Unas cuantas caricias para transmitir lo que veo, pienso, siento y creo...
domingo, enero 21, 2024
Descolores.
Rutinas extrasensoriales.
domingo, mayo 21, 2023
Al despertar.
| Fuente: Redbubble |
- Hola.
- Mucho gusto.
- El gusto es mío.
- El placer es nuestro. Si me permite decirle, me gusta mucho su mirada.
- Y a mí su sonrisa.
- Si no le incomoda, puedo quedarme y hacerle compañía.
Y se quedaron.
jueves, mayo 18, 2023
La puerta.
- Al lugar que tú quieras.
- Mmm... Hay un problema.
- ¿Cuál?
- Estoy exactamente en el lugar donde quiero estar.
viernes, febrero 03, 2023
La visita y una flor.
No sabía si ir o no. Estaban atravesando problemas y no quería importunar con su presencia. Conversó con una amiga al respecto y le dijo: "anda". Se vistió, sacó las monedas del monedero y salió de casa. "En la tienda que está cerca le compraré alguna chuchería". En el bus ni siquiera leyó el libro que llevó. Su mente no paraba de pensar, procesar, analizar, recordar. Su corazón de sentir. ¿Estará bien que vaya? ¿Y si la estoy jodiendo? Pero una vocecita le seguía insistiendo.
El bus llegó a su destino, se bajó y empezó a caminar. Cruzó la calle. Conforme se iba acercando, su corazón palpitaba con más ímpetu. Divisó la tienda, entró, buscó con la mirada algo que le gustara y cuando hurgó en sus bolsillos no encontró las monedas. ¡Cómo! - se preguntó. ¿Dónde están? Metió la mano en todos los bolsillos y en ninguno las encontró. ¡Diablos! Las dejé en la cama.
Salió de la tienda y siguió caminando. Algo en el camino encontraré - pensó para sí. Y la naturaleza es sabia y el universo maravilloso, porque una cuadra antes de llegar se alzaba entre todo el cemento unas pequeñas flores amarillas. Sonrió y se acercó a arrancar una cuando algo viscoso sintió en sus dedos. Al verlos, estaban embarrados de algo café. Oh, no. Sí, eso mismo que ustedes están pensando lo pensó ella también. Se embarró de caca de algún amiguito de 4 patas.
Por suerte no es tan asquienta, así que, con la otra mano arrancó otra flor y siguió caminando. ¿Recuerdan que el universo es maravilloso? Justo antes de girar en la esquina unos señores estaban trabajando y ella les pidió de favor si tenían algo con lo que pudiera limpiarse la mano. Ellos, muy acomedidos, conectaron una manguera y el agua brotó para limpiar no sólo sus dedos, también se fue llevando un par de dudas consigo. Les agradeció y siguió.
Llegó a la casa, alzó la mirada al balcón y decidió llamarla.
No colgaron. La escuchó caminar, quitar el candado. Ella sonreía. Estaba ansiosa por verla asomarse. Para que la vea como una cojuda romántica enamorada parada en plena calle con una flor amarilla. Sí, la clásica escena de película de comedia romántica. Es más, había una cámara arriba siguiéndola, otra cámara arriba enfocando hacia abajo (la misma de arriba si estamos cortos de presupuesto) y otra cámara abajo haciendo un POV. De repente la vio asomarse y supo que hizo bien en ir.
Colgó y caminó a la puerta. La bendita puerta con la maldita cerradura a la que todavía no le agarra la maña y pelea para poder abrirla. Pelea, pelea, pelea, un giro, pelea, pelea, pelea, pelea, otro giro, pelea, pelea, pelea, pelea, pelea, por fin el último giro. Haló y no se abrió del todo. ¡QUÉ! Tenía puesto el pestillo por dentro. La escuchó acercarse detrás de la puerta y le indicó que no podía abrirla. Ella terminó de hacerlo. Abrió y se vieron. Ella estaba ahí, parada, vulnerable, en interior y camiseta, con ojitos tristes, parecía que todavía se asomaban un par de lágrimas de sus ojos. Ella se acercó, con la flor en la mano izquierda y sonrió.
- Te cuento que no puedo tocarte con esta mano porque al querer arrancar la flor, no esta sino otra, me embarré de ca-ca... - fueron las palabras que salieron casi en un hilo de voz y en un tono tan suave e infantil, justificándose.
Y ella rio. Así, con ojitos tristes, se rio. Se le acercó y la abrazó. Y sus corazones sonrieron.
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| Fuente |
lunes, mayo 17, 2021
It's a girl
Alex está acostado en la camilla del quirófano, desnudo y cubierto por una sábana. Su expresión es de nervios. Sus ojos no dejan de ver todo lo que sucede a su alrededor. Ve los equipos médicos para monitorear sus signos vitales, la lámpara de luz y al personal que se encuentra preparando todo para la cirugía.
El médico, un hombre de 40 años, se acerca a Alex.
—¿Cómo te sientes?
—Ner… nerviosa —respondió con voz entrecortada.
—Lo sé. Es normal. ¿Estás segura de querer seguir?
—Sí… Sí, lo estoy —tragó saliva— ¿Todo va a salir bien, doc?
—Claro que sí. Respira profundo y empieza a contar hacia atrás desde 10. Cuando despiertes, verás en el espejo a la mujer que tienes dentro de ti. Confía, Alexandra.
Alexandra sonríe y empieza a contar en su mente: 10… 9… 8… 7… La anestesia empieza a hacer efecto… 6… 5… 4… Cierra sus ojos… 3… 2… 1… Queda profundamente dormida…
Afuera en la sala de espera está Beatriz sentada, sosteniendo entre sus manos un peluche en forma de oso. Está nerviosa y mira constantemente el reloj de pared encima de la recepción. A su lado están su cartera y una bolsa de papel de regalo. Beatriz mira hacia arriba y murmura algo, como una plegaria. Baja la mirada al oso y lo aprieta. Vemos que es un peluche gastado por su uso, con una camisetita azul que dice: “It’s a boy”. Beatriz derrama unas lágrimas, aspira profundamente, y mete la mano en la funda de regalo para sacar un peluche, nuevo, en forma de oso con una camisetita rosada que dice: “It’s a girl”. Pone sobre su regazo un oso al lado del otro, los mira, y esboza una sonrisa nerviosa, mientras se seca las lágrimas.
miércoles, mayo 12, 2021
Pretextos
El calor era insoportable. Salir al mediodía a hacer los trámites de costumbre era una tortura para Joaquín. Se solía sentir como un ingrediente más de la sopa caliente en la que se convertía Guayaquil durante el invierno. No sabía si odiaba más el calor o la humedad. Hoy se sentía un fideo flotando entre la papa, la zanahoria, y las arvejas.
Entrar al banco era el mejor pretexto para refrescarse. Iba a sacar el dinero para pagar el curso de cocina que iba a empezar esa misma tarde. Sus mayores logros eran no romper la yema del huevo frito, o hacer sánduches de jamón y queso. Hacer arroz en olla arrocera no valía. Pero Mariela sí. Valía. Y mucho. Iba a meterse al taller de cocina sólo para verla todos los días. Otro pretexto más. La vida de Joaquín estaba llena de pretextos.
Módulo 1: Ensaladas.
Mariela era una mujer muy divertida y espontánea. Joaquín buscaba cualquier pretexto para sentarse cerca de ella y así, cuando tocaba elegir pareja para trabajar, les tocaba juntos. Entre picar tomates y pelar zanahorias, Joaquín descubrió que un secreto de una buena vinagreta era ponerle un toquecito de azúcar para cortar la acidez del limón.
Módulo 2: Pastas.
Joaquín solía esperar a Mariela en la entrada del aula, con dos cafés en mano. El de ella, con edulcorante. En su mente estaba haciendo puntos para atreverse a invitarla a salir, pero cada vez que se armaba de valor, algo sucedía. Llegaba un mensaje de texto, u otro compañero llegaba y se unía a la conversación. Joaquín se quedaba con la pregunta en la lengua y la ahogaba con un sorbo de café. Al menos consiguió llegar al punto exacto de cocción de sus fideos. Siempre quedaban “al dente”.
Módulo 3: Cocteles.
Luego de 3 Margaritas, 2 Mojitos y 4 Piña Coladas (¿4 o 5? Joaquín ya no estaba seguro) Mariela se encontraba de muy buen humor. Salieron tarde de la clase y ya corría viento de verano. Ese rico viento nocturno que mueve las copas de los árboles y levanta las hojas caídas. Joaquín le ofreció su chompa a Mariela, quien aceptó muy gustosa. Se la quedó viendo, embobado, y estuvo a punto de besarla. Pero se demoró mucho y el taxi llegó. La vio subirse en el carro e irse, y con ella su último pretexto de tener algo llamado amor.
Y como todo ciclo, el calor volvió. Bendito calor. Joaquín, al menos, ya no se sentía como cualquier papa de la sopa. Ahora era la pierna de cerdo adobada a las finas hierbas rodeada de vegetales que tenía en el horno hace 1 hora. El arroz con queso y albahaca estaba graneadito. El vino ya mismo lo iba a descorchar para que respire. En la pared había colgado su diploma enmarcado. Quizá no encontró el amor que buscaba pero la vida le puso otro en su lugar. ¡Ja! Otro pretexto más.
jueves, marzo 21, 2019
La danza del asiento amarillo.
lunes, mayo 21, 2018
En mi libertad elijo quedarme contigo.
jueves, marzo 16, 2017
Al frente.
Eras tú.
En la acera de en frente.
Una sonrisa. Un saludo de la mano. Un mensaje de texto.
- "Hoy no puedo".
- "Cierto. Lo había olvidado".
- "Adiós".
- "Adiós".
Otra sonrisa. Una despedida de la mano.
Y aunque una calle transitada nos separaba, te sentí cerca de mí.
Tu sonrisa. Tu mirada. Tú.
miércoles, febrero 17, 2016
¿Vivieron felices para siempre?
viernes, febrero 12, 2016
La roja.
- ¿Y qué le dijiste?
- Que no puede. Porque en la ley tránsito no dice nada sobre el uso de casco para los ciclistas.
- ¿Y qué te respondió?
- Me salió con: "pero hay excepciones".
- ¿Y?
- Y le dije: "enséñeme el artículo". Y le tocó sonreír y decirme: " vaya con cuidado", mientras la luz del semáforo cambiaba a verde.
viernes, junio 26, 2015
El roce.
Tenía un proceso para elegir el asiento adecuado. De preferencia ambos vacíos, los respaldares de los asientos del frente no muy inclinados, que no dé directo el sol, y pueda regular el aire acondicionado. Luego de acomodarse, echaba un ojo a la película que estaban proyectando, y se quedaba ligeramente dormida.
Ese día, ella siguió su rutina al pie de la letra, salvo por un pequeño detalle: en vez de sentarse a la ventana, como casi siempre hacía, se sentó en pasillo. Hacía frío, por lo que cerró la rejilla del aire. La película se veía interesante, pero el sueño ganó la batalla.
- Permiso -una voz masculina la despertó-
Abrió los ojos y una figura alta, de pantalón claro y camisa a cuadros celeste, estaba parado a su lado, pidiendo paso para sentarse a su lado. En ese momento recordó el primer motivo para sentarse siempre a la ventana. Agarró su mochila que estaba ocupando el otro asiento, y lo cedió. El hombre se sentó a su lado. Ella volvió a cerrar los ojos. Sintió que él se acomodaba, y de pronto sus brazos rozaron.
Su corazón saltó.
No, no fue amor. Esta no es una historia de amor. Pero aquel roce la sorprendió. Ni siquiera abrió los ojos, fingió seguir durmiendo. El frío que tenía fue absorbido por aquel brazo cálido que se encontraba a su lado. Fue una sensación agradable para ella. Esbozó una leve sonrisa en sus labios.
¿Será simpático? Lamentaba no haberlo visto bien cuando la despertó para pedirle permiso. Pero vagamente recordaba un rostro agraciado. ¿Y ahora? ¿Cómo podía verlo si se estaba haciendo la dormida? A lo mejor y él también estaba dormido. O fingía.
Ella dejó de pensar tantas cosas y prefirió dejarse llevar por la grata sensación de confort que le daba ese brazo, junto al suyo. Era suave, cálido, como si diera la bienvenida. Sin quererlo, sentía como si estuviera siendo acariciada.
No, tampoco es una historia de erotismo. Simplemente su cuerpo percibió algo que la sacó de su rutina. Sus terminaciones nerviosas estaban excitadas. Él no movía el brazo. Usualmente los pasajeros suelen respetar la distancia entre ellos. La proxémica está bien marcada en este tipo de situaciones. Pero aquel hombre no pareció incomodarle que sus brazos rozaran. Y a ella tampoco.
En un momento el bus bajó un poco la velocidad y pasó un rompe velocidades. Aquel subidón fue la excusa perfecta para abrir los ojos, haciéndose la que se despertó, y verlo rápidamente. Más joven que ella (diablos), piel canela, ojos oscuros, cabello corto, lentes. Él también la vio. Se fijó que cargaba una credencial de su trabajo, trató de leer su nombre pero este se encontraba del otro lado. Así que no le quedó más que volverse a hacer la dormida.
Algunas personas que bajaban pasaban rozándole el brazo, y ahí recordó el segundo motivo por el cual no le gusta sentarse en pasillo. Enseguida pasó el cobrador, y ambos entregaron su pasaje. Falla de memoria del joven, se dio la vuelta para cobrar al otro lado y volvió a pedirle el pasaje al hombre, y este respondió que ya se lo había dado. Ella aprovechó para aseverar la información. Su voz era firme, clara, segura. Cruzaron una fugaz mirada, pero ella cohibida, volvió la cara a otro lugar, y volvió a cerrar los ojos. Quería seguir disfrutando ese brazo, ese calor, ese roce.
Y así llegó a su destino, bajándose antes que su temporal compañero. Sintió despegarse de aquel extraño contacto suscitado en menos de 1 hora. Ahora sólo espera volvérselo a encontrar. A lo mejor ni siquiera lo ubique físicamente. Pero si vuelven a tocarse, está segura que lo reconocerá.
miércoles, febrero 18, 2015
El pastelero.
El semáforo nos dio paso mostrando su luz verde y ambos emprendimos la vuelta al pedal. Iba a mi lado el señor. Me preguntó si iba largo a lo que respondí que sí, "largo todo el centro". Pude ver detrás de la bici la parrilla y dos canastas. Le pregunté si había logrado vender todos los pasteles a lo que respondió afirmativamente.
- ¿Cuántos pasteles vende al día?
- Unos 150, niña.
- Wow, entonces hoy fue un excelente día.
- Si, niña. A 50 centavos cada uno.
Habremos pedaleado apenas 2 cuadras y el señor se despidió, girando a la izquierda. Yo, sin reparo le grité: "¡Que mañana vuelva a venderlos todos, señor!".
Creo que sonrió.
jueves, mayo 17, 2012
La colcha.
6/03/2005
El frío la despertó cuando el farol de la calle ya no escurría su ténue luz por la ventana. La habitación se encontraba a oscuras así que tuvo que tantear para encender la lamparita de su mesita de noche. El reloj marcaba las 3:47am.
Se incorporó lentamente y deslizó las piernas por el borde de la cama. El piso se encontraba helado por lo cual se colocó las zapatillas. Nada más que un minúsculo calzoncito celeste y una camiseta descolorida de tanto lavarse cubrían su cuerpo. El frío ya había trabajado con su cuerpo, erizando sus vellos y brotando sus pezones.
Llegó hasta el clóset y empezó a buscar una colcha que la abrigara más, la sábana no bastaba. Hurgó por un momento pero no encontró ninguna hasta que recordó que no había ido a recoger la ropa de la lavandería. Abrió un cajón, sacó un calentador y se lo puso.
Salió de la habitación, caminó por el pasillo hasta la tercera puerta de la izquierda y la abrió lentamente. La cerró detrás de sí y se metió a la cama. Esta se encontraba mucho más confortable, debido a la colcha y a la nueva compañía que tenía.
Se acomodó muy cerca de su amigo y pasó su mano por su rostro. Bajó lentamente por el pecho hasta llegar al estómago, jugó momentáneamente en esa zona hasta llegar a la entrepierna. El miembro de su amigo empezaba a despertarse de a poquito y ella al darse cuenta de esto se deslizó por debajo de la colcha y empezó a besarlo. Al hacer esto no sólo terminó de erectarse sino que su amigo se despertó.
- Hola... no puedo dormir, tengo mucho frío - fue lo único que dijo antes de volver a meterse el miembro entero en su boca.
Lo saboreaba delicadamente, como un helado de su sabor favorito. Y le gustaba, a ella, a él, a los dos. El calor crecía debajo de la colcha junto a los gemidos de placer del dichoso amigo. Quiso devolverle el placer y cuando acercó su mano a los senos de su amiga ella la rechazo. Se trepó encima de él, a horcajadas, le agarró los brazos y los llevó hacia atrás. Se sacó la camiseta y con la misma le amarró las muñecas.
Esa imagen la excitó tanto que ya se encontraba completamente húmeda. Deslizó su mano hasta sus caderas y se quitó las únicas prendas que los separaban. Luego agarró el miembro y lo introdujo en su vagina. La sensación fue deliciosa y la locura no se hizo esperar. Empezó a moverse adelante y atrás, volviendo loco a su amigo. Su cadera se balanceaba como un péndulo, pero a un ritmo mucho más rápido. Cambiaba los movimientos verticales por los horizontales, ahora subía y bajaba incesantemente, apretando sus piernas para ejercer más presión.
El orgasmo se sentía venir, su amigo no soportaba más. Amarrado, sin poder hacer nada más que recibir placer. Ella seguía, subiendo las revoluciones, embistiendo alocadamente. Iban llegando poco a poco al clímax, al punto máximo del placer, donde iban a estallar de gozo. Donde estallaron de gozo, él, ella, los dos.
Ella sintió los espasmos recorrer su cuerpo, él ahogó un gemido de placer. Ella se sentó a lado de su pareja, se dio media vuelta y se perdió en la oscuridad. Prendió la luz del baño y buscó en el clóset una colcha. Se la colocó bajo el brazo, le dijo "buenas noches" a su amigo y volvió a su cuarto, mucho más caliente de lo que esperaba regresar.
lunes, marzo 26, 2012
¿Aló?
Luego de sentarse cómodamente en la cama, apoyando su espalda contra el respaldar de la misma, cogió el teléfono de la mesita de noche y marcó su número.
- ¿Aló?
- Hola mi amor, ¿cómo estás?
- Aquí mi vida... extrañándote como no tienes idea...
- ¿En serio? y ¿qué estabas haciendo?
- A punto de meterme al baño, me iba a dar una ducha rápida antes de dormir.
- Oh, qué pena... Y yo que te quería contar algo interesante.
- Pero dime, ¿qué cosa?
- Que hoy soñé contigo. Estábamos en una playa, sólo nosotros, acostados en la arena y tu me estabas desabrochando la parte superior de mi bikini.
- ¿En serio? y ¿qué más estaba haciendo?
- Luego dibujabas en mi cuerpo un caminito, bajando lentamente hasta mi entrepierna, la cual ya estaba empezando a humedecerse. Tus dedos me mortificaban con sus caricias y luego hundiste, lentamente, uno de ellos hacia el interior de mi vagina.
- Mmm... ya lo puedo imaginar... y tu querido amiguito ya se despertó acá abajo. Te manda saludos. Y sigue... ¿qué más pasó?
- Espera que tengo una llamada en espera...
lunes, diciembre 19, 2011
Gotas de placer
- No sé cómo vayas a tomar esto. Estoy en una disyuntiva: no sé si me caes muy bien o me gustas.
Entre señales confusas, risas, preguntas (¿crees que seguiría aquí?), y definir que el beso es el primer filtro, él se acercó a sus labios. Suaves y carnosos, tal como le gustan a ella. Un dulce y jugoso jugueteo empezó a darse en sus bocas. Y más abajo, entre sus piernas, una pequeña tempestad se desataba.
Poco a poco sus manos empezaron a recorrer su espalda, era una nueva geografía a su tacto, tenía que explorarla. A ella le gusta acariciar. Sentir con la yema la piel de su amante. Con sus párpados cerrados ver a través de los dedos, sutil y cadencioso, llevando el ritmo que le marca el placer del momento. Disfruta sintiendo, respirando, ahogando, percibiendo, dejándose llevar.
Luego de pasar el primer filtro, sus ansias de saborear nueva carne los arrastró a su habitación. Ahí la terminó de desvestir y fundieron sus cuerpos, formando una simbiosis de beneficio mutuo. Él le iba a dar goce, ella estaba dispuesta a ofrecer sus placeres.
Su cuello sabía a sudor, su cabello olía a sol, sus bocas sonaban a sexo. Un armonioso vaivén de caderas la iba elevando poco a poco a ese mundo donde todos somos iguales: animales salvajes hechos de instinto primario.
A él le gustaba verla mientras la penetraba, acariciando su rostro mientras le quitaba el cabello que entorpecía su visión. Ella sonreía al tacto mientras disfrutaba sus embistes. La salinidad empezó a destilar de sus cuerpos, tibias gotas de éxtasis carnal se deslizaban en sus curvas, empapándolos, sofocándolos.
Entrelazaron sus manos, ella saboreó su verga, él marcó su espalda a punta de besos, ella reía, él la disfrutaba, ellos gozaron. Y así cada uno llegó a la cima (ella primero, él en su boca), aquella dulce agonía, esa sutil y breve muerte, en donde te abandonas y el mundo se detiene mientras cierras los ojos y abres la boca, dejándote caer, soltándolo todo, olvidándote del ayer, del mañana. Hoy, ahora, ese preciso instante. Eso es un orgasmo.
jueves, mayo 26, 2011
Nacer para morir
sábado, febrero 12, 2011
Quieta... quieta...
miércoles, julio 14, 2010
20 minutos
- Tranquilo, nada del otro mundo. El clima nomás me tiene congelada.
Su conversación comenzaba como la de cualquier pareja de amigos.
- Mira, ya estoy avanzando en el diseño. ¿Te gusta?
- Me encanta.
Pero sus diálogos tenían un mensaje oculto.
- Vamos para acá - y le señaló la parte trasera del estudio.
Ella lo siguió.
Atrás ya no había miradas curiosas. Cerró las persianas para tener más privacidad.
- ¿Me has pensado?
- Por supuesto. Es más, me sorprendió tu llamada.
- ¿Puedo besarte?
No tuvo que mover los labios. Sus ojos respondieron por ella. Él se acercó despacio y plantó un delicado beso que la hizo vibrar desde la boca del estómago. Sus labios eran suaves, la química fue instantánea, el primer roce de sus lenguas generó un calor delicioso que se llevó cualquier rastro de frío almacenado en su cuerpo.
Sin separarse, él posó su mano sobre su cuello y la atrajo hacía sí. Ella se dejó llevar. Había ansiado ese beso desde la primera vez que lo vio. Y sabía a gloria. Ella respondió a las caricias abrazándolo.
- ¿Quieres que vayamos atrás?
Le gustaba esa actitud, de consultarle si quería, si podía. Le daba poder. Y sentía que él sólo buscaba complacerla.
- Ya mismo me tengo que ir. Tendré máximo 5 minutos.
Sus miradas hablaban por ellos, querían devorarse, arrancarse la ropa y agonizar de placer. Ella miró su reloj una vez más, sonrió y asintió. Él la tomó de la mano y la llevó a un pequeño pasillo oculto. La tomó entre sus brazos y volvieron a besarse. Ligeros mordiscos le ponían un toque juguetón al encuentro. Ella deliraba. Sus pelvis se unieron y pudo sentir un gran bulto debajo del jean. "Oh mi Dios" pensó ella.
Una mano recorrió su cintura empezando a subir hasta sus pechos para masajearlos. Ella reprimió un gemido. Luego metió su mano por debajo de la blusa, acomodó el sostén y tuvo los senos a su entera disposición. Dejó de besarla y bajó para deleitarse. Mientras relamía un seno, con su mano masajeaba el otro. Sus pezones ya estaba erectos. Ella suspiraba.
No pudo aguantar más la curiosidad y deslizó su mano para sentir el bulto que antes la impactó. Ahora lo comprobó. Su nuevo amante estaba muy bien dotado. La imaginación se le disparó. Y la pregunta que formuló la hizo pensar que podía leer su mente.
- ¿Quieres verlo? - le susurró mientras desabrochaba el botón y se bajaba el cierre del jean. Sacó un hermoso pene, duro como una roca, imponente, lujurioso. Su mente voló y lo sintió entrando en ella, abriendo camino, engulléndolo entero.
- Maldita sea, me tengo que ir.
Sus ojos la querían retener. Decían claramente "quédate".
- Sorry, no puedo quedarme más. Voy a llegar tarde.
Volvieron a vestirse, guardando las ganas, abrochando las ansias, acomodándose el hambre. Ella se despidió con un suave beso y una sonrisa pícara. Él se quedó ahí, observándola alejarse. Y mientras abría la puerta y cruzaba la calle, caía en cuenta que ese encuentro había sido sólo un abreboca.






