Mostrando las entradas con la etiqueta Mensajes Positivos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Mensajes Positivos. Mostrar todas las entradas

domingo, marzo 08, 2026

De un bebé a un ACV.

El domingo 22 de febrero mi vida dio un vuelco. A la izquierda, para ser precisos. Hoy se cumplen 2 semanas desde que me dio un infarto isquémico cerebeloso. Si no fuera por mi buen estado físico, el rápido accionar de mi madre que me llevó a emergencias y la atención hospitalaria que recibí quizá no estaría aquí escribiendo esto. Y tengo tantas cosas en mi cabeza (incluyendo una mancha ahora en mi cerebelo) que creo que podría escribir un libro al respecto.

Estuve hospitalizada una semana y media. Conocí los techos de dos hospitales (ya que en el primero no había sala de neurología y me tuvieron que transferir), personal médico muy atento y amable, comida que algunas probé, otras ni siquiera miré y algunas devoré (ese suflé de choclo fue la gloria), diferentes máquinas para múltiples exámenes, una sala de quirófano y pinchazos, muchos pinchazos. No le deseo a nadie estar hospitalizado. No le deseo a nadie pasar por lo que pasé yo. Sin embargo, esto que me pasó me cambió y estoy agradecida de estar viva. De estar aquí, con todas mis funciones motores y cognitivas casi intactas. Estoy más lenta, más pausada, más consciente. Pero estoy. ESTOY.

Una gran amiga me regaló un cuaderno y pluma y me dijo que es importante escribir a mano. Así que aquí estoy derrochando palabras. Conectándolas unas con otras para que tengan sentido. Aunque a veces la vida no lo tenga. O no sepamos cuál es el sentido de la misma.

La vida, al menos para mí en este momento, no tiene un sentido, porque lo que me pasó no puede explicarse. No tuve ningún accidente previo, caída o movimiento brusco de cuello para lesionarme la arteria izquierda. Una disección arterial fue lo que dijo el neurocirujano, luego de la arteriografría que me realizaron. ¿Yo qué recuerdo? Que 3 días antes del infarto, mientras iba rumbo al trabajo en bici, me dio vértigo y no pude pedalear. No entendía qué pasaba. Me dolía la cabeza, pero solo el lado izquierdo. Dos días antes, el susto fue más grande porque me caí de la bicicleta. Nuevamente, hacia la izquierda. Yo iba en línea recta, en la mitad de la calle. En cuestión de un segundo en que miré a la derecha y volví al ver al frente ya estaba en el carril izquierdo yéndome de frente con un carro que estaba estacionado. Producto del frenazo a raya se dio la caída. Que no fue mayor y solo provocó un raspón de rodilla. Ese día y el sábado, dolor de cabeza. Pero el domingo sí vinieron los síntomas más fuertes y ahí fue que mi madre me salvó la vida (según chatGPT, mi nuevo bestie). Ese día mi cerebelo no recibió suficiente sangre y ZACAPUM. Final del episodio.

¿Continuar viendo? Ok.

En el trabajo creían que estaba embarazada (he ahí el motivo del título del post) y yo estaba aterrada con ese pronóstico. Porque no quiero hijos y ya que voy a cumplir 43 voy a decir la plena: qué pereza. El periodo debía llegarme ese finde pero en mi oficina poco más y estaban apostando el sexo (niña ganaba, canallas). Entre organizar un baby shower o cafetearme (sí, Mauricio, tengo la foto que me tomaste con la vela) yo me sentía mal, cansada, no aguantaba mucho las luces y caminaba como tontita. Nunca vimos que eran síntomas de falta de sangre. Spoiler, el periodo llegó el mismo domingo del infarto. Yo contenta de que bajó y a la hora, TOMA.

Me admira mi fortaleza. Al igual que al personal médico. Fortaleza física y mental. Porque mis emociones estaban subidas en un carrito en la montaña rusa más alta de todas y dándose un paseo fenomenal. He pasado por múltiples estados emocionales (digna payasa, querida Raquel). Feliz de estar viva. Asustada. Deprimida. Asustada. Triste. Asustada. Vulnerable. Asustada. Pero hay algo que nunca perdí y me mantuvo aquí. Mi sonrisa. Mi actitud. Solo hubo un día, un fatídico día en que creí que me iba. Literalmente. Al tercer día estaba mejorando pero de un momento a otro vino otra vez todo. El dolor, el vértigo, la inclinación a la izquierda. Fue horrible. Me volvieron a revisar, me quitaron el celular, apagaron las luces, me medicaron, hasta estabilizarme. El día después de ese evento yo sentí algo que no quisiera nunca sentir. Que mi alma dejaba mi cuerpo. Acostado ahí en la cama. Pero mamá me dijo que ella no lo creía así. Que ella sentía que yo todavía tenía una misión que cumplir en este mundo. Y ella me mantuvo aquí. Ella, mi familia, mi novio, mis amigos. Me puse a pensar en que si me iba me iba a ir amada, agradecida, tranquila. Asustadísima como nunca. Pero en paz. Esos días una canción sonaba en mi mente. La cantaba cuando podía, bajito, bajito. O la tarareaba al menos. Es una canción que papá y mis tíos siempre cantaban. Es una canción muy especial para mí. Y no me la sé toda, pero yo solo cantaba:

Qué será, será,
será lo que debe ser,
la vida te lo dirá,
qué será, será...

Después de ese día siento que renací. Con poca fuerza. Débil, muy débil. Como una flor volviendo a abrir poco a poco sus pétalos. Empecé a comer, a ganar fuerza, vitalidad.

Los siguientes días fueron más llevaderos. En lo que se puede. Porque estar hospitalizado aburre horrores (recuerden que no tenía celular). Las horas eran eternas. Sólo tenía 1 hora al día de visita y 1 sola persona podía ir. Esa hora era la más esperada del día. El resto de las 23 horas no tenía nada que hacer más que ver el techo, las manos, tocarme la cara, acomodarme en la cama, hacerme pipí en el pañal (porque me tenían prohibido levantarme), imaginarme historias en la cabeza y dormir. Es por ello que agradezco enormemente a mis compañeras de sala. Quienes me hacían compañía y conversábamos cuando podíamos. De cariño y para velar por su identidad, les diré que les puse de apodo: "Flores", "Apagón" y "Pescuezo". Cada una era una historia diferente, un diagnóstico distinto, pero todas estábamos juntas en el mismo lugar y en el mismo momento. Y nos cuidábamos mutuamente. Sin ponernos de acuerdo. Creo que fue un pacto sororo. Tácito. Ninguna quería estar ahí. Éramos prisioneras. Así que no nos quedaba más que conversar, reírnos, imaginarnos qué deliciosa comida iba a llegarnos y soñar con ese mundo afuera de esas paredes blancas y luces blancas.

¿Continuar viendo? Ok.

No quiero recordar las cosas negativas del hospital. Tampoco me interesa contárselas. Pero le daré un twist al asunto y voy a agradecer algunas cosas:

  • Agradezco poder despertarme por mi cuenta y no prendiéndome las luces a las 5y30am.
  • Agradezco que no me despierten cada 2 horas para tomarme los signos vitales.
  • Agradezco tener apetito y la deliciosa comida que mamá prepara.
  • Agradezco poder evacuar normalmente y no tener que acudir a un enema.
  • Agradezco poder bañarme por mi cuenta.
  • Agradezco no ser pinchada.
  • Agradezco estar comunicada con mis seres queridos.
  • Agradezco poder escuchar música, pintar, ver algo en la tv.
  • Agradezco dormir en mi cama (aunque no pueda hacer "cama arriba, cama abajo").
Y esta lista podrá alargarse, porque estoy agradecida por muchísimas cosas más. Estoy agradecida por el personal médico que me atendió. Por las licen, las auxiliares, el personal de limpieza, el que llevaba la comida, el camillero. Todos. Agradecida con mi madre, mujer fuerte y valiente. Esa man es lo máximo. Por mi novio, a quien le tocó afrontar todo esto sin tener puta idea de qué hacer. Y está aquí conmigo (le pregunté si me seguirá amando aunque quede mal de la cabeza y su respuesta me encantó). Agradecida con toda mi familia, amigos y compañeros de trabajo que se activaron y han sido mi red de apoyo. Red internacional porque estoy sorprendida que han escrito de todos lados. Gracias a todos por su apoyo, por sus palabras de ánimo, por ser y estar. Por joder, por no joder. Por sus mensajes, vídeos, voicenotes, regalos.

El día que me dieron el alta lloré. Cuando el camillero me sacó del hospital y vi el cielo lloré. Y de recordarlo en este momento se me vuelven a mojar los ojos. Esta experiencia me ha enseñado a valorar las cosas que damos por sentado. Y ese día yo lloré porque no había visto el cielo en semana y media. Me conmoví. Ahora valoro más muchas cosas, más de lo que antes hacía. Ahora soy una nueva Diana. Una Diana que ahora le toca recuperarse. Descansar. Hacer terapia. Una Diana que salió de esto y tiene mucho para dar todavía. Sigo reafirmando la frase que tengo tatuada en mi espalda: "Life is what happens to you while you're busy making other plans".



jueves, abril 27, 2017

"Le dejo al niño porque está malcriado".




En mi trabajo atiendo muchas personas al día, y algunas de ellas suelen venir con algún niño. Bueno, a veces traen el batallón. Cuando el niño es bien portado me encanta. Se sienta o se queda parado al lado del adulto. Si me saluda, ¡me derrito! Y se queda tranquilo. Puede estar jugando, viendo alrededor, o escuchándonos (aunque no entienda nada). En otras ocasiones el chamaco empieza a exigir atención: llama al adulto, interrumpe, se empieza a mover, etc. Un buen llamado de atención y finito. Asunto arreglado. Comprendo que acompañar a los padres a hacer diligencias no es nada entretenido para un pelado. Recuerdo cuando me tocaba ir con mi madre a realizar sus trámites. Y sí, uno se ABURRE. 

Pero, ¿qué sucede cuando el pelado no hace caso y el adulto saca la famosa frase: "Pórtate bien o le digo al guardia que te lleve"
Me hala de los pelos. 

En mi adultez he aprendido el peligro de lanzar semejante amenaza a un menor. Ah, y esperen que tenemos sus variaciones: 
- "Le digo al policía que te lleve"
- "Te va a llevar el Cuco". (Esta sí es de antaño. Hace tiempo no la escucho). 
- "El doctor te va a poner una inyección"
- "Te voy a dejar aquí botado"
- "La niña se va a poner brava". (La peor para mí. Yo, aquí, la villana, la roba niños, la bruja de la historia). 
- "Niña, le regalo al niño". (Ni loca. ¡Lléveselo!) 

Entiendo que es algo que aprendieron de sus padres. Y se transmite de generación en generación. Muchos recibieron la misma advertencia cuando eran menores. Pero no, no, no. Es nefasto. 

Primer error: crear temor e inseguridad. 
Miedo a que se lo lleven. ¿Entiendes lo que significa eso? Ponte un momento a pensar como un niño. Un niño que confía en sus padres, que debe confiar en los adultos. Y el mismo adulto en quien más confía lo amenaza con regalarlo, dejarlo, o permitir que un desconocido o figura de autoridad le haga daño. Imagínate el trauma que puedes ocasionarle. La figura que lo cuida, lo protege, lo ama. 

Segundo error: aprende a portarse bien por temor, no porque es lo correcto. 
Un niño debe aprender a comportarse, y entender que en ciertos lugares debe quedarse tranquilo. Que hay un momento y un lugar para todo. No por miedo a que le pase algo malo. Peor cuando lo amenazas con una figura de autoridad a la que no debería temer. Después no entienden por qué le tienen miedo al doctor, al dentista. Una persona en la que deben depositar su confianza, respetar.

Tanto así que han habido campañas donde piden que dejen de utilizarlos como herramienta de amenaza ante un mal comportamiento. 






Tercer error: se vuelven personas complacientes a las que les cuesta decir "no".
Sé que esto suena exagerado, pero puede desarrollarse este comportamiento. El niño cree que sólo van a quererlo si se porta bien y precisamente por este motivo, podrá hacer cosas que no quiera, por el hecho de complacer a sus adultos. Y cuando crece se convierte en una persona que hará cosas que no quiere por compromiso, por no "quedar mal". Y le costará decir "no". Complacerá a todos, para ser aceptado, querido, apreciado. 

Cuarto error: mamá sólo me quiere cuando me porto bien.
El más grave, para mí, de todos. Condicionar el amor.

También sé que es difícil que una criatura pequeña entienda el concepto de esperar, realizar trámites, sentarse en un escritorio y no entender qué están haciendo. Para entretenerlo lleva un juguete, algo en que pueda enfocar su atención. Y así va a ser más llevadero para él. Y háblale. Explícale. Creer que porque es "niño" es bruto y no entiende, es menospreciar su capacidad cognitiva. Los pelados pueden ser pilísimas, si los educas. Si les das tiempo, espacio, calidad. No tratarlos como adultos, pero sí enseñarles a razonar, a comprender. No les das la tablet y ahí que no joda...

Este tipo de reprimendas lo que hacen es erosionar la confianza en sus mayores, en los adultos, en las figuras de autoridad. Y esto, aunque no lo crean, queda grabado en el subconsciente y al crecer les puede dificultar entablar relaciones afectivas sanas.

Me encantan los niños, hasta que empiezan a hacer berrinches. Y por alguna razón el universo no me ha dado hijos. Lo cual agradezco. No sé si quiera ser madre, al menos en esta vida. Sin embargo, sigo aprendiendo.

Ay, si supieran cuántos niños me han querido regalar...

Links de interés:

miércoles, junio 10, 2015

Los 100 placeres cotidianos de la mona.

Gracias a un fulanito, y su post Los 100 placeres cotidianos más “pitufifantásticos”, este blog ha cobrado vida.

Debo iniciar este post con la misma pregunta que se hace Adrián: ¿Qué es lo que se te viene a la mente con la palabra “felicidad”?. Y sí, contestarme con la misma respuesta que da este man. Más claro, ya mismo le copio el post y se acabó, jajajajajaja.

No, no. Ya me inspiré. Quienes me conocen saben que disfruto la vida y los pequeños detalles. Son esos placeres fortuitos, inesperados, cotidianos, sencillos, los que a veces pueden arrancarte una gran sonrisa, y llenarte de satisfacción. Claro está que algo por lo cual te has esforzado y obtienes es también altamente gratificante. En mis años de Aire Libre (un campamento de supervivencia de la sierra) Fabián Zurita, el líder, siempre nos decía que "las verdaderas alegrías solo brotan del esfuerzo". Y no puedo estar más de acuerdo. Todavía recuerdo esa sensación de orgullo al coronar la cumbre de una montaña. Sin embargo, también considero que cosas sencillas también te hacen muy feliz. Es más, considero que día a día tenemos muchos motivos para ser felices.

Hace tiempo vi una película, Hector and the search of happiness, en donde un psicólogo viviendo una vida monótona y sintiendo que no lograba ayudar a sus pacientes a ser felices (ni él mismo se sentía feliz) decide emprender un viaje por el mundo para buscar qué es lo que hace felices a las personas. La película no es la octava maravilla del mundo, ni tiene un grandioso elenco, pero (además de ciertos paisajes espectaculares) posee un gran mensaje. Spoiler alert! Spoiler alert! Al final, Héctor descubre no solo que todos los seres humanos podemos ser felices, ni que tenemos el derecho de serlo. Va más allá: tenemos la obligación de ser felices. Si tienen tiempo, les recomiendo buscar la película. Es perfecta para ver una tarde sin planes, o un domingo por la noche, con un buen tazón de canguil.

A inicios de año descubrí una página con un proyecto maravilloso. Se llama 365 Grateful, en donde proponen tomar una foto diaria, por 1 año (de ahí el 365) de algo por lo cual te sientes agradecido. Y sin pensarlo mucho lo inicié. Ayer subí la foto 155. ¿Qué he descubierto? Que cualquier cosa te puede hacer feliz. ¡Hasta encontrarse 20 centavos! O una tarjeta de una propiedad de Monopolio. ¿Y saben qué más descubrí? Que el agradecimiento es contagioso. Tengo una amiga que ha iniciado su propio proyecto viendo el mío, y en algunas ocasiones me han comentado en las fotos que se sienten agradecidos de que comparta mis agradecimientos (valga la redundancia), y eso hace que ellos también busquen sus propios motivos para agradecer.

Por acá les comparto un vídeo sobre la ciencia detrás de la felicidad, y cómo el agradecer te puede hacer sentir feliz. Esta gente tiene más vídeos muy dinámicos y entretenidos. Valen la pena echarles un ojo.



Volviendo a la idea original del post, Adrián me ha inspirado para hacer mi propia lista. Aunque puede ser muy parecida a la suya (que no le estoy copiando, caramba), y es fácil que lo sea, si haces una lista de cosas cotidianas que te producen felicidad. Aquí y en la "conchinchina" la risa de un bebé te puede hacer feliz.

Así que, damas y caballeros, público presente, a continuación enumeraremos las 100 cosas cotidianas que hacen feliz a esta linda monita:
1. Pedalear. Sobre todo cuando la ciudad está vacía y tienes las calles para ti solita. Y por otro lado, cuando hay un tráfico terrible y uno puede deslizarse entre los carros sobre sus dos ruedas.
2. Hacer ejercicio, sacarse el aire y al final terminar rojo, agotado y contento.
3. El olor del pan caliente, del algodón de azúcar, las galletas recién horneadas, el chocolate, la pizza, el pavo en Navidad, el pan de yuca, el tallarín de albahaca.
4. Probar una gastronomía diferente a la tuya. ¡Y que te guste!
5. Encontrarse dinero en los bolsillos.
6. Encontrar dinero en la calle. Yo que ando en bici me suelo encontrar moneditas :D
7. Cuando te encuentras a alguien en la calle y no la recuerdas, pero después de un rato de pensar y pensar y pensar, logras descifrar quién es.
8. Cuando tienes antojo de comer algo, y lo cumples. Y yo soy una mona muy antojada.
9. Que te den una sorpresa. Ya sea un regalo, una visita, tu postre favorito, una invitación.
10. Alcanzar un objetivo propuesto.
11. Tener ganas de ir al baño, muchas ganas, tener que aguantarse por a o b motivo, y por fin ir. Aaaaahhhhh, qué alivio.
12. Ayudar a alguien.
13. Para las mujeres, llegar a casa y sacarse el sostén. Y los tacos.
14. Hacer el ridículo en público, y en pleno momento de verguenza, morirte de risa.
15. Verse al espejo y decir “¡pero qué guapa que soy!” (Sí, soy una coqueta).
16. Bailar mientras hago las compras en el supermercado. Si sale una canción que me gusta, puedo canturrearla, o danzar en los pasillos al son.
17. La risa de un bebé, de un niño.
18. El olor a tierra mojada (petricor se llama).
19. Comer. Cooomeeeeeer. Me hace muy feliz.
20. Llegar a casa luego de un día agotador, pegarme un buen baño y descansar.
21. El helado. En todas sus manifestaciones, con todos los aderezos. Larga vida al helado.
22. Salir a trotar tempranito, y ver como va amaneciendo conforme voy trotando.
23. Los atardeceres. Ya sean en la ciudad, en la playa, en pleno carretero.
25. Esos fines de semana que no tengo planes y disfruto pasar descansando todo el día, viendo pelis o series.
26. El olor de los libros nuevos.
27. Clownear. Ser payaso voluntario.
28. Cocinar.
29. Preparar bolones. Con su respectivo huevo frito. O un buen tazón de frutas con yogurt. Dependiendo del antojo.
30. Salir de viaje.
31. La playa.
32. Tomar vacaciones.
33. El batido de Milo de mi tía Myriam.
34. Las burbujas, o pompas de jabón.
35. El plástico burbuja.
36. El olor de la flor frangipani plumeria acuminata (¡frangi QUÉ!)
37. Ver una película que me gusta.
38. Volver a ver una película que me gusta mucho. Y si vuelven a correr lágrimas de emoción, mejor.
39. Escuchar una canción que me encante. Y si está de moda y me hace bailar, mejor.
40. Bailar. Bailar toda la noche. En casa, en una fiesta, en plena calle. ¡Bailar!
41. Que me manden besitos o palabras de cariño por celular.
42. Hablar con mi hermano y ver a mis sobrinos.
43. Los zapatos de caucho. Amo andar en zapatos de caucho.
44. Las cosquillas.
45. Los abrazos.
46. Ver a un hombre guapo. Y mejor si te mira de regreso.
47. Una copa de vino.
48. Salir con amigos.
49. Acostarme en una hamaca. Mejor si es en la playa.
50. Andar en moto.
51. El jugo de maracuyá.
52. Acurrucarme al lado de mi madre y que me rasque la espalda y la cabeza.
53. Hacer reír a las personas.
54. Escuchar los Beatles.
55. Los cachorros. Perritos, gatitos.
56. Caminar en la arena.
57. Sumergirme en una buena lectura.
58. Los juegos de mesa. O videojuegos. Jugar en general.
59. Atacarte de risa, hasta quedarte sin aire.
60. Que me mimen, engrían.
61. El caaaanguiiiiiiiiil.
62. El chocolate en todas sus expresiones. Las galletas. Ay, los dulces. El manjar. Bendito Baco.
63. Esos besos sonoros. O inesperados. Que te planten un buen beso en la mejilla.
64. Que me digan "te quiero", "gracias", "ten un buen día", etc.
65. Los arcoiris.
66. Viajar por carretero y disfrutar los maravillosos paisajes.
67. Y si vuelas, ver las nubes.
68. Acostarse sobre el césped.
69. Que llegue el viernes, y el fin de la jornada laboral.
70. Los feriados.
71. Un baño de burbujas, con agua tibia, velas, incienso, y música suave.
72. Un buen masaje.
73. Que me piropeen.
74. La gente educada. Que saluda, se despide, pide perdón, dice gracias, por favor.
75. Andar en Internet. Investigar cosas, leer noticias de interés. Las redes sociales.
76. Encontrarse con alguien a quien no ves en mucho tiempo y ponerse al día.
77. Que algo agradable me haga acuerdo de mi papá.
78. Resolver un problema.
79. Aprender algo nuevo.
80. Conocer nuevas personas.
81. Tener miedo o recelo de algo y vencerlo.
82. Rascarse.
83. Oler un buen perfume. O que alguien te salude, huela rico, y se te impregne el aroma.
84. Recibir un premio, una felicitación, ganarte algo.
85. Las flores, los árboles, animales. La naturaleza en general.
86. Darle un regalo a alguien. Mejor si es una sorpresa.
87. Cargar un bebé. Hacerle mimos.
88. Enamorarse. Esa sensación de cosquillas en la panza. Ver a los ojos a esa persona que quieres.
89. Caminar escuchando música.
90. Que me lleven la comida a la cama.
91. Que alguien te pida consejo, y poder ayudarle con su problema.
92. Acurrucarse en los brazos de alguien que quieres.
93. Que alguien te dé una buena noticia.
94. Estar cochino, cochino, y pegarse un buen baño. Salir fresquito de la ducha.
95. Despertarte un fin de semana y retozar en la cama un rato, porque no hay necesidad de levantarse todavía.
96. Sonreírle a alguien y contagiarle la sonrisa.
97. Que te den yapa en algo de comer o tomar.
98. Estar en un carro con tus amigos, que suene una canción y todos ponerse a cantar.
99. Que un pana tuyo se caiga o golpee. Esas pequeñas desgracias ajenas que te hacen partir de la risa.
100. Hacer una broma a alguien, que te cuenten un chiste.

Plus 1: Toparme con otro ciclista urbano.

miércoles, enero 21, 2015

Lo que uno hace se devuelve.

¿Saben qué es lindo? Cuando el karma actúa de manera instantánea, en el lugar menos esperado, de la forma más sencilla posible.

Así me pasó ayer por la noche, cuando fui al Supermaxi a comprar una fundita de veneno para ratas. Sí, Gastón (ese nombre le puse) es un nuevo inquilino que tenemos en casa y, lamentablemente para él, no es bienvenido. ¿Cómo lo descubrimos? ¡El muy conchudo se me come los mangos! Ayer por la mañana despierto y veo un mango roído y comido casi la mitad. Ah no, no señor. Yo que me trepé al techo de la Danu, recolecté los mangos con el sudor de mi frente, puse mi vida en peligro, los saboreé en mi mente, llevé a casa, lavé, separé y dejé listos para comérmelos poco a poco, ¿ver que un mamífero roedor se me los está comiendo? ¡No, señor! ¡Gastón se va! Las únicas ratas bienvenidas en mi casa son Dael y Clau. Pare de contar.

Experta en buscar la fila más corta posible, analizar los carritos de compras, la rapidez del cajero y demás factores que me ayudan a salir rápido, me acerqué a un señor con pocas compras y pregunté si me dejaba pasar (ya que solo llevaba el veneno). El señor accedió sin mayor problema y le agradecí. Mientras esperábamos a que el cajero me atienda, el señor me comentó que el veneno que estaba comprando es bueno, que él lo usa, y así se inició una conversación trivial sobre el tema. El que hace fila ya conoce que cualquier tema puede desencadenar una pequeña conversación para pasar el tiempo de espera. Pagué mi producto y me fui a retirar la mochila que había dejado en custodia. El señor me la devuelve preguntándome si me habían dado la revista, a lo que respondí no. Me indicó que el cajero podía dármela. A lo que regreso donde el cajero, este me pregunta si podía facilitarte la tarjeta de descuento, y me percato que al señor no le cogía la de él. Yo sólo respondí: "¡Pero claro!" Y se la entregué. La pasó por el escáner y me la devolvió. El señor sonrió. Y yo le dije: "¿Vio? Lo que uno hace se devuelve".

El señor me agradeció el gesto, y yo con una sonrisa, me di media vuelta y me fui. Contenta.


lunes, febrero 03, 2014

Bajar para subir.

A lo largo de mi vida he tenido que atravesar una serie de dificultades. De todo ámbito. Desde económico, estudiantiles, autoestima, etc. Autoestima. Mi infancia fue, para mi punto de vista, jodida. Tuve problemas de adaptación en la escuela. Pasé por algunas instituciones, y en la que más tiempo permanecí, me costó hacer amistades. ¿Por qué? Pues para resumir: era tartamuda, me sentía gorda, fea, y las niñas me tachaban de machona. El famoso "bullying" que tan de moda está ahora, yo lo recibía en la escuela.




Sí. Los niños podemos ser crueles. 

Todavía recuerdo cuando la más bonita del salón se paraba (cuando no estaba el profesor), y decía en voz alta: "Alce la mano quien le gusta Melanie". Y media muchachada alzaba el brazo. "Ahora alcen los que les gusta Gaby". Vaya ahí, otra sarta de manos al aire. Un par más de las chicas bonitas nombradas al azar, y más manos. Ya se imaginan qué pasaba cuando me nombraban...

Súmenle a ese recuerdo un problema de lenguaje. Tartamuda, con todas sus palabras. Moría de la vergüenza si tenía que hablar en público. Pararme frente al salón era una agonía para mí. Luigi, un compañero, osaba cruzarse de brazos y amagar que se quedaba dormido cuando me tocaba leer en voz alta.

Por último, siempre he sido una muchachita activa. Subirse a los árboles, pelotear, lanzarse al suelo, ensuciarse. ¡Eso era diversión para mí! Las muñequitas las tenía en casa. Desarregladas, despeinadas, rebeldes como su dueña. Pero la escuela era para correr, jugar a las cogidas, sacarse la madre en el recreo. Y entonces las niñas empezaron a decirme "machona". Pero cuando quería jugar con ellas, no me dejaban. ¿Qué más, pues? Me iba a jugar con los varones.

Todo eso creó en mí un serio problema de autoestima. Era feliz, tampoco crean que pasaba deprimida, llorando, buscando Tostitos para suicidarme. Jamás. Lloraba, sí, iba a terapia, también. Pero siempre tuve amor. Mi familia fue un puntal de apoyo magnífico. Y dentro de tanta muchachada pendeja, tuve contados amigos que me salvaron.

Así me gradué de la primaria. Al llegar la secundaria, las cosas cambiaron. Ya no había tanto pendejo. Había, sí. Siempre habrán pendejos. Pero empecé a reforzar mi autoestima, conocí mejores personas, y fui sintiéndome mejor conmigo misma. Ahí conocí a una amiga fanática de los dulces, como yo. El asunto era que yo los compraba, mientras que ella los hacía. Oh no, el debacle. Empecé a preparar tortas y galletas después del colegio. Y el problema aquí era que me comía la mitad de lo que hacía. 

Ahora imagínense esos cuadros de porcentajes de ventas, donde la flechita sube, y sube, y suuuuubeeee. Así subí yo de peso.




Siempre he sido de actividad física constante. Deportes, ejercicio. Me encanta. Desde chiquita. Mi abuelita tenía un gimnasio femenino, mi madre lo administraba y daba clases. Las tardes las pasaba ahí. Para mí, hacer ejercicio era un juego. Eso ayudó a que no me hiciera una bola. Pero igual, consumía más calorías de las que quemaba. Y por más dietas que hiciera, medio empezaba a bajar, la rompía, y volvía a subir. Mi adolescencia fue un continuo sube y baja de peso.

Pasé el colegio, entré a la universidad, y seguía en el mismo patín. Amante del azúcar. Podía bajarme paquetes enteros de galletas, medio litro de helado, tortas. La comida chatarra también era mi debilidad. Tengo buen diente. Comer para mí es un placer. Y descubrí que también es un refugio. Soy adicta a la comida. A ese placer momentáneo de meterme un bocado a la boca, saborearlo, disfrutarlo.

A mis 26 años llegué a pesar 199 libras. Con una altura de 1,69mts. Había hecho tantas dietas como amores platónicos tiene una adolescente. La Scardale, la sopa milagrosa, la de la piña, la del lagarto, la del higo (ah no, esas últimas no, disculpen), y tantas más. 

Yo sabía cual era mi problema. No quería cerrarme la boca. No quería dejar de comer rico. Y comía sano. En mi casa, mi madre quien es una excelente cocinera, prepara comida sana. Mi problema era la comida de afuera. La falta de voluntad. Esconderme detrás de ese plato de comida que en ese momento me iba a saber a gloria, y después se iba a alojar en mis caderas. El exceso. Saber que tenía que detenerme, y no hacerlo.

Intenté tantas veces bajar de peso, que a veces perdí la esperanza. No puedo decir que un día simplemente decidí cambiar, y lo hice. La verdad no fue algo así de apoteósico, una epifanía. Creo que simplemente empecé, y ya. Un paso a la vez. Aproveché un descuento que tenía por mi trabajo e ingresé a un centro nutricional. Seguí la dieta que me dieron, iba a las terapias corporales, y descubrí Beachbody

Y empecé a bajar.

Todavía recuerdo que durante los primeros 6 meses, no comí dulces, ni chatarra. Jamás había hecho eso. Cero, Polito, cero. Y al empezar a ver los resultados, me emocioné, y seguí. 

Así han pasado estos últimos 4 años. Donde me maravillé al descubrir que el bajar de peso, me subió el autoestima. Desde los últimos años de colegio, empecé a amarme más. A aceptarme. Poquito a poco. Entendí que de pequeña no era gorda, estaba bien. Mis compañeras eran raquíticas, que es diferente. Yo siempre comí sano, fui fuerte, de contextura gruesa. Superé mi problema de lenguaje. Y ahora hablo hasta por los codos. Todavía me trabo, a veces, y me río. Solita meto embrague y arranco otra vez. Mis panas me gozan. Lo machona, ¡ja!, eso no se me ha quitado. Y ya tengo 30 años, no creo que se me vaya a quitar. Soy feliz así, tal como soy. Me pongo mis vestiditos, falditas, me maquillo cada año bisiesto (y se me ve espectacular). Pero casi siempre vas a verme sencilla.

Sencilla. Esa es mi palabra.

Aquellos que recién me conocen hace un par de años creen que siempre he sido así, delgada. Pues nooooo. Era una gordita. Feliz, siempre con una sonrisa. Pero con sobrepeso. Este post fue inspirado por un collage que puse en Facebook donde muestro mi transformación, el trabajo, sacrificio, la voluntad. Me costó horrores. Pero lo logré. Y sigo, porque sé que todavía puedo lograr más. Gracias a todos por su apoyo, consejos, ánimos, puteadas, galanteos (y morboseos, jajajaja). Han sido maravillosos.

Este escrito podrá sonar superficial. A fin de cuentas bajar de peso es sólo apariencia física. Algo corporal, que con la edad se irá desvaneciendo. Pero va más allá. En mi caso, es una lucha conmigo misma, con mis debilidades, mis miedos, mis adicciones, el sistema, el qué dirán, el qué debo ser. Es una batalla, ponerse un objetivo, una meta, y llegar. Exigirse, ser mejor, equivocarse, y seguir, caerse, y seguir, y seguir. Es triunfar. Es una lucha. Bajé de peso, y eso me hizo sentirme mejor conmigo misma. Y todavía lucho. Porque todavía peco. Como cosas que no debería comer. Todavía me escondo en la comida. Y eso es un trabajo que todavía no termino. Poco a poco. Bocado a bocado, en este caso.

Yo no puedo hacer más que contarte mi experiencia. Lo que me costó a mí, no significa que te va a costar a ti igual. Puede que sea más fácil, o más difícil. Todos somos diferentes. Es cuestión de encontrar dentro de ti eso que te mueve a ser mejor. Ese motor que te impulsa. Yo quiero ser feliz, yo soy feliz. Me gusta verme al espejo y sonreír. Coqueta de mierda. Me siento viva, llena de dicha. En armonía. Hay días en que brillo, hay otros en que estoy apagada. Simplemente estoy aquí para aprovechar cada momento. Me gusta irme a la cama de noche sintiéndome satisfecha de lo que hice. Ya no estoy tan traumada. Bueno, a veces sí. Todavía tengo libras que quiero bajar, músculos por tonificar. Pero poco a poco. El truco aquí es disfrutar.

Aquellos que dicen "no puedo". Aquellos que intentan una y otra vez. Aquellos que creen que es muy difícil. A todos, a cada uno de ustedes, les digo que es posible. Perseverancia, disciplina, ñeque, y amor. Que cada fallo nos haga más fuertes.



sábado, mayo 18, 2013

Hoy desperté muy alegre, porque mi alegría aliviará su sufrimiento.


El payaso se mueve alrededor de un halo mágico. Su sola llegada ilumina los rostros de los niños. Hoy lo vi, lo viví, con mis propios ojos. Yo mismo sonreía. Contenía las lágrimas. Y no eran gotas de dolor, ni de tristeza. Eran pequeñas gotitas de amor, de alegría.



Hoy fue mi primera visita, como civil, al hospital, para aprender a realizar las intervenciones lúdicas. Y estos payasos, estos hermosos, mágicos, y formidables payasos, cambiaron el ambiente de todo aquel que se les cruzó. Desde afuera. Ni siquiera entraban al hospital. Al cruzar la calle, al esperar en el semáforo, a las personas en la vereda. Al guardia, al vendedor de agua. Iban pasando e iban alegrando. Fue simplemente maravilloso.

Entran, y todo cambia. La gente voltea a verlos, los niños se paran, se emocionan. Y risas. Risas por doquier. Es hermoso el sonido que produce una risa. Desde el fondo. Esa risa verdadera, que sale del diafragma, la que no puedes contener. La que NO debes contener. 



La energía que irradian es tal, que uno sale cansado, pero renovado. Recargado. De tan buena vibra, que quiere regresar. Me llevo risas, me llevo juego, me llevo burbujas, príncipes, novios, zapatitos, famosos.

¿Dolor? Yo no vi dolor. Por 20 minutos, por el tiempo que dura la intervención lúdica en cada sala, yo no vi dolor. Yo vi alegría, emoción, algarabía, amor. Hoy vi amor. Del puro, del real, el inocente. El que simplemente nace, y uno lo deja salir. Ese amor que es como una ola expansiva, y llega hasta el rincón más escondido de la sala. Aquel amor que se esparce por los pasillos. Y con cada risa se multiplica, y se dispersa. Hoy llenamos ese hospital de amor.



Conocí a Fernando, un niño con parálisis cerebral. Quien se enamoró con locura de las burbujas. Así que le llenaron el aire de aquellas mágicas pompas de jabón. Y Fernando reía, a boca abierta. Se le reventaban en la nariz, en los brazos. Le soplaban, más y más burbujas. Fernandito reía con tremenda carcajada, que nos contagió a todos. Y así, todos a su alrededor reíamos. 


También conocimos a una nenita, que apenas vio entrar a los payasos, se sorprendió. Y todo el tiempo estuvo con la boca abierta. Haciendo: "ooohhhh". Las cejas alzadas. Siguiendo con la mirada todos sus movimientos. Una hermosura. Ella hoy va a soñar con payasitos de narices rojas.

Mi corazón está alborotado. Fueron tantas sensaciones que el pobre no sabe como controlarse, y volver a latir normal. Él quiere volver. Él quiere sanar. Sanarse, para poder sanar. Amarse, para poder amar.

Voy a ser doctora. Doctora clown. Soy payaso. Y estoy enamorada de mi nueva profesión.




lunes, abril 01, 2013

Diez reflexiones sobre el amor.


Cada vez que me sienta tentado a hablar duro, contendré mi impulso y callaré. Amar es no darse permiso para ser grosero.

Si no puedo acompañarte en tu camino, al menos no te estorbaré. Amarte significa desear que crezcas.

Nunca te echaré mis problemas. Sé que tienes bastante con los tuyos. Y amar, para mí, significa simplificarte la vida, nunca hacértela más complicada.

No quiero tener la razón siempre. Acepto que tú eres persona y tendrás razón al menos tantas veces como yo. Amar es ser y dejar ser: intentar ser yo y ayudarte a ser tú... (Y no olvides: aún un reloj parado tiene razón dos veces al día).

No querré la atención sólo para mí. Sin duda, a veces deberé actuar yo, pero otras tendré que conformarme y dejarte el puesto a ti.

No tengo que ser (no soy) perfecto, ni tú tampoco. Amar es aceptar nuestra imperfección.

Dejaré de pedir o esperar que cambies. Si te acepto en mi vida te acepto como eres. Sólo así creceremos ambos.

Desde ahora renuncio a culparte. Puesto que las decisiones las hacemos sobre nuestra experiencia personal, a nadie tendo derecho a culpar, a no ser a mí mismo.

Dejaré de tener expectativas. Una cosa es desear y otra tener expectativas. Lo primero genera esperanza; lo segundo genera dolor. Si fomento expectativas hacia ti, no te amo, te exploto.

En el amor puedo hacer una de dos cosas: esperar a que tú seas el que hagas algo por mí, o adelantarme yo a hacer por ti eso mismo que espero de ti. Lo primero es una forma de ponerme por arriba de ti, de creerme con más derecho que tú.

miércoles, diciembre 05, 2012

365.




¿Qué sentido tiene tu vida si 
todos los días no haces el amor?

¿Cómo ansías ser feliz si no 
haces el amor desde la aurora 
hasta el ocaso?

Ahora bien, se supone que para ti 
hacer el amor es mucho más que 
acostarse con alguien.

Hacer el amor es aprender a dar 
sin interés, respetar al otro sin 
manipularlo, brindar confianza con 
la sinceridad.

Haces el amor cuando sonríes y 
compartes, cuando perdonas y eres 
comprensivo. Eres el amante 
perfecto cuando te dedicas a 
alguien con ternura y detalles, 
con el diálogo y la fidelidad.

Sabes hacer el amor si ayudas al
otro a superar sus fallas y a
fructificar con sus talentos:
si sabes estar con él en la luz
y en la sombra, en las alegrías
y en las penas.

Si maduras para amar de verdad
entonces también disfrutarás al
"hacer el amor" con amor en unas
relaciones sexuales gratificantes
y llenas de humanismo.

La vida te enseñará que, de hecho,
el amor no se hace sino que se vive
y que no es una experiencia fácil en
el sistema consumista.

"Oasis", Gonzalo Gallo González. 

martes, noviembre 20, 2012

Una nariz.

Retomando un aspecto de mi vida que siempre ha estado latente: el arte. Ahora desde un punto de vista diferente, el cual resulta que me está enamorando cada día más.

Me estoy enamorando de una nariz, porque me hace sonreír. Más. Sí. Estoy sonriendo más.

Una nariz que me está conectando con esa niña que vive dentro de mí. Y está saliendo contenta y emocionada.

Una nariz que, sin darse cuenta, me está ayudando a aceptar el fracaso, como parte necesaria de la vida.

Es una nariz coqueta, alegre, genuina, inocente, que confía, escucha, respeta, apoya. 

Una nariz que juega, que ríe, y disfruta la vida. Cada pequeño detalle. Las nubes de las 6 de la mañana, mientras pedalea. El frío, el calor, los niños jugando en la calle. Las canciones cholas, el pancito caliente a 2 cuadras del trabajo, el heladito de las 4pm. El afiliado que atiende, con una sonrisa, al que le dice: "que tenga un buen día" (y lo desea en serio). 

Una nariz que canta, baila y salta.

Una nariz que abraza. Sí. Le encanta abrazar. Y acaricia, mima, y engríe. 

Hay una algarabía dentro de mi corazón. Todo por una nariz.


miércoles, noviembre 14, 2012

Alegría.



Alegría 
Como la luz de la vida 
Alegría 
Como un payaso que grita 
Alegría 
Del estupendo grito 
De la tristeza loca 
Serena 
Como la rabia de amar 
Alegría 
Como un asalto de felicidad

domingo, diciembre 05, 2010

Calle 13: conciertazo

Uno de mis nuevos artistas favoritos es Calle 13. Pude asistir este finde a un concierto que ofreció en Quito y he quedado extasiada. No solo por su energía y entrega al público, sino porque detrás de esa facha de rebelde, tatuado, grosero, la tira y lo hace muy bien. Es alguien inteligente, que lee, que está al tanto de todo lo que sucede. Que está en contra de muchas cosas y las critica con mucha creatividad. Los políticos corruptos, los cánones de belleza, el racismo, el machismo, el abuso, la inmigración, el vender tu dignidad, el dejar de ser tú mismo para agradar al resto. El man se la juega y se va en contra de lo establecido. ¿Lo mejor? La gente lo apoya.

Sé que hay muchas personas que no les gusta, creen que es un reggaetonero más, piensan que todas sus canciones son como "Atrévete". No lo son. Hay muchas canciones grandiosas. Escuchen la letra, descubran lo que hay detrás de él, su mensaje. Si aún así no les gusta, ningún problema. Todos tenemos diferente forma de pensar y el secreto es respetarnos. Es facilito respetar a alguien que piensa igual que tú, el truco es hacer lo mismo con alguien que no lo hace.

Unas cuantas frases que rescato de su concierto. No son exactas como él las dijo, pero el mensaje sí. Valen la pena.

- No lean un solo diario, lean todos los diarios. No vean solo un noticiero, vean todos los noticieros. Y por último, USEN EL FUCKIN' INTERNET.

- Mujeres, no se dejen faltar el respeto por ningún hijo de puta. Háganse valer.

- (mientras animaba al público a corear "Vamo' a portarnos mal") Digan "uuoo oo oooo" pero ese último "oooo" como si se estuvieran viniendo. Para los chamaquitos, pídanle a sus padres que les explique qué es venirse. Y a esos padres, si son buenos padres, les van a decir la verdad sin andarse inventando historias cojudas. La sexualidad es un tema que debe hablarse con franqueza y sin tapujos.

Simplemente grandioso. Un conciertazo. Se pasó.

miércoles, diciembre 30, 2009

Paradogmas - Desmitificando viejas creencias

Nuevamente, he retomado el ritmo de lectura que tenía tiempo atrás. Por apasionarme con la música mientras recorro la ciudad en mis diferentes actividades, había dejado de lado los libros. Cosa que he cambiado. Ahora dejo guardados los audífonos y cargo un buen ejemplar de lectura para aquellos momentos de viajar en bus, hacer cola en un banco o simplemente ver cómo transcurre el día.

Terminé de leer Paradogmas, de María de Lourdes Falconi Puig (2005) y reafirmó muchas de mis creencias y mi forma de ver la vida. Copié algunos fragmentos que me gustaría compartir con ustedes. Son algunitos, los cuales hacen un poco largo este post, pero son fáciles de leer y digerir. Y justo para estas fechas, en las cuales uno analiza su vida, crea propósitos y hace un balance de lo bueno y lo malo, pueden servir para mucho.


  • No hay una vida, sino tantas vidas como individuos hay en el planeta. Para unos la vida -su vida- podrá parecerles dura, para otros no. La vida no es una cosa rígida, independiente y aislada de la persona. La vida es el camino que recorremos cada uno, y tenemos el poder y el control sobre ella para hacerla dura o suave, triste o feliz, dulce o amarga.
  • Y cuanto más difícil nos parezca en un momento dado, más nos fortaleceremos para continuar descubriendo, apreciando y valorando su extraordinario paisaje.
  • Si continuamos el camino quejándonos por las dificultades pasadas, no estaremos en capacidad para apreciar y valorar conscientemente las bondades del presente. Nos habremos estancado en la trampa de las lamentaciones que nos bloquean los sentidos, impidiéndonos avanzar y aprender.
  • Nuestra vida es el resultado de nuestras elecciones.
  • Debemos ser más generosos con nosotros mismos y entender que ningún tiempo está perdido, sino empleado en una lección que era de imperiosa necesidad aprender.
  • Esa es la gracia del camino: el descubrimiento.
  • Todo niño es feliz porque ha venido al mundo con el equipo completo para serlo. Conforme va creciendo, recibe de su entorno adulto, una serie de comandos licitadores: "tú no puedes esto", "tú no sabes aquello", "tú no sirves para eso". La voz interior poco a poco es eclipsada por las voces del exterior. Entonces, a medida que el chico crece, sobrevienen las dudas, las inseguridades: "¿estaré haciéndolo bien?", "¿será esto lo correcto?".
  • Razón e intuición no se contraponen, son complementarias. Son los zapatos adecuados para recorrer el camino, la vida.
  • Y no es que no haya noticias positivas, lo que ocurre es que los propietarios de los medios de comunicación, hace tiempo se dieron cuenta que lo negativo vende más. El mundo no está peor que antes, sólo estamos mejor informados.
  • El dinero en sí mismo no es ni bueno ni malo. Todo depende del uso que hacemos de él y nuestra postura ante el mismo.
  • Y yo me pregunto ¿cuánto es suficiente?
  • Pareciera que nunca llegamos a tener suficiente ropa, suficientes zapatos, suficientes juguetes, suficientes electrodomésticos, suficientes equipos tecnológicos, suficientes viajes, suficientes vehículos, suficientes…
  • Poseer dinero no es malo, lo peligroso es cuando el dinero nos posee a nosotros.
  • Su riqueza radica en el cúmulo de talentos y dones que posee.
  • La mediocridad se da en aquellas personas que no sienten pasión por la actividad que realizan. Aquellos que ejecutan su tarea mecánicamente, como autómatas. Nadie que se entrega con pasión a una actividad determinada cae en la mediocridad.
  • El mundo está plagado de millonarios que llevan una vida miserable en términos de autorrealización, paz interior o tiempo compartido en familia.
  • Tender un puente entre el sueño y lo posible.
  • En definitiva, vemos lo que queremos ver.
  • Hay algo difícil de vencer en el ser humano y se llama costumbre.
  • La fuerza de la costumbre es lo que nos mantiene estancados en una situación determinada, aún cuando poco satisfactoria. En algunos casos, preferimos continuar en un mismo puesto de trabajo, aunque las condiciones laborales y económicas no sean de nuestro total agrado, o las más favorables para nuestros intereses y aspiraciones. O nos empecinamos en mantener una relación de pareja, aún cuando esta sea poco gratificante y enriquecedora para ambas partes, simplemente por el temor a dejar lo ya conocido.
  • La Dra. Fisher divide al proceso del enamoramiento en tres etapas, lo que ella llama "Sistema Básico de Apareo-emoción". Estos son: lujuria, amor romántico y apego. La lujuria es el ansia de satisfacción sexual. La segunda etapa es el amor romántico, en la cual la dopamina y la norepinefrina son los químicos responsables de la euforia, el insomnio, la falta de apetito y las fijaciones mentales que se experimentan al enamorarse. La tercera etapa es el apego, y corresponde a la fase donde la persona experimenta una profunda conexión con otro ser humano, consolidándose la relación de pareja. Este amor duradero dependerá de la compatibilidad de caracteres y objetivos en común de los miembros que conforman la pareja, y es esencial para la crianza de los hijos.
  • Lo que ocurre es que a menudo confundimos al amor con otras emociones, o nos quedamos suspendidos en la etapa del amor romántico, esperando que esta emoción nos acompañe a lo largo de toda la relación. Nos sentimos atraídos por alguien y queremos tenerlo sólo para nosotros, sufrimos por retenerlo o nos "colgamos" de esa persona, pretendiendo vivir esa experiencia embriagadora eternamente, sin dar paso a la siguiente etapa, a la cual se llega únicamente al alcanzar la madurez emocional.
  • Creo que el amor, no es un ente inteligente con vida propia fuera de nosotros que nos enceguece y manipula, tomándonos como presa vulnerable para utilizarnos a capricho y que por ello, escapa a nuestro control.
  • El amor no es ciego, porque para amar a alguien debemos conocerlo muy bien y estar dispuestos a aceptarlo con sus fortalezas y debilidades. No podemos amar lo que no conocemos.
  • Quien ama con madurez no se arroja ciegamente al abismo de sus deseos. Cuida responsablemente del bienestar del ser amado y del suyo propio.
  • Si en una relación nos sentimos afectados de alguna manera, o vemos coartado nuestro crecimiento personal, entonces no es amor.
  • A veces nos sentamos a esperar que la dicha nos encuentre en vez de salir a buscarla.
  • Nada tiene que ver el coeficiente intelectual con las habilidades emocionales, que en definitiva son las que nos ayudan a alcanzar el éxito en las relaciones interpersonales y a llevar una vida más satisfactoria.
  • Del trato que le des hoy a tu hijo, dependerá el trato que tu hijo tenga mañana para contigo.
  • Una cosa es impartir disciplina, misma que tiene su momento y lugar, y otra muy distinta es el maltrato a través de palabras groseras, malos modos, o frases hirientes y descalificantes que son perjudiciales para la autoestima del niño.
  • Al perdonar a nuestros padres por sus fallas, por los errores que hayan cometido en el proceso de nuestra crianza, nos estamos limpiando nosotros mismos, nos liberamos, nos sanamos de viejas heridas. ¿Cómo continuar la vida, cómo realizarnos, cómo trascender arrastrando el lastre de un niño herido?
  • Cuando perdonamos, sanamos. Al perdonarlo, no le estamos haciendo un favor, lo estamos abrazando, cobijando, protegiendo con misericordia y gratitud por todo su esfuerzo, por todo lo que pudimos aprender de él. El favor nos lo hacemos a nosotros mismos, porque para llegar al perdón se requiere de un proceso de análisis y comprensión de los hechos.
  • Es en el compartir las pequeñas cosas del día a día que se construyen las relaciones.
  • Si le digo al niño que va a la escuela que no se olvide de presentarle al profesor la nota que le envío, y a la vez estoy pensando "de seguro que este chico se va a olvidar", lo más probable es que la nota no llegue a su destino. Si desde hace meses estoy armándome de valor para entrar a la oficina de mi jefe y pedirle un justo aumento de salario, pero estoy convencida de que mi gestión fracasará, lo más probable es que reciba un "no" por respuesta. Y si después de la garúa que me cayó anoche, me preocupo pensando que me voy a resfriar, lo mejor será que prepare limonada caliente porque así será.
  • Nuestro cerebro obedece a los comandos que le dicta nuestra mente, por lo tanto, actuamos en función de estos. Nuestras acciones y actitudes serán el fiel reflejo de lo positivo o negativo de nuestra manera de pensar. No es lo mismo decir: "no te olvides" que "recuerda", reforzado por un pensamiento positivo para que la misión se cumpla. No es lo mismo abordar al jefe con actitud derrotista, que con la seguridad de que mi solicitud es justa y me lo merezco. Y en cuanto a la salud, es bien conocida la relación que existe entre mente y cuerpo. Un buen ejemplo de pensamiento positivo son los vendedores exitosos, que a través de su poder de persuasión, nos tienen la bodega llena de cosas que no utilizamos. Es difícil decir que no, cuando estamos frente a la enero´ya de un pensamiento-actitud-acción-positivos.
  • Al pensar mal, mal recibiremos y por lo tanto, habremos acertado. Es una relación simple de causa y efecto.
  • Somos todo aquello que pensamos que somos, que creemos de nosotros mismos y así nos proyectamos.
  • La energía de nuestro pensamiento ejerce una fuerza de atracción como el vórtice de un huracán, trayendo hacia nuestro centro lo bueno o lo malo, dependiendo de la naturaleza de nuestro pensar y sentir. El pensar de manera positiva abre nuestros canales de comunicación a todo niel, expandiendo nuestra conciencia y capacidad de entendimiento a nuevos conocimientos, ampliando nuestras posibilidades de dar y recibir todo lo bueno y bello que existe y que está por existir, y nos convierte en seres productivos, creativos, seguros y sanos. Nos favorece en nuestras relaciones interpersonales y con nuestro entorno, haciendo que las cosas y situaciones fluyan a nuestro favor.
  • Creo firmemente en el poder del pensamiento, de nuestros propios pensamientos. Somos lo que pensamos. Somos la proyección de nuestras ideas, de lo que creemos de nosotros mismos y de las percepciones que tenemos, y en función de ello operamos en el mundo. El mundo no es ni bueno ni malo, el mundo es exactamente como tiene que ser y no estamos para cambiarlo. El único cambio viable es el que podamos obrar en nuestro ser interior. La vida es un gran espejo que nos devuelve la imagen que proyectamos en ella, y esa imagen puede ser tan grande o tan pequeña, tan clara u opaca como nosotros decidamos que sea.
  • Nosotros hacemos que las cosas sucedan, consciente o inconscientemente, vamos arrojando cada mañana en el mar de la vida el producto de nuestros pensamientos, y en la tarde la marea nos lo trae de regreso. Nos guste o no, la marea nos devuelve lo que merecemos. Cuanto más conscientes estemos de lo que arrojamos al mar, más limpia estará nuestra playa.

jueves, octubre 08, 2009

La historia de un perro quebrado

Gracias a Belica llegué a este posty vale la pena leerlo, aunque esté largo.

Una historia conmovedora, que te da la esperanza de saber que todavía hay gente buena en este mundo.

La comparto con ustedes.

Salí a pasear un domingo, con mi hija de cuatro años, al parque. Día de sol, de una congestión humana que se desahoga en la misma ciudad que el lunes les acoge con cara de humo y conductores malgeniados. percibo que la mirada de Leticia, se detiene en la ruta del ciclo paseo, entre las piernas de atletas y ruedas de bicicleta, un perro en sus dos patas, arrastra un vehiculo adaptado a su maniobralidad. Un vista cruda, una mirada tierna a la vida.
Muchos miraban, con actitud de sorpresa, de rareza, un perro desvalido columna para abajo, con un pañal ridículo pero útil, que se sujeta a dos piernas muertas, dándole una apariencia siniestra, unos ojos azules, de raza tropezada. Se sabe observado, quizás se asocie mas con una bicicleta que con un perro de mascota.
Seguir leyendo...

martes, julio 07, 2009

The Last Lecture - Dr. Randy Pausch

Puede que ya lo hayan visto, sino, vale la pena. Tómate 10 minutos y escúchalo con atención. Es uno de los mejores mensajes que he visto en mi vida.

miércoles, abril 23, 2008

Mayonesa y café

Cuando las cosas en la vida parecen demasiado, cuando 24 horas al día no son suficientes... Recuerda el frasco de mayonesa y el café. Un profesor delante de su clase de filosofía sin decir palabra tomó un frasco grande y vacío de mayonesa y procedió a llenarlo con pelotas de golf. Luego le preguntó a sus estudiantes si el frasco estaba lleno.

Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que sí. Así que el profesor tomó una caja llena de canicas y la vació dentro del frasco de mayonesa. Las canicas llenaron los espacios vacíos entre las pelotas de golf.

El profesor volvió a preguntar a los estudiantes si el frasco estaba lleno, ellos volvieron a decir que sí. Luego el profesor tomó una caja con arena y la vació dentro del frasco. Por supuesto, la arena llenó todos los espacios vacíos, así que el profesor preguntó nuevamente si el frasco estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes respondieron con un "sí" unánime.

El profesor enseguida agregó dos tazas de café al contenido del frasco y efectivamente llenó todos los espacios vacíos entre la arena. Los estudiantes reían en esta ocasión. Cuando la risa se apagaba, el profesor dijo: "Quiero que se den cuenta que este frasco representa la vida".

"Las pelotas de golf son las cosas importantes, como Dios, la familia, los hijos, la salud, los amigos, todo lo que te apasiona. Son cosas, que aún si todo lo demás lo perdiéramos y sólo éstas quedaran, nuestras vidas aún estarían llenas".

"Las canicas son las otras cosas que importan, como el trabajo, la casa, el auto, etc. La arena es todo lo demás, las pequeñas cosas. Si ponemos arena en el frasco primero, no habría espacio para las canicas ni para las pelotas de golf. Lo mismo ocurre con la vida".

"Si gastamos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, nunca tendremos lugar para las cosas realmente importantes. Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad".

"Juega con tus hijos, tómate tiempo para asistir al doctor, ve con tu pareja a cenar, practica tu deporte o afición favorita. Siempre habrá tiempo para limpiar la casa y reparar la llave del agua".

"Ocúpate de las pelotas de golf primero, de las cosas que realmente importan. Establece tus prioridades, el resto es solo arena". Uno de los estudiantes levantó la mano y preguntó qué representaba el café.

El profesor sonrió y dijo:"Qué bueno que lo preguntas... Sólo es para demostrarles que no importa cuán ocupada tu vida pueda parecer, siempre hay lugar para un par de tazas de café con un amigo".