta frente a la Estatal para obligar a los peatones a caminar hasta el paso cebra. Un tramo de la calle exclusivo para nuestro paso. Pero preferimos arrojarnos a cruzar la calle por donde nos es más cómodo o más rápido.
Avenidas principales traficadas con pasos peatonales que no usamos porque nos da pereza llegar a ellos, subir, cruzar, y volver a bajar. Porque nos toma más tiempo. Preferimos esperar algún huequito entre tanto carro y atravesar el asfalto cual ranita de Frog.

Rejas dividiendo, protegiendo, dirigiendo la circulación, obligando, forzando, civilizando, educando. ¿No se sienten como animalitos a los que deben encerrar para que no se salgan? No podemos tomar decisiones civilizadas por nosotros, por sentido común, y por ello nos chantan rejas. Rejas para no entrar, rejas para no cruzar, rejas para no pasarse, rejas para limitar.

¿Hasta cuándo vamos a pensar sólo en nosotros y no en el bien común?

miércoles, marzo 02, 2016

Buenos días.

El otro día conversaba con un pana sobre lo lindo que es saludar a las personas mientras vas andando en bici. Claro, él me gozaba diciendo que los hombres con gusto van a saludarme, siendo tan guapa (utilizó otro término, aquí les doy una pista). Pero muy aparte de eso, le recalcaba que el utilizar la bici para transportarte crea otro tipo de interacción con la ciudad, que no tienes con el carro, por ejemplo. 

La estructura del carro te encierra y desconecta de la ciudad. Peor si vas con los vidrios alzados, música, o conversando con alguien. No digo que sea malo, conste. Muchas veces me ha tocado pedalear en pleno sol, sudando, y no niego que hubiese querido estar en un carro disfrutando del aire acondicionado. O cuando me agarra la lluvia, y toca seguir avanzando, mojándome. Todo tiene su pro y su contra. Pero ahora quiero enfocarme en un pro de la bici: la interacción.

Todos los días salgo de casa a la misma hora, y tomo la misma ruta camino al trabajo. Esto hace que me cruce todos los días con ciertas personas, en el mismo lugar. Y asumo es instinto, educación, energía cósmica, comunidad, o qué sé yo, pero luego de cruzar varias veces miradas, de repente un día de manera mágica uno dice: "buenos días".

Y el otro responde. *Inserte aquí carita feliz*.

En ciudades grandes se ha perdido la buena costumbre de saludar a las personas que te cruzas. Cosa que sí se da en poblados más pequeños. También no podemos comparar una comunidad de cientos o miles, con millones. Si saludara a cada persona que me cruzo en Guayaquil, ¡imagínense! Peor en el centro, hora pico, etc. Uno terminaría deshidratado, jajajajajaja.

Pero hoy quiero presentarles a mis "compañeros de ruta". Personas que saludo todos los días. No los conozco, hasta hoy ni siquiera sabía sus nombres. Vengo pensando este post hace algunos días y me propuse abordarlos y preguntarles si podía tomarles una foto.

1. Leonidas.

Es el primerito que topo ahora que no hay clases. Porque apenas salgo de casa ya saludo a un señor que está al tanto de los buses que entran y salen de un colegio, y más tarde, a un padre y su hijo, caminando a la escuela. Ya no los veo, así que Leonidas se lleva mi primer "buenos días". A veces está conversando con otro compañero. Es guardia de un grupo de casas.

2. Fabián.

Mi más antiguo "buenos días". Llevo unos 4 años saludándolo. Cuando me transfirieron de agencia, cambié mi ruta, y dejé de saludarlo por casi 2 años. Y hace unos meses me volvieron a transferir a la agencia anterior, volví a tomar la misma ruta y él al verme me dijo: "se había perdido, niña". Ahora volvemos a saludarnos todos los días. Se dedica a vigilar los carros en el parque de la Kennedy. Junto a él a veces hay un señor con una carretilla que vende cocos (el bandido en cambio no siempre responde al saludo).

3. Martín.

El más reciente "buenos días". Tendré apenas algunas semanas de saludarlo. Casi siempre está de espaldas trabajando. Pero cuando paso y está desocupado viendo los carros y la gente pasar, me saluda alzando su brazo. Sirve los famosos desayunos de sánduche de queso con mortadela, acompañado de café, chocolate o agua aromática. Justo antes de ingresar al aeropuerto.

4. Esther y Álvaro. 

La pareja que me salva las mañanas cuando no hay fruta en mi casa. Ellos son mi último "buenos días" en mi recorrido. Las pocas veces que llevo mi desayuno incompleto, me detengo aquí para completarlo. Sin embargo como rara vez sucede eso, pocas veces los saludaba. Hasta que un día, sin parar de pedalear, pasé timbrándoles con la bicicleta. Álvaro alcanzó a gritarme: "¡Aaaamiiiigaaaaaa!". Y ahí empezamos un código de saludo diario. Así no pare a comprarles nada, paso timbrándoles, o también pego un grito de confianza de: "¡Buuueeenooos diiiiiaaaas!". Muy pocas veces los he visto inactivos. Siempre tienen clientes, preparando tostadas, batidos, jugos, etc. Se encuentran saliendo del aeropuerto, justo antes de entrar al atajo que te saca a la Menéndez Gilbert.

Y es así como también disfruto andar en bicicleta. Sí, también tengo que aguantar el piropo morboso, el beso volado, el "chssstt chssst", el pito, etc. Pero como dije más arriba, hay pros y contras. No serán mis amigos, no sé nada de la vida de ellos, si vuelven a transferirme dejaré de verlos y saludarlos, pero no importa. Siempre que pase y los vea, será un gusto saludarlos. Y si me toca cambiar la ruta, tengan por seguro que encontraré nuevas personas para saludar.

No perdamos esa linda costumbre de interactuar entre nosotros. Justo ahora recuerdo cuando toca entrar a un ascensor, por ejemplo. Nadie se saluda, como si fuera pecado hablar con un desconocido. En mi caso es más fácil, por ser extrovertida entablo fácilmente una conversación. Tampoco voy a volverme panísima de la persona, pero al menos puede resultar más amena la espera. En una fila, por ejemplo. O una sala de espera. 

"It's the sense of touch. In any real city, you walk, you know? You brush past people, people bump into you. In L.A., nobody touches you. We're always behind this metal and glass. I think we miss that touch so much, that we crash into each other, just so we can feel something".
Graham (Crash)

viernes, febrero 12, 2016

La roja.

- Ayer un vigilante coqueto me salió con: "puedo multarla por no llevar casco".

- ¿Y qué le dijiste? 

- Que no puede. Porque en la ley tránsito no dice nada sobre el uso de casco para los ciclistas.

- ¿Y qué te respondió?

- Me salió con: "pero hay excepciones".

- ¿Y?

- Y le dije: "enséñeme el artículo". Y le tocó sonreír y decirme: " vaya con cuidado", mientras la luz del semáforo cambiaba a verde.

sábado, agosto 22, 2015

Carril compartido.


Señor conductor de Metrovía, la señalización dice "Carril compartido". No me pite, por favor.


Uno de estos días voy a pegar una bicicleta ahí encima, para que también seamos parte de la señalización :D

sábado, julio 04, 2015

Guayaquil 6am.

Hay un mágico encanto en el Guayaquil mañanero. Pero bien tempranito, cuando recién está empezando a aclarar. Cuando el sol todavía está desperezándose. Pedalear tipo 6 de la mañana es tener la ciudad para ti solito. Compartes la calle con un par de carros, uno que otro bus colegial. Hasta los pocos taxis y buses de transporte público van tranquilos.

Guayaquil a las 6am es una ciudad que todavía duerme en su gran mayoría, y una siente el viento en su rostro. A veces amanece nublado, y el sueño se te quita a punta de pedal. Otras, el sol se asoma radiante y sus rayos atraviesan las nubes como si te sonriera a plenitud y te dijera: "¡Buenos días! Hoy vas a tener un maravilloso día". Creo que ni los buses viejos con esos tubos de escape tóxicos salen tan temprano. Hasta respiras otro aire. Te cruzas con los deportistas, trotanto de aquí para allá. Un par de amos paseando a sus perros (con unas caras de dormidos únicas).

Guayaquil a las 6am es una ciudad tranquila, apacible, taciturna. Y me deslizo sobre dos ruedas de igual manera. Saludo al cuidador de carros del parque, a un trotador que suelo toparme, y cada tanto a cierto gato que de milagro está despierto tan temprano.

Guayaquil a las 6am es una ciudad con niños que van a la escuela más dormidos que despiertos. Los veo recostados en las ventanas de los carros, de los buses. Las tiendas vendiendo desayunos de último minuto. Vendedores ambulantes apostados en los exteriores de los centros educativos. Útiles escolares, vinchitas, calcomanías, chucherías.

Guayaquil a las 6 es una ciudad que huele a pan recién caliente. Enrollados, mixtos, dulce, briollos. Las panaderías reciben a los padres, adormilados todavía, comprando aquel manjar del Olimpo. No hay sabor comparable con un pan recién salido del horno. El aroma, la textura. Creo que comer pan caliente es la segunda mejor forma de despertar.

Guayaquil a las 6am es una ciudad hermosa.

miércoles, febrero 18, 2015

El pastelero.

El otro día estaba regresando a casa por la ruta habitual. Llego a una intersección donde el semáforo me pedía con su luz roja que me detuviera. Al frenar, sentí detrás mío alguien muy cerca, y giré. Era un pastelero, en su bici. El señor me sonrió y me dijo, "tranquila, niña, solo soy yo". Le sonreí de vuelta.

El semáforo nos dio paso mostrando su luz verde y ambos emprendimos la vuelta al pedal. Iba a mi lado el señor. Me preguntó si iba largo a lo que respondí que sí, "largo todo el centro". Pude ver detrás de la bici la parrilla y dos canastas. Le pregunté si había logrado vender todos los pasteles a lo que respondió afirmativamente.

- ¿Cuántos pasteles vende al día?
- Unos 150, niña.
- Wow, entonces hoy fue un excelente día.
- Si, niña. A 50 centavos cada uno.

Habremos pedaleado apenas 2 cuadras y el señor se despidió, girando a la izquierda. Yo, sin reparo le grité: "¡Que mañana vuelva a venderlos todos, señor!".

Creo que sonrió.

lunes, febrero 02, 2015

Ni rápidos ni furiosos. De Santa Elena a Machalilla, en bici.

Creo que este viaje inició hace mucho tiempo atrás. Por azares de la vida me topé con un artículo de una mujer que contaba su experiencia de viajar en bici. Y me pareció una experiencia espectacular. ¿Me atreveré a hacerlo? ¿A dónde iría? No había mayor cosa que pensar. Sí, claro que lo haría. Y el destino: la playa.

Sin embargo los meses pasaron y eso quedó ahí, guardadito. Un buen tiempo hasta me olvidé del asunto. Pero cuando una pasión late, por más que uno se ocupe en otras cosas, ella no se deja olvidar.
Todo se organizó en cuestión de un par de semanas. Llevaba buen tiempo sin tomar vacaciones. Me asesoré con unos panas que ya habían viajado, pedí vacaciones en el trabajo, conseguí "pata" y así, un viernes a la salida del trabajo pedaleé hasta el Terminal para subirme a un bus que me llevase a Santa Elena.

La travesía se iba a dividir en 3 días:
1ero - Santa Elena a Olón.
2do - Olón a Ayampe.
3ero - Ayampe a Machalilla.

En mi interior tenía un objetivo "emocional". Quería llegar en bici a la playa donde falleció mi padre, justo en su aniversario. Sé que ese loco me hubiese apoyado al 100%, y de ser posible, pedaleaba conmigo. Y todo se confabuló de tal manera que salió perfecto. El bus a Santa Elena ni siquiera nos cobró recargo por las bicis (para que se enteren, en la mismísima Ley de Tránsito hay un artículo -204 literal e- donde dice que tenemos derecho a transportar nuestras bicis en los transportes públicos sin valor adicional). Llegamos y buscamos hospedaje. Siguiente objetivo: ¡comida! No con afán de sacarles pica (las fotos más adelante sí lo son) pero con apenas $5 comimos como dioses peninsulares. Un buen plato de arroz con menestra y chuleta, y otro igualito pero con pescado al horno. "Madrina, póngase un poquito más de menestra, que está buena". César y yo quedamos satisfechos. De ahí, a descansar. Tocaba madrugar al día siguiente.

Sábado, día 1.
Luego de un desayuno frugal, ya equipados, empezamos a pedalear. Nuestro fiel compañero de viaje fue el Endomondo. Primera foto oficial, en el letrero que dice "Ruta del Spondylus" y una flechita hacia la derecha. Aquella carretera tantas veces transitada, era la primera vez que lo hacía en bicicleta. Pasas Capaes, un par más de urbanizaciones y ves el mar. Aquella imagen alborota tu corazón y con una sonrisa en el rostro sigues pedaleando.

Una que otra lomita, pocos carros, un camino sin mayor problema. Parábamos en puntos estratégicos para las respectivas fotos: "Bienvenidos a San Pablo", "Bienvenidos a...". Cada letrero de "Bienvenidos" era un motivo de alegría. Era un, ¡llegamos, sigamos! Nos cruzábamos con otros colegas ciclistas, pero aquellos eran los verdaderos. Acá uno todo equipado, con tanto tereque y vaina encima, y ellos de lo más sencillo. Short, zapatillas, y camiseta. Nos sentimos unos adefesiosos. ¿Alforjas? ¡Qué es eso! Ellos habían instalado par de baldes en la parte de atrás y allí llevaban los pescados.

El sol estuvo clemente y no salió hasta la media mañana, cuando ya llevábamos más de la mitad del recorrido. Un guineo por aquí, agua por acá, y de repente, "Bienvenidos a Manglaralto". Nuestro destino oficial era Olón, pero recordaba que ahí empezaban las "lomitas", así que decidimos quedarnos. Sin embargo, luego de un pequeño recorrido vimos que Manglaralto estaba un poco "muerto", así que avanzamos a la siguiente playa. Montañita. La cual no estaba NADA muerta. Demasiada gente para mi gusto.

Pero no importaba, habíamos llegado. El primer día se sorteó sin ningún contratiempo. Siguiente objetivo: COMIDA. Porque luego de casi 58 kilómetros uno tiene hambre. Nos ubicamos en un restaurante y a comer se ha dicho. Encocado mixto por un lado, spaghetti de camarones por el otro. ¡Buen provecho! Luego de calmar a la leona, buscamos hospedaje y descansamos. La famosa vida nocturna de Montañita se quedó afuera. Luego de ver el ocaso y dar un par de vueltas, decidimos reponer energías. No sin antes abrir un par de latas de atún y unos paquetes de galletas, que sirvieron como cena.

Domingo, día 2. 
Despertamos cuando todavía hay borrachos que no encuentran su hotel, decidiendo quedarse dormidos en el carro, o en alguna vereda. Montañita muta dependiendo la hora. Por la mañana y parte de la tarde en su calle principal te encuentras decenas de carretillas con diversas variedades de cebiches quita chuchaquis, levanta muertos, 220 voltios, etc (por la noche salen las carretillas de cocteles, hamburguesas y comidas rápidas). En nuestro caso, un buen batido y una tostada fueron el desayuno perfecto. Endomondo prendido, a pedalear se ha dicho.

Este día iban a ser menos kilómetros, pero más difíciles, porque pasando cierto punto empieza una zona llamada "los 5 cerros". Pura subida (inserte aquí carita llorando del Whatsapp) nos iba a tocar pedalear. Pero esperen, esperen, me estoy pasando algo importante. Antes de aquella tragedia, pasas un pueblo llamado La Entrada, donde se encuentran los famosos "Dulces de Benito". Un pequeño local donde hay maravillosos cheesecakes y pasteles de los ingredientes más variados. Esa era parada obligatoria. ¿Qué comimos? Uno de Nutella y pistacho.

Ahora sí, volvamos al drama. Pasando La Entrada, con tremenda carga de azúcar en nuestro sistema, empezaron las lomas. Baja plato, sube piñón, baja plato, sube piñón (ponle ritmo de reggaeton), hasta que llegamos a un punto que nos ganó la loma, y al no poder bajar más plato, nos bajamos nosotros. Caminando empujando la bici, fuimos recuperando aire, para volvernos a subir.

César me maldecía cada loma que vencíamos, porque veíamos más adelante y encontrábamos otra más. No sabíamos en qué momento íbamos a terminar ese suplicio. Llegamos a un punto en donde pudimos divisar todo lo que habíamos subido, al ver el mar abajo, muy abajo. Habíamos ascendido suficientes metros para sentir nuestro corazón agitado. Pero de repente, sin previo aviso, se acabaron las lomas. Bueno, casi. Al menos las más empinadas. ¿Y lo bueno de las subidas? ¡Las bajadas! Ahí César soltaba el freno y bajaba embalado. Yo, como buena maricona, iba frenando cada tanto, porque no quería tomar mucha velocidad.

Empezamos a descender y luego de una curva, el letrero que tanto ansiaba ver: "Bienvenidos a Ayampe". No puedo negar la sonrisa esbozada en mis labios, y una que otra lágrima se acomodó en el rabillo de mis ojos. Frenamos para la respectiva foto, avanzamos hasta la playa, y paramos el Endomondo.

Gratitud era el sentimiento que me embargaba. Había llegado. Pedaleando llegué hasta tu playa, papá. Locura cumplida.

Ya se imaginan cuál era nuestro siguiente objetivo: ¡COMIDA! Y, sin querer quitarle importancia a la comida de mi querido Guayas, Manabí se gana mi estómago. Mi corazón. Mi estómago. Ay, la comida manabita me gana. Larga vida al verde, los mariscos, el maní. Ubicamos las bicis en un pequeño restaurante, con mesas llenas, y nos acomodamos con unos extranjeros. "¡Jefe, dos platos de bolón con huevo frito y café".

Oh, gloriosa comida manaba...

Frente a mí se encontraba un señor que bordeaba los 60 años, con un largo cabello canoso, ondulado, que ataba en una cola de caballo, claros ojos azules, descamisado, disfrutando una taza de café. A mi derecha había una joven pareja, con un vaso de jugo al frente de cada uno de ellos. Sin darnos cuenta, nos incluimos en la conversación:

Ella: This juice is kind of exotic to me. It's a tree tomato. 
-Él estaba dudando en probarlo-

Ella trataba de explicar, en inglés, el sabor del jugo de tomate de árbol. Aquí, una guayaca criada en casa donde el almuerzo casi siempre iba acompañado de un jugo natural, pudo opinar con más detalle al respecto. El señor frente a mí estaba interesado también, aunque creía que estábamos hablando del tomate. Le explicamos que no es lo mismo, que hay una fruta llamada tomate de árbol. Y que es un jugo clásico de la costa ecuatoriana. Como César dijo que no le gustaba, el señor tampoco era muy amante de su sabor, y el dudoso no quiso probarlo, la chica me lo ofreció. ¡Jugo gratis! Estaba delicioso. En esa mesa se hablaban 5 idiomas, y por más que tratamos, no pudimos explicar en nuestro inglés sencillo el sabor del tomate de árbol.

Así fue como terminamos conversando con una pareja de suizos, ella llevaba 5 meses en Ecuador, gracias a un voluntariado, él recién había llegado hace 2 meses, para acompañarla. El señor, con él nos quedamos conversando de largo. En una mezcla de inglés, español, francés, e italiano. Sin darse cuenta, Mark (luego de casi 1 hora hablando le preguntamos su nombre) cambiaba de idioma, y cada vez que le hacíamos caer en cuenta, se atacaba de risa. Debido a una dolencia, huía del frío, y decidió vivir un verano eterno. Oriundo de Canadá, donde la temperatura puede llegar a menos 40º, disfrutaba nuestras playas.

Así nos recibió Ayampe. Una playa extensa, con un pueblo pequeño y tranquilo. Amigables, saludan al pasar a tu lado, y siempre dispuestos a ayudarte. Buscamos hospedaje y luego de descansar un poco, decidimos dar una vuelta por la playa. En bici. De punta a punta son algunos kilómetros.
La noche en Ayampe se prende de a poquito. Hay ciertos lugares donde te brindan comida variada, algunos cocteles, a veces hay música en vivo, pero mucho más tranquilo. No se compara con el bullicio de Montañita, por ejemplo. Caminamos un poco y volvimos a la hostal. Abrimos otro par de latas de atún con galletas, y a descansar.

Lunes, día 3. 
Luego de un par de bichos que no me dejaron dormir muy bien, despertamos para iniciar nuestro tercer y último día. Un guineo, galletas y mermelada fueron el desayuno. Acomoda todo en las alforjas, Endomondo, y nos fuimos. César me tenía amenazada con que si veía una loma más, paraba y se regresaba en el primer bus que cruzara. Tranquilidad, no lo hizo. Porque aparecieron un par más de lomas. Pero nada comparables con las del día anterior. Pasamos Salango, Puerto López, Agua Blanca y luego de una linda lomita, Los Frailes. Nuevamente, habíamos llegado.

A lo mejor y pueda sonar cansón ese "hemos llegado", pero para mí cada uno de ellos era un objetivo cumplido. Emprender este viaje era algo nuevo, y aun sabiendo que tengo la resistencia y un buen estado físico, era una experiencia que nunca había realizado. Llevo buen tiempo dedicada solo al ciclismo urbano, la montaña y las largas distancias quedaron atrás hace tiempo. Es por ello que cada letrero de "Bienvenidos" era una pequeña meta cumplida. Un micro orgullo. Pero llegar a Los Frailes, a Machalilla, fue ya el destino final. La mona lo consiguió. Se propuso llegar a Machalilla en bici por toda la ruta del Spondylus, y lo logró. Es simplemente una satisfacción. Un logro personal.

Llegar a Machalilla, a las pequeñas habitaciones de Clarita, una señora que no me veía hace años, y que me recuerde, es algo hermoso. He ido 3 veces, con esta ya serían 4, y siempre me quedo donde ella. No pidas mucho, dos camas, toldos, sin ventilador, pero la vista, espectacular. Tiene los cuartos al pie del mar. Donde la brisa te embriaga.

Machalilla es un pueblo de paso, entre Puerto Cayo y Puerto López. Lo único atractivo entre ambos puntos es Los Frailes, una playa dentro de la reserva ecológica. Un pequeño paraíso refundido, donde solo escuchas las olas romper en la orilla.

Luego de 3 días de pedaleo, nos quedamos ahí, descansando. Un suculento pescado apanado con arroz y patacones fue nuestro almuerzo. Al día siguiente un delicioso bolón (con queso manabita, obvio) con tortilla de camarones y café nos cayó cual yunque en el estómago. No pidas acción en Machalilla. Es una playa extensa, hermosa, llena de barcos pesqueros, que le dan un atractivo de puerto. Para postal. Pero de ahí, sumamente tranquilo.

Así termina nuestra aventura pedalera. El último día nos embarcamos en un bus que nos llevó de regreso a Guayaquil. Este sí nos cobró por las bicis, pero de los $2 por cada una, le rebajé a $1. Gran cosa, sí, no quería sacarle la ley de tránsito al cobrador, jajajaja. Fuimos casi al fondo del bus, y en casi todo el trayecto tuvimos "música en vivo". Un grupo de universitarios que se pasaron cantando todas las canciones habidas y por haber de su equipo de fútbol. Nunca pensé que habrían tantas, pero en serio, tantas canciones para una hinchada.

Llegamos a Guayaquil, y cada uno partió a su casa. Llega un momento en que las piernas simplemente siguen dándole vuelta al pedal. Todavía no lo podía creer. Hicimos poco más de 150 kilómetros, y aunque algunos hacen eso en solo un día, no me importa. Como dice el título de este post: ni rápidos ni furiosos (aportación de César). Fue una experiencia formidable. El avanzar con tus propias piernas, llegar a un destino con el bombeo de tu corazón. Trato de encontrar las palabras precisas pero no puedo. Es simplemente grandioso. Una vía que recorres de manera automática, a veces a más de 100kms por hora, hacerlo a un promedio de 20kms, te hace disfrutar mucho más el paisaje, los detalles.

¿Lo repetiría? Sí. Pero ya no quiero más lomas, jajajajajaja. ¿Recomendaría a alguien que lo haga? Definitivamente. Si te gusta andar en bici, viajar, y tienes espíritu aventurero, es una gran oportunidad de vivir algo nuevo. Hay cicloviajeros que llevan meses, años, recorriendo continentes. Que simplemente agarraron sus cosas, las treparon a su bici y se fueron. Qué recomiendo: planificar una ruta previa. No tiene que cumplirse a rajatabla, pero al menos tener una idea de a dónde vas a ir. Parar cuando estés cansado, comer cuando tengas hambre, hidratarte. Los guineos son lo máximo. El atún siempre te va a salvar. Lleva un par de tubos de repuesto. En nuestro caso, nunca pinchamos. Tanto así que llegué a casa, y al día siguiente, la llanta amaneció desinflada. Fue un goce eso para mí. Puedes ir solo, o acompañado. Si vas con alguien, que sea de plena confianza, porque van a pasar juntos todo el tiempo. Deben conocerse lo suficiente, compartir gustos, apoyarse, pedalear al mismo tiempo, que no te apure, ni te atrase. Que te aguante, más claro. Fotos, toma fotos. Todas las que quieras. Si te gusta escribir, lleva algo para hacerlo. Conoce a la gente, conversa con aquellos a quienes te topas en cada destino.

En resumen, vive la experiencia. Vale la pena.


















sábado, diciembre 20, 2014

Energía positiva.

Que sin esperarlo una persona diga que tus abrazos llena de paz y energía es algo que te mueve el piso. Peor si le has agarrado cariño y sin entender bien el porqué. O aquellos momentos en que estás pedaleando y miras el sol que va ocultándose de a poco, tornando el cielo de una paleta de colores espectaculares, y sonríes como tontita. Son esos pequeños detalles los que hacen que disfrute mi vida. Son pequeños motivos que encuentro día a día para sonreír.

Ayudar, servir, colaborar. Sonreír, abrazar. Arrancar una sonrisa. Sentir que de alguna manera estás cambiando positivamente el ambiente a tu alrededor. Contagiándoles de energía positiva. Ser parte de organizar algo que traerá felicidad a las personas.

O decirle las verdades a un nuevo pana, para que crezca, para que mejore, para que se convierta en una mejor persona. Apoyarse. Ser severo cuando hay que serlo. Pero sin permitir que se desplome. Poner el hombro. Ven, apóyate.

Sentir que esa incongruencia fue resuelta. Oh sí. Sonreír por tener esa fabulosa amistad con alguien que todavía amas, pero ahora de forma distinta. Un amor que se ha fortalecido con el tiempo, y justamente gracias a errores, a tropiezos. Un amor que ha crecido y germinado. Ahora a seguirlo cuidando. Ya no maltratarlo. Ya no lastimarnos.

Y gracias a una buena conversación, con café de por medio, descubrir que no siempre hay que pelear contra el sistema. Simplemente adaptarse. Lo dije justamente hoy. "El secreto es saber adaptarse a las circunstancias que te presenta la vida. Y actitud positiva". Y hubiese querido abrazarte en ese momento.

O en broma decirle a alguien que te gusta. Y descubrir que tú también le has gustado. Y verlo sonreír. Ay, que me encantan las sonrisas. 

Ah, y tener un cajoncito lleno de dulces que te encantan. Maldita dieta, oh, bendito Baco, jajajajajaja. Diciembre es difícil. Dulcemente difícil.

Simplemente gracias. Por todo. A todos. Por estar ahí. Por darme razones para sonreír. Gracias a la vida, a mi bici, a los ocasos, a Netflix, al chocolate, a los amigos, al bailoteo, al trabajo.

sábado, septiembre 21, 2013

La transferencia.

Dicen que lo que no cambia, perece. Y cuando veo una poza de agua estancada, confirmo que es verdad. Debemos movernos, cambiar, mutar, crecer, progresar, fluir, para mantenernos vivos. El mismo cuerpo se atrofia si no se mueve. El cerebro, si no se lo usa. ¿El corazón? No, tranquilos. Este post no se trata de amor.

Hoy al despertarme y empezar mi rutina, caí en cuenta de lo que tengo que dejar en este cambio que toca hacer. Pensando las cosas que dejo, empecé a sonreír, porque hay algunas que voy a extrañar. Y empecé a sentir su falta, a pesar de tenerlas todavía. Pero seguí sonriendo, porque aunque toque dejarlas atrás, es por un buen motivo.

Y salí a pedalear, a las 6 de la mañana. Es lo primero que voy a extrañar. El friecito que me termina de despertar. El Guayaquil para mí solita, mis calles, mi recorrido. El saludar al astro rey, y verlo salir. Me encanta pedalear a esa hora, ver la salida del sol, y sentir que me saluda, dándole la bienvenida a un nuevo día.

El "buenos días" del cuida carros del parque. Un señor que siempre me veía pasar, y gracias a la costumbre, empezamos a saludarnos día a día. El saludo cordial que me daba con los deportistas que me topaba. Me encanta ver a la gente haciendo ejercicio. El asentimiento de mi cabeza era un: "dale, sigue, no pares".

El pancito caliente, recién salidito del horno. Eso voy a extrañar horrores. Aunque atentaba contra mi dieta. Por lo menos unito, a la semana. Ese delicioso pecadito. Es un olor tan irresistible. Y el "sabor manabita". Boloncito y café de Jipijapa por $0.50. Aquellos días en que por apuro no traía desayuno. El viejito siempre me salvaba.

El "disculpe la interrupción". Perdí la cuenta de la cantidad de veces que escuché esa frase. Me reía por dentro, y los recibía con una sonrisa. Creían que me interrumpían. Cuando estoy aquí para ellos. Venga, siéntese, está en su casa. Dígame para qué soy útil. Estoy aquí para ustedes.

La sencillez, la humildad, los momentos de tranquilidad. El "me voy de rancho". Uno aprende bastantes cosas cuando sale de su zona de confort.

¿Y ahora? Ahora me toca el "tráfico" de la 9 de Octubre (entre comillas, porque voy en bici, jujuju), el casco comercial, el corre corre, el sube y baja, el turnero, el trabajo en equipo, los reclamos y requerimientos. ¿Asustada? No. Emocionada, sí. Amo lo que hago. Me place ayudar. Vamos avanzando, una vuelta a la vez al pedal. Manteniendo el equilibrio. Sonriendo. Disfrutando lo que hago.

Changos. Al final de cuentas, terminó siendo un post de amor.

domingo, enero 13, 2013

Pedaleando por las huecas: El Manaba.

Nombre: El Manaba
Dirección: Hurtado y Av. del Ejército.
Tipo de comida: frutas, tostadas, empanadas, bolones, etc.
Descripción: Famosa "fuente de soda" que toda persona que deambule por el centro debe conocer. Siempre encontrarás alumnos, deportistas, familias, trabajadores, etc. Ecuador goza de una gran variedad de frutas, y aquí las puedes disfrutar en ensalada, picada, y jugos. Acompáñalas con tostadas, empanadas, bolones, corviches, y lo que ofrezcan en ese momento. Desde vasitos de $0,50. Para todos los bolsillos. Hasta hay servicio al carro, sin necesidad de un drive-in. Pero es algo que no necesitamos los que vamos en dos ruedas.
La bici la puedes amarrar en las rejas, y sentarte en los banquillos de afuera, cosa que no la pierdes de vista.

domingo, septiembre 30, 2012

Después del golpe.

La vida puede dar un giro inesperado en menos de un segundo. ¿Se han dado cuenta que pasa eso en los buenos guiones de películas? Es justamente lo que en términos narrativos se conoce como "punto de giro". Cuando un acontecimiento inesperado cambia el rumbo de la historia, creando un conflicto al protagonista.

En mi historia, este punto de giro sucedió el miércoles por la noche, cuando estando a 2 cuadras de mi casa, un auto me chocó por detrás, topando la rueda trasera de mi bici y proyectándome al asfalto. En estas situaciones, todo pasa tan rápido y a la vez tan lento, que tu cerebro no termina de sincronizarse. Recuerdo estar circunvalando por debajo del paso a desnivel, ver a mi derecha para confirmar si no venían carros para avanzar, venía uno, frenar, un sonido fuerte detrás mío y PUM, sentada en la calle. Una vaga imagen de mi bici en el aire o a mi lado. Eso no está definido en mi memoria.

No voy a detallar el resto del accidente. Las personas se acercaron a socorrerme. El conductor se quedó conmigo, lo cual agradezco infinitamente. Casualidades de la vida, un bombero venía detrás nuestro y me realizó el primer diagnóstico. Llegó mi madre, la ambulancia, pa la clínica. Luego de todos los exámenes, sólo tengo golpes y laceraciones en la pierna izquierda y cadera. "Tragedia con suerte" es la frase que vengo escuchando desde esa noche.

Todo cambia de un momento a otro. Mientras pedaleaba venía pensando en la pereza de llegar y tener que hacer ejercicio. En que prefería darme una ducha, comer algo y a la cama. Y en esa batalla interna me encontraba. Ya había pasado la mitad de la semana, dos días más y el tan esperado finde. Nada, nada está escrito en esta vida. Y eso me encanta. Por ello he aprendido a no atarme, porque todo viene y va, en cualquier momento. Planifico a futuro, pero también vivo el ahora, sabiendo que mis planes no están establecidos, hasta que se realicen.

Mi rutina cambió ahora. Luego de dos noches internada en el hospital, lo cual quisiera nunca repetir, me encuentro internada en casa. Me estoy recuperando muy bien. Empezó el proceso de rehabilitación. Batallar con el dolor. No me gusta estar inactiva. Pero ahora toca, si quiero volver a estar al 100%.

La bici quedó patoja también. El aro doblado, al igual que el sillín. Ya se encuentra en el taller, y creo que esa man va a estar lista antes que yo. La muy bandida. Recordando ahora, imagino que para algunos de los presentes en el momento del accidente les pudo haber sorprendido que en pleno momento de gravedad yo estuviese preguntando por mi bicicleta. Necesitaba verla. Y mientras me llevaban los paramédicos en la camilla, yo le decía a un vecino: "mi bicicleta, llévate mi bicicleta".

He tenido varios accidentes en mi vida. Y cada uno te zamarrea. A veces pienso que es justamente la vida la que agarra y te dice: "Hey, aquí no des nada por sentado. Toma. Arréglatelas". Son pruebas, o simplemente alguien jugando con nosotros. Meterme en términos religiosos, ni pa qué. Exista o no un ser superior, yo tengo mis dudas. Cuando me muera, si llega a existir algo después, ahí lo descubriré.

Muchos podrán pensar que lo último que voy a hacer es volverme a subir a una bici. Pues no. Lo primero que voy a hacer es justamente lo contrario: subirme a una. El motivo principal que me impulsa a recuperarme pronto es volver a pedalear. Y cada hincón de dolor, en mi mente lo transformo en una vuelta del pedal. Ese hormigueo que siento en mi pierna, es mi gasolina. 

Luego podrán pensar que volveré a subirme pero tomando todas las precauciones necesarias, por más extremas que sean. Un pana dice que hay tanta bestia en Guayaquil que poco más y hay que andar forrado como "downhillero". Y sé que saldrá nuevamente el debate del uso del casco. Pues déjenme decirles algo: mi cabeza nunca tocó el suelo. Porque sí, he recibido varias veces la pregunta de: "¿y tenías casco?". Como si el tener casco va a evitar el accidente. Encerrarme en un campo de fuerza que me hará invencible e intocable. Pero al igual que la religión, el tema del casco es otro en el que prefiero no discutir. El que quiera usarlo, que lo use. Está en todo su derecho. En que quieran obligarlo, a eso sí me opongo. Cada vez que veo a un ciclista urbano y puedo acercarme, le pregunto el tema del casco. Señores que llevan años pedaleando en Guayaquil, de punta a punta, por diferentes zonas de la ciudad. Algunos se han accidentado, sí. Pero siguen pedaleando. Sin casco. No repitan por repetir. Simplemente lean, investiguen, y tomen su propia decisión. Por ejemplo, aquí un estudio británico reciente muy interesante. Si luego de investigar, igual deciden usar casco, perfecto. 

Quiero agradecer enormemente a todos aquellos que me han dado su apoyo. Llamadas, mensajes al Facebook, Twitter. Visitas. Los que me han llevado comida (yeah!), risas, quienes me ponen al día. A Otton por cuidarme la bici. No saben el miedo que tenía de que alguien se la robara. Un eterno agradecimiento a Ronald Game por encargarse de toda la parte legal. Sin pedírselo. Simplemente apareció y todo estaba solucionado. Mi familia, es algo maravilloso. A mi ñaño allá en Suecia, quien está loco por venirse, y es un padre para mí. Mi prima Isa quien acudió a Emergencias y se portó como una hermana mayor (cuando yo le gano por 2 años). Pablo y sus bromas, disculpa el haber vomitado el yogurt con pan de yuca jajajajajaja. Mis tíos, tías. Lo repito, son maravillosos. A toda la comunidad ciclista que se ha hecho presente en Facebook con sus mensajes de pronta recuperación. Todos, todos, un eterno agradecimiento. Pero en especial, y no se me resientan, la mayor de las gracias va a mi madre. Esa mujer me sorprende cada vez más. Su fortaleza es impresionante. No me imagino lo que es recibir la llamada de tu hija y que te diga: "mamá, tranquila, me acaba de atropellar un carro a 2 cuadras de la casa, pero estoy bien. Venga por favor". Esta mujer es increíble. 

La vida te da un giro inesperado en cualquier momento. Te trastoca todo, desbaratándote. Te golpea, dejándote en el suelo. Depende de ti lo que vas a hacer después. Yo me levanté. 


domingo, julio 08, 2012

Pedaleando por las huecas: Festival del yogurt.


Nombre: Festival del yogurt.
Dirección: Urdesa, Guayacanes entre Víctor Emilio Estrada y Acacias (frente a Paja Tokilla).
Tipo de comida: yogurt y pan de yuca.
Descripción: Damas y caballeros, esta mona AMA el yogurt desde antes de nacer. Créanme. Mi madre narra que mientras estaba en su panza, le pedía con ansias que me diera yogurt, con fruta picada. Puedo tomarlo todos los días, sin cansarme. Y este lugar es excelente. Algunas personas que he llevado se sorprenden de ver el local, diciendo que han pasado miles de veces y no se han fijado en él. Tiene una gran variedad de sabores, como limón, higo, tomate de árbol, chocolate y, mi favorito, maracuyá. Los pancitos de yuca son adictivos. Suavecitos, esponjosos y con harto queso. 
La bici puedes arrimarla y sentarte al pie. Un par de mesas adentro y unas más en la vereda. No la perderás de vista.

miércoles, junio 20, 2012

Hoy.

Hoy he vuelto a ser feliz. Hoy volví a mi bici. Hoy me gocé del atascamiento vehicular. Hoy llegué media hora antes a casa. Hoy me transporté con una sonrisa en el rostro y la satisfacción en el alma. ¡No me bajo de mi bici!

domingo, junio 17, 2012

Pedaleando por las huecas: Salomón.

Nombre: Salomón.
Tipo de comida: encebollado.
Dirección: Urdesa, av. Vehicular entre la 4ta y Costanera.
Descripción: Primero déjenme explicarles cómo llegar. Desde la Víctor se meten por Costanera, como si quisieran ir a la Facso. Avanzan hasta Tía y a la derecha, 100 metros. Una villa blanca, rejas, y unos arbolitos en la vereda. No hay pierde. Y si no dan, pregunten, todos en la zona conocen a Salomón. 
Este encebollado es diferente a todos los que he comido, desde el color del caldo, es transparente. La yuca más suave que probarás, se aplasta fácilmente con la lengua. Olvídate de esos pencos de yuca duros. El completo viene con pan y un fabuloso jugo de naranjilla. Créeme que quedarás más que satisfecho. Aconsejo llegar temprano, porque son caída y limpia. Cualquier duda, llámalo antes de ir, 2385691, no vaya a ser que llegues y te tengas que regresar cabizbajo y con hambre. Atiende de martes a domingo.
La bici puedes dejarla al pie del garaje, amarrada. Igual, las mesas están ahí mismo y puedes chequearla sin problema. 



jueves, mayo 31, 2012

Pedaleando por las huecas: Labra que labra.


Nombre: Labra que labra.
Tipo de comida: empanadas.
Dirección: Chimborazo 3202 y Vacas Galindo.
Descripción: No creo que exista un sureño (a) que no conozca este clásico hueco "touch n go". A una cuadra de la clínica Alcívar se encuentran las empanadas más famosas que conozco. Queso, carne, pollo y mixtas (esta última no me la conocía), a precios espectaculares. No te falla el oído cuando escuchas al que está delante tuyo en la caja pidiendo "20 empanadas para llevar". La de queso, créanme, TIENE queso. Derretido, acumulado al fondo, mozarella. Un deleite. Aparte venden discos pa que prepares tus propias en casa. 
La bici puedes apoyarla tranquilamente en el pilar. Comes parado o en algún banquito que se encuentre desocupado. Más lejos no podrás irte. Tampoco vas a demorarte más de 10 minutos en el local. La gente va, pide, come y sigue su camino. Tú harás lo mismo.

lunes, abril 30, 2012

No voy a bajarme de la bici.

El sábado pasado la ciclista Salomé Reyes murió al ser atropellada por un chofer de un bus, quien, como de costumbre, se dio a la fuga.


Hoy, en Quito se realizó un plantón para exigir respeto y normas que nos amparen como ciclistas.


Hoy un taxista viendo que yo ingresé primero a la intersección no frenó y osó decirme que yo debía esperar a que él pasara. Cuando YO tenía preferencia.


Hoy me entero que los transportistas van a movilizarse porque el Gobierno puso en la lista de los más buscados al chofer en cuestión.


Hoy haciendo fila en un banco un hombre entró como dueño y fue directo a la caja. Cuando le reclamaron, argumentó que ya había hecho la cola. Cuando le dijeron que ellos tenían más de una hora y no lo habían visto, él respondió: "aquí me conocen, él es mi pana". Y se salió con la suya.


Y me indigna. Me emputa que el Ecuador esté como esté porque tenemos lacras pululando entre nosotros.


Algo tan sencillo como el respeto. Es increíble que a este país, y a muchos, les falte alto tan sencillo como el respeto. Qué cuesta decir: "por favor", "gracias", "perdón". Pero no, yo soy bacán y tengo que verte la cara. Yo soy arrecho y aquí manda la ley del más sabido.


Y eso le enseñas a tus hijos.


Quisiera ver a ese chofer enseñándole a su hijo a andar en bicicleta. Y ver la sonrisa de satisfacción en su pequeño rostro. Sentirse orgulloso de ser padre. Y asesinando a una persona en la vía. Huyendo. Cobarde. Miseria.


Mi reclamo va para el abusivo, el prepotente, el sapo. No voy a bajarme de la bici. ¿Me escucharon? ¡No voy a bajarme de la bici! Cada vuelta del pedal me da más motivos para seguir andando en mis dos ruedas. Y te guste o no, vas a aprender a respetarme. A mí, al niño, a la vieja, al que vende chicles, a la paisana, a todos.


¿No se dan cuenta que este pequeño y hermoso país sería mucho mejor si empezáramos a respetarnos?

domingo, marzo 11, 2012

Pedaleando por las huecas: Buen provecho.



Nombre: Buen provecho.
Dirección: Miraflores, calle Central y la 1era (a la vuelta de los mandingos).
Tipo de comida: desayunos, encebollado, sánduches.
Descripción: Pequeño local con apenas 6 mesas, pero lleno de comensales, tanto así que muchos piden para llevar. Bolones mixtos espectaculares (oh glorioso verde), con carne de chancho o con tocino. El otro día probé el tigrillo y casi le paso el dedo al plato. Jugos recién hechos, porciones de frutas, sánduches, hasta creo haber visto en el menú porción de bistec. Una excelente forma de empezar un sábado o domingo, cuando te da pereza preparar el desayuno. Prueben el chocolate caliente, hecho con chocolate de barra y un toque de canela. Dulce y espeso.
La bicicleta puedes amarrarla a la reja, y se ve desde adentro.





lunes, marzo 05, 2012

Pedaleando por las huecas: Cuba Sanduches.


Nombre: Cuba Sanduches.
Dirección: Pedro Carbo #302 y Víctor Manuel Rendón.
Tipo de comida: Sánduches de pernil y pavo ahumado.
Descripción: Si estás en el centro, muerto de hambre y con poco billete, esta es la hueca perfecta para ti. A una cuadra de la Iglesia de La Merced encontrarás un pequeño local con unos sánduches que te dejarán con la boca abierta. Y son lo suficientemente grandes para calmar un apetito voraz (créanme, llevé a alguien de buen diente y quedó más que satisfecho). Yo con la mitad del sánduche no doy más. Son de pernil y pavo ahumado, y aderezos como: queso, jamón, salame, lechuga, tomate, cebollita, pepinillos, mostaza, etc. Para volverse loco. La calidad de los cortes es espectacular. No te llenas de pan, aquí te preparan el sánduche como si fuera hecho en casa, bajo las manos de una madre cariñosa.

Como tiene un gran ventanal, puedes dejar la bicicleta al pie del local (echándole un ojo), o sino puedes amarrarla a un poste que hay cerca.

lunes, enero 16, 2012

Pedaleando por las huecas: Aquí está Corozo.


Nombre: Aquí está Corozo.
Dirección: Pedro Carbo #109 y Roca.
Tipo de Comida: Mariscos.
Descripción: Este es un hueco OBLIGATORIO para todos los amantes de las delicias marinas. Sazón esmeraldeña, buena salsa de fondo y una agradable atención caracterizan a Corozo. El bollo con arroz y porción de cocolón es la gloria, pero tienes que llegar temprano porque son caída y limpia. El encocao de camarón, multiorgásmico. Ceviches, banderas, y una variedad de platos para todos los gustos. La bici puedes amarrarla al pie del local sin problema y sentarte cerca, para observarla.