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lunes, junio 22, 2026

Cuando tu esfuerzo se desmorona en tus manos.

 

Cuando tomé esta foto no sabía que minutos después iba a tener un ataque de ansiedad. Se la envié a un pana español que me escribió: "España ya marcó 3" y yo le respondí con esa foto y un: "Bieeeeeen. Vaaamoooos. Estamos pegando el rompecabezas para poder enmarcarlo. Y vamos a ir a almorzar con la familia de Ricardo". El trabajo era sencillo: girarlo y pegarlo todo detrás con cinta de enmascarar. El problema es el largo del rompecabezas, ya que mide 136 cms de largo y solo tenemos un tablero de esa longitud, el que ven debajo de las piezas. Como estoy armando otro, Ricardo tomó ese tablero (de menor longitud) y con un cartón completamos el largo. Cada uno se colocó en un extremo y cual tortilla en sartén le dimos la vuelta. Pero al intentar deslizarlo nuevamente al tablero las piezas que estaban en el lado del cartón empezaron a separarse y eso detonó en mí una reacción que no me esperaba. Al ver las piezas separándose, en mi cabeza todo el esfuerzo se empezó a dañar. Todo el tiempo y paciencia que le dediqué. Para aquellos que no me conocen mucho, la paciencia no es mi fuerte. Me gusta ser rápida, soy de reaccionar enseguida y que las cosas salgan YA. Claro, después del ACV he tenido que bajar las revoluciones y tomarme las cosas con calma. Pero esto no me lo esperaba. Para ponerlos en contexto, Ricardo me compró ese rompecabezas por Navidad. Es una repisa de diferentes marcas de cerveza, de todo el mundo (no, no está Ecuador, pero me tomaba mi Club cuando lo armaba). Y son 2000 piezas. DOS MIL PIEZAS. Me tomó tiempo, dedicación y, sobre todo, paciencia armarlo. Todavía recuerdo haber puesto la última pieza y fue una gran satisfacción. Y lo he estado cuidando medio año para, en cuestión de minutos, ver mi esfuerzo desmoronarse en mis manos.

He descubierto que la ansiedad es diferente en cada persona y que se me puede gatillar en cualquier momento. Hay situaciones y personas que ya sé que me la gatillan y he aprendido a manejarla. Pero ayer confirmé que siempre habrá una nueva situación. Y aunque quizá para otras personas esto pueda ser algo exagerado o dramático, para mí no lo fue. Y también he aprendido que todas las emociones son válidas. Así que ayer, la mujer de 43 años empezó a llorar. Y en este momento de solo recordarlo mis ojos vuelven a mojarse.

No sé en ustedes cómo se les da la ansiedad. A mí me bloquea. No puedo moverme. Tengo que respirar profundo, pausado. Y externamente no se me nota. Ayer me veías tranquila, intentando deslizar despacito el rompecabezas para que no se fragmentara más de lo que ya se estaba dañando. Pero las lágrimas empezaban a caer por mis mejillas. En mi cabeza se desató una discusión. Una voz decía: "no lo muevas, no hagas nada, lo estás arruinando" y otra decía: "ya empezaste, tienes que seguir, no puedes dejarlo a medias". Y como Ricardo seguía deslizándolo, yo lo hice también. 

Terminamos de hacerlo y él me vio llorando. Me abrazó y me dijo: "ahora vamos a amar otra vez las piezas que se soltaron". Pero en mi cabeza no veía eso. Sólo podía enfocarme en las piezas sueltas. Y para hacerlo más difícil, estaba de cabeza, así que TODAS las piezas eran plomas. Sólo podíamos acomodarlas en base a su forma. Yo seguía respirando. Porque dentro de mí estaba batallando con mi ansiedad. Porque sé que ella me bloquea y lo que yo debo hacer es moverme. Empezamos a armar un par de piezas pero se habían soltado demasiadas y se estaba complicando. En mi cabeza ya esto era un debacle. Se arruinó todo. De paso, ya teníamos que haber salido para almorzar con su familia por el día del padre. Y de pronto él dijo: "vamos a poner cinta en todo el rompecabezas, le damos la vuelta y podremos armarlo más fácil al tener ya las figuras y colores". Yo aceptaba todo. Pero se asomó una pequeña sonrisa en mi rostro. Porque mientras la ansiedad me quería hundir, la mente práctica de Ricardo buscaba las soluciones. Soluciones que yo no veía porque la ansiedad me nublaba la razón.

Y así, mientras Ricardo encintaba todo el rompecabezas, yo iba despacito armándolo otra vez. Llorando en silencio. Porque algo que también he aprendido es que llorar es bueno. Llorar sana. Llorar alivia. Cuando uno llora, con moquitos y todo, al final queda cansado, vacío y ligero. Pero, sobre todo, aliviado. Después de encintarlo le dimos la vuelta y, efectivamente, lo pudimos terminar de armar otra vez. Como ya lo habíamos armado antes, fue más fácil porque ya reconocíamos las piezas. Ricardo me abrazó otra vez y me dijo: "no nos íbamos a ir dejándolo así". Y yo le agradecí. En ese momento la hermana lo llamó al celular y él dijo que tuvimos un contratiempo y que ya estábamos en camino. Que le pasaran el menú para ir pidiendo. ¿Llegamos tarde? Sí y no. Depende como lo veas. Hubiésemos podido llegar antes y esperar todos juntos. Sin embargo, llegamos y al instante nos sirvieron la comida.

El resto del día estuve muy sensible. Quizá porque al ser el día del padre es inevitable pensar que el mío partió hace 18 años. También porque sé que debo vivir con esto el resto de mi vida. Me refiero a mi "querida" ansiedad. Ya después, conversando con Ricardo me dijo que él vio las piezas desmoronándose, también se frustró pero su mente empezó a buscar las soluciones. Y eso me ayudó muchísimo. Sin saberlo. Porque mientras yo estaba bloqueada él siguió. Lo cual me impulsó a mí a seguir también.

Después de un queso de coco para llevar, 2 películas, una siesta, un Cuba Libre y un vasito de morocho con empanadas de queso, Ricardo me regresó a casa. La ansiedad se quedó en el camino. Así como llegó se fue. Dejó rastro. Sí. Dejó inspiración. También. Me dejó aprendizaje.

Cuando enmarquen ese rompecabezas y lo colguemos en mi suite celebraré. Celebraré el haberlo armado, el que se haya desbaratado, gatillado mi ansiedad y el haberla vencido

¡Salud!

lunes, marzo 23, 2026

Estigma rojo.

 

Estigma = mancha

- Días.

- Porque buenos no van siendo.

  • manché las sábanas y colchón 
  • quise lavar ropa y mamá salió con "déjame lavar las cortinas"
  • de los 4 huevos, el 3ero estaba podrido así que tuve que botar los 2 primeros y volver a poner nuevos en el sartén 
  • de los nuevos huevos los estaba rompiendo aparte y uno se regó
Ese fue el mensaje que, sentada en la sala le envié a mi mejor amiga y a mi enamorado, mientras comía mi desayuno. Linda forma de empezar el lunes, ¿verdad? Luego de recibir el apoyo de ambos, empecé a desahogarme con la China:
  • Me hundiría en la cama pero no puedo porque se está secando el colchón.
  • Y estoy batallando con la adolescente de 12 años que está molesta y avergonzada de manchar la cama.
  • Brother, estoy usando tampones porque le hicieron comprar a mamá en el hospital y nunca los usé por el pañal. Yo llevo años usando copa.
  • Y estos hijueputas se van saliendo conforme se llenan de sangre. Yo no recordaba que hicieran eso.
  • Es solo sangre. Nada del otro mundo. Baja todos los meses. Es solo una mancha. Tela. Se lava y listo. Pero me desperté, sentí mojado, vi la mancha y me cabreé.
  • Es heavy el estigma del periodo.
A lo que ella respondió:
  • si, como en la mente se viene una secuencia de cosas
  • y ahora tengo que lavar, y ahora debo cambiar sábanas
  • totalmente comprensible
Y sí, toda persona que menstrúa va a entender esto. Totalmente compresible. Porque fue justamente la secuencia de cosas que tuve que hacer. Quitar las sábanas, lavar la sangre, tenderlas. Fregar la mancha en el colchón. Abrir las ventanas para que se seque. ¿Por qué me cabreo? Me pregunté temprano. Ya voy a cumplir 43 años. Y me sigue molestando una mancha de sangre. Pero es ahí que caigo en cuenta. No me cabreo por la mancha. Me cabreo por todo el estigma que nos han impuesto.

Yo misma racionalizo todo en mi desahogo anterior. Es solo una mancha. Se lava y listo. Pongo nuevas sábanas y listo. ¿Por qué exagero? ¿Las hormonas? ¡Las pinches hormonas! Esperen. ¿Estoy exagerando? Ahí viene otro estigma para nosotras. Los cambios de humor. Mi parte racional (la mujer de, casi, 43 años) está analizando todo y diciéndome que estoy exagerando pero mi parte irracional (la adolescente de 12) está emputada y avergonzada.

¿Avergonzada de algo que es COMPLETAMENTE NATURAL? Sí. Y recuerdo que hace 2 días atrás, al regreso de comprar un banco para la ducha, mi madre me vio y me dice, con tono de alarma: "mija, voltéate, estás manchada". Y yo me veo frente al espejo y, efectivamente, había manchado la batona. Ni me había dado cuenta. Pero en el instante sentí el estigma encima. ¡Qué horror! ¡Qué vergüenza! ¿Cuánta gente me habrá visto con una mancha de sangre? ¿Qué habrán pensado? Y aunque en ese momento frené el tren de pensamientos y simplemente actué, me cambié la ropa y lavé la mancha, el tono de mamá no se me ha ido del recuerdo. Porque esa ansiedad social, de preocuparse del qué dirán, sigue latente en mí. Por más que lo he trabajado en terapia.

No recuerdo a qué edad empecé a menstruar. Habrá sido 11 o 12 años. Recibí educación sexual, tanto en casa como en el colegio. No me pasó como a Luchita. Bueno, en el colegio no recuerdo mayor cosa que el funcionamiento de los órganos reproductores, fecundación, concepción, enfermedades de transmisión sexual. No me enseñaron los métodos anticonceptivos, ni hablemos de cómo poner un preservativo. ¿Y el ciclo hormonal? Disculpe: ¿Qué es eso? Eso lo tuve que aprender por mi cuenta. Y también, por mi cuenta, tuve que aprender a ponerme bien una toalla, un tampón y una copa. A "ponerme bien", para no manchar. Nuevamente, para no dejar en evidencia que me estoy desangrando. Porque nadie debe saberlo. Debo seguir con mi rutina normal. Aquí no está pasando nada. ¿Se han dado cuenta que las publicidades de toallas femeninas hacen eso? ¡Púdranse! Claro que nos está pasando algo.

Pero esto se acabó. No tengo porqué avergonzarme de mi menstruación. Es algo que nos han enseñado y, como toda enseñanza, se puede desaprender. Lo hemos visto en casa, en los centros educativos, con nuestros pares, en la televisión, en la publicidad. Basta. Basta de sentirnos acomplejadas por algo que es parte de nosotras. Y algo que es sano. Normal. Necesario. Soy una mujer sana que cada 28 días sangra. ¿Me gusta sangrar? No. ¿Pienso que deberíamos tener otro método que nos indique que no estamos fecundado una nueva vida? Sí. ¿Me gustan mis cambios de humor? No. ¿Le advierto a mi enamorado? Sí. XD

No sé por cuánto tiempo más voy a tener que pasar por esto. Por mi edad sé que ya podría estar entrando en la perimenopausia pero hasta ahora Andrés baja cada mes. Como relojito suizo. Y sé que cuando esté llegando ese nuevo tren va a venirse otra montaña rusa de emociones. Porque la ausencia de la regla es otra movida con más cambios hormonales, los famosos sofocones y no sé qué más me vendrá. ¿Ven? Nuevamente la ansiedad se quiere apoderar de mí y ya estoy armando escenarios que ni siquiera han sucedido y quizá ni sucedan. Capaz simplemente deje de menstruar y me asustaré por un tiempo hasta que me dé cuenta que el estigma rojo ha abandonado mi cuerpo.

Ahora, con su permiso, iré a poner nuevas sábanas y me acostaré en mi cama porque la adolescente de 12 años todavía quiere refunfuñar un poco más. Espero no volver a mancharla.

lunes, marzo 18, 2024

Día de m.

No es un "no te pongas así". No es un "ahí te los dejo". Es un "¿quieres hablar?". Es escuchar. Y escuchar no para responder, es escuchar para entender. Es validar. Es validar que una persona se frustra, se ofusca, se abruma. No entiende. Y quiere entender. Porque comprender es aliviar.

miércoles, marzo 29, 2023

Carta a mi depresión 2.

Querida depresión:

Ayer cumplí 40 años y fue un día donde pude fluir y volver a sentirme bien. Ayer entendí, en parte, por qué estás aquí, jodiéndome. Ayer hice ejercicio y me sentí bien. Hice videos entrenando, bailando, los subí a mis redes y me sentí bien. Me subí a mi bici y salí al centro a hacer unos trámites y me sentí súper bien. Me di dos regalos: el primero fue una renovación para cerrar un ciclo y el segundo el primer paso para iniciar otro que siempre ha sido mi pasión. Regresando a casa compré un espejo y comprobé que tengo herramientas maravillosas para conseguir lo que quiero: una hermosa sonrisa, una buena actitud y la confianza en la bondad de la gente. Ayer callé esa vocecita que me la han inculcado desde pequeña y que me dice que no puedo, que no soy capaz, que confío mucho en la gente y que debo pensar con malicia. Ayer soplé una vela y pedí un deseo. Ayer recibí felicitaciones de las personas que me quieren. Recibí palabras de aliento, de apoyo. Ayer no me sentí sola.

Porque no estoy sola.

Depresión, estás aquí para hacerme ver lo valiosa que es mi vida. Lo importante que es hacer lo que amo, lo que me inspira, lo que me llena. Lo necesario que es SER quien soy. Con toda mi fuerza y pasión. Y que no tengo que complacer a todos. Que debo rodearme de personas que me aporten, me sumen y vibren conmigo. Y el resto que siga su camino. Y si no les gusta, jódanse. Allá ellos.

Estoy aquí por un motivo. Y si en este momento me siento sin rumbo o que no tengo propósito no estoy perdida. Sólo estoy parada en una parte del sendero donde se dibujan distintos caminos. Tengo que elegir uno nuevo y avanzar. Moverme. Porque lo que no se mueve se estanca, lo que se estanca se pudre y lo que se pudre muere.

Tengo tantas razones para estar agradecida.

Voy a salir de esto. Lo sé. Confío en mí.

Depresión, no sé cuánto tiempo más vas a estar conviviendo aquí pero no te acomodes tanto.

Fuente: Goodbye Depression.


lunes, marzo 27, 2023

Carta a mi depresión.

Hola, depresión. No te pregunto cómo estás porque sé que estás bien. Bien instalada. Y eso, aunque para ti esté bien para mí está mal. ¿No has escuchado esa frase que dice que el muerto a los 3 días apesta? Bueno, tú llevas más tiempo aquí. Y sí, apestas. Por eso he decidido escribirte esta carta. Darte forma. Hablarte directo. 

Dime, depresión: ¿Qué quieres de mí? ¿Qué quieres enseñarme? ¿Qué debo aprender? ¿Cómo trabajo contigo para hacerte desaparecer? Estás aquí por un motivo. La bendita crisis de la mediana edad. Y claro, se me juntaron varias crisis en el mismo momento y a veces siento que no puedo más. De pronto un día estoy bien, al siguiente también pero luego de un par de días más, vuelves a aparecer. Me ciclo. Me meto al bucle. Al menos hoy, hoy salí más rápido. Estoy aquí escribiendo estas líneas, hice ejercicio, limpié la suite. Lloré, sí. Me sentí en la mierda, sí. Me siento incapaz, también. Pero ahora le estoy diciendo a esa vocecita interior que me boicotea: "¡Vete a la mierda!" Y pintando un mandala puedo hacer un juego de palabras y decir: "Mándala a la mierda".

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INICIO DEL BUCLE.

16 - marzo - 2023

Escribir para fluir. Para soltar. Desahogar. Deshacerme. 

¿Dónde estoy? Quiero que regrese ese antiguo yo. Estable. Alegre. Armonioso. Positivo.

Ahora soy más yo. Más auténtica. Más real. Quiero resurgir. Florecer. Combinar esa alegría que tenía con mi nueva versión.

Me abrumo. Me anulo. Me lleno de peros. De miedos. ¿Quién soy? ¿Qué quiero?

Apagada. Triste. Melancólica. Deprimida. Aguada. Desanimada. Lánguida. Perdida. Desorientada. Desubicada. Sin rumbo. Sin norte. Ni sur. No soy. No estoy.

Hombros caídos. Rostro triste. No sé qué hacer para encontrarme. Mi esencia se fue. Se diluyó. Siento que morí. Me estoy consumiendo. Extinguiendo. Adiós.

¿Renaceré? ¿Resurgiré? ¿Volveré?

Me extraño. Me hago falta. Me quiero de regreso.

Y lloro. Por todo. Y lloro. Estoy cansada.

Vuelve a mí, por favor.

Kernel panic.

FIN DEL BUCLE.

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Sé que voy a salir de este estado. Aquí estoy. Confío en mí. Soy capaz. No sé cuándo. Creo que sé cómo. Pero me faltan herramientas todavía. Y ayuda. Necesito ayuda.

La depresión tiene muchas caras.

Confía, Diana. Confía. Escúchate. Sé que estás ahí, aquí. No me he ido. No me he apagado. No me he perdido. Sólo estoy nublada. 

Respira.

Respira.

Respira.

Fuente: Kitty Beaumont Bouchet, (AKA the Depression Kitty). Big Mouth

miércoles, octubre 13, 2021

Tender la cama.

Hoy desperté desganada. La alarma del novio sigue sonando de lunes a viernes, así que por más que no quiera despertar temprano, toca hacerlo. Hoy creo que ni siquiera la escuché. O estaba tan profundamente dormida que no me afectó. Sé que no abrí los ojos y seguí dormitando. A fin de cuentas no tengo que ir a un trabajo ni marcar entrada en un biométrico, así que no importa si sigo en cama.

Hoy es, o fue, uno de esos días en que no quiero, quería, salir de la cama. ¿Cómo lo sé? Porque ni siquiera quiero tenderla. El novio se dio cuenta. ¿Cómo? Yo soy una "morning person". Apenas me despierto me activo y ya soy un ente útil para la sociedad. Él, en cambio, necesita procesar el hecho de haberse despertado en contra de su voluntad. Por ende yo soy la que se levanta de una y empieza su rutina matutina: preparo el desayuno y me equipo para ir al gimnasio. Hoy no fue así. Hoy no quería hacer nada. Cuando volví a abrir los ojos, sumergida en mis pensamientos negativos, encontré mi jarro con café recién pasado encima de mi velador. Un acto de amor. 💓

No sé si han visto el video del discurso motivacional del Almirante que empieza hablando de la importancia de tender tu cama. En caso de no ubicarlo, dense una vueltica y véanlo.


Me identifico plenamente con ese sentir: empezar mi día con un acto tan simple como tender la cama es algo que me hace sentir bien conmigo misma. Y es por eso que me doy cuenta que estoy en un bajón de mi montaña rusa emocional. Cuando no quiero hacerlo. Sin embargo trato de no estancarme o quedarme mucho tiempo abajo y volver a subir.

Estar sin trabajo me desanima. Porque no me siento útil. Es ahí cuando la mente me boicotea. Porque sé que soy valiosa, pilas, y un gran aporte para cualquier empresa que me contrate. Pero no, la vocecita bandida esa dentro de mi mente me cuchichea y jode. "Quédate acostada. No hagas nada". Y no vengo a darles el secreto o la solución para que no les pase lo mismo. No la tengo. Sólo vengo a contarles mi sentir. Mi experiencia. Es como si nos estuviéramos tomando un café y me preguntaras qué tal mi día.

¿Qué tal mi día?

Fui tarde al gimnasio. Pero fui. El profe ya me conoce cuando tengo pereza, porque le envío un emoji específico, y me anima para que vaya a entrenar.

Hice unas compritas para la cena de hoy. Y mientras escribo esto, un pollo está dorándose en el horno.

Terminé de ver Inside Pixar. ¿Dónde aplico para trabajar con ellos?

Le escribí a dos contactos informándoles que estoy buscando trabajo y les hice llegar mi hoja de vida.

Y claro, tendí la cama. Y verla así, me calma. Me da paz. 

Hoy no ha sido un día grandioso. Y está bien. No todos los días son iguales ni fantásticos ni tienen que ser excelentes. Sáquese ese falso positivismo que te dice que siempre debes estar feliz. Está bien sentirse miserable a veces. Desmotivado. Desganado. Pero a final de cuentas depende de ti en qué emoción vas a quedarte. O cuál va a prevalecer. He tenido días mejores y peores. Hoy ha sido un día común y corriente de una mujer de 38 años que vive en Ecuador y está actualmente desempleada. Quizá mañana sea mejor. Espero que no sea peor.

Pero aunque se lea tonto, tendí la cama.

lunes, abril 24, 2017

Tu luz.

Pobre lunes. Es el día con la peor reputación de la semana. Y para colmo él ni tiene la culpa. Le tocó el calendario así y punto.

Yo tampoco quiero culparlo. Pero llego al terminal, avanzo a ver mi bici y, la falla: tubo bajo.

No saben cómo me puede cambiar el ánimo un tubo desinflado... Porque resulta que tengo todo programado, el tiempo medido, la ruta trazada, y un percance así me trastoca todo. 

Mi mente empezó a disparar ideas: "No te ofusques, Diana, sé práctica. Deja la bici, después te encargas de ella. Debes ir a la dentista. Mueve".

Y refunfuñando entre dientes avancé a la parada de buses.

Luego de esperar media hora en la sala de espera, salgo de la cita con una tercera dentista y un nuevo diagnóstico de mi hipersensibilidad. Tener meses sin poder tomar cosas frías no es nada agradable. 

Paga y avanza. No me jodas más, lunes.

Pero mientras esperaba la luz del semáforo para cruzar, veo pasar la única buseta que me avanzaba a casa. Buseta que volvería a pasar en, mínimo, 15 minutos. Y estaba empezando a llover.

Lunes, modérate.

Cruza y espera. Y espera. Y sigue esperando. Hasta que llegó. Al subir me topo con un cantante que entonaba en su guitarra las últimas notas de "Mi plegaria", y me senté canturreando. No pude evitar pensar en papá.

La buseta avanzaba y en Urdesa veo que llovía más fuerte. Yo sin paraguas, impermeable, nada. 

El lunes se había asociado con San Pedro...

Bájate en Ilanes y camina. Ya, te vas a mojar, qué más da. Camina.

Y camina.

Y sigue caminando.

Y  con mi mente frustrada, pensando en cómo rescatar mi bici, llevando en la mochila el nuevo uniforme de un trabajo que ya no me llena, el libro del curso de lenguaje de señas que se podía estar mojando, los frascos para las muestras de los exámenes que debo hacerme mañana en ayunas, lo que significa madrugar más de lo que ya madrugo para llegar al hospital antes de las 8, pastas de dientes, eliminar cosas ácidas, rogar que esta sea la solución para no tener que hacerme otro tratamiento conducto, mojándome, mojándome, mojándome, y de repente:


Un farol se prende justo encima mío.

Y veo arriba, su luz, su haz cayéndome, irradiándome, iluminándome. Y sonreí. Dejé de pensar en tantas huevadas y sonreí. Vi las gotas cayendo, iluminadas también. Recordé que de chiquita me encantaba mojarme en la lluvia. Cuando escuchaba llover salía corriendo al patio a mojarme. A bailar, a jugar, a saltar.

Seguí caminando con otra actitud. Aceptando. Recordando que hay cosas que puedo controlar, y otras que no. Y el truco es aprender a lidiar con eso. A aflojar, a ceder, a soltar. A arreglárselas y seguir avanzando. A encontrar la solución.

A mojarse.

Y así llegué a casa. Sin bici, mojada, y contenta.


Si en la noche azul,
Oyes el eco enamorado de mi voz,
Escúchalo, mi bien,
Escúchalo, mi bien,
Que es para ti.

lunes, septiembre 12, 2016

Boggart.

Creo que la inspiración para este escrito me ha llegado de a poquito. Como por tandas. Porque llevo tiempo pensando en escribirlo pero no me terminaba a decidir por donde empezarlo. Y es que llevo así ya un buen tiempo: sin saber qué hacer, cómo empezar. Con el escrito, y con mi vida. ¡Deténganme el paseo que perdí la dirección! 

¿No les pasa que se ven al espejo y no les gusta el reflejo? Y por más que de afuera te lleguen mensajes positivos tu mente te boicotea. Y ni los halagos, las vacaciones, la sonrisa, el positivismo, ni los mensajes del universo te sacan de aquel estado depresivo en el que solita te metiste. Un hueco que he ido cavando poco a poco, sin darme cuenta, y en el que me he metido. Y ahora, desde adentro, miro hacia arriba y pienso: "¿qué chucha pasó?" 

Así que ahora tengo que salir. Solita. Tal cual como entré, empezar a escalar y volver a subir. 

Porque estoy emputada de estar así. 

Este subidón emocional me tiene hastiada. No estoy contenta, estoy perdiendo tiempo, energía, vida. Y sé que todo depende de mí. 

No estoy a gusto conmigo mismo. En este momento no me gusto. Y lo peor es que me refugio en la comida. Y debo cerrarme la boca para no bajarme más fundas de papas. Y me engordo. Y, ¡oh no!, volvemos a hincar esa espinita del sobrepeso. 

Es impresionante como sucumbes a algo que sabes te está haciendo daño. 

Por eso ahora necesito escribirlo. Sacarlo. Plasmarlo en algo físico, que no se queden como ideas dando vueltas en mi cabeza. Algo así como el bicho ese de Harry Potter que adopta tu temor más grande. Lo siento, no tengo Google en este momento para buscar su nombre. Pero necesito invocar mi patronus YA. Porque solita me estoy jodiendo. 

Y así con este revoltillo de... Esperen, acabo de recordar que tengo una pequeña botellita de vino que calza perfecto aquí. 




Disculpen la interrupción. He vuelto. (Manía mía de escribir para un público). 

No puedo querer si no me quiero.
No puedo dar lo que no tengo. 
No puedo buscar un "somos" si no "soy". 

Diana (ahora me hablo a mí misma), hazte, hazme, haznos el favor de sacudirte de una vez por todas de esta montaña rusa emocional y encontrar la solución. Volvamos a tener ese equilibrio, esa armonía. Paz interior. 

Porque debo creer en mí. 
Porque soy fuerte. 
Soy capaz. 
Soy humana. 
Está bien llorar. 
Está bien perderse. 
Está bien. 
Estoy bien. 
Quiero estar bien. 
Voy a estar bien.

miércoles, junio 22, 2016

Trío de mi vida.

A veces lloro en el savasana. Tampoco a moco tendido, pero ya han habido algunas ocasiones en que ese momento en que me siento extenuada, y a la vez en paz, Desi o Rafa dicen algo que hace clic en mí y las lágrimas empiezan a brotar. 

Hoy volvió a ocurrir.

Puedo extraer fragmentos tales como "sé la mejor versión de ti", "libérate de esas mochilas emocionales", "hagamos un mejor Guayaquil", "expandamos conciencia", "tú mismo eres tu propio maestro", "somos seres de luz". Y así, agotada, sudada, inhalando vida, y exhalando calma, mi cuerpo empieza a vibrar y lloro. Y una sonrisa se dibuja en mi rostro.

Hoy tuve que levantarme y abrazarte, Rafa. Y darte las gracias. Porque llevo casi 2 meses sin practicar yoga, y hoy renové mi amor por esta disciplina que llegó a mi vida. Y no vengo aquí a contarles los beneficios del yoga. Vengo a contarles lo que ha hecho en mí. No puedo decir que ha cambiado mi vida, pero sí la ha modificado. Y para bien.

El yoga, Narices Rojas, y el veganismo. Se han convertido en un lindo trío que me sostiene en el campo emocional y espiritual.

A lo largo de mi vida he practicado muchísimas disciplinas deportivas. Amo hacer ejercicio. Y todos siempre han sido de alto impacto. Correr, saltar, trepar, pelear. Al yoga no le paraba bola. Me parecía aburrido. Hasta que un día decidí intentarlo. Qué equivocada estaba. Creo que lo que más rescato del yoga es que además de trabajar mi cuerpo, trabajo mi mente, mi alma. Encuentro una armonía, interna (conmigo mismo), y externa (el mundo que me rodea). Cualquier otro ejercicio que hacía, al final podía terminar muerta, y ya. Era sólo una muerte corporal. Muscular. El yoga siento que va más allá. Me conecta. Y desconecta. Me enraíza a la tierra y a la vez me eleva. Sí, parece que ya estoy aquí cantinfleando, disculpen. Pero es lo que me hace sentir. Me hace sentirme parte de un todo. Luchar contra mis propios boicots mentales (sí, ya les puse nombre a los bandidos). Porque muchas trabas están en nuestra cabeza. Nos llenamos la vida de "peros".

El veganismo llegó a mi vida en un viaje en bus. Con sólo ver un vídeo de apenas 5 minutos donde te muestran todo el proceso para que llegue un vaso de leche a tu mesa, fue el gatillo que necesitaba para dejar de comer animales. No se preocupen, no voy a meterme a discutir los pros y contras, ni a incitarlos a que se hagan veganos, ni nada por el estilo. Tal cual como el yoga, sólo contarles el cambio que ha suscitado en mi vida. 

Me siento más feliz ahora. Y al igual que el yoga, más conectada con el mundo que me rodea. El mundo animal, en este caso. Ando lanzando besitos a perros y gatos en la calle (hasta un par "me lanzan los perros" y empiezan a ladrar y perseguirme, por lo que toca acelerar la pedaleada), y ha crecido en mí un amor inexplicable por los chanchitos. A lo mejor y es porque en el horóscopo chino soy el cerdo, o me enamoré del chanchito que bailaba "work, work, work, work" de Rihanna. 

Un amigo en una conversación me comentó algo que me pareció interesante. Me dijo que él quería dejar de sufrir, y para eso se dio cuenta que en primer lugar no debía causar sufrimiento a otros. Y eso lo llevó a dejar de comer carne. Comparto ese pensamiento.

Y a veces me molesta que me jodan con bromas, burlándose de mi decisión. Prefiero no seguirles el juego. Luego recuerdo que yo también hago bromas, religión por ejemplo. Y caigo en cuenta que hago exactamente lo mismo. Burlarme de una forma de pensar diferente a la mía. La acepto, sí, pero me mofo. A veces creo que hago demasiado bullying. Y me escudo diciendo que mi cariño es así de pastuzo, y si te jodo, es porque te quiero.

Cha, creo que ya los agarré de psicólogos...

¿Y Narices Rojas? Uuuufff, Narices Rojas hace rato cambió mi vida. Ya les he dedicado algunos posts. Esa naricita roja tan pequeñita ha hecho en mí maravillas inmensas. Aceptarme, amarme, comprenderme, perdonarme. Me ha enseñado a reírme de mí misma, a no juzgarme (tanto), a no criticarme (tanto). A decirme: "así soy yo, y así me amo". Ojo, no significa que me cuelgue en mis defectos y si debo cambiar algo no lo haga. Pero me ha enseñado a no ser tan severa conmigo misma. Y a reír, reír, llorar, abrazar. A sacar todo. A llenarme de vida, de alegría. Si pudiera (si me atreviera), dejaría todo y me metería de cabeza en la fundación. Eso, una hostal, y un albergue para animales de la calle. 

Pero ahí viene el boicot mental.

Si me atreviera...

Ay, mona, déjate de huevadas y sal de una vez de tu zona de confort. Pero eso será tema para otro post. Miren, ya son casi las 12 y hace rato debería estar durmiendo.

Trío de mi vida: ¡gracias!

viernes, julio 31, 2015

Las fronteras están en nuestra mente.

El sábado pasado participé de un hermoso taller en La casa de mis padres, sobre escritura y sanación interior. Allí, un grupo de desconocidos nos abrimos y compartimos nuestros miedos, sueños, anhelos. Algunos lloramos, también nos reímos (ambas manifestaciones provienen del mismo lugar), y simplemente estuvimos. Fuimos. Hubo 3 ejercicios de escritura, muy íntimos, muy lindos. Pero algo ahí, esa tarde, despertó. Como nos dijo Marcela, a partir de ese día, algo iba a germinar en nosotros.

Bueno, en mi caso lleva germinando hace ya un buen tiempo, sólo que no lo dejo florecer. ¿Pero han visto cómo la naturaleza se abre paso a través del concreto?


Eso está sucediendo en mí.

¿Y ahora? Ya basta:

Ya basta de seguir perdiendo mi tiempo en un lugar donde no estoy satisfecha.
Ya basta de seguir estancada en mi zona de confort.
Ya basta de seguir esperando a que se decida y tome la decisión. Ya sea de estar conmigo o no.
Ya basta de seguir preguntándome dónde está el hombre de mi vida.
Ya basta de seguir permitiendo que otros gobiernen mi vida.
Ya basta de seguir postergando mis sueños.
Ya basta de no meterme a clases de danza.
Ya basta de no viajar.
Ya basta de no bailar.
Ya basta de querer tener un cuerpo perfecto.
Ya basta de hacer dieta.
Ya basta de tratar de encajar en el sistema.
Ya basta de dejar de hacer lo que quiero hacer, por no dejarla sola, por no irme en su contra.
Ya basta de querer ser. Es hora de ser.

Este texto fue uno de los tres ejercicios que hicimos. Ligeramente editado, porque tampoco voy a darles detalles. Fue algo íntimo les puse más arriba, no sean sapos. Sea como sea, fue un ejercicio liberador. Les invito a probarlo. Claro, ahora necesito uno de esos aparatos que ponen afuera de ciertas tiendas donde van pasando las palabras, ¿cómo se llaman? Bueno, poner uno de esos en mi cuarto para que cada tanto pasen estas frases y así no dejarlas en el cuaderno. O en mi mente, también puedo instalar uno de esos ahí.


Así que ahora me vuelvo a repetir la pregunta: ¿Y ahora?

Pues ahora a romper esas fronteras mentales. Como dice el título del post. El asunto aquí es dejar de limitarme. Tal como la naturaleza se abre paso ante algo tan fuerte como el cemento, siendo algo tan delicado como una planta. Pero la naturaleza es sabia y busca la forma.

No limitarme. No quedarme.



"La vida es así, de frágil y fugaz, y a veces se nos olvida".

sábado, julio 25, 2015

Somos los mismos envueltos en novedad.

Estas últimas semanas me ha tocado hacer una serie de cosas las cuales me han hecho evocar recuerdos del pasado. Recuerdos alegres, y otros que no te hacen sonreír. O al menos te sacan un: "sí que puedes ser bruta a veces, Diana". Y sí, todavía me queda mucho por aprender. 

Todo empieza de la forma más inocente. Tienes que hacer un trámite, y ¡zas! 3 días enteros se te fueron en eso.

Y sumemos a eso nuestra querida y, a la vez, condenada memoria. Aquella que cuando le conviene te oculta información, y cuando le apetece te la arroja toda y te sirve un banquete de recuerdos. Te coloca la servilleta, los cubiertos y se sienta frente a ti con los brazos abiertos, y con una gran sonrisa te invita a comer. 

Es impresionante nuestro cerebro. Un solo detalle puede desencadenar un oleaje irrefrenable de recuerdos. Y ahí te toca salir a flote, o ahogarte en ellos.

Ahora, a mitad de año, me siento desorientada. En este preciso momento no sé qué hacer con mi vida. La típica pregunta de "¿cómo te ves de aquí a 5 años?" ni se les ocurra hacérmela, porque no tendría respuesta. En este momento vivo el día a día, encuentro motivos para agradecer (porque hay y bastantes), sonrío, disfruto. Pero al final del día, cuando cae la noche, en la oscuridad de mi cuarto, antes de quedarme dormida, una voz en mi cabeza pregunta: "¿Y mañana, qué? ¿Y la otra semana? ¿El otro año? ¿Qué?" Es como haber perdido el rumbo, el norte, el objetivo. En este momento me siento a la deriva. Tengo el timón entre mis manos pero no sé a dónde ir.

¿Pido ayuda? ¿A quién? La respuesta está en mí. Lo sé. Tengo que encontrarla.

El asunto es que no me gusta sentirme así. En una rutina depresiva de madrugar, hacer ejercicio, prepararse, salir al trabajo, trabajar, volver a casa, bañarse, arreglar todo para el día siguiente, revisar Internet, a dormir. Al día siguiente lo mismo. El siguiente, lo mismo. El siguiente, ya saben. El siguiente, no, ese es sábado, jajajajajaja.

A lo mejor y nuevamente le estoy metiendo mucha cabeza. Nada, jefe chulo, sigo mascando y mascando. Y confieso que casi que sé cuál es la salida, pero no me atrevo todavía a tomarla. Porque no hay retorno. Pero por otro lado, no quiero retornar. ¿Seguir así, desperdiciándome? Ayer esperando un taxi, una chica frente a mí tenía un tatuaje en el brazo que decía: "Every wasted day becomes a wasted chance". Me lo quedé viendo, como si fuese una señal.

Sé que debo volver a enrumbarme. ¿Y si eso implica ver hacia atrás? ¿Otra oportunidad? También me pregunto si hemos cambiado, crecido, y esta vez funcionará. O como dice Bosé, somos los mismos envueltos en novedad. Ya lo dije, somos tercos. O el universo lo es también. Puedes creer que después de tantos años me vuelvo a preguntar, ¿eres tú?. Ya pues, hasta cuándo, universo. Esto ya se parece al cuento del gallo pelón. Aquella cantaleta con la que nos torturaban los adultos.

¿Qué debo hacer? Salir. Moverme. No quedarme estancada. Como el agua, si se queda quieta, se pudre. Como el fuego, necesito oxígeno. No encerrarme. Sentir. Aceptar. Ser y estar. Pero se me mezcla todo. Me ato y desato. Ay, por Baco, trato de descifrarme y solita me hago un rompecabezas.

Aquí hace falta una buena zamarreada.

martes, noviembre 11, 2014

La incongruencia.

La cabeza, el corazón, la vagina. No siempre se ponen de acuerdo. A veces parezco hombre, un par de días al mes me pongo demasiado mujer. Muchas veces no me comprendo. Parece que con el tiempo me he puesto muy exigente y no me atrae cualquiera. O como bien me dijo una amiga: "no hay huevo que te calce". Así de linda es ella. Pero luego leo a Walter Riso y resulta que no debo conformarme con cualquier pendejo. Y así ando, deseando un macho que me calce (no sólo el huevo debe hacerlo). ¿Y qué macho quiero? Chuta, ya he escrito algunos posts al respecto. ¿Dónde está el susodicho? Si lo conocen, no sean mal dato, presenten.

Sí. Estoy feliz soltera. Y prefiero seguir soltera a juntarme con alguien que no me complemente. Bien dice el dicho, "más vale solo que mal acompañado". Sin embargo confieso que ando con ganas de enamorarme. De pensarlo y sonreír. Que me digan "te quiero". Planificar cosas juntos. Admirarnos, apoyarnos. Tener esas largas conversaciones, donde se hable de todo un poco. Conocernos. Mandarnos a la mierda, disculparnos. Tener un amigo, amante, enamorado.

Damas y caballeros, público presente, estoy con la regla, se viene un arrebato de estrógeno.

El asunto aquí es que una está tranquila, esperando a que en algún momento aparezca el susodicho. Pero está también la carne, las ganas, el deseo, la quesura, mijita, la quesura. Uno tiene necesidades... Eso sonó como hombre. Pero dejémonos de comentarios machistas. Tanto hombres como mujeres tenemos las mismas necesidades sexuales. Y sí, me gusta el sexo. No se hagan, chicas, a todas. Entonces una se pone a veces más arrecha de lo normal, y zas, busca defogar. ¿Y después? Cada uno por su camino. A la larga eso ya cansa. Como acabo de decirle a un pana: "no quiero tirar y ya, quiero tirar con feeling". El vernos a los ojos y sentir que hay una conexión que vas más allá de la parte física. Porque el cuerpo se va. Uno llega al clímax, y esa sensación orgásmica se desvanece de a poco. Pero si hay algo más, eso queda.

Ay, bendita regla...

Claro, una aquí está rica, entonces el hombre te ve y te quiere entrar. Y no niego que me gusta sentirme deseada. Me encanta. Pero quiero más que un simple "cuerpeo" (como lo clasifica otra amiga). Es fácil agarrar, acostarse con alguien, y ya. Salen esas propuestas. También sale por ahí uno que otro que quiere algo serio. Pero no cuadran. Y los despacho (por eso mi amiga me chantó lo del huevo. Yo, la exigente). Por otro lado puede que algunos no se atrevan a intentar algo serio conmigo porque saben que aspiro alto (ahí mi amiga y Walter Riso no están de acuerdo) Además, hablo de sexo sin ningún tapujo, soy machona, zángana, jodona, descomplicada, y digo las cosas de frente, sin tanto drama. Así que sé que todo esto hace que puedan verme como alguien con quien pueden intentar un vacile y ya.

¿Y yo? ¿Qué quiero? Quiero alguien con quien planificar un futuro. Viajar. Ir al teatro, al cine. Salir con amigos en común. O simplemente quedarnos en casa, viendo una película, escuchando música, comiendo. O simplemente cada uno por su lado, en su patín. Extrañarnos. Corregirnos. Que se cabree con mi necedad. Pero que me tenga paciencia, por favor. Que sepa mis antojos, y que soy maricona para el dolor de estómago. Que me encantan los niños, pero me irritan los malcriados y peor si hacen berrinches. Que soy amante del chocolate, los viajes por carretera, tragona, irritante, desvergonzada. Me gustan los deportes de aventura, soy engreída, a veces inoportuna, e impulsiva.

Entonces así me encuentro, buscando, esperando, deseando, sin encontrar. Encontrarme, encontrarnos. En algún momento nos encontraremos. Sigo creyendo.

viernes, septiembre 19, 2014

Descanso médico.

Ya sabemos que un pequeño golpecito puede cambiarte la vida en una milésima de segundo. Y aquí estoy yo, otra vez, postrada en cama, gracias a que mi querido dedo se dio duro contra un fierro y se fracturó el hueso. 

¿Dolió? ¡Ayayai! No se imaginan. Bueno, confieso que en ese momento dolió lo suficiente para detenerme, evaluar la situación, y seguir con el wod (jajajajajaja, sí, sí, aquí deberán recordar que esta mona es masoquista y tiende a minimizar los dolores). Pero después de una hamburguesa, una ducha, y linimento olímpico, seguía doliendo. No alargo el asunto, hospital, rayos x, fractura del dedo gordo. Reposo médico. 

2 semanas de pasar acostada con la pata alzada y moverse lo estrictamente necesario, para mí, puede ser una agonía. Chao bici, trote, crossfit, competencias, etc. Hola Netflix, Facebook, Instagram, Twitter, Internet, tv cable, etc. Ya saben, hay que verle el lado positivo a todo.

Han sido 2 semanas interesantes. He descansado todo el cansancio que he venido acumulando estos últimos meses. Lo que significa que tengo un cúmulo de energía que está listecita para estallar. Ya está burbujeando dentro de mí. También he honrado a Baco y aunque he seguido una alimentación sana, confieso que he pecado y me he embutido de alimentos no muy sanos pero sí muy ricos. Oh sí, cuando tenga luz verde para volver a hacer ejercicio voy a meterle con todo. Han sido días en que he pensado mucho, analizado mi vida y la situación actual en la que me encuentro.

¿Saben? Justo antes del accidente, iba a asistir a un taller que prometía mucho. Sentía que iba a ser un cambio o un gatillo para poder salir de una especie de bache emocional en el que me encuentro. Estaba muy emocionada. Y fui al crossfit con una pereza maldita. No quería entrenar esa noche. Luego del golpe entendí aquella frase que dice: "la pereza es la madre de todos los vicios, y como toda madre, hay que respetarla". Y fue que yo, por irrespetuosa, me di en el dedo. Y aquella insignificancia me derrumbó todo. Se fue el taller, no pude ir a la competencia de 6k, y he pasado enclaustrada en casa.

Pero resulta que no debo depender de algo externo para salir del hueco en el que estoy. Soy yo la responsable. Todavía me pregunto qué estoy haciendo. Y me río de mí misma, por cojuda y por cobarde. Por cómoda, por conformista. Porque sé lo que estoy haciendo mal y lo sigo haciendo. Porque me estoy desperdiciando, y perdiendo tiempo valioso. Porque sé que puedo ser más feliz. Me estoy preguntando "¿qué estás esperando, Diana?" Es esa comodidad, esa falsa seguridad. El no querer salir de la zona de confort. Pensar que desperté a las 2 de la madrugada un sábado con un dolor insoportable, y me las arreglé para agarrar un taxi y hacerme ver el dedo al otro extremo de la ciudad, pero no me atrevo a mandar todo al cuerno y enrumbar mi vida en un camino que verdaderamente me haga feliz.

¡Cobarde!

Y sonrío. En este preciso momento estoy sonriendo. Irónicamente, imagino.

Ahora sólo quiero poder caminar otra vez. Que el doc me vea la pata y me diga que ya puedo apoyar el pie.

A lo mejor y empiezo a caminar, y caminar, y caminar, y me voy de largo.

Adiós.

miércoles, junio 18, 2014

Nadie más que yo.

Y fue cuestión de escuchar los primeros acordes de esa canción para acordarme de ti. Bueno, papá, debo confesar que esta canción primero se la dediqué a un ex. Y hace mucho, mucho tiempo que no la había vuelto a escuchar. Pero ahora, en pleno trabajo, le suena el celular a un cliente y, ¡zas! Esa canción. Y la letra se me vino encima como una ola. Una gran, gran ola de sentimientos. Porque te me fuiste con el mar. Y esta hermosa canción habla justamente de un amor marino. Y así, se me enjugaron los ojos. Empecé a cantar bajito, bien bajito la canción. Suerte ya era casi el último cliente, y así pude seguir sintiendo. Bajito, otra vez bajito.

Y es que no habrá nadie que te quiera más que yo...

No es justo que luego de 6 años siga llorando. Pero hay que ser sinceros, voy a seguir llorando toda la vida. Pero tranquilo, tranquilo, lloro y río al mismo tiempo. Aprendí que ambas manifestaciones vienen del mismo lugar, así que no te preocupes. Porque las lágrimas ruedan y la risa sale también.

Tengo ganas de irme. A donde sea. Solo irme. Siempre digo que estoy cansada, pero contenta. Sin embargo, últimamente, creo que estoy más cansada que contenta. Y así no vale, ¿verdad? Vos bien lo sabes. Si no hay pasión, ¿pa qué seguir? Pero quiero seguir. Porque no es justo que por decisiones de otros, tengamos que pagar muchos. Decisiones que no comprendo su proceder. Su razón. Ay, Diana, esta manía de salirse del molde, el esquema, el sistema.

Esas ganas de empezar. En otro lado. ¡Agarro la bici y me largo! ¡Yeeiiii! La verdad que es relativamente sencillo. Pero, por lo visto, la mariconada me gana. Y las responsabilidades, el futuro, los objetivos. Sí... sí... la mariconada.

Ah no, ahora escuchando a Viejo Napo. Ahora sí me fui a la mierda. Para colmo, comiendo tus galletas de coco favoritas. A esto, público presente, se le llamo ma-so-quis-mo. Y me río, tranquilo, que me estoy riendo.

Si no estoy, quiero que sepas que te quiero. Así me voy, corazón de marinero.

Esperemos que esto sea tan solo una fase. Porque quiero volver a despertarme y estar contenta de salir de casa. Con esas ganas de comerme el mundo. Por lo menos día a día busco la forma de no dejarme agobiar. Y es así como salen los patacones, la tortilla de huevos, y los cachos a la pelada. No señor sistema, no vas a ganar. No conmigo. Sé que el rumbo que tome mi vida depende de mí, de mis decisiones, de mi actitud. Y con eso, no puedes batallar. Estos 31 años no han pasado en vano.

Cuando pienses en mí, encuéntrame en las cosas más sencillas.

jueves, enero 23, 2014

Ven.

Ven y abrázame hasta quedarme dormida.

Aunque ahora que lo pienso, hace calor como para dormir abrazados. Pero igual, quédate cerca, toma mi mano. Que tu rostro sea lo último que vean mis ojos. Y sonreír, justo antes de quedarme dormida. Con tu recuerdo, con tu cariño.

Tu corazón latiendo junto al mío. Un ritmo tan conocido, tan tuyo, tan mío. 

Caer despacio en ese mundo, donde somos y dejamos de ser. Donde volamos, y muchas veces, empezamos a caer. Aquel lugar donde los sueños se hacen realidad. Y me dejo llevar. De tu mano, a donde sea.

Vamos. Ven. Vámonos. Nos fuimos.

Sonríe, y digamos "adiós". 

Hasta mañana, donde sea que estés...

Adiós.

domingo, junio 02, 2013

Quiero.


Quiero alguien loco como yo.
Que le guste planificar, y que también despierte un sábado sin planes y diga: "vámonos a la playa".
Que le guste que sea payasa. Y que ande en bici conmigo. Que haga ejercicio, y le guste estar en forma.
Que baile. Se coma mi comida. Y diga que está riquísima.
Que diga que yo estoy riquísima. Que me haga sentir una reina, una princesa, una puta en la cama. Que me coquetee, me diga que hoy estoy guapa. Y cuando algo no me asiente, me lo diga. Que se deje de huevadas, si ese jean me aplasta la nalga, dígalo.
Que sea un atrevido. Que me agarre la nalga en público, cuando nadie nos esté viendo.
Que despierte en la madrugada cachondo, y me haga el amor. Eso sí, no todas las noches. Quiero dormir, por favor.
Quiero alguien hogareño. Pasar un finde encerrados en casa. Descansando, viendo una peli. O cada uno por su lado.
Que comprenda mis manías, y me las goce. Sí, porque parece que soy obsesiva-compulsiva. Pero de las buenas -hasta ahora-, tranquilidad.
Quiero alguien que me abrace. Me bese la punta de la nariz, acaricie mi rostro, me rasque la espalda.
Quiero que me haga reír. Que me joda, me moleste, me saque de quicio. 
Quiero que me maltraten con cariño. Sí, también tiendo a ser sadomasoquista. No me pegues, que me enamoro.
Quiero alguien que no fume, ni use drogas, y beba cuando la ocasión lo amerita. Alguien que no necesite alcohol para divertirse.
Quiero alguien que escriba correctamente. No tiene que ser un grammarnazi como yo, pero las faltas ortográficas no van conmigo.
Quiero alguien que cometa errores, que los acepte, se disculpe, y trate de no volverlos a cometer. 
Quiero alguien con quien aprender.
Quiero alguien a quien admirar. De quien sentirme orgullosa, por estar a su lado. Alguien que crezca, y quiera ser mejor persona. Alguien que me apoye, me ayude, y me bote al vacío, cuando vea que estoy lista para volar.
Quiero pasión, quiero lujuria, quiero locura.
Quiero alguien maduro, responsable, trabajador. No quiero que se pudra en plata. Ni mansiones, 3 carros, y 2 piscinas. 
Quiero alguien sencillo, que no se complique por las puras. 
Quiero alguien seguro, independiente. Que no se muera porque no estoy ahí. Pero que me extrañe.
Quiero alguien que exprese sus emociones, lo que siente, lo que piensa, lo que quiere. Que no se guarde las cosas. 

Debe saber que:
Todavía lloro por la ausencia de mi papá.
No me gusta mostrar mi lado vulnerable. No dejaré que me vean llorar tan fácilmente.
Tuve una infancia muy complicada. Que me batraceaban en la escuela, era tartamuda, me sentía gorda, fea y tenía muchos problemas de autoestima.
Soy machona. Rara vez me maquillo. Amo andar en pantaloneta y zapatos de caucho. Pero también me gustan los vestidos, y las faldas.
Me gusta el huevo frito con la yema intacta.
A veces tomo el agua o el jugo a pico directo de la jarra.
Amo, amo, AMO a los Beatles.
Soy una "grammarnazi". Temática con la gramática y ortografía.
No le hago al fútbol, soy agnóstica tirando a atea, y medio me interesa la política.
Me equivoco, cometo errores, defraudo.
Amo a mi madre, pero muchas veces me saca de quicio.
Soy una antojada de mierda.
Tengo antojos permanentes: helado, galletas, yogurt con pan de yuca, chocolate, arroz con menestra y carne, camarón, maracuyá, comida china.
A veces me dan antojos de algo indefinido. Rara vez sucede. Me da el antojo, pero no sé de qué es. Y sufro. 
Soy temática para ir al cine. 
Soy terca, obstinada, obstusa, caprichosa, peleona, infantil, orgullosa.
Para aceptar que me equivoqué, me toma tiempo, trago mierda, pero al final agacho la cabeza y lo acepto. 
No me gusta que me griten por las puras, que me culpen de algo que no hice, y discutir las cosas más de dos o tres veces.
Cuando me enfermo, me gusta que me engrían, me apapachen y me cuiden hasta que me sienta mejor. Soy una niña.
Soy una engreída de mierda.
Jodo, porque cuando me toca joder, jodo en serio. A pain in the ass.
Si medio hace frío, se me hielan las manos y los pies (y la puntita de la nariz).
A veces me quedo callada, y disfruto esos momentos de silencio.
Soy bulliciosa, y gritona.
Soy temática con la limpieza, pero al mismo tiempo puedo ser una cochina de mierda.
Tengo mis incongruencias.
No me gusta perder, y me cuesta aceptarlo.
Me debato entre la responsabilidad y la irresponsabilidad en algunas facetas de mi vida.
Cuando me cabreo, me cabreo en serio. Puedo mandar a la verga. Muy rara vez va a pasar. Pero puede suceder. 

Quiero...
Quiero alguien que se debata entre la locura y la cordura. Alguien con quien volar, y aterrizar. Alguien que me ayude a entender por qué a veces nos complicamos por pequeñeces, y que con una sonrisa, me ilumine el día. Alguien que vea, entienda, y acepte, que no soy perfecta. Tengo mis errores, mis huevadas, mis cargas, pero vivo feliz. Soy feliz. Alguien con quien compartir la felicidad de vivir.

domingo, abril 21, 2013

Me tambaleo.

Se me mueve el piso en este momento. Quisiera pisar firme, sentir que estoy en terreno seguro. Pero no. No lo estoy. No lo siento. 

Me tambaleo.

Así es la vida. Así de hija de puta. Te agarra y te sacude. Muévete, chucha. ¿Cuál va a ser tu próximo paso?

No lo sé.

No sé qué quiero. 

No estoy segura.

Vamos. Tratas de pisar, pero el suelo se desvanece bajo tus pies.

No voy a caer. 

Tropieza.

Levántate. Sacúdete. Sigue.

Sigue, Diana, sigue. No siempre tienes que estar segura. Es justamente este momento, instantes como este, los que te ayudan a definir.

¿Qué quiero? ¿Qué necesito? ¿Qué merezco?

martes, abril 16, 2013

Por la puta, ándate a dormir.

Y se supone que ya debería estar dormida. Y, heme aquí, escribiendo. Bendita inspiración. Tienes que llegar en momentos tan inoportunos como este. Pero cuando arribas, no puedo evitarte. Debo dejarte fluir. Porque así soy, así somos, un equipo. Vos tocas la puerta, y yo, por más cansada que esté, os abro, me acomodo contigo en la sala, y nos ponemos a conversar.

Sí, cansada. Porque despierto antes que salga el sol, voy al trabajo, termino mi jornada, hago ejercicio, y termino en un maravilloso taller, que está sacando un ser en mí que amo Y no acaba ahí. Llego a casa, a preparar todo para el día siguiente. Y recién voy 2 días, son 6 semanas. ¡Vamos, mona! Solita te metiste. Ahora te las aguantas. Como macha. Carajo.

Y quiero dormir. Largarme a la playa. Decir: "qué chucha, te quiero también". Pero luego, lastimarnos. Maldita sea, otra vez. A veces no sé ni pa qué me meto, pa salir mal parada. Pero vuelve la naturaleza, el maldito escorpión. No quiero hacerte daño. No quiero hacerme daño. Quiero, te quiero. Me quiero.

Dormir. Chantón. Párame la mano. Aquí me bajo.

Y me duele el cuerpo, pero es el esfuerzo. Y en esta vida, hay que meterle ñeque.

10h58pm. Sigo despierta.

Y la nariz me transporta. Me deja pensando, sintiendo. Ser, y estar. Estar. Quiero estar. Pero no aquí. Allá. Contigo. Con nadie. Conmigo. 

"Yo me entiendo", dice la etiqueta de este post. Sí, cómo no... Bien que me entiendo.

Se acabó, inspiración, hora de dormir. Puedes seguirme jodiendo en sueños.

Buenas noches.

lunes, marzo 11, 2013

¿Quién entiende al corazón?



Ama apasionadamente. Con rabia. Lujuria. Fervor. Y así como ama, también puede odiar. Con el mismo ímpetu, con el mismo desenfreno. 

Sí. Sé que el corazón es sólo un órgano que bombea sangre. Todo está en el cerebro. Bendita máquina segregadora de hormonas, pensamientos, emociones, y sueños.

Entonces, el que ama es uno. Entero. Yo. Yo amo. Con cada célula de mi cuerpo. Yo. Yo siento. Con cada poro de mi piel. Yo. Yo quiero. Con cada respiración que hincha mi pecho. Y así uno debe de aceptarse. Con sus errores, y sus virtudes. Porque uno es, y no puede cambiar. Sólo adaptarse. Y soltar, no amarrarse. Saltar al vacío, y disfrutar el viaje. Porque nada dura para siempre. Somos sólo pasajeros en este tren llamado "vida". Soy como la fábula de la rana y el escorpión. A la larga voy a picar, aunque eso provoque mi fin. Es mi naturaleza. Lo sé, y lo acepto. Moriré viviendo con pasión.

martes, noviembre 20, 2012

Una nariz.

Retomando un aspecto de mi vida que siempre ha estado latente: el arte. Ahora desde un punto de vista diferente, el cual resulta que me está enamorando cada día más.

Me estoy enamorando de una nariz, porque me hace sonreír. Más. Sí. Estoy sonriendo más.

Una nariz que me está conectando con esa niña que vive dentro de mí. Y está saliendo contenta y emocionada.

Una nariz que, sin darse cuenta, me está ayudando a aceptar el fracaso, como parte necesaria de la vida.

Es una nariz coqueta, alegre, genuina, inocente, que confía, escucha, respeta, apoya. 

Una nariz que juega, que ríe, y disfruta la vida. Cada pequeño detalle. Las nubes de las 6 de la mañana, mientras pedalea. El frío, el calor, los niños jugando en la calle. Las canciones cholas, el pancito caliente a 2 cuadras del trabajo, el heladito de las 4pm. El afiliado que atiende, con una sonrisa, al que le dice: "que tenga un buen día" (y lo desea en serio). 

Una nariz que canta, baila y salta.

Una nariz que abraza. Sí. Le encanta abrazar. Y acaricia, mima, y engríe. 

Hay una algarabía dentro de mi corazón. Todo por una nariz.