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lunes, enero 26, 2026

Mayoría de edad.

Un día como hoy, hace 18 años, recibí una llamada que cambió mi vida para siempre: "tu padre está perdido en el mar". El 26 de enero del 2008 mi papá estaba disfrutando de un baño en la playa de Ayampe cuando un temblor sacudió todo y, por más que él intentó salir, la naturaleza fue más fuerte y se lo llevó.

Hoy mi duelo cumple su mayoría de edad. Y no, no se va a independizar. Ni siquiera tiene la mínima intención de hacerlo. Han sido 18 años en que nos hemos hecho compañía y he aprendido muchísimo de él. Este ser va a quedarse conmigo hasta que a mí me toque irme también de este mundo.

Una vez leí que el duelo nunca se achica sino que uno crece alrededor de él. Y es justamente lo que he hecho. Su ausencia se sigue sintiendo. Hay días en que me duele más (como hoy) y días en que se siente como una ligera brisa mañanera. Hay momentos en que un recuerdo suyo brilla como el sol y me calienta el rostro iluminando mis días y otros me cubren como un aguacero en los que las lágrimas se esconden entre las gotas de lluvia. Un mismo recuerdo me puede gatillar distintas emociones. Un mismo recuerdo me puede hacer llorar y reír al mismo tiempo. ¡Qué locura! ¿Verdad?

Te fuiste hace 18 años, papá, y me sigues enseñando cosas. Esa rebeldía que creo que heredé de ti sigue innata. Ese espíritu aventurero. La pasión por vivir. Creo que, si siguieras vivo, estarías orgulloso de mí. De mi carcajada. De mis ocurrencias. De verme bailando en los pasillos del supermercado. De hacer alguna travesura y ponerme roja cuando me descubren. De mi coquetería. De ser yo. De vivir.

Así que, mientras te siga recordando vas a seguir viviendo en mí. Mi duelo y yo hemos llegado a un acuerdo. Lo dejo quedarse conmigo con una condición: cada vez que me haga llorar me tendrá que hacer reír.




domingo, noviembre 23, 2025

Carrusel de dulces Supermaxi

¿En qué punto un acto repetitivo se convierte en tradición? No sé desde cuándo Corporación Favorita C.A. empezó a poner su carrusel de dulces. Pero, conforme se van acercando los últimos meses de año, yo lo espero con emoción. 

Hace algunos años me di cuenta que cada vez que lo veía montado le tomaba una foto. Hasta que un día me tomé el trabajo de buscar. Llevo 17 años haciéndolo. La primera fue en el 2009. Y quizá pude haberlo hecho antes pero quién sabe en qué antigua red social la pude haber subido y se perdió entre los 1 y 0.

Sea como sea, resalto la emoción que me da verlo. Toda la vida he sido dulcera y cada año vuelvo a ser una niña a la que le brillan los ojos al verlos. Este año, por ejemplo, fui con mi enamorado para hacer las compras semanales y mientras íbamos por el carrito vi el carrusel de lejos y, en un abrir y cerrar de ojos, cambié de dirección y fui directo. Mientras los seleccionaba él se acercó sonriendo y me dijo: "sabía que ibas a hacer eso".

Gracias, Supermaxi, por mantener esta hermosa tradición. Aquí tienen una fiel cliente que será feliz cada vez que monten su carrusel de dulces y que espera poder seguir comprando por muchos años más.



















domingo, enero 21, 2024

Entre repisas.

No recuerdo cuando llegué a tus manos. Eras una niña a la que le encantaba leer. Gusto que heredaste de tu padre. Por lo tanto, quién mejor que él mismo para obsequiarme. Tampoco puedo precisar cuántas veces me has leído. Sé que han sido muchas. Muchísimas. Y sé que seguirán siendo más. En la historia que habita entre mis hojas siempre encontrarás cobijo, esperanza, luz y guía.

Cuándo empezó el juego entre ustedes de moverme de una repisa a otra es otra pregunta que tampoco puedo responder. ¿Se pusieron de acuerdo o surgió de manera espontánea? Conociendo a Roberto (lo que pude conocer cuando me encontraba en su repisa), puedo imaginar que un día me vio en tu repisa, me agarró y me llevó con él. Así de ocurrido era él. Quizá se le antojó leerme y me tomó sin avisarte. Espera… ¿Fui secuestrado?

Un día que lo visitaste me viste en su repisa y pensaste: “¡Ah! ¡Y tú qué haces aquí!”. Y me volviste a llevar contigo. Así comenzó el juego. Cada vez que se visitaban, yo me convertía en objeto de contrabando. De tu repisa a la de él. Y viceversa. Lo lindo de este vaivén es que me hice amigo de más libros.

Pasó tanto tiempo y la memoria es tan frágil, sobre todo la de Roberto, que ya no recordaban a quién yo pertenecía. Ahí el juego escaló a: “El libro es mío y tú te me lo estás llevando”. Un día, Roberto puso su rúbrica en la primera hoja. Estampando así su derecho de posesión. Tal como marcaba todos sus libros. Cuando viste la R le reclamaste, entre risas. Roberto se puso rojo tomate, como siempre que no se contenía la risa cuando hacía alguna travesura. En esos momentos dejaban de ser padre e hija para convertirse en dos niños jugando y divirtiéndose.

El último periodo en que estuve en la repisa de Roberto jamás me imaginé que no lo volvería a ver. Y ese día, en que te vi entrar, con tu hermano y una amiga, no entendí el motivo de tu tristeza. “¡Hey! ¡Aquí estoy! ¿Dónde está Roberto?” Empezaron a empacar todo, guardar en cartones y fundas todas sus pertenencias.

Llegaste a la repisa y pude ver el dolor en tus ojos. Me viste, me tomaste muy lentamente, acariciaste mi portada y me abriste. Viste la R y rompiste en llanto. Me abrazaste. Tu hermano y tu amiga no entendían y corrieron a contenerte. Yo tampoco lo entendí ese día.

Desde ese día ya no hay más viajes. Desde ese día sólo estoy en tu repisa. Desde ese día soy tu libro más preciado.

“- Por la noche mirarás las estrellas. La mía es demasiado pequeña para que te muestre dónde se encuentra. Es mejor así. Mi estrella será para ti una de las tantas estrellas. Entonces, te gustará mirar a todas las estrellas. Todas serán tus amigas. Y además voy a hacerte un regalo...

Volvió a reír.

- ¡Ah! ¡Hombrecito, hombrecito, me gusta escuchar esa risa!

- Justamente ése será mi regalo... será como con el agua...

- ¿Qué quieres decir?

- La gente tiene estrellas que no son las mismas. Para quienes viajan, las estrellas son guías. Para otros no son más que pequeñas luces. Para otros que son sabios, ellas son problemas. Para mi hombre de negocios significaban oro. Pero todas esas estrellas son mudas. Tú tendrás estrellas como no tiene nadie...

- ¿Qué quieres decir?

- Cuando mires el cielo por la noche, dado que yo estaré en una de ellas, dado que yo reiré en una de ellas, entonces será para ti como si rieran todas las estrellas. ¡Tú tendrás estrellas que saben reír!

Y volvió a reír.”



sábado, diciembre 24, 2016

Navidad con el grupo Nins.

Después de 5 minutos de intentar prender mi laptop estoy aquí. Sí, la pobre está viejita y necesita un poco de paciencia y monearle el cable hasta que agarre. Podría escribir desde la tablet, pero se pierde la magia del teclado. Además que las palabras me fluyen mejor cuando presiono las teclas. Por algo el nombre del blog.

Sí, nada podrá igualar la delicia de la pluma y el papel. Eso es mágico.

Este post se ha venido cocinando solito, de a poco. Empezó con la chaucherita de mi papá. Se calentó con la última clase de yoga en Ganesha, y el "pin" del horno sonó hoy, con el cassette de villancicos. Así que ahora se los voy a servir. Cuidado, está caliente. Pero muy sabroso. 

Papá murió hace 8 años, ya mismo 9 (en enero). Todavía puedo recordar ese día y ciertos detalles con suma precisión. Pero hay uno que viene a medias. No recuerdo cómo obtuve su chaucherita (o monedero). Creo que estaba en su mochila. 

Los pies de papá sobresalían de la sábana blanca que lo cubría. En su tobillo tenía una pulserita de piola. Negra. Recuerdo agacharme, desamarrársela, y guardarla. La usé un tiempo, y la bandida se me cayó en algún lugar y no me di cuenta. Eso fue hace ya tiempo. Pero su chaucherita se mantuvo conmigo hasta hace un par de semanas. No sé cuánto tiempo la habrá tenido él. 

La chaucherita ya está vieja (como mi laptop), por lo que decidí que era hora de cambiarla. Pero no sabía si botarla, o guardarla. Podrá guardar sólo monedas, pero el valor sentimental es mayor. Ha estado en mi aparador, hasta que hoy, para tomarle la foto que verán más abajo, ha encontrado su nueva morada.


Poco a poco he ido armando una especie de altar. Y sin darme cuenta. La chaucherita es esa con tela jean, apoyada en la botellita de vino. Dicha botella me la tomé en Ayampe hace 2 años, en su honor. Al pie del mar. ¡Y claro que le di un poquito a él! Me guinda donde no echaba un chorrito al agua. También hay un rey y reina del tablero de ajedrez que tuve durante muchos años. Juego que él me enseñó a jugar, cuando era tan pequeña que ni siquiera tengo recuerdo de haber aprendido. Desde que tengo memoria, sé jugar ajedrez. Adicional, un par de piedras y conchitas. Y obvio, algo de los Beatles. ¿Dónde tengo el altar? Junto a mis libros. Otra hermosa herencia que me dio. El amor por la lectura.

Este jueves que pasó tuvimos la última clase en Ganesha. Llevo poco más de 1 año practicando yoga. Y aunque soy como la marea, porque he dejado de asistir par de meses, ya sea por danza, entrenamiento multifuncional, o ejercicio en mi casa, no hay nada que se le iguale. Esperen, también soy como Hunter, si se va, viene. 

La clase la dieron en conjunto Rafa y Desi. Y no se les ocurrió mejor idea que dedicarla a abrir el 4to chakra, el del corazón. ¡Ayayai, mona! 


En un post anterior ya les confesé que a veces lloro en el savasana. Adivinen qué pasó. Seeeeeeee. Se me volvieron a salir las lágrimas. Pero ahora le echo la culpa a Desi (la vez anterior fue Rafa). ¡Ya verán!

Sí, sí, les echo la culpa para hacerme la víctima. Pero en verdad les estoy agradecida. Venga, dejen que meta un poco de drama. Eso vende, ñañita.

Durante la clase, Desi dijo algunas cosas que me encantaría recordarlas ahora, para poder transcribirlas aquí. Es más, las quería escribir, pero eso significaba salirme de la postura, y perder el foco. No, lo siento. Ahí quedarán revoloteando en mi subsconciente, ayudándome a sanar, a ser mejor persona. 

Pero hay una frase que sí recuerdo. Porque me la escribí en la pierna. Sí, hice trampa. *Inserte aquí emoji del monito tapándose los ojos*

"Recuerda que cuando atravieses la oscuridad siempre al final habrá luz".

Y este año ha sido eso. Un recorrido en montaña rusa, mezclado con esos trenes que atraviesan túneles. Un subidón emocional. Una lucha interna, obstáculos, desafíos, pruebas. ¡Uufff! Sacudones. Metan fuerza G, tembleque del suelo, pérdida del norte, y no saber qué chucha hacer.

Pero en este momento, mientras escribo, me encuentro muy bien. Tranquila. Bien dice la frase, "mar en calma no entrena marineros". Y como dije esa noche en la clase, todo lo que me ha pasado me ha llevado a estar en el lugar donde estoy. Aquí y ahora. Y estoy agradecida. Eternamente agradecida con todo, con todos. Porque todo en esta vida no es más que aprendizaje. Experiencias, lecciones, momentos, decisiones. Y es para crecer, para mejorar, para ser felices. Porque sé que estamos aquí para ser felices. Y esa felicidad depende de nosotros. Este turbulento año está acabando bien.

Hoy, luego de dormir casi 12 horas seguidas, resucité y busqué un cassette de villancicos que mamá guarda todavía. Canciones que de chiquita ponía en casa desde el 1ero de diciembre. Eso era obligación. Y las cantaba como loca todo el día. Tradición año tras año. Y sí, estoy hablando de muchos años. No sé cuándo mamá lo habrá comprado. Y lo más extraordinario es que todavía lo tenga.

Lo pongo en la casetera, presiono play, y nada. NADA. No sonaba. Al sacarlo me doy cuenta que no estaba la cinta. Pero gracias a mi adolescencia Mac Gyviresca, herramientas, y un poco de cinta, logré recomponerlo. Claro, recordé que tengo problemas de motricidad fina, y me costó un poco. También felicité mentalmente a todos los cirujanos, quienes deben tener una precisión maldita para hacer su trabajo.



Lo vuelvo a poner en la casetera, presiono play, ahora con mamá a mi lado, y después de unos segundos, empezó a sonar. ¡LO HE SALVADO! ¡Salvé la Navidad! Nos abrazamos y empezamos a bailar. Y automáticamente las lágrimas empezaron a rodar (¡Deeeeesiiiiiiii, pooor queeeeee!) Se me agolparon todos los sentimientos, se alborotaron, hicieron mosh y empezaron a gritar: "eh eh eh eh". Y yo, moqueando. Abrazadas todavía. Todo se mezcló, el espíritu navideño, la falta que me hace papá, mi ñaño que está lejos, los recuerdos, todo, todito, todo.

Y adivinen: ESTOY OTRA VEZ LLORANDO.

Pero lloro de felicidad. Porque por más que papá se haya ido, sigue en mí. Por más que mi ñaño esté lejos, sé que está feliz. Y yo estoy aquí, junto a mi madre, una maravillosa mujer. Una guerrera, diosa, que todos los días me enseña. De quien siempre vas a aprender algo.

¡POR QUÉ ME PONGO TAN SENSIBLE EN ESTAS FECHAS!

Y así como el grinch al final de la película, ando contenta. Me vale el sistema, el consumismo, el caótico tráfico navideño, las largas colas de los supermercados, la gente como loca comprando regalos. Me vale. Vuelvo a creer en la Navidad. Vuelvo a creer que esta fecha es para amar, perdonar, estar juntos, sonreír, dar regalos (ya sean materiales o no). El que quiera comprar algo, que lo compre. El que quiera hacerlo a mano, que lo haga. El que no quiera hacer nada, que no haga. Cada uno es feliz a su manera. Y que la Navidad no sea excusa para todo esto. Que todo el año sea así.

Así que mis mejores deseos para todos ustedes, queridos lectores. Les deseo tiempo para estar con sus seres amados. Ese es el mejor regalo que pueden darse. TIEMPO. Aquello es irrecuperable.



Feliz Navidad.

Postdata: Mi casa ya huele a relleeeeenoooooo. ¡Wiiiiiiiiiiii!

sábado, julio 25, 2015

Somos los mismos envueltos en novedad.

Estas últimas semanas me ha tocado hacer una serie de cosas las cuales me han hecho evocar recuerdos del pasado. Recuerdos alegres, y otros que no te hacen sonreír. O al menos te sacan un: "sí que puedes ser bruta a veces, Diana". Y sí, todavía me queda mucho por aprender. 

Todo empieza de la forma más inocente. Tienes que hacer un trámite, y ¡zas! 3 días enteros se te fueron en eso.

Y sumemos a eso nuestra querida y, a la vez, condenada memoria. Aquella que cuando le conviene te oculta información, y cuando le apetece te la arroja toda y te sirve un banquete de recuerdos. Te coloca la servilleta, los cubiertos y se sienta frente a ti con los brazos abiertos, y con una gran sonrisa te invita a comer. 

Es impresionante nuestro cerebro. Un solo detalle puede desencadenar un oleaje irrefrenable de recuerdos. Y ahí te toca salir a flote, o ahogarte en ellos.

Ahora, a mitad de año, me siento desorientada. En este preciso momento no sé qué hacer con mi vida. La típica pregunta de "¿cómo te ves de aquí a 5 años?" ni se les ocurra hacérmela, porque no tendría respuesta. En este momento vivo el día a día, encuentro motivos para agradecer (porque hay y bastantes), sonrío, disfruto. Pero al final del día, cuando cae la noche, en la oscuridad de mi cuarto, antes de quedarme dormida, una voz en mi cabeza pregunta: "¿Y mañana, qué? ¿Y la otra semana? ¿El otro año? ¿Qué?" Es como haber perdido el rumbo, el norte, el objetivo. En este momento me siento a la deriva. Tengo el timón entre mis manos pero no sé a dónde ir.

¿Pido ayuda? ¿A quién? La respuesta está en mí. Lo sé. Tengo que encontrarla.

El asunto es que no me gusta sentirme así. En una rutina depresiva de madrugar, hacer ejercicio, prepararse, salir al trabajo, trabajar, volver a casa, bañarse, arreglar todo para el día siguiente, revisar Internet, a dormir. Al día siguiente lo mismo. El siguiente, lo mismo. El siguiente, ya saben. El siguiente, no, ese es sábado, jajajajajaja.

A lo mejor y nuevamente le estoy metiendo mucha cabeza. Nada, jefe chulo, sigo mascando y mascando. Y confieso que casi que sé cuál es la salida, pero no me atrevo todavía a tomarla. Porque no hay retorno. Pero por otro lado, no quiero retornar. ¿Seguir así, desperdiciándome? Ayer esperando un taxi, una chica frente a mí tenía un tatuaje en el brazo que decía: "Every wasted day becomes a wasted chance". Me lo quedé viendo, como si fuese una señal.

Sé que debo volver a enrumbarme. ¿Y si eso implica ver hacia atrás? ¿Otra oportunidad? También me pregunto si hemos cambiado, crecido, y esta vez funcionará. O como dice Bosé, somos los mismos envueltos en novedad. Ya lo dije, somos tercos. O el universo lo es también. Puedes creer que después de tantos años me vuelvo a preguntar, ¿eres tú?. Ya pues, hasta cuándo, universo. Esto ya se parece al cuento del gallo pelón. Aquella cantaleta con la que nos torturaban los adultos.

¿Qué debo hacer? Salir. Moverme. No quedarme estancada. Como el agua, si se queda quieta, se pudre. Como el fuego, necesito oxígeno. No encerrarme. Sentir. Aceptar. Ser y estar. Pero se me mezcla todo. Me ato y desato. Ay, por Baco, trato de descifrarme y solita me hago un rompecabezas.

Aquí hace falta una buena zamarreada.

miércoles, junio 18, 2014

Nadie más que yo.

Y fue cuestión de escuchar los primeros acordes de esa canción para acordarme de ti. Bueno, papá, debo confesar que esta canción primero se la dediqué a un ex. Y hace mucho, mucho tiempo que no la había vuelto a escuchar. Pero ahora, en pleno trabajo, le suena el celular a un cliente y, ¡zas! Esa canción. Y la letra se me vino encima como una ola. Una gran, gran ola de sentimientos. Porque te me fuiste con el mar. Y esta hermosa canción habla justamente de un amor marino. Y así, se me enjugaron los ojos. Empecé a cantar bajito, bien bajito la canción. Suerte ya era casi el último cliente, y así pude seguir sintiendo. Bajito, otra vez bajito.

Y es que no habrá nadie que te quiera más que yo...

No es justo que luego de 6 años siga llorando. Pero hay que ser sinceros, voy a seguir llorando toda la vida. Pero tranquilo, tranquilo, lloro y río al mismo tiempo. Aprendí que ambas manifestaciones vienen del mismo lugar, así que no te preocupes. Porque las lágrimas ruedan y la risa sale también.

Tengo ganas de irme. A donde sea. Solo irme. Siempre digo que estoy cansada, pero contenta. Sin embargo, últimamente, creo que estoy más cansada que contenta. Y así no vale, ¿verdad? Vos bien lo sabes. Si no hay pasión, ¿pa qué seguir? Pero quiero seguir. Porque no es justo que por decisiones de otros, tengamos que pagar muchos. Decisiones que no comprendo su proceder. Su razón. Ay, Diana, esta manía de salirse del molde, el esquema, el sistema.

Esas ganas de empezar. En otro lado. ¡Agarro la bici y me largo! ¡Yeeiiii! La verdad que es relativamente sencillo. Pero, por lo visto, la mariconada me gana. Y las responsabilidades, el futuro, los objetivos. Sí... sí... la mariconada.

Ah no, ahora escuchando a Viejo Napo. Ahora sí me fui a la mierda. Para colmo, comiendo tus galletas de coco favoritas. A esto, público presente, se le llamo ma-so-quis-mo. Y me río, tranquilo, que me estoy riendo.

Si no estoy, quiero que sepas que te quiero. Así me voy, corazón de marinero.

Esperemos que esto sea tan solo una fase. Porque quiero volver a despertarme y estar contenta de salir de casa. Con esas ganas de comerme el mundo. Por lo menos día a día busco la forma de no dejarme agobiar. Y es así como salen los patacones, la tortilla de huevos, y los cachos a la pelada. No señor sistema, no vas a ganar. No conmigo. Sé que el rumbo que tome mi vida depende de mí, de mis decisiones, de mi actitud. Y con eso, no puedes batallar. Estos 31 años no han pasado en vano.

Cuando pienses en mí, encuéntrame en las cosas más sencillas.

lunes, febrero 03, 2014

Bajar para subir.

A lo largo de mi vida he tenido que atravesar una serie de dificultades. De todo ámbito. Desde económico, estudiantiles, autoestima, etc. Autoestima. Mi infancia fue, para mi punto de vista, jodida. Tuve problemas de adaptación en la escuela. Pasé por algunas instituciones, y en la que más tiempo permanecí, me costó hacer amistades. ¿Por qué? Pues para resumir: era tartamuda, me sentía gorda, fea, y las niñas me tachaban de machona. El famoso "bullying" que tan de moda está ahora, yo lo recibía en la escuela.




Sí. Los niños podemos ser crueles. 

Todavía recuerdo cuando la más bonita del salón se paraba (cuando no estaba el profesor), y decía en voz alta: "Alce la mano quien le gusta Melanie". Y media muchachada alzaba el brazo. "Ahora alcen los que les gusta Gaby". Vaya ahí, otra sarta de manos al aire. Un par más de las chicas bonitas nombradas al azar, y más manos. Ya se imaginan qué pasaba cuando me nombraban...

Súmenle a ese recuerdo un problema de lenguaje. Tartamuda, con todas sus palabras. Moría de la vergüenza si tenía que hablar en público. Pararme frente al salón era una agonía para mí. Luigi, un compañero, osaba cruzarse de brazos y amagar que se quedaba dormido cuando me tocaba leer en voz alta.

Por último, siempre he sido una muchachita activa. Subirse a los árboles, pelotear, lanzarse al suelo, ensuciarse. ¡Eso era diversión para mí! Las muñequitas las tenía en casa. Desarregladas, despeinadas, rebeldes como su dueña. Pero la escuela era para correr, jugar a las cogidas, sacarse la madre en el recreo. Y entonces las niñas empezaron a decirme "machona". Pero cuando quería jugar con ellas, no me dejaban. ¿Qué más, pues? Me iba a jugar con los varones.

Todo eso creó en mí un serio problema de autoestima. Era feliz, tampoco crean que pasaba deprimida, llorando, buscando Tostitos para suicidarme. Jamás. Lloraba, sí, iba a terapia, también. Pero siempre tuve amor. Mi familia fue un puntal de apoyo magnífico. Y dentro de tanta muchachada pendeja, tuve contados amigos que me salvaron.

Así me gradué de la primaria. Al llegar la secundaria, las cosas cambiaron. Ya no había tanto pendejo. Había, sí. Siempre habrán pendejos. Pero empecé a reforzar mi autoestima, conocí mejores personas, y fui sintiéndome mejor conmigo misma. Ahí conocí a una amiga fanática de los dulces, como yo. El asunto era que yo los compraba, mientras que ella los hacía. Oh no, el debacle. Empecé a preparar tortas y galletas después del colegio. Y el problema aquí era que me comía la mitad de lo que hacía. 

Ahora imagínense esos cuadros de porcentajes de ventas, donde la flechita sube, y sube, y suuuuubeeee. Así subí yo de peso.




Siempre he sido de actividad física constante. Deportes, ejercicio. Me encanta. Desde chiquita. Mi abuelita tenía un gimnasio femenino, mi madre lo administraba y daba clases. Las tardes las pasaba ahí. Para mí, hacer ejercicio era un juego. Eso ayudó a que no me hiciera una bola. Pero igual, consumía más calorías de las que quemaba. Y por más dietas que hiciera, medio empezaba a bajar, la rompía, y volvía a subir. Mi adolescencia fue un continuo sube y baja de peso.

Pasé el colegio, entré a la universidad, y seguía en el mismo patín. Amante del azúcar. Podía bajarme paquetes enteros de galletas, medio litro de helado, tortas. La comida chatarra también era mi debilidad. Tengo buen diente. Comer para mí es un placer. Y descubrí que también es un refugio. Soy adicta a la comida. A ese placer momentáneo de meterme un bocado a la boca, saborearlo, disfrutarlo.

A mis 26 años llegué a pesar 199 libras. Con una altura de 1,69mts. Había hecho tantas dietas como amores platónicos tiene una adolescente. La Scardale, la sopa milagrosa, la de la piña, la del lagarto, la del higo (ah no, esas últimas no, disculpen), y tantas más. 

Yo sabía cual era mi problema. No quería cerrarme la boca. No quería dejar de comer rico. Y comía sano. En mi casa, mi madre quien es una excelente cocinera, prepara comida sana. Mi problema era la comida de afuera. La falta de voluntad. Esconderme detrás de ese plato de comida que en ese momento me iba a saber a gloria, y después se iba a alojar en mis caderas. El exceso. Saber que tenía que detenerme, y no hacerlo.

Intenté tantas veces bajar de peso, que a veces perdí la esperanza. No puedo decir que un día simplemente decidí cambiar, y lo hice. La verdad no fue algo así de apoteósico, una epifanía. Creo que simplemente empecé, y ya. Un paso a la vez. Aproveché un descuento que tenía por mi trabajo e ingresé a un centro nutricional. Seguí la dieta que me dieron, iba a las terapias corporales, y descubrí Beachbody. 

Y empecé a bajar.

Todavía recuerdo que durante los primeros 6 meses, no comí dulces, ni chatarra. Jamás había hecho eso. Cero, Polito, cero. Y al empezar a ver los resultados, me emocioné, y seguí. 

Así han pasado estos últimos 4 años. Donde me maravillé al descubrir que el bajar de peso, me subió el autoestima. Desde los últimos años de colegio, empecé a amarme más. A aceptarme. Poquito a poco. Entendí que de pequeña no era gorda, estaba bien. Mis compañeras eran raquíticas, que es diferente. Yo siempre comí sano, fui fuerte, de contextura gruesa. Superé mi problema de lenguaje. Y ahora hablo hasta por los codos. Todavía me trabo, a veces, y me río. Solita meto embrague y arranco otra vez. Mis panas me gozan. Lo machona, ¡ja!, eso no se me ha quitado. Y ya tengo 30 años, no creo que se me vaya a quitar. Soy feliz así, tal como soy. Me pongo mis vestiditos, falditas, me maquillo cada año bisiesto (y se me ve espectacular). Pero casi siempre vas a verme sencilla.

Sencilla. Esa es mi palabra.

Aquellos que recién me conocen hace un par de años creen que siempre he sido así, delgada. Pues nooooo. Era una gordita. Feliz, siempre con una sonrisa. Pero con sobrepeso. Este post fue inspirado por un collage que puse en Facebook donde muestro mi transformación, el trabajo, sacrificio, la voluntad. Me costó horrores. Pero lo logré. Y sigo, porque sé que todavía puedo lograr más. Gracias a todos por su apoyo, consejos, ánimos, puteadas, galanteos (y morboseos, jajajaja). Han sido maravillosos.

Este escrito podrá sonar superficial. A fin de cuentas bajar de peso es sólo apariencia física. Algo corporal, que con la edad se irá desvaneciendo. Pero va más allá. En mi caso, es una lucha conmigo misma, con mis debilidades, mis miedos, mis adicciones, el sistema, el qué dirán, el qué debo ser. Es una batalla, ponerse un objetivo, una meta, y llegar. Exigirse, ser mejor, equivocarse, y seguir, caerse, y seguir, y seguir. Es triunfar. Es una lucha. Bajé de peso, y eso me hizo sentirme mejor conmigo misma. Y todavía lucho. Porque todavía peco. Como cosas que no debería comer. Todavía me escondo en la comida. Y eso es un trabajo que todavía no termino. Poco a poco. Bocado a bocado, en este caso.

Yo no puedo hacer más que contarte mi experiencia. Lo que me costó a mí, no significa que te va a costar a ti igual. Puede que sea más fácil, o más difícil. Todos somos diferentes. Es cuestión de encontrar dentro de ti eso que te mueve a ser mejor. Ese motor que te impulsa. Yo quiero ser feliz, yo soy feliz. Me gusta verme al espejo y sonreír. Coqueta de mierda. Me siento viva, llena de dicha. En armonía. Hay días en que brillo, hay otros en que estoy apagada. Simplemente estoy aquí para aprovechar cada momento. Me gusta irme a la cama de noche sintiéndome satisfecha de lo que hice. Ya no estoy tan traumada. Bueno, a veces sí. Todavía tengo libras que quiero bajar, músculos por tonificar. Pero poco a poco. El truco aquí es disfrutar.

Aquellos que dicen "no puedo". Aquellos que intentan una y otra vez. Aquellos que creen que es muy difícil. A todos, a cada uno de ustedes, les digo que es posible. Perseverancia, disciplina, ñeque, y amor. Que cada fallo nos haga más fuertes.



domingo, junio 16, 2013

Feliz día.

Feliz día a ese padre que me enseñó a disfrutar los pequeños placeres de la vida. A ese padre que estaba loco, y contagiaba su locura a todos a su alrededor.

De quien aprendí a sonreír, a pesar de las dificultades. Porque tu actitud es la que define si te dejas vencer, o sigues adelante. Quien me enseñó que el miedo es para vencerlo. Y te hace más fuerte.

A un eterno enamorado. De la vida, los niños, la música, el mar, los abrazos, el queso de coco, el café, los Beatles, el vino, la salsa, el amor.

A ese padre que nunca dejó de ser niño. De jugar, hacer travesuras, meterse en problemas, sorprenderse, carcajearse, soñar, ser feliz.

Feliz día al hermoso ser que me llamaba para decirme "te amo", y colgaba. O arrancaba flores en el camino a verme, para dármelas.

Feliz día al papá que cantaba, bailaba. A veces sin música. Otras, sin zapatos. Solo, o acompañado.

Qué viva ese papá que me enseñó a usar un taladro, andar en bici, jugar ajedrez, preparar batido de guineo, vivir con pasión, enamorarme, reír, llorar, abrazar, perdonar, gozar, trabajar, amar.

Felicidades a ese ser que se equivocaba, metía la pata, la cagaba, pero nunca, nunca se amargaba. Buscaba la manera de arreglarla. Me enseñó a caer, y levantarme.

Feliz día a mi papá, quien hace 5 años se metió al mar, y no salió más. Y así, igualito, se metió en nuestros corazones, y no va a salir nunca, jamás. 

miércoles, julio 11, 2012

Papá.


Un par de fotos, la voz de Sinatra, y la canción Something. Suficiente para traerte nuevamente a mi cabeza. Creo que nunca dejaré de recordarte, y extrañarte. Esa sonrisa que transmitía un "todo va a estar bien". Aquellos ojos verdes que hablaban siempre con paz, armonía. 

El otro día me puse a pensar qué es lo que más extrañaba de ti. Y no pude decidirme por una. Recordé las veces que llamabas simplemente para decir "te amo". Así, sin más. Y colgabas. No había más que decir. Me encantaba verte reír hasta ponerte rojo, rojo, y atorarte, empezar a toser y reírte más todavía. Eso siempre pasaba cuando hacías alguna, de tus tantas, fechorías. En eso jamás creciste. 

Tu famoso batido de guineo, con un toque de esencia de vainilla. Debo confesar que a mí me queda espectacular, pero no sé si se asemeja al tuyo. Es que, chucha, recuerdo que era delicioso, pero ya no puedo recordar el sabor exacto.

Ahora que lo pienso bien, creo que lo que más extraño es tu voz. No poder escucharla a veces me mata. Y no se vale que ni siquiera sueñe contigo. Así al menos podría sentirte, aunque sea por una creación de mi subconsciente. 

Te extraño papá. 4 años. 4 años en que te hiciste a la mar.

Y cada vez que me rebelo ante alguien, o ante algo, te recuerdo. De ti saqué eso. El no dejarme pisotear.

O cuando tengo miedo. Cuando toca armarse de valor. Claro, para bajar a toda velocidad en bici sí sigo bien maricona, toca admitirlo. Pero la verdad que no quiero irme de cabeza y romperme algo. No, eso de ti también lo adquirí, lo sé, pero lo superé a temprana edad. Adquirí el irme de cabeza, no el romperme. Mis huesos están intactos y quiero que se mantengan así. Allá tú el loco que se mataba a cada rato y el hospital era su segunda casa. Hasta ya de viejo te caíste de un árbol por andar robándote ciruelas.

Estabas loco. A lo mejor y eso puede ser lo que más extrañe. Tu eterna locura.

martes, abril 10, 2012

Hey, soul sister.

Cuando unas palabras de una persona que no conoces, te abren la vena y brotan aquellas palabras que has tenido guardadas durante un buen tiempo. Leer la confesión de otra persona, y sorprenderte, al compartir tu misma sensación, en sus dedos, en sus palabras, en su cuerpo, en su añoranza.

No entiendo por qué te extraño…simplemente ocurre. Hay días –como hoy- en los que te busco incesantemente en mis recuerdos... ni las huellas de otros cuerpos, de otros besos, otros olores, borran el tuyo; es como si tuviera tatuada tu presencia a mi lado. (Extraños recuerdos).

Y son cositas tan insignificantes, que harían reír a cualquiera, las que te traen a mi presente. Jeje. Reír. Aquellas carcajadas que nacían desde lo más profundo. Estruendosas. Alocadas. Desinhibidas. Jamás he reído de la forma en que reía contigo. Fui completamente yo. Sin tapujos, sin poses, sin nada. Sacaste de mí lo que nadie ha logrado obtener. Una Diana que ni yo misma conocía.

Y esta soy yo: intensa, medio loca, a veces un tanto voluble, dispersa, alocada, pasional, irreverente, a ratos agresiva y un tanto violenta, amorosa, dispuesta a cambiar y aprender, en constante cambio y en una búsqueda incesante por conocerme y seguir creciendo. En ocasiones berrinchuda y caprichosa, pero te confieso algo: ¡lo disfruto muchísimo! (Carta a la intensidad 1).

Sin embargo separarnos fue lo mejor. Nos íbamos a hacer (nos estábamos haciendo) daño. Pero, como buena masoquista que soy, lo estaba disfrutando. Bien lo sabes: yo vivo el momento. Duró lo que tuvo que durar. Y sentí (¿sentimos?) cosas que creí no volvería a sentir. Todavía me gusta creer, ilusamente, en tus palabras, en aquellos ojos de mirada necesitada, tus manos tierno-agresivas, tus gestos. En ti. Creo en ti. Creo que fuiste, eres y serás un maricón. Pero un maricón que me hizo feliz en tan poco tiempo.

Gracias mmv.

jueves, febrero 02, 2012

Tengo un hermano.

Tengo un hermano que sufre del "síndrome del hermano mayor": nunca se equivoca, y siempre tiene la razón.
Tengo un hermano que en el colegio le cayó a trompadas a un compañero mío de curso por burlarse de mí en el recreo.
Tengo un hermano que me salvó la vida, cuando a la edad de 6 años me fui de boca al piso y me rompí la quijada. Estando los dos solos en casa, me amarró una toalla en la cabeza y me llevó de la mano a la clínica.
Tengo un hermano que amenazó a todos sus amigos, prohibiéndoles meterse conmigo.
Tengo un hermano que tuvo "la conversación" con mis enamorados. No sé qué les dijo, pero ninguno jamás me faltó el respeto.
Tengo un hermano que me enseñó a defender lo que creo, aun cuando todo el mundo esté en mi contra.
Tengo un hermano que siempre se ha preocupado porque yo tenga lo mejor.
Tengo un hermano que pidió a mis padres me cambiaran de un colegio, porque dicho colegio tenía un bajo nivel académico y él no quería que yo me graduara allí.
Tengo un hermano que me ha hecho una mujer fuerte, una luchadora.
Tengo un hermano que me dice cosas como: "te quiero", y "voy a apoyarte en lo que decidas hacer con tu vida". 
Tengo un hermano que una noche, entre cervezas, en la cocina de la casa me dijo: "tú eres sangre de mi sangre".
Tengo un hermano que a veces es medio bruto para decir las cosas, pero no por malo, es su forma de expresar su preocupación por mí.
Tengo un hermano que me ha enseñado el valor de pedir disculpas.
Tengo un hermano del cual he aprendido que hay que esforzarse por salir adelante, a pesar de todos los obstáculos que se interpongan en tu camino.
Tengo un hermano que ha cometido errores, y me advierte, para que no los cometa yo.
Tengo un hermano con el cual tengo muchas diferencias, pero son justamente aquellas las que han forjado una relación única e indestructible.
Tengo un hermano del cual puedo decir que estoy orgullosa, y me honra decir: "él es mi hermano".


Te quiero Daniel.

domingo, junio 05, 2011

Estupideces

No entiendo. La verdad. Soy experta en guardar estupideces. Recuerdos que en ese momento creo que sería lindo atesorar, y años después, cuando los desentierro, bum, se fueron. Los hago pasar a mejor vida. Próximo destino: el tacho de la basura.

Sí. Eso pasa cuando decides reorganizar tu cuarto. Entonces necesitas acomodar ciertas cosas en otro cajón, y para ello, tienes que desocuparlo. Encontrando así dichos "tesoros".

Pero me niego a botar, todavía, ese recuerdo. ¿Por qué? Porque todavía guardo esa esperanza. Estúpida esperanza. Jajajajajajaja. Estúpida Diana.

Espera. Tenía otro recuerdo, y ese sí lo boté. Fuck!

Estúpida Diana =D

miércoles, enero 26, 2011

3 años papá

El día de hoy, 26 de enero, se cumple 3 años de tu ausencia física en este mundo papá. 3 años grandiosos, en los cuales han pasado tantas cosas que me habría encantado compartir contigo. Momentos tristes en que pudiste haberme consolado, errores que he cometido y en los cuales habría escuchado tus consejos, alegrías enormes para saltar de emoción y sonreír al fundirnos en un abrazo. Pero aunque no pueda verte, ni escucharte, te siento, dentro de mí. Tu esencia sigue entre nosotros.

El sábado que pasó, tus compañeros de trabajo te rindieron un homenaje. En la casa de uno de ellos, nos reunimos, con mis tíos y empezamos a hablar de ti. De tus ocurrencias, qué tipo de jefe eras, las anécdotas más locas y disparatadas, todas las cosas que aprendieron de ti. Mis tíos contaban cómo eras de pequeño, yo les contaba cómo fue tenerte como padre. Fue un momento muy, muy emotivo. Con los Beatles sonando de fondo por supuesto.

Trabajaron contigo unos cuantos años, y fue suficiente para que hayas calado tanto que te rindan un homenaje por tu cumpleaños. Todos estuvimos de acuerdo en que viviste en tu salsa (clásica frase tuya), con intensidad, lleno de una entrega total al prójimo, de humildad, de locura. Recordaban algo que siempre decías: "No imagino la vida sin pasión". Tú viviste con una pasión absoluta por la vida, y lo demostraste en cada acto.

Un recuerdo del homenaje.
Estatuilla que te hicieron. Aunque tus ojos son verdes, pero captaron tu esencia.
Nos haces mucha falta a todos papito lindo. Todavía me pongo melancólica de tanto en tanto y derramo un par de lágrimas. Pero enseguida las enjuago y me repongo, porque sé que no te gustaría que suframos por tu ausencia. Desde donde sea que estés apuesto que carajeas cada vez que alguien se pone triste porque te extraña. Y entonces sonrío, con los ojos llorosos, sí, pero sonrío, porque sé que sigues presente. Una vez leí que mientras una persona te recuerde, no mueres. Siendo así, papá, jamás morirás, porque todos, todos te recordamos.

Estás en todo lo que nos rodea, en todos nosotros, estás en las flores que un joven enamorado arranca de un árbol, en la guayaba que tanto te gustaba, en el queso de coco que te privaba, en el aroma del café humeando, en la risa de un bebé, en cada viajero que jala dedo para llegar a su destino, en cada copa de vino que se sirve con una sonrisa, en cada grito de alegría, en cada mala palabra que se pronuncia desde lo más hondo del estómago, en el aroma de las hojas de un libro, en las canciones que tanto te gustaba cantar, en cada una de los Beatles, en las galletitas saltinas con mantequilla y queso, en el batido de guineo, en la tortilla de huevo con pedacitos de queso, en cada palabra que busco en un diccionario, en la sensación de la tierra cuando la piso descalza, en el majestuoso mar que se extiende hasta el horizonte, en el puré de papa, en las travesuras.

Estás papá. Estás aquí dentro, en mi corazón, en mis lágrimas, en mis sonrisas, en cada paso que doy, en cada cosa que hago.

Te amo.


"Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando." Rabindranath Tagore.

miércoles, enero 19, 2011

Feliz cumple papá

Hoy hubieses cumplido 60 años.

Y conociéndote, lanzarías la casa por la ventana. Te gozarías el llegar a una edad muy temible por los adultos, lanzarías un par de malas palabras y derrocharías vino de tal forma que el mismísimo Baco se pondría celoso. 

Me habría quedado despierta hasta las 12am para llamarte a felicitarte. A cantarte el "feliz cumpleaños" y cantarías conmigo, celebrándote. Gritarías "¡Viva yo!" entre risas. Y en la mañana, apenas me despierte, volvería a llamarte para cantarte "las mañanitas", con mi voz de recién despierta, aunque suene horrible, así desafine, estarías contentote. 

Te pondrías tus pantalones otavaleños, con esas camisas que puso de moda Correa y que siempre decías que te las copió a ti porque las empezaste a usar seguido antes que él. Amarrarías tu cola de caballo con una liga, ese cabello largo y canoso que siempre te gozaba que era melena de león desahauciado, bolsito tejido artesanal al hombro y saldrías a caminar por la ciudad.

Te reirías, a carcajadas, esa risa que te salía bien desde adentro, que se atoraba de lo rápido que salía por tu boca y a veces sonaba como relincho de caballo por quedarte sin aire. Acto seguido, te pondrías rojo, bien rojo, a punto de estallar. Tú literalmente "estallabas de la risa".

Recibirías cientos de llamadas, miles de mensajes de felicitación, abrazos, un sinfín de besos. Y tú los recibirías con enorme gusto. Hasta de personas que, gracias a tu fabulosa memoria, no reconozcas pero que te tienen en enorme estima.

Hoy tomarías café, tu clásica taza de café negro, cargado. Y prenderías un cigarrillo, para fumártelo despacio. Y aunque nunca me gustó que fumaras, hoy no habría tenido problema.

Imagino que terminarías la noche en el Perro, abriendo una cuenta que el dueño sabría de antemano, a pesar de tu gran elocuencia y poder de convencimiento, que no ibas a pagar. Pero no le importaría. Te ganabas de tal manera a las personas que les gustaba verte disfrutando y contagiando a todos de esa gran energía que te caracterizaba. Y cuando sonaran los Beatles o algún rock n' roll clásico, te sacarías los zapatos y bailarías a pies descalzos en pleno bar.

Sí, hoy estoy segurísima que te gozarías el día, tu día, tu vida.

Feliz cumple pa. Ahora sé que te la sigues gozando, estés donde estés.

domingo, octubre 10, 2010

Bajo una túnica

Procedamus in pace
In nomine Christi, Amen.

- ¿Cómo te llamas?

- ¿Para qué quieres saberlo?
- Me pareces interesante.
- ¿Cómo te llamas tú?

Cum angelis et pueris,
fideles inveniamur

Attollite portas, principes, vestras
et elevamini, portae aeternales
et introibit rex gloriae
Qius est iste Rex glorie?

Sade dit moi
Sade donne moi

Se iba, pero siempre regresaba. Era como si tuviera un imán que lo atraía inexplicablemente de vuelta a sus brazos, al roce de sus dedos. Él estaba trabajando, ella estaba disfrutando.

Procedamus in pace
In nomine Christi, Amen

Sade dit moi
qu'est ce que tu vas chercher ?
le bien par le mal
la vertu par le vice
Sade dit moi pourquoi l' 'evangile du mal ?
quelle est ta religion ou` sont tes fide`les ?
Si tu es contre Dieu, tu es contre l'homme

- ¿Qué le hiciste? Está preguntando por ti.

Sade es-tu diabolique ou divin?

¿Qué pasó al final? Lo despachó. Porque en el fondo, no está interesada. Entonces, ¿para qué perder el tiempo?

Sade dit moi
Hosanna

Sade donne moi
Hosanna

Sade dit moi
Hosanna

Sade donne moi
Hosanna

In nomine Christi, Amen

domingo, julio 04, 2010

Mis 7 novios

A mis cortos 7 años de vida descubrí, sin entender por completo a esa edad el gran significado que tenía, que encontrar un solo hombre con todas las cualidades que quería era muy, muy difícil.

Un día, al regresar de la escuela, le dije a mi mamá:
- Mami, tengo 7 novios.

Ella obviamente se impactó. El susto tuvo que haber sido grande y la sorpresa aún más. Me preguntó cómo tenía 7 novios y yo muy tranquilamente le respondí:
- Fulanito es el más lindo de la clase, Menganito me ayuda con los deberes, Sutanito es todo un caballero, con Pepito compartimos el lunch, Juanito me defiende, Luisito es muy gracioso y Perencejo es mi compañero de juegos.

No recuerdo con claridad que esas sean las 7 cualidades, pero deben ir por ahí. Tan pequeña y descubrí que al no poder encontrar todo lo que una quiere en un solo hombre, pues toca conseguirlas en diferentes.

Mi mamá respiró con tranquilidad al aclararle el asunto. No eran mis novios claro está, eran mis amigos, pero a cada uno lo apreciaba por complacerme en las cosas que quería.

20 años después, y no, todavía no encuentro un hombre para "toda la vida". Tampoco estoy desesperada por encontrarlo. He tenido maravillosas relaciones, hombres que me han hecho muy feliz, pero por a o b motivo, separamos nuestros caminos.

Encuentre o no a un hombre para ser mi pareja, no tengo la más mínima idea. Y no me preocupa. Si llega, llega y a disfrutarlo, a vivirlo. Sin embargo recuerdo con mucho cariño esa época en que el amor era algo tan sencillo de sentir. Yo tenía 7 novios y era feliz.

jueves, mayo 27, 2010

Baños, Epicuro, esguince

En este último feriado tuve una serie de experiencias únicas, maravillosas y que siempre guardaré en mi memoria.


Hace muchos años fui a Baños, pero no pude recorrerlo mucho debido a que mi estancia fue corta y debido a un taller de liderazgo juvenil al que fui con un grupo de jóvenes. Por ello, pasamos encerrados en talleres dentro de la hostería. Desde esa ocasión me dije: debo regresar a Baños y disfrutarlo.


Dos años atrás me propuse viajar, pero siempre se cruzó algún inconveniente. Desde la muerte de mi papá, las erupciones del volcán Tungurahua, derrumbes en la carretera, los panas estaban ocupados, planes aquí, cosas allá, y nada. Pero por fin, se dio la oportunidad y el feriado que pasó, nos pudimos organizar 10 panas de distintos puntos del país y encontrarnos en tan maravillosa ciudad.


Bueno, debo confesarles que panas no éramos todos. Un amigo llevó a 3 amigos suyos, recién en el viaje íbamos a conocerlos. Yo le pedí foto y currículum vitae para aprobarlos primeros jeje, mas nunca los dio. Pero bueno, no hizo falta. Apenas los conocimos nos cayeron muy bien, y al final del viaje, se convirtieron en nuevos amigos. Por eso digo, fuimos 10 panas.


Baños es una ciudad donde puedes encontrar muchas cosas que hacer, y muy variadas. Desde relax total hasta adrenalina pura. ¿Yo qué hice? Ya deben saberlo. ADRENALINA. Los que más me conocen saben que tengo una lista de tres locuras que quiero hacer antes de morir:


  1. Bungee jumping
  2. Rafting
  3. Salto en paracaídas

Damas y caballeros, pueden ir tachando las dos primeras de la lista. Por fin las hice. ¿Cómo fue? Increible, fabuloso, fantástico, revitalizante, maravilloso. El saltar al vacío es una sensación indescriptible. Es confiar, dejarse llevar y caer. El vértigo es mortal. Pero uno vuelve a nacer. Grité de emoción, sonreí y volé. Es una liberación.











Luego les contaré qué pasó aquí...




La farra, para qué contarla. Bailé hasta que no me dieron más las piernas. Riquísimo.

Al día siguiente, seguíamos con las ganas de aventura. En la mañana nos zambullimos en el río Pastaza para iniciar el rafting. El guía nos botó al río para aprender a rescatar y ser rescatados. Es un trabajo en equipo, una lucha contra las corrientes, equilibrio, precisión. Fabuloso. Por la tarde, volvimos a tener un delicioso contacto con la naturaleza, en especial con las cascadas. Realizamos canyoning (descender cascadas con arnés y cuerdas). Un deporte que requiere fuerza, concentración, equilibrio pero sobre todo confianza. El instinto de supervivencia te dice "estás loco, qué diablos estás haciendo, te vas a ir cascada abajo, ¡piedras, pieeedraaaas!" y te aferras. Pero si te quedas en ese temor, te bloqueas y pierdes la oportunidad de experimentar algo maravilloso (sí, ya me estoy dando cuenta que he usado esa palabra un par de veces pero es porque resume lo que sentí en todo el viaje). Sentir el agua golpeándote, descender poco a poco, perder ese miedo a caerte y confiar, porque si pierdes el equilibrio, igual te quedas guindado gracias a que estás atado a la cuerda. La última cascada fue fabulosa, porque son casi 40 metros en los que desciendes sin pisar nada, estás en el aire. Como en las películas de acción.

Esa noche, sí, sí, nuevamente salir a farrear. Le saqué el aire a mi cuerpo esos dos días pero valieron la pena.

Regresando de Baños me llega un mensaje de una amiga: "oye mona, Epicuro menciona tu blog en su columna". Y yo me quedé así O_o (sorprendida). Apenas tuve un diario a la mano busqué el dichoso artículo y qué grata sorpresa al descubrir que al redactor de esa columna le ha gustado mi blog, y se sintió identificado con lo que escribo aquí. Ya le envié un mail agradeciéndole la mención, pero aprovecho este espacio para hacerlo público. Se puede decir que me he sentido halagada. El párrafo donde menciona mi blog dice así:

De blog en blog llegué a uno llamado ‘Cuando mis dedos acarician las teclas’, compartí Edith Piaf, El Principito, Almodóvar, Enigma, ternura, erotismo, El Circo del Sol, chocolate, sabores múltiples para el cuerpo, el alma, besando bebés, curando heridas, queso de coco, batido de banano con vainilla, libros, café, cabello largo, Montañita, vino tinto, baño de sencilla poesía que me dejó cautivado, todo en maravilloso desorden.

"Todo en maravilloso desorden...". Qué buena descripción ;o)

Volviendo un poco más arriba, en la última foto que puse aparezco con un golpe en la quijada. Lamentablemente me tocó un guía no profesional que me indicó de manera incorrecta cómo debía lanzarme. Me dijo que debía pararme recta, no flexionar las rodillas y dejarme caer. Cuando es todo lo contrario. Debo flexionar las rodillas y saltar como si fuera a hacer un clavado en la piscina. Debido al mal salto, la cuerda me golpeó la quijada, y mi cuello hizo un "efecto látigo" (como en un choque automovilístico). En ese momento, con la adrenalina y la emoción, no me dolía tanto. Pero luego empezó a molestarme el cuello, y el dolor se extendió a los hombros y espalda. Tocó visitar al doctor.

Radiografía contigo.

Diagnóstico: Esguince cervical.

<:O

Resultado: usar un collarín durante 3 semanas.

x-(

Lo bueno es que no es una lesión tan grave, porque es a nivel muscular, la estructura ósea está intacta y eso es positivo. El collarín ayuda a que mi cuerpo se recupere por completo al tener inmovilizado el cuello. Mi pobre cuello. ¡Extraño mi cuello! Debo usar el collarín en todo momento, menos para bañarme. Así que ahora me conocen como la Monabot.

Y así, damas y caballeros, puedo resumirles lo que he vivido estos últimos días. Una mezcla de locuras, adrenalina y diversión. A pesar de no haber salido ilesa de todo, no me arrepiento de nada. Porque bien dice el dicho: sarna con gusto no pica ;o)