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lunes, junio 22, 2026

Cuando tu esfuerzo se desmorona en tus manos.

 

Cuando tomé esta foto no sabía que minutos después iba a tener un ataque de ansiedad. Se la envié a un pana español que me escribió: "España ya marcó 3" y yo le respondí con esa foto y un: "Bieeeeeen. Vaaamoooos. Estamos pegando el rompecabezas para poder enmarcarlo. Y vamos a ir a almorzar con la familia de Ricardo". El trabajo era sencillo: girarlo y pegarlo todo detrás con cinta de enmascarar. El problema es el largo del rompecabezas, ya que mide 136 cms de largo y solo tenemos un tablero de esa longitud, el que ven debajo de las piezas. Como estoy armando otro, Ricardo tomó ese tablero (de menor longitud) y con un cartón completamos el largo. Cada uno se colocó en un extremo y cual tortilla en sartén le dimos la vuelta. Pero al intentar deslizarlo nuevamente al tablero las piezas que estaban en el lado del cartón empezaron a separarse y eso detonó en mí una reacción que no me esperaba. Al ver las piezas separándose, en mi cabeza todo el esfuerzo se empezó a dañar. Todo el tiempo y paciencia que le dediqué. Para aquellos que no me conocen mucho, la paciencia no es mi fuerte. Me gusta ser rápida, soy de reaccionar enseguida y que las cosas salgan YA. Claro, después del ACV he tenido que bajar las revoluciones y tomarme las cosas con calma. Pero esto no me lo esperaba. Para ponerlos en contexto, Ricardo me compró ese rompecabezas por Navidad. Es una repisa de diferentes marcas de cerveza, de todo el mundo (no, no está Ecuador, pero me tomaba mi Club cuando lo armaba). Y son 2000 piezas. DOS MIL PIEZAS. Me tomó tiempo, dedicación y, sobre todo, paciencia armarlo. Todavía recuerdo haber puesto la última pieza y fue una gran satisfacción. Y lo he estado cuidando medio año para, en cuestión de minutos, ver mi esfuerzo desmoronarse en mis manos.

He descubierto que la ansiedad es diferente en cada persona y que se me puede gatillar en cualquier momento. Hay situaciones y personas que ya sé que me la gatillan y he aprendido a manejarla. Pero ayer confirmé que siempre habrá una nueva situación. Y aunque quizá para otras personas esto pueda ser algo exagerado o dramático, para mí no lo fue. Y también he aprendido que todas las emociones son válidas. Así que ayer, la mujer de 43 años empezó a llorar. Y en este momento de solo recordarlo mis ojos vuelven a mojarse.

No sé en ustedes cómo se les da la ansiedad. A mí me bloquea. No puedo moverme. Tengo que respirar profundo, pausado. Y externamente no se me nota. Ayer me veías tranquila, intentando deslizar despacito el rompecabezas para que no se fragmentara más de lo que ya se estaba dañando. Pero las lágrimas empezaban a caer por mis mejillas. En mi cabeza se desató una discusión. Una voz decía: "no lo muevas, no hagas nada, lo estás arruinando" y otra decía: "ya empezaste, tienes que seguir, no puedes dejarlo a medias". Y como Ricardo seguía deslizándolo, yo lo hice también. 

Terminamos de hacerlo y él me vio llorando. Me abrazó y me dijo: "ahora vamos a amar otra vez las piezas que se soltaron". Pero en mi cabeza no veía eso. Sólo podía enfocarme en las piezas sueltas. Y para hacerlo más difícil, estaba de cabeza, así que TODAS las piezas eran plomas. Sólo podíamos acomodarlas en base a su forma. Yo seguía respirando. Porque dentro de mí estaba batallando con mi ansiedad. Porque sé que ella me bloquea y lo que yo debo hacer es moverme. Empezamos a armar un par de piezas pero se habían soltado demasiadas y se estaba complicando. En mi cabeza ya esto era un debacle. Se arruinó todo. De paso, ya teníamos que haber salido para almorzar con su familia por el día del padre. Y de pronto él dijo: "vamos a poner cinta en todo el rompecabezas, le damos la vuelta y podremos armarlo más fácil al tener ya las figuras y colores". Yo aceptaba todo. Pero se asomó una pequeña sonrisa en mi rostro. Porque mientras la ansiedad me quería hundir, la mente práctica de Ricardo buscaba las soluciones. Soluciones que yo no veía porque la ansiedad me nublaba la razón.

Y así, mientras Ricardo encintaba todo el rompecabezas, yo iba despacito armándolo otra vez. Llorando en silencio. Porque algo que también he aprendido es que llorar es bueno. Llorar sana. Llorar alivia. Cuando uno llora, con moquitos y todo, al final queda cansado, vacío y ligero. Pero, sobre todo, aliviado. Después de encintarlo le dimos la vuelta y, efectivamente, lo pudimos terminar de armar otra vez. Como ya lo habíamos armado antes, fue más fácil porque ya reconocíamos las piezas. Ricardo me abrazó otra vez y me dijo: "no nos íbamos a ir dejándolo así". Y yo le agradecí. En ese momento la hermana lo llamó al celular y él dijo que tuvimos un contratiempo y que ya estábamos en camino. Que le pasaran el menú para ir pidiendo. ¿Llegamos tarde? Sí y no. Depende como lo veas. Hubiésemos podido llegar antes y esperar todos juntos. Sin embargo, llegamos y al instante nos sirvieron la comida.

El resto del día estuve muy sensible. Quizá porque al ser el día del padre es inevitable pensar que el mío partió hace 18 años. También porque sé que debo vivir con esto el resto de mi vida. Me refiero a mi "querida" ansiedad. Ya después, conversando con Ricardo me dijo que él vio las piezas desmoronándose, también se frustró pero su mente empezó a buscar las soluciones. Y eso me ayudó muchísimo. Sin saberlo. Porque mientras yo estaba bloqueada él siguió. Lo cual me impulsó a mí a seguir también.

Después de un queso de coco para llevar, 2 películas, una siesta, un Cuba Libre y un vasito de morocho con empanadas de queso, Ricardo me regresó a casa. La ansiedad se quedó en el camino. Así como llegó se fue. Dejó rastro. Sí. Dejó inspiración. También. Me dejó aprendizaje.

Cuando enmarquen ese rompecabezas y lo colguemos en mi suite celebraré. Celebraré el haberlo armado, el que se haya desbaratado, gatillado mi ansiedad y el haberla vencido

¡Salud!

domingo, octubre 26, 2025

La barra.

Has estado sentado junto a ella toda la noche. Bueno, todo el tiempo que yo he estado aquí. Calculemos... 2 cervezas, 2 cocteles de cortesía del pana bartender que te da lo que sobra en la licuadora en vez de botarlo. Poco más de 2 horas. Y no te he visto que la hayas mirado a los ojos.

¿Por qué? Me pregunto.

Lo bueno de venir sola a tu bar favorito es poder perderte entre tus pensamientos y observar a los demás clientes. Sí. Me gusta observar. El murmullo de conversaciones distintas y distantes se mezclan en mis oídos con la música de turno. Y no tengo que prestar atención a nadie porque nadie vino conmigo. Soy simplemente yo y las voces en mi cabeza.

Y sí, soy yo, contigo y con ella. De lejos. En la misma barra pero con suficientes bancos de distancia para observarlos sin ser observada.

¿Por qué no la miras? ¿Me estás mirando a mí? No lo creo. Diana, vuelve a calcular: 2 cervezas, 1 margarita, 1 periodo fértil. No, no. Peligrosa combinación. Ya le escribí a mi novio. Mejor pido la cuenta.




viernes, junio 23, 2023

No te quiero.

Ya no te quiero.
Ya no te quiero porque decidí no quererte.
¿Te guardo cariño? Sí. Por el recuerdo de lo que fue, lo que fuimos. Lo que aprendí contigo. Lo que aprendí de mí estando contigo.
Te digo no. Y al decirte no me estoy diciendo sí a mí.

Gracias.
Fuente: istockphoto



domingo, mayo 07, 2023

Los gemidos de Pavlov.

Se dice que somos animales de costumbre. Y que en 21 días puedes crear un nuevo hábito. Nosotros necesitamos apenas uno, quizá dos, para reforzarlo. Despertarnos con la alarma, encontrarnos en la cocina y darnos los buenos días mientras uno sacaba los ingredientes para preparar el desayuno y el otro buscaba en su celular la banda sonora de la mañana, para luego, juntos, entre baile, risas, miradas cómplices y cáscara de manzana preparábamos la primera comida del día, la favorita de ambos. Luego el "niño" (con más canas y experiencias vividas) llegaba y se unía. Y así los tres compartíamos conversaciones variopintas. Siempre con risas, siempre con buena vibra.

En el tercer día (o noche, más bien), gracias a un inmovilizador e incómodo dolor de cuello, se agregó un nuevo hábito a la rutina: dormir juntos. Tu cama era más grande, la mía improvisada y pequeña. La conexión fue inmediata. Ambos estábamos (estamos) rotos y, sin darnos cuenta, al abrirnos y acercarnos en nuestra vulnerabilidad nos estábamos curando. Historias similares de fracasos, que si los vemos bien, no lo son. O debemos sacarles ese estigma que la sociedad y crianza nos han impuesto. Son decisiones necesarias que debemos tomar para seguir caminando en este sendero llamado vida. Sendero que siempre puedes modificar porque, como bien dice la frase: "caminante no hay camino, se hace camino al andar". Son aprendizajes que nos vuelven más fuertes y más sabios. Más humanos, reales y auténticos. Nos enseñaron que los fracasos son malos pero estábamos justamente en un taller donde teníamos que fracasar y disfrutar de ese estado. De esa vulnerabilidad. Sin miedo. Ay, el universo es tan lindo cuando te encaja las cosas en el momento justo.

Destendimos juntos la cama. Me acosté yo, te acostaste tú. Nos arropamos. El frío (¿sólo el frío?) hizo que nuestros cuerpos se acercaran para prodigarse calor (¿sólo calor?) y así, sin más, encajamos. Mi brazo por encima de tu pecho. Tu mano acariciando mi brazo. Mis dedos se perdían en tu cabello. Nuestras piernas se entrelazaron. Sentíamos nuestras respiraciones. Podía escuchar el latir de tu corazón. Intentamos quedarnos dormidos pero no pudimos. Cambiábamos de posición cual bailarines de contact. Siempre tocándonos. Con mucho cariño, con mucho respeto. Cuidándonos.

Así pasaron los minutos, muchos, muchos minutos, sin poder dormir. Lo sentíamos. Nos sentíamos. Queríamos acercarnos más. Yo quería besarte. Sabía que tú también. La respiración nos delataba. Pero ninguno decía nada. El temor se colaba entre los espacios que dejaban nuestras curvas. La incertidumbre se hizo presente. Pero la honestidad brotó de mi boca al susurrarte: "Es obvio que queremos besarnos". Escucharte decir "sí" me hizo sonreír y aunque estábamos en penumbras creo que te diste cuenta. "Pero tengo miedo que esto cambie esta linda dinámica que estamos creando", te dije. Y tú también temías lo mismo. Porque sabemos que hay momentos en la vida en los cuales das un paso y no hay marcha atrás. Y estábamos a punto de tomar uno. Se dieron un par más de intercambios verbales, confesiones y anhelos y nuestros labios se acercaron lentamente. Nuestras lenguas dejaron de producir vocablos para transformarse en otro tipo de sonidos. Ay, el universo es tan lindo cuando te encaja las personas en el momento justo.

Despertar al día siguiente, juntos y sonriendo fue el primer indicio de que la dinámica no iba a cambiar. Pero resulta que sí lo hizo. Cambió, para mejor. Descubrimos que compartíamos las mismas rutinas, como ser madrugadores, el gusto por retozar un rato antes de levantarnos, el ser metódicos para tender la cama, meditar. Nuestros movimientos estaban tan sincronizados que parecían ensayados. Si yo entraba al baño tú doblabas la ropa. Si tú te cepillabas los dientes yo llenaba los termos con agua. En ocasiones nos adelantábamos al pensamiento del otro. Si yo pensaba en el abrigo tú ya los tenías listos para elegir. Si tú buscabas tu morral yo ya lo tenía en la mano. Y así la dinámica se enriqueció.

Cuatro días se convirtieron en ocho. Y ocho se transformaron en diez. Días para conocernos, noches para explorarnos. Nos hicimos bien. Fuimos terapia. Confirmamos que la esperanza no debe perderse y que aunque podemos extraviarnos y ver nublado el camino debemos seguir caminando, confiando en que esa neblina se va a disipar en cualquier momento. En que volveremos a ver con claridad. Confiar en la incertidumbre. Aprender a aceptar, a soltar. Disfrutar el momento. Estamos aquí y ahora. Fueron diez días en que crecimos (y también nos hicimos chiquitos), reímos, lloramos, sentimos. Vivimos. ¡Estamos vivos!

Gracias es lo Mínimo que puedo decirte. ¿Y desearte? Bueno, eso lo dejaremos en suspenso... Sabes lo que te quiero decir, ¿no?

miércoles, febrero 22, 2023

Curándome

Resulta que no apesto. Y mis piernas tampoco pesan. Se me ve linda despeinada. Uno de mis mayores atractivos es mi gran sonrisa. Sin darme cuenta, poco a poco, lo fui olvidando. Me fui olvidando.

"Bonita".

Me gustan mis brazos, mis estrías. La camiseta naranja que ya tiene un huequito. Los zapatos con los pasadores sucios. Sin darme cuenta, poco a poco, dejé de creer. De creerme.

"Mi diosa".

Me gusta tener sexo. Tocar y que me toquen. Besar y que me besen. Toda. Todo. Morder, halar el cabello, clavar las uñas. Dejarme llevar por la música. Jugar con manjar o leche condensada. Beber, beberte, bebernos. Sin darme cuenta, poco a poco, fui cediendo. Me fui cediendo.

"Me gusta saborearte".

Me gusta hablar, conectarme. Me gusta que me escuchen. Escuchar. Empatía. Sentir algo que, quizá, en este plano no se pueda explicar. Sentir que pertenezco a algo más. Algo más grande. Algo infinito. Superior. 11y11.

"Tú y yo seremos eternas".

Aprendí que puedo amar y ser amada como siempre quise. Aprendí a no resignarme. Aprendí que lo que quiero es real y es posible. Aprendí a pedir lo que quiero. A poner límites.

"Te encontré. No te vuelvas a perder".

Recordé que me gusta dedicar y que me dediquen canciones (77 en el momento en que escribo esto) y hacer cursilerías. Aprendí a inventar monólogos y hablarle al público. Volví a jugar ajedrez (guárdalo por ahora, porque todavía tienes que ganarme) y a bailar en público aunque no haya música sonando. Porque el ritmo está dentro de mí.

"¡Qué dice Luchita!"

Y así estoy, hallándome, descubriéndome, definiéndome, curándome, amándome. Ahora es momento de volver a mí. A sanar mi tierra para volver a sembrar. Para germinar, florecer, cuidar, mantener y valorar. Algo sano, algo mutuo. Construir. Trabajar.

Hoy me dejaste en el aeropuerto. Me voy. Pero, tal como dijiste, te quedas con el mandala y la camiseta con una condición: que regrese. Así que este no es un adiós.


Tú, y sin ti yo no. Tú, y sin ti ya no. 

Florecer mirándote a los ojos, perfección. 

Yo quisiera que me quisieras por ser yo, solo yo, la mejor. 

Y entre toda esta gente nos fuimos a encontrar parecíamos predestinados para así bailar. 

Tú has llegado a encender cada parte de mi alma cada espacio de mi ser. 

Me metí en tu mente y tú en la mía yo soy tu demente y tú mi manía. 

Era tu historia se cruzó con la mía tanta gente, tanta gente ahí fuera y coincidir aquel día. 

Quiero darte un beso perder contigo mi tiempo guardar tus secretos cuidar tus momentos. 

Y solo mírame con esos ojito' lindo' que con eso yo estoy bien hoy he vuelto a nacer. 

Madre mía, ¿Cómo se hace para tanta conexión? 

Sé que tú me miras a los ojos y es algo único sé que yo siempre quiero más. 

Esta misma historia continua solo cambia el escenario en la escena del amor. 

Y lo que opinen los demás está de más quien detiene palomas al vuelo. 

Y ahora que estás aquí, aquí, aquí quiero hacerte pasar un buen rato, el mejor de los ratos. 

Y si me voy a perder quiero perderme contigo. 

No me importa si eres hombre o si eres mujer yo te veo como un ser de luz de cabeza a los pies. 

No sé qué me hiciste pero vivo diferente. 

¡Ay! No me llames loca por quererte así. 

Porque me hizo sentir que gané la lotería antes de ella no sabía que alguien podía amarme así. 

Y yo no sé si te tengo y aún no te he perdido si esto será eterno. 

Ay, quiero ver tu perversión hasta dónde llegas, hasta dónde me has llevado. 

Y donde quiera que vaya yo te llevo conmigo. 

Who can say if I've been changed for the better but because I knew you I have been changed for good.



viernes, febrero 03, 2023

La visita y una flor.

No sabía si ir o no. Estaban atravesando problemas y no quería importunar con su presencia. Conversó con una amiga al respecto y le dijo: "anda". Se vistió, sacó las monedas del monedero y salió de casa. "En la tienda que está cerca le compraré alguna chuchería". En el bus ni siquiera leyó el libro que llevó. Su mente no paraba de pensar, procesar, analizar, recordar. Su corazón de sentir. ¿Estará bien que vaya? ¿Y si la estoy jodiendo? Pero una vocecita le seguía insistiendo. 

El bus llegó a su destino, se bajó y empezó a caminar. Cruzó la calle. Conforme se iba acercando, su corazón palpitaba con más ímpetu. Divisó la tienda, entró, buscó con la mirada algo que le gustara y cuando hurgó en sus bolsillos no encontró las monedas. ¡Cómo! - se preguntó. ¿Dónde están? Metió la mano en todos los bolsillos y en ninguno las encontró. ¡Diablos! Las dejé en la cama.

Salió de la tienda y siguió caminando. Algo en el camino encontraré - pensó para sí. Y la naturaleza es sabia y el universo maravilloso, porque una cuadra antes de llegar se alzaba entre todo el cemento unas pequeñas flores amarillas. Sonrió y se acercó a arrancar una cuando algo viscoso sintió en sus dedos. Al verlos, estaban embarrados de algo café. Oh, no. Sí, eso mismo que ustedes están pensando lo pensó ella también. Se embarró de caca de algún amiguito de 4 patas.

Por suerte no es tan asquienta, así que, con la otra mano arrancó otra flor y siguió caminando. ¿Recuerdan que el universo es maravilloso? Justo antes de girar en la esquina unos señores estaban trabajando y ella les pidió de favor si tenían algo con lo que pudiera limpiarse la mano. Ellos, muy acomedidos, conectaron una manguera y el agua brotó para limpiar no sólo sus dedos, también se fue llevando un par de dudas consigo. Les agradeció y siguió.

Llegó a la casa, alzó la mirada al balcón y decidió llamarla.

- Hola.
- Buenos días.
- Buenos días.
- ¿Estás en casa?
- Sí...
- ¿Puedes asomarte?
- Bueno...

No colgaron. La escuchó caminar, quitar el candado. Ella sonreía. Estaba ansiosa por verla asomarse. Para que la vea como una cojuda romántica enamorada parada en plena calle con una flor amarilla. Sí, la clásica escena de película de comedia romántica. Es más, había una cámara arriba siguiéndola, otra cámara arriba enfocando hacia abajo (la misma de arriba si estamos cortos de presupuesto) y otra cámara abajo haciendo un POV. De repente la vio asomarse y supo que hizo bien en ir.

- ¿Puedo subir?
- Bueno...

Colgó y caminó a la puerta. La bendita puerta con la maldita cerradura a la que todavía no le agarra la maña y pelea para poder abrirla. Pelea, pelea, pelea, un giro, pelea, pelea, pelea, pelea, otro giro, pelea, pelea, pelea, pelea, pelea, por fin el último giro. Haló y no se abrió del todo. ¡QUÉ! Tenía puesto el pestillo por dentro. La escuchó acercarse detrás de la puerta y le indicó que no podía abrirla. Ella terminó de hacerlo. Abrió y se vieron. Ella estaba ahí, parada, vulnerable, en interior y camiseta, con ojitos tristes, parecía que todavía se asomaban un par de lágrimas de sus ojos. Ella se acercó, con la flor en la mano izquierda y sonrió.

- Te cuento que no puedo tocarte con esta mano porque al querer arrancar la flor, no esta sino otra, me embarré de ca-ca... - fueron las palabras que salieron casi en un hilo de voz y en un tono tan suave e infantil, justificándose.

Y ella rio. Así, con ojitos tristes, se rio. Se le acercó y la abrazó. Y sus corazones sonrieron.

Fuente


martes, diciembre 06, 2022

La baqueta.

Comenzamos teniendo tres cosas en común: el nombre, el reloj y la orientación sexual. Conforme pasaba el tiempo esta lista de coincidencias se fue incrementando. Nada es casualidad, asegurábamos las dos. Y a veces, cuando crees que tienes la vida resuelta, el universo te sorprende colocándote en un momento y lugar preciso para aprender más de ti.

Ese sábado acudimos juntas al plantón. Y por más experiencia que tengas siempre estás expuesta a que te suceda algo. Y ese día pasó. En un acto cobarde y traicionero, un agente de la autoridad te roció gas lacrimógeno a quemarropa por la espalda. Los gritos y reclamos de todos los presentes no se hicieron esperar. Y la humanidad afloró en todos al correr a socorrerte. Entre lágrimas y gritos de dolor intentamos aliviar el ardor. Te quitamos la camiseta y te cubrimos la cabeza con otra, a modo de carpa, para soplarte humo de cigarrillo. Tú seguías llorando. Yo no sabía qué hacer, nunca había estado en una situación así.

Terminamos saliendo del lugar para ir a la casa de una de las compas. Te metimos al baño y, con celular en mano, buscamos como quitarte esa huevada de encima. Un litro de leche y varias jarras de agua jabonosa después tú seguías sufriendo. Yo no sabía qué más hacer, nunca había estado en una situación así.

En un momento de lucidez (o conexión con algo más) cerré la puerta del baño y te desvestí. Me quité también toda la ropa y nos metimos a la ducha. Te bañé. Te abracé. Te besé. Mientras lavaba tu cabello sentí el ardor en mis ojos. Todavía tenías gas encima y empecé a llorar también. Cerré mis ojos y seguí restregando. Toda tú temblabas. Y no era por el frío.

Te enjaboné toda, de pies a cabeza. El agua nunca dejó de correr. Al igual que mis caricias por todo tu ser. De pronto, mi boca se unió y empecé a decirte cuán orgullosa estaba de ti y lo admirable que eres. Una mujer fuerte, decidida, luchadora, valiente. Alguien que cambia la vida de las personas que topa.

Y así, entre el shampoo, el jabón y el amor te fuiste calmando. Tu piel ya no estaba enrojecida y respirabas con tranquilidad. Ya no llorabas. No me dejabas de abrazar. Yo no te iba a soltar.

No sabemos cuánto tiempo habrá pasado. Cerré la llave del agua y procedí a secarte muy suavemente. Te sentía tan vulnerable que cuidaba todos mis movimientos para no lastimarte.

Y así, aunque al comienzo no supe qué hacer ya que nunca había estado en una situación así, me dejé llevar por la energía básica que nos mueve: el amor.

Fuente: Percha


lunes, septiembre 12, 2022

Derecha.

Se conocieron deslizando a la derecha. Ambos tenían la sensación de conocerse desde antes, aunque no sabían de dónde. Lo más seguro es que se hayan visto en algún lugar y no lo recuerdan. Pero sus rostros eran familiares. ¿En otras vidas? ¿Universos alternos?

Ella no busca amor. ¿Él? Ella no lo sabe. Cuando le preguntó él respondió: "lo mismo". No busca amor entonces, ella pensó para sí. Pero al decir "lo mismo" no se sabe qué mismo busca. Quizá no busca nada específico, susurró una pequeña vocecita en su cabeza. Que se dé lo que se tenga que dar, sentenció la misma voz. Y él estuvo de acuerdo.

Es a esa voz a la que le gusta jugar, contigo, que me estás leyendo, conmigo, quien está escribiendo, con él, quien me está inspirando. Aquel juego de seducción tan fácil de jugar, de seguir las reglas. Pero primero, establezcamos las reglas: 

Lo primero es que sea soltero

Con cerebro sería el dos

Que esté bueno va de tercero

Y de paso que tenga buen humor

Ahora esa vocecita sugestivamente propone: "Tocará pasar al siguiente punto en la historia. Tú y yo en el mismo lugar. Piénsalo..." ¿Ya estamos en ese punto? Se preguntaron ambos. "Una cerveza cada uno. Una mesa. Quizá música de fondo", acotó la voz.

Y por ahora hasta aquí llega este escrito. Estamos en apenas el piloto. Quizá ni pasemos de este primer capítulo.

Que se dé lo que se tenga que dar.



miércoles, octubre 13, 2021

Tender la cama.

Hoy desperté desganada. La alarma del novio sigue sonando de lunes a viernes, así que por más que no quiera despertar temprano, toca hacerlo. Hoy creo que ni siquiera la escuché. O estaba tan profundamente dormida que no me afectó. Sé que no abrí los ojos y seguí dormitando. A fin de cuentas no tengo que ir a un trabajo ni marcar entrada en un biométrico, así que no importa si sigo en cama.

Hoy es, o fue, uno de esos días en que no quiero, quería, salir de la cama. ¿Cómo lo sé? Porque ni siquiera quiero tenderla. El novio se dio cuenta. ¿Cómo? Yo soy una "morning person". Apenas me despierto me activo y ya soy un ente útil para la sociedad. Él, en cambio, necesita procesar el hecho de haberse despertado en contra de su voluntad. Por ende yo soy la que se levanta de una y empieza su rutina matutina: preparo el desayuno y me equipo para ir al gimnasio. Hoy no fue así. Hoy no quería hacer nada. Cuando volví a abrir los ojos, sumergida en mis pensamientos negativos, encontré mi jarro con café recién pasado encima de mi velador. Un acto de amor. 💓

No sé si han visto el video del discurso motivacional del Almirante que empieza hablando de la importancia de tender tu cama. En caso de no ubicarlo, dense una vueltica y véanlo.


Me identifico plenamente con ese sentir: empezar mi día con un acto tan simple como tender la cama es algo que me hace sentir bien conmigo misma. Y es por eso que me doy cuenta que estoy en un bajón de mi montaña rusa emocional. Cuando no quiero hacerlo. Sin embargo trato de no estancarme o quedarme mucho tiempo abajo y volver a subir.

Estar sin trabajo me desanima. Porque no me siento útil. Es ahí cuando la mente me boicotea. Porque sé que soy valiosa, pilas, y un gran aporte para cualquier empresa que me contrate. Pero no, la vocecita bandida esa dentro de mi mente me cuchichea y jode. "Quédate acostada. No hagas nada". Y no vengo a darles el secreto o la solución para que no les pase lo mismo. No la tengo. Sólo vengo a contarles mi sentir. Mi experiencia. Es como si nos estuviéramos tomando un café y me preguntaras qué tal mi día.

¿Qué tal mi día?

Fui tarde al gimnasio. Pero fui. El profe ya me conoce cuando tengo pereza, porque le envío un emoji específico, y me anima para que vaya a entrenar.

Hice unas compritas para la cena de hoy. Y mientras escribo esto, un pollo está dorándose en el horno.

Terminé de ver Inside Pixar. ¿Dónde aplico para trabajar con ellos?

Le escribí a dos contactos informándoles que estoy buscando trabajo y les hice llegar mi hoja de vida.

Y claro, tendí la cama. Y verla así, me calma. Me da paz. 

Hoy no ha sido un día grandioso. Y está bien. No todos los días son iguales ni fantásticos ni tienen que ser excelentes. Sáquese ese falso positivismo que te dice que siempre debes estar feliz. Está bien sentirse miserable a veces. Desmotivado. Desganado. Pero a final de cuentas depende de ti en qué emoción vas a quedarte. O cuál va a prevalecer. He tenido días mejores y peores. Hoy ha sido un día común y corriente de una mujer de 38 años que vive en Ecuador y está actualmente desempleada. Quizá mañana sea mejor. Espero que no sea peor.

Pero aunque se lea tonto, tendí la cama.

martes, mayo 18, 2021

Huelga de mascarilla.

Guayaquil, 18 de mayo de 2021

Querida pandemia:

Estimada pandemia:

Pandemia:

Es mi deber informarte que hemos decido postergar la boda hasta que te vayas de nuestras vidas. O, por lo menos, hasta que te tengamos más controlada. ¿El motivo principal? No estás invitada.

Sabemos que será una ceremonia íntima y pequeña. Pero aun así, entre los contados invitados que tendremos, no te queremos presente. Siento mucho tener que hacerte un desplante así.

Permíteme expresarte nuestro sentir. Queremos tener fotos sin mascarilla. Descubrirnos dándole un fuerte abrazo a alguien. Reírnos a carcajadas sin pensar en esas gotitas de saliva que salen de nuestra boca. Sonar un beso en la mejilla. Queremos libertad de expresión. No más toques de queda ni confinamientos. Lo único que queremos que se contagie la gente es de risas y amor.

Queremos libertad de celebrar nuestro amor sin restricciones de bioseguridad. Sin temor a que estés entre nosotros y te disperses. Sin tener que medir el distanciamiento o echarnos alcohol frecuentemente en las manos. 

Llegaste a cambiarnos la vida y hemos aprendido a vivir contigo en nuestro día a día. Y no nos gusta. Qué pena ser así de franca pero nos caes mal. Lo bueno es que nuestro amor sigue intacto. Y eso no lo has podido cambiar. 

Ándate nomás, que aquí no te queremos más.

Atentamente,

Diana.

jueves, enero 31, 2019

No me quiero olvidar.

Ayer estaba viendo un capítulo de The Good Place en donde Chidi, para poder seguir con el plan que tienen, decide resetearse para no acordarse haber conocido a su ex. El asunto está en que al hacer eso se olvidará también que conoció a Eleanor. El Arquitecto decide mostrarles una película de momentos que pasaron juntos, como pareja. Y como a mí me encanta echarle la culpa a mi menstruación cuando me pongo sensible, asumo que gracias a ella se me mojaron los ojitos y me puse a recordar momentos nuestros.

En la u, en una clase con Marina, ella nos preguntó sin qué cosa no podríamos vivir, o ser. Empezamos a responder: el oxígeno, el agua, la comida, y cosas así. Necesidades básicas como seres humanos. Ella quería que fuéramos más allá. Por más que dábamos opciones, nunca le atinamos a la respuesta. Hasta que nos dijo: "la memoria". Nosotros no seríamos nada si no tuviésemos memoria. Y ese momento no se me olvida. No recuerdo la materia, el día, el tema que estábamos tratando. Pero ese momento caló en mí.

Piénsenlo un momento. Despertar un día y no acordarte de cosas importantes. De personas. Momentos. Lugares. No acordarte de quien eres. Creo que el Alzheimer es una enfermedad atroz. Poco a poco te vas desvaneciendo.

Una de mis películas favoritas es 50 first dates. Otra cursilería, jajajajajaja. Por un lado hermoso todo lo que él hace por ella, pero vuelvo a ponerme en sus zapatos, despertarme cada día y no acordarme de ti. No poder crear nuevos recuerdos.

¿Qué seríamos sin los recuerdos?

Y yo no me quiero olvidar.
  • No me quiero olvidar de esa noche viendo tv en la sala y me llenabas la mano de maní garrapiñado cuando te dabas cuenta que me los estaba acabando. 
  • No me quiero olvidar cuando un 1 de enero me dijiste que lo único bueno de tu año fui yo. 
  • O de ese recorrido en moto en que, sin poder explicarlo, te abracé y sentí cuanto te amaba. 
  • No quisiera olvidar que una noche me abrazaste y dijiste que soy tu propiedad horizontal (y estallamos de risa por la ocurrencia). 
  • Una vez te fuiste de viaje y me dejaste comprado panes para mis desayunos.
  • Un día me saqué la puta limpiando la casa y me destapaste una cerveza que, sin darme cuenta, habías puesto en el congelador.
Uno construye su vida en base a los recuerdos. Y no sé cuánto tiempo dure esto. Duremos. Que dure lo que tenga que durar. Quiero seguir construyendo recuerdos. Pero no me quiero olvidar...

You're asking me will my love grow 
I don't know I don't know 
You stick around now it may show
I don't know I don't know

domingo, agosto 05, 2018

El encanto del sur.

El amor me trajo a vivir al sur desde inicios de este año. Mi cuñada siempre alardea canturreando la estrofa de una canción de Raffaella Carrà: "Para hacer bien el amor hay que venir al sur". Toda mi vida he vivido en el norte. Bueno, de pequeña estuvimos en el centro, pero desde los 7 u 8 años mi vida se ha desarrollado en el punto cardinal superior. Teníamos familia que visitábamos en el sur, cuando había un cumpleaños u ocasión especial. De pequeña recuerdo el cine Inca, la dulcería La Dolce Vita frente al Cristóbal Colón. En contadas ocasiones entrar a La Caraguay. Pero para mí el sur era visitado solo para algo específico. Y sobre todo, para mí el sur era dos cosas: lejos y feo.

Bueno, bueno, si no desean la palabra "feo" que puede leerse despectivo, digámosle "poco atractivo". Toda mi vida adulta, mi círculo social, los lugares que frecuento, pasatiempos y demás se encuentran en el norte. Pero ahora, aparte de estar enamorada de mi novio, debo confesarles que me estoy enamorando del sur.

El sur tiene detalles que nunca tuve en el norte. Por ejemplo, vendedores ambulantes o personas que pasan voceando sus servicios. Este post ha sido inspirado por un señor que acaba de pasar gritando: "Arregle esas ventanas. Cambie la tela que tiene rota. Para que pueda abrir las ventanas". Eso JAMÁS escuché en mi antigua casa. Ni hablar del bollero que pasa en su bici todos los días. 8am y 5pm. Los fines de semana, días en que lo puedo escuchar pasar, su grito me sirve de reloj. Otro señor pasa vendiendo pescado y camarones, seguimos teniendo el afilador de cuchillos. Pasa una camioneta llevándose electrodomésticos que ya no uses, zapatos viejos, frascos de perfume.

El otro fin de semana, se nos dañó la refri. La pobre dejó de enfriar. Y las cervezas no podían entibiarse. En esta casa eso es pecado. Ofensa. Blasfemia. Ponte a buscar un técnico un viernes de feriado. Pero como ángel caído del cielo, pasó un señor gritando: "Arreglo lavadooooora, aire acondicionaaaaaado, refrigeradooooraaaaa. Le arregló la booombaaaa". Y espero que estén leyendo e imaginen el cantadito con el que este señor iba. Bastó un grito, y en 5 minutos ya la estaba revisando.

No hablemos de las delicias culinarias que tengo alrededor. Y lo más importante: MÁS BARATAS. Un vasito de morocho en el norte te puede costar $1,60. Acá la tarrina de litro de la carretilla El Shaddai (esquina de Los Ríos y Pancho Segura) te cuesta $1,50. César dice que antes estaba enriquecido con Nestlé. Ahora dice: "Enriquecido con la bendición de Dios". Imaginamos se le acabó el contrato a la primera empresa. Hamburguesas completas a menos de $3. O combos con papas fritas y té por el mismo valor. Filetes de lomo fino, tomahawks, bife de chorizo, en salsas de hongos, queso, hierbas del Domador de Leonas son fabulosos platos, bien servidos, y oscilan entre $7,50 y $13. Y conste, el plato de $13 alcanza para 3 o 4 bocas.

El mercado La Caraguay es ahora visita fija el domingo de mañana. Tránsito y Reinaldo nos venden las legumbres y vegetales, la prima Francisca (o "abogada" de cariño) nos surte con frutas. Y cada que vamos nos recibe con un par de uvitas o una mandarina para degustar mientras compramos. Mariscos fresquitos. Hoy salimos con libra y media de camarones por $6, y 1 libra de picudo por $4. Y no puede faltar pegarnos un tuco de muchín por $0,75, acompañado de una tacita de café pasado por $0,50. La vez pasada saboreamos un suculento encebollado miSto por $3,00. Los camarones se salían del plato.

EN ESTE PRECISO MOMENTO ESTÁ PASANDO EL GASFITERO. ¿Ven? ¿Ven?

La verdad no creí que iba a encantarme con el sur. Adapté mi rutina sin mayor problema. Ahora mis panas del norte me vacilan que estoy lejos, cada vez que organizo alguna reunión en casa y los invito. Acá siento que hay más árboles. Más bicis. Más barrio. Ya no lo veo feo. ¿O será que como estoy enamorada lo veo bonito? Así como la chica que tiene el pretendiente feo pero con el tiempo lo va viendo atractivo. Lo empieza a ver con ojitos de amor.

¿Será? Sea como sea, puedo decir que aunque viví casi toda mi vida en la ciudadela El Paraíso, ahora simplemente vivo en otro paraíso.

lunes, mayo 21, 2018

En mi libertad elijo quedarme contigo.

Estaba interesante la conversación. Se estaban conociendo. Y se lanzó la pregunta de rigor: 

- ¿Estás soltera?

En ese momento te preguntas si decirle la verdad sabiendo que podrá huir, o una dulce mentira para que se quede.

Y aunque te gustan los dulces, más rico sabe la verdad.

- No, no lo estoy. Tengo novio.
- Y entonces, ¿qué haces aquí?
- Él también lo está.
- No entiendo. Explícame eso.

Bien, piensas. Se enganchó. Sigamos.

- Sí, es una relación diferente y muy interesante. No es que no crea en la monogamia. Hay personas que lo son. Y está bien. Yo lo considero una imposición de la sociedad y la religión. El ser humano por naturaleza no es monógamo.
Solo mira las estadísticas a nivel mundial. Tanta infidelidad, cachos, cuernos, peleas, divorcios.
Tampoco ando tirando con Raymundo y todo el mundo. Jajajajajaja. Pero es súper interesante que al tener libertad total, decido quedarme. No sé si me explico bien. Cada día en mi libertad lo elijo a él como mi pareja.

...

...

Ya era tarde. El sueño la venció. Pero hoy volvió a escribir. Cruzamos un par de palabras. Ella está soltera. 

- ¿Planes para hoy?
- Un paquete de galletas y a dormir. Ya preparé todo para mañana. ¿Y vos?
- Pues en cama a ver pelis. Pensé que me ibas a decir que ibas a hacer el amor, jeje.
- Ya le hice el amor. Le preparé una copa de sangría y se la dejé en la mesa. Mientras trabaja. Yo ya estoy echada en la cama. ¿Qué peli vas a ver?

...

...

Todavía no responde. Y el sueño me vence de nuevo.

domingo, noviembre 12, 2017

El único asiento libre.

Por trabajo debo viajar todos los días a Milagro. Y ya es una rutina en mí el subirme a los buses, buscar un asiento y ver algo en Netflix a la ida, o quedarme dormida al regreso. Ese día me cambiaron la rutina.

Subo a la CITIM y estaba llena. Justo el día anterior me había tocado viajar parada hasta Yaguachi. Pero al fondo pude divisar sólo una cabeza en el asiento de la ventana y parecía estar vacío el del pasillo. Avancé y al llegar me topo a una chica con una nena acostada en el asiento que parecía estar vacío. No quise despertarla así que sólo me quedé ahí parada, pensando en que nuevamente me iba a tocar viajar de pie un tramo del camino. Pero la chica se me queda viendo y pregunta si deseaba sentarme.

- Si la nena no se despierta...

Pero al agarrarla para acomodarla encima de ella se despertó. Y como todo buen bebé, empezó a llorar.

Yo prefiero viajar mil veces parada a estar al lado de un bebé llorando.

La chica trataba de calmarla, se veía que la niña estaba molesta por haberla sacado de los brazos de Morfeo, y le rechazaba las muestras de cariño que le otorgaba. Le pregunté a la madre el nombre de la nena. Valentina. Y le dije que yo tenía una canción que mi papá me cantaba para hacerme dormir. Así que mientras ella se sacaba un seno para darle algo de leche yo empecé a cantar bajito:

"Cuando era niño pregunté: óyeme madre, ¿yo qué seré? ¿Seré muy rico, seré feliz? Y ella me contestó: Qué será, será... Será lo que debe ser... La vida te lo dirá... Qué será, será..."

La combinación leche + canción surtió efecto y Valentina volvió a quedarse dormida. ¡Excelente!, pensé. Ahora yo también podré dormir. Estaba cerrando los ojos cuando la chica me pregunta:

- Disculpe, ¿es usted policía?
- No, no lo soy.
- Aaahhh, es que le veo eso ahí -señalando mis placas- y creí...
- Ah, no, no. Aquí tengo información personal, en caso de emergencia.
- ¿Y quiénes usan eso?
- Bueno, por lo general los soldados, miembros de la fuerza pública, bomberos. O quien quiera. Yo las uso porque tengo un tipo de sangre jodido y alergias que son importantes que se sepan en caso que tenga un accidente.

La chica hablaba tímida, bajito. Quería saber más sobre las placas, si se podía poner otro tipo de información, por qué se usaban. Luego empezó a preguntar si yo era profesional, y un poco de cosas un poco superficiales. Pero de repente, aún con un tono tímido, me preguntó:

- Y cuando la mujer es profesional no se deja humillar de un hombre, ¿verdad?

Ahí me di cuenta que no iba a dormir durante ese viaje.

Le respondí que no necesariamente. Que un título no te hace más mujer, o mejor persona. Que eso dependía de uno mismo, de sus creencias, crianza, autoestima. Que existen personas que no tienen título y son maravillosas, y otras con título que pueden ser una mierda.

- ¿Y qué sucede cuando un hombre tiene una pareja, un hijo, y busca a su anterior pareja?

Les estoy redactando la pregunta de manera directa. Porque ella dio muchas vueltas para poder hacerla. Se notaba que le daba vergüenza hacerla, pero igual la hacía, con esa inocente confianza que tiene un niño.

Para no alargarles el cuento, durante toda esa hora de viaje, ella me confesó su situación actual. Estaba dejando su tierra, al padre de su hija, y estaba camino a Guayaquil a la casa de una prima para luego seguir a la sierra, donde esperaba encontrar un trabajo para poder mantenerse. Ella ya no quería seguir con ese hombre, porque sentía que no la quería, que Valentina lo fastidiaba. No sabía qué iba a hacer, pero se iba. 

Adicional ella tuvo una anterior relación, pero al fallecer su padre, su luto la llevó a alejar a ese hombre de ella. Me contó que él la quería apoyar, pero ella en su momento de dolor no quería saber nada de nadie y lo despachó. Tenía 16 años. Pasó un año y este hombre encontró otra mujer, con la que actualmente tiene un hijo, pero no la quiere. Y ellos siguen conectados, a través de redes sociales. O sea, él la sigue buscando.

Ella no sabe qué hacer. Tiene miedo de volver a intentar y fallar. Él ya tiene una nueva relación, y un hijo, y no entiende por qué la sigue buscando. Dándole esperanza de retomar. Tiene miedo que el padre de su hija la rastree, encuentre, y quién sabe qué vaya a pasar. Nadie en su familia sabía a dónde estaba yendo. Sólo una tía le dijo: "agarra tus cosas y vete".

¿Qué puedo decirle a una perfecta desconocida en un caso así?

No quedó más que darle pistas, o sugerencias. He aprendido que los consejos no siempre son una respuesta correcta. Es bueno que cada persona descubra dentro sí qué es lo que tiene que hacer. No puedo decirle: "Yo en tu lugar haría", porque soy yo. No ella. Es ella la que tiene que decidir qué hacer. "Escucha tu voz interna", fue mi sugerencia. Le dije que estaba haciendo bien en dejar a un hombre que no la quiere, y que tiene posibilidad de lastimarlas. Que se pare firme, y en caso de que la encuentre, busque ayuda. Ponga denuncia. Que jamás permita que la lastimen. Eso no es amor.

Y sobre su anterior pareja (que resulta es militar, por eso le llamó la atención mis placas), que debe decidirse él. No puede estar jugando con los sentimientos. Se comprende que esté en una encrucijada, pero debe tomar una decisión. Considero un error el quedarte con alguien que no amas por los hijos. "Tu felicidad es primero", le dije. "Si tú eres feliz, Valentina será feliz. Y los hijos sienten cuando papá y mamá no son felices. Tal vez no de manera consciente, pero lo perciben".

No sabía qué más decirle, no quería volcar todos mis libros de auto ayuda y superación personal sobre ella, por temor a hablar de más. Pero percibía que ella estaba sola, asustada, y necesitaba una voz que le dijera: "adelante, vas a salir de esta".

Ya llegando a Guayaquil ella me termina preguntando el nombre, y nos presentamos. Coincidencias del destino, la nena se llama Diana Valentina. Habíamos hablado todo el camino sin conocernos. Pero la veía un poquito más segura. Como que algo dentro de ella le decía que iba por buen camino. Me agradeció, y le di un abrazo. Le dije que por algo el único asiento vacío en todo el bus era al lado de ella, y adicional mis placas estaban a la vista. Porque suelen estar debajo de la camisa.

"Busca tu felicidad", le dije antes de irme. "Cuídate, cuida a Valentina. No importa que no tengas título. Puedes salir adelante. Date la oportunidad de encontrar nuevamente el amor". Veía temor en sus ojos, pero un brillo de esperanza también. Una mezcla de: "no sé lo que estoy haciendo pero ahí voy".

Y así me fui caminando, pensándola. Un asiento libre, unas placas, una canción para hacer dormir a un bebé se conjugaron para crear un retorno a casa inesperado. De verdad el universo obra de manera misteriosa.




miércoles, febrero 17, 2016

¿Vivieron felices para siempre?

Disney nos cagó. A medias. Desde pequeñas nos metió en el mate la idea de la llegada de un príncipe azul, que nos rescate de nuestra vida desdichada, nos suba a su hermoso caballo y nos lleve galopando a su castillo, donde luego de una hermosa boda, con todo el pueblo invitado, íbamos a vivir felices para siempre.

El príncipe iba a luchar contra feroces dragones, malvadas brujas, fenónemos de la naturaleza, escalar hasta la más alta torre, y rescatarnos. ¡Divino! Además, es alto, guapísimo, caballero, adinerado, valiente, galante. Todo un prospecto. 

 

Pero lo que no muestran es qué sucede después de la boda. Ahí nos mochan el cuento. ¿Por qué? Porque viene lo bueno. Lo verdadero: la convivencia. 

La princesa y el príncipe ni siquiera se conocen. El famoso amor a primera vista. Se vieron y se flecharon. ¿Y si no son compatibles? 

- ¿Y si la Bestia es en verdad una bestia y no hace nada en casa? Claro, como Bella sí es hacendosa, capaz la Bestia se cuelga y no comparte los quehaceres domésticos con ella.

- ¿Y si el príncipe no la satisface sexualmente a Blancanieves? Estuvo con 7 enanos la señorita. Enanos, sí, pero a lo mejor eran recursivos.

- ¿O si el príncipe Encantador (Charming) no es tan encantador que digamos? Y resulta ser un maltratador, abusivo, manipulador, celoso.

- O la Bella Durmiente, que pasó no sé cuántos años dormida. A lo mejor no sepa hacer nada. O por el contrario, luego de casada quiere recuperar esos años perdidos y se va "living la vida loca".

Es linda esa sensación de enamorarse. Conocer a alguien que te llame la atención. Ilusionarse. Pero más allá de eso, es importante conocerse. Porque no todo es color de rosa, ni galopan unicornios sobre arcoiris. Habrá diferencias, peleas, puntos de vista distintos. ¿Qué quieres? ¿Qué pides? Debes saber qué estás dispuesto a exigir, y a ceder. Ahí entran tus valores, tus principios. Compartir la misma filosofía de vida. Conocer los errores, los defectos. Aceptarse. Acoplarse. Porque son personas diferentes, con formas de ver la vida diferente. Criados de manera distinta. Por más que ame a los Beatles, "all you need is love" es mentira. Necesitas más que amor.

Y por qué estoy escribiendo esto. Por culpa de Luis. O mejor, gracias a Luis (a fin de cuentas me inspiró este post). Compartí en Facebook unas ilustraciones de un artista sobre lo mucho que ama a su pareja. Dichas ilustraciones eran los motivos que tenía él para amarla. Y eran cosas sencillas, cotidianas. Era la rutina que tenían juntos, el compartir esos momentos del día a día. Pequeñas cosas que fortalecían la relación. Construir una vida juntos, momento a momento, detalle a detalle. Mientras un par de amigas pusieron "me gusta" y algunos lindos emoticones, el busca pleito de Luis comentó: "Disney".

No, Luis, eso no es Disney, jajajajajajaja. Porque esos cuentos acababan cuando los protagonistas se casaban. La historia pepa empieza después. Y Disney no nos contó eso.

martes, noviembre 11, 2014

La incongruencia.

La cabeza, el corazón, la vagina. No siempre se ponen de acuerdo. A veces parezco hombre, un par de días al mes me pongo demasiado mujer. Muchas veces no me comprendo. Parece que con el tiempo me he puesto muy exigente y no me atrae cualquiera. O como bien me dijo una amiga: "no hay huevo que te calce". Así de linda es ella. Pero luego leo a Walter Riso y resulta que no debo conformarme con cualquier pendejo. Y así ando, deseando un macho que me calce (no sólo el huevo debe hacerlo). ¿Y qué macho quiero? Chuta, ya he escrito algunos posts al respecto. ¿Dónde está el susodicho? Si lo conocen, no sean mal dato, presenten.

Sí. Estoy feliz soltera. Y prefiero seguir soltera a juntarme con alguien que no me complemente. Bien dice el dicho, "más vale solo que mal acompañado". Sin embargo confieso que ando con ganas de enamorarme. De pensarlo y sonreír. Que me digan "te quiero". Planificar cosas juntos. Admirarnos, apoyarnos. Tener esas largas conversaciones, donde se hable de todo un poco. Conocernos. Mandarnos a la mierda, disculparnos. Tener un amigo, amante, enamorado.

Damas y caballeros, público presente, estoy con la regla, se viene un arrebato de estrógeno.

El asunto aquí es que una está tranquila, esperando a que en algún momento aparezca el susodicho. Pero está también la carne, las ganas, el deseo, la quesura, mijita, la quesura. Uno tiene necesidades... Eso sonó como hombre. Pero dejémonos de comentarios machistas. Tanto hombres como mujeres tenemos las mismas necesidades sexuales. Y sí, me gusta el sexo. No se hagan, chicas, a todas. Entonces una se pone a veces más arrecha de lo normal, y zas, busca defogar. ¿Y después? Cada uno por su camino. A la larga eso ya cansa. Como acabo de decirle a un pana: "no quiero tirar y ya, quiero tirar con feeling". El vernos a los ojos y sentir que hay una conexión que vas más allá de la parte física. Porque el cuerpo se va. Uno llega al clímax, y esa sensación orgásmica se desvanece de a poco. Pero si hay algo más, eso queda.

Ay, bendita regla...

Claro, una aquí está rica, entonces el hombre te ve y te quiere entrar. Y no niego que me gusta sentirme deseada. Me encanta. Pero quiero más que un simple "cuerpeo" (como lo clasifica otra amiga). Es fácil agarrar, acostarse con alguien, y ya. Salen esas propuestas. También sale por ahí uno que otro que quiere algo serio. Pero no cuadran. Y los despacho (por eso mi amiga me chantó lo del huevo. Yo, la exigente). Por otro lado puede que algunos no se atrevan a intentar algo serio conmigo porque saben que aspiro alto (ahí mi amiga y Walter Riso no están de acuerdo) Además, hablo de sexo sin ningún tapujo, soy machona, zángana, jodona, descomplicada, y digo las cosas de frente, sin tanto drama. Así que sé que todo esto hace que puedan verme como alguien con quien pueden intentar un vacile y ya.

¿Y yo? ¿Qué quiero? Quiero alguien con quien planificar un futuro. Viajar. Ir al teatro, al cine. Salir con amigos en común. O simplemente quedarnos en casa, viendo una película, escuchando música, comiendo. O simplemente cada uno por su lado, en su patín. Extrañarnos. Corregirnos. Que se cabree con mi necedad. Pero que me tenga paciencia, por favor. Que sepa mis antojos, y que soy maricona para el dolor de estómago. Que me encantan los niños, pero me irritan los malcriados y peor si hacen berrinches. Que soy amante del chocolate, los viajes por carretera, tragona, irritante, desvergonzada. Me gustan los deportes de aventura, soy engreída, a veces inoportuna, e impulsiva.

Entonces así me encuentro, buscando, esperando, deseando, sin encontrar. Encontrarme, encontrarnos. En algún momento nos encontraremos. Sigo creyendo.

jueves, enero 23, 2014

Ven.

Ven y abrázame hasta quedarme dormida.

Aunque ahora que lo pienso, hace calor como para dormir abrazados. Pero igual, quédate cerca, toma mi mano. Que tu rostro sea lo último que vean mis ojos. Y sonreír, justo antes de quedarme dormida. Con tu recuerdo, con tu cariño.

Tu corazón latiendo junto al mío. Un ritmo tan conocido, tan tuyo, tan mío. 

Caer despacio en ese mundo, donde somos y dejamos de ser. Donde volamos, y muchas veces, empezamos a caer. Aquel lugar donde los sueños se hacen realidad. Y me dejo llevar. De tu mano, a donde sea.

Vamos. Ven. Vámonos. Nos fuimos.

Sonríe, y digamos "adiós". 

Hasta mañana, donde sea que estés...

Adiós.

lunes, septiembre 23, 2013

Quiero un beso de buenas noches que se convierta en uno de buenos días.

Quiero cuidarte. Y sorprenderte, un domingo, con el desayuno en la cama.

Cantar en el carro nuestras canciones favoritas. Se vale desafinar. Y reír. Quiero reír contigo. Hasta que nos duela la panza, y salten lágrimas. Escucharte reír. Que seas una de mis razones para sonreír.

Hacer ejercicio juntos. Cuidarnos. Mantenernos en forma. Porque nos gusta, porque nos hace sentir bien. Y pecar, ji ji ji. Romper un piti la dieta. Ay, malditos antojos.

Quiero bailar contigo. Dejarme llevar por tu ritmo.

Abrazarte. Hundirme en tu pecho. Acariciarte el cabello. Quiero respirarte. Llenar mis pulmones con tu aroma. Inundarme de ti.

Y escaparnos. ¡Adiós, mundo! Hoy sólo seremos tú y yo.

Acostarme en tu estómago a leer.

Hacer nada juntos.
Hacer todo. 
Ser y estar.

Quiero crear una rutina. Que nos guste. Hacer el mercado. Tú cocinas, yo lavo. Yo cocino, tú lavas. Pares o nones.

Rascarte la espalda. Plantarte besos en toda la cara.

No siempre será fácil, no siempre estaremos de acuerdo. Prometo esforzarme. Sé que puedo ser cabeza dura a veces. Tú también tendrás tus temas. Y así te amaré. Por todo lo que eres, y lo que quieres ser. Por lo que somos.

Quiero defenderte, protegerte. Seré tu guerrera.

Llegará el día en que te vea, nos veamos, y todo será diferente. Seremos un equipo. Visualizaremos la meta. Seremos felices juntos.



--
Quiero.

jueves, septiembre 05, 2013

¿Homosexualidad? La acepto, mientras no la veo.

El otro día estaba conversando con unas personas y saltó el tema de la homosexualidad. Uno de ellos, con toda la seguridad del mundo, sentenció:

"Yo no tengo ningún problema con ellos. Si quieren andar juntos, está bien. Pero no es correcto que anden demostrando afecto en público. El otro día vi en una esquina a dos chicas besándose. Ya eso no deben hacer. No se ve bien. Y tampoco creo que deban permitirles adoptar niños. Va a crecer un niño desviado. No va a saber quién es el papá y quién es la mamá. O no va a entender por qué tiene dos papás o dos mamás".

Dijo tantas cosas con las que no estoy de acuerdo, que no supe por dónde empezar a debatir. Y así como él, deben haber muchas personas que piensan igual. Que toleren la homosexualidad mientras no la vean. "Living is easy with eyes closed"

Tolerancia:
2. f. Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

¿Tolerancia? Eso no lo considero tolerancia. 

Eso es discriminación.

Entonces me viene la pregunta: ¿la homosexualidad va contra natura? Porque biológicamente el pene y la vagina están diseñados para encajar. Pero a la hora del sexo, se vale todo. Y ni hablar del amor. Si hay sexo sin penetración, y un sinfín de manifestaciones de amor, ¿por qué señalar a una pareja del mismo sexo?

Pero claro, el porno lésbico te enciende, ¿verdad?

Y a la hora de criar hijos, ¿cuál es el argumento que considera que dos hombres o dos mujeres no pueden educar a un niño con buenos valores, o principios? ¿Porque son homosexuales? El amor, el respeto, la comprensión, el perdón, la felicidad, el agradecer, la superación, el querer ser mejor, son innatas del ser humano. Ya sea hombre, mujer. Hetero, homo, bi, les, trans, y tantas definiciones. Todos somos capaces de amar, de ser felices, de enseñar, de aprender. ¿Una pareja del mismo sexo puede criar a un hijo con buenos valores? ¡Por supuesto!

Abre los ojos. El amor no se limita. El amor da, y recibe. El amor no se puede definir así y ya. Lo que es amor para mí, no será amor para el otro. Y si dos personas se encuentran, y nace algo entre ellos, algo que vale la alegría, algo por lo que valga la pena luchar, un sentimiento que crece y saca lo mejor de ellos, ¿quiénes somos nosotros para señalarlos y decirles que están mal?


domingo, junio 02, 2013

Quiero.


Quiero alguien loco como yo.
Que le guste planificar, y que también despierte un sábado sin planes y diga: "vámonos a la playa".
Que le guste que sea payasa. Y que ande en bici conmigo. Que haga ejercicio, y le guste estar en forma.
Que baile. Se coma mi comida. Y diga que está riquísima.
Que diga que yo estoy riquísima. Que me haga sentir una reina, una princesa, una puta en la cama. Que me coquetee, me diga que hoy estoy guapa. Y cuando algo no me asiente, me lo diga. Que se deje de huevadas, si ese jean me aplasta la nalga, dígalo.
Que sea un atrevido. Que me agarre la nalga en público, cuando nadie nos esté viendo.
Que despierte en la madrugada cachondo, y me haga el amor. Eso sí, no todas las noches. Quiero dormir, por favor.
Quiero alguien hogareño. Pasar un finde encerrados en casa. Descansando, viendo una peli. O cada uno por su lado.
Que comprenda mis manías, y me las goce. Sí, porque parece que soy obsesiva-compulsiva. Pero de las buenas -hasta ahora-, tranquilidad.
Quiero alguien que me abrace. Me bese la punta de la nariz, acaricie mi rostro, me rasque la espalda.
Quiero que me haga reír. Que me joda, me moleste, me saque de quicio. 
Quiero que me maltraten con cariño. Sí, también tiendo a ser sadomasoquista. No me pegues, que me enamoro.
Quiero alguien que no fume, ni use drogas, y beba cuando la ocasión lo amerita. Alguien que no necesite alcohol para divertirse.
Quiero alguien que escriba correctamente. No tiene que ser un grammarnazi como yo, pero las faltas ortográficas no van conmigo.
Quiero alguien que cometa errores, que los acepte, se disculpe, y trate de no volverlos a cometer. 
Quiero alguien con quien aprender.
Quiero alguien a quien admirar. De quien sentirme orgullosa, por estar a su lado. Alguien que crezca, y quiera ser mejor persona. Alguien que me apoye, me ayude, y me bote al vacío, cuando vea que estoy lista para volar.
Quiero pasión, quiero lujuria, quiero locura.
Quiero alguien maduro, responsable, trabajador. No quiero que se pudra en plata. Ni mansiones, 3 carros, y 2 piscinas. 
Quiero alguien sencillo, que no se complique por las puras. 
Quiero alguien seguro, independiente. Que no se muera porque no estoy ahí. Pero que me extrañe.
Quiero alguien que exprese sus emociones, lo que siente, lo que piensa, lo que quiere. Que no se guarde las cosas. 

Debe saber que:
Todavía lloro por la ausencia de mi papá.
No me gusta mostrar mi lado vulnerable. No dejaré que me vean llorar tan fácilmente.
Tuve una infancia muy complicada. Que me batraceaban en la escuela, era tartamuda, me sentía gorda, fea y tenía muchos problemas de autoestima.
Soy machona. Rara vez me maquillo. Amo andar en pantaloneta y zapatos de caucho. Pero también me gustan los vestidos, y las faldas.
Me gusta el huevo frito con la yema intacta.
A veces tomo el agua o el jugo a pico directo de la jarra.
Amo, amo, AMO a los Beatles.
Soy una "grammarnazi". Temática con la gramática y ortografía.
No le hago al fútbol, soy agnóstica tirando a atea, y medio me interesa la política.
Me equivoco, cometo errores, defraudo.
Amo a mi madre, pero muchas veces me saca de quicio.
Soy una antojada de mierda.
Tengo antojos permanentes: helado, galletas, yogurt con pan de yuca, chocolate, arroz con menestra y carne, camarón, maracuyá, comida china.
A veces me dan antojos de algo indefinido. Rara vez sucede. Me da el antojo, pero no sé de qué es. Y sufro. 
Soy temática para ir al cine. 
Soy terca, obstinada, obstusa, caprichosa, peleona, infantil, orgullosa.
Para aceptar que me equivoqué, me toma tiempo, trago mierda, pero al final agacho la cabeza y lo acepto. 
No me gusta que me griten por las puras, que me culpen de algo que no hice, y discutir las cosas más de dos o tres veces.
Cuando me enfermo, me gusta que me engrían, me apapachen y me cuiden hasta que me sienta mejor. Soy una niña.
Soy una engreída de mierda.
Jodo, porque cuando me toca joder, jodo en serio. A pain in the ass.
Si medio hace frío, se me hielan las manos y los pies (y la puntita de la nariz).
A veces me quedo callada, y disfruto esos momentos de silencio.
Soy bulliciosa, y gritona.
Soy temática con la limpieza, pero al mismo tiempo puedo ser una cochina de mierda.
Tengo mis incongruencias.
No me gusta perder, y me cuesta aceptarlo.
Me debato entre la responsabilidad y la irresponsabilidad en algunas facetas de mi vida.
Cuando me cabreo, me cabreo en serio. Puedo mandar a la verga. Muy rara vez va a pasar. Pero puede suceder. 

Quiero...
Quiero alguien que se debata entre la locura y la cordura. Alguien con quien volar, y aterrizar. Alguien que me ayude a entender por qué a veces nos complicamos por pequeñeces, y que con una sonrisa, me ilumine el día. Alguien que vea, entienda, y acepte, que no soy perfecta. Tengo mis errores, mis huevadas, mis cargas, pero vivo feliz. Soy feliz. Alguien con quien compartir la felicidad de vivir.