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lunes, marzo 23, 2026

Estigma rojo.

 

Estigma = mancha

- Días.

- Porque buenos no van siendo.

  • manché las sábanas y colchón 
  • quise lavar ropa y mamá salió con "déjame lavar las cortinas"
  • de los 4 huevos, el 3ero estaba podrido así que tuve que botar los 2 primeros y volver a poner nuevos en el sartén 
  • de los nuevos huevos los estaba rompiendo aparte y uno se regó
Ese fue el mensaje que, sentada en la sala le envié a mi mejor amiga y a mi enamorado, mientras comía mi desayuno. Linda forma de empezar el lunes, ¿verdad? Luego de recibir el apoyo de ambos, empecé a desahogarme con la China:
  • Me hundiría en la cama pero no puedo porque se está secando el colchón.
  • Y estoy batallando con la adolescente de 12 años que está molesta y avergonzada de manchar la cama.
  • Brother, estoy usando tampones porque le hicieron comprar a mamá en el hospital y nunca los usé por el pañal. Yo llevo años usando copa.
  • Y estos hijueputas se van saliendo conforme se llenan de sangre. Yo no recordaba que hicieran eso.
  • Es solo sangre. Nada del otro mundo. Baja todos los meses. Es solo una mancha. Tela. Se lava y listo. Pero me desperté, sentí mojado, vi la mancha y me cabreé.
  • Es heavy el estigma del periodo.
A lo que ella respondió:
  • si, como en la mente se viene una secuencia de cosas
  • y ahora tengo que lavar, y ahora debo cambiar sábanas
  • totalmente comprensible
Y sí, toda persona que menstrúa va a entender esto. Totalmente compresible. Porque fue justamente la secuencia de cosas que tuve que hacer. Quitar las sábanas, lavar la sangre, tenderlas. Fregar la mancha en el colchón. Abrir las ventanas para que se seque. ¿Por qué me cabreo? Me pregunté temprano. Ya voy a cumplir 43 años. Y me sigue molestando una mancha de sangre. Pero es ahí que caigo en cuenta. No me cabreo por la mancha. Me cabreo por todo el estigma que nos han impuesto.

Yo misma racionalizo todo en mi desahogo anterior. Es solo una mancha. Se lava y listo. Pongo nuevas sábanas y listo. ¿Por qué exagero? ¿Las hormonas? ¡Las pinches hormonas! Esperen. ¿Estoy exagerando? Ahí viene otro estigma para nosotras. Los cambios de humor. Mi parte racional (la mujer de, casi, 43 años) está analizando todo y diciéndome que estoy exagerando pero mi parte irracional (la adolescente de 12) está emputada y avergonzada.

¿Avergonzada de algo que es COMPLETAMENTE NATURAL? Sí. Y recuerdo que hace 2 días atrás, al regreso de comprar un banco para la ducha, mi madre me vio y me dice, con tono de alarma: "mija, voltéate, estás manchada". Y yo me veo frente al espejo y, efectivamente, había manchado la batona. Ni me había dado cuenta. Pero en el instante sentí el estigma encima. ¡Qué horror! ¡Qué vergüenza! ¿Cuánta gente me habrá visto con una mancha de sangre? ¿Qué habrán pensado? Y aunque en ese momento frené el tren de pensamientos y simplemente actué, me cambié la ropa y lavé la mancha, el tono de mamá no se me ha ido del recuerdo. Porque esa ansiedad social, de preocuparse del qué dirán, sigue latente en mí. Por más que lo he trabajado en terapia.

No recuerdo a qué edad empecé a menstruar. Habrá sido 11 o 12 años. Recibí educación sexual, tanto en casa como en el colegio. No me pasó como a Luchita. Bueno, en el colegio no recuerdo mayor cosa que el funcionamiento de los órganos reproductores, fecundación, concepción, enfermedades de transmisión sexual. No me enseñaron los métodos anticonceptivos, ni hablemos de cómo poner un preservativo. ¿Y el ciclo hormonal? Disculpe: ¿Qué es eso? Eso lo tuve que aprender por mi cuenta. Y también, por mi cuenta, tuve que aprender a ponerme bien una toalla, un tampón y una copa. A "ponerme bien", para no manchar. Nuevamente, para no dejar en evidencia que me estoy desangrando. Porque nadie debe saberlo. Debo seguir con mi rutina normal. Aquí no está pasando nada. ¿Se han dado cuenta que las publicidades de toallas femeninas hacen eso? ¡Púdranse! Claro que nos está pasando algo.

Pero esto se acabó. No tengo porqué avergonzarme de mi menstruación. Es algo que nos han enseñado y, como toda enseñanza, se puede desaprender. Lo hemos visto en casa, en los centros educativos, con nuestros pares, en la televisión, en la publicidad. Basta. Basta de sentirnos acomplejadas por algo que es parte de nosotras. Y algo que es sano. Normal. Necesario. Soy una mujer sana que cada 28 días sangra. ¿Me gusta sangrar? No. ¿Pienso que deberíamos tener otro método que nos indique que no estamos fecundado una nueva vida? Sí. ¿Me gustan mis cambios de humor? No. ¿Le advierto a mi enamorado? Sí. XD

No sé por cuánto tiempo más voy a tener que pasar por esto. Por mi edad sé que ya podría estar entrando en la perimenopausia pero hasta ahora Andrés baja cada mes. Como relojito suizo. Y sé que cuando esté llegando ese nuevo tren va a venirse otra montaña rusa de emociones. Porque la ausencia de la regla es otra movida con más cambios hormonales, los famosos sofocones y no sé qué más me vendrá. ¿Ven? Nuevamente la ansiedad se quiere apoderar de mí y ya estoy armando escenarios que ni siquiera han sucedido y quizá ni sucedan. Capaz simplemente deje de menstruar y me asustaré por un tiempo hasta que me dé cuenta que el estigma rojo ha abandonado mi cuerpo.

Ahora, con su permiso, iré a poner nuevas sábanas y me acostaré en mi cama porque la adolescente de 12 años todavía quiere refunfuñar un poco más. Espero no volver a mancharla.

domingo, marzo 08, 2026

De un bebé a un ACV.

El domingo 22 de febrero mi vida dio un vuelco. A la izquierda, para ser precisos. Hoy se cumplen 2 semanas desde que me dio un infarto isquémico cerebeloso. Si no fuera por mi buen estado físico, el rápido accionar de mi madre que me llevó a emergencias y la atención hospitalaria que recibí quizá no estaría aquí escribiendo esto. Y tengo tantas cosas en mi cabeza (incluyendo una mancha ahora en mi cerebelo) que creo que podría escribir un libro al respecto.

Estuve hospitalizada una semana y media. Conocí los techos de dos hospitales (ya que en el primero no había sala de neurología y me tuvieron que transferir), personal médico muy atento y amable, comida que algunas probé, otras ni siquiera miré y algunas devoré (ese suflé de choclo fue la gloria), diferentes máquinas para múltiples exámenes, una sala de quirófano y pinchazos, muchos pinchazos. No le deseo a nadie estar hospitalizado. No le deseo a nadie pasar por lo que pasé yo. Sin embargo, esto que me pasó me cambió y estoy agradecida de estar viva. De estar aquí, con todas mis funciones motores y cognitivas casi intactas. Estoy más lenta, más pausada, más consciente. Pero estoy. ESTOY.

Una gran amiga me regaló un cuaderno y pluma y me dijo que es importante escribir a mano. Así que aquí estoy derrochando palabras. Conectándolas unas con otras para que tengan sentido. Aunque a veces la vida no lo tenga. O no sepamos cuál es el sentido de la misma.

La vida, al menos para mí en este momento, no tiene un sentido, porque lo que me pasó no puede explicarse. No tuve ningún accidente previo, caída o movimiento brusco de cuello para lesionarme la arteria izquierda. Una disección arterial fue lo que dijo el neurocirujano, luego de la arteriografría que me realizaron. ¿Yo qué recuerdo? Que 3 días antes del infarto, mientras iba rumbo al trabajo en bici, me dio vértigo y no pude pedalear. No entendía qué pasaba. Me dolía la cabeza, pero solo el lado izquierdo. Dos días antes, el susto fue más grande porque me caí de la bicicleta. Nuevamente, hacia la izquierda. Yo iba en línea recta, en la mitad de la calle. En cuestión de un segundo en que miré a la derecha y volví al ver al frente ya estaba en el carril izquierdo yéndome de frente con un carro que estaba estacionado. Producto del frenazo a raya se dio la caída. Que no fue mayor y solo provocó un raspón de rodilla. Ese día y el sábado, dolor de cabeza. Pero el domingo sí vinieron los síntomas más fuertes y ahí fue que mi madre me salvó la vida (según chatGPT, mi nuevo bestie). Ese día mi cerebelo no recibió suficiente sangre y ZACAPUM. Final del episodio.

¿Continuar viendo? Ok.

En el trabajo creían que estaba embarazada (he ahí el motivo del título del post) y yo estaba aterrada con ese pronóstico. Porque no quiero hijos y ya que voy a cumplir 43 voy a decir la plena: qué pereza. El periodo debía llegarme ese finde pero en mi oficina poco más y estaban apostando el sexo (niña ganaba, canallas). Entre organizar un baby shower o cafetearme (sí, Mauricio, tengo la foto que me tomaste con la vela) yo me sentía mal, cansada, no aguantaba mucho las luces y caminaba como tontita. Nunca vimos que eran síntomas de falta de sangre. Spoiler, el periodo llegó el mismo domingo del infarto. Yo contenta de que bajó y a la hora, TOMA.

Me admira mi fortaleza. Al igual que al personal médico. Fortaleza física y mental. Porque mis emociones estaban subidas en un carrito en la montaña rusa más alta de todas y dándose un paseo fenomenal. He pasado por múltiples estados emocionales (digna payasa, querida Raquel). Feliz de estar viva. Asustada. Deprimida. Asustada. Triste. Asustada. Vulnerable. Asustada. Pero hay algo que nunca perdí y me mantuvo aquí. Mi sonrisa. Mi actitud. Solo hubo un día, un fatídico día en que creí que me iba. Literalmente. Al tercer día estaba mejorando pero de un momento a otro vino otra vez todo. El dolor, el vértigo, la inclinación a la izquierda. Fue horrible. Me volvieron a revisar, me quitaron el celular, apagaron las luces, me medicaron, hasta estabilizarme. El día después de ese evento yo sentí algo que no quisiera nunca sentir. Que mi alma dejaba mi cuerpo. Acostado ahí en la cama. Pero mamá me dijo que ella no lo creía así. Que ella sentía que yo todavía tenía una misión que cumplir en este mundo. Y ella me mantuvo aquí. Ella, mi familia, mi novio, mis amigos. Me puse a pensar en que si me iba me iba a ir amada, agradecida, tranquila. Asustadísima como nunca. Pero en paz. Esos días una canción sonaba en mi mente. La cantaba cuando podía, bajito, bajito. O la tarareaba al menos. Es una canción que papá y mis tíos siempre cantaban. Es una canción muy especial para mí. Y no me la sé toda, pero yo solo cantaba:

Qué será, será,
será lo que debe ser,
la vida te lo dirá,
qué será, será...

Después de ese día siento que renací. Con poca fuerza. Débil, muy débil. Como una flor volviendo a abrir poco a poco sus pétalos. Empecé a comer, a ganar fuerza, vitalidad.

Los siguientes días fueron más llevaderos. En lo que se puede. Porque estar hospitalizado aburre horrores (recuerden que no tenía celular). Las horas eran eternas. Sólo tenía 1 hora al día de visita y 1 sola persona podía ir. Esa hora era la más esperada del día. El resto de las 23 horas no tenía nada que hacer más que ver el techo, las manos, tocarme la cara, acomodarme en la cama, hacerme pipí en el pañal (porque me tenían prohibido levantarme), imaginarme historias en la cabeza y dormir. Es por ello que agradezco enormemente a mis compañeras de sala. Quienes me hacían compañía y conversábamos cuando podíamos. De cariño y para velar por su identidad, les diré que les puse de apodo: "Flores", "Apagón" y "Pescuezo". Cada una era una historia diferente, un diagnóstico distinto, pero todas estábamos juntas en el mismo lugar y en el mismo momento. Y nos cuidábamos mutuamente. Sin ponernos de acuerdo. Creo que fue un pacto sororo. Tácito. Ninguna quería estar ahí. Éramos prisioneras. Así que no nos quedaba más que conversar, reírnos, imaginarnos qué deliciosa comida iba a llegarnos y soñar con ese mundo afuera de esas paredes blancas y luces blancas.

¿Continuar viendo? Ok.

No quiero recordar las cosas negativas del hospital. Tampoco me interesa contárselas. Pero le daré un twist al asunto y voy a agradecer algunas cosas:

  • Agradezco poder despertarme por mi cuenta y no prendiéndome las luces a las 5y30am.
  • Agradezco que no me despierten cada 2 horas para tomarme los signos vitales.
  • Agradezco tener apetito y la deliciosa comida que mamá prepara.
  • Agradezco poder evacuar normalmente y no tener que acudir a un enema.
  • Agradezco poder bañarme por mi cuenta.
  • Agradezco no ser pinchada.
  • Agradezco estar comunicada con mis seres queridos.
  • Agradezco poder escuchar música, pintar, ver algo en la tv.
  • Agradezco dormir en mi cama (aunque no pueda hacer "cama arriba, cama abajo").
Y esta lista podrá alargarse, porque estoy agradecida por muchísimas cosas más. Estoy agradecida por el personal médico que me atendió. Por las licen, las auxiliares, el personal de limpieza, el que llevaba la comida, el camillero. Todos. Agradecida con mi madre, mujer fuerte y valiente. Esa man es lo máximo. Por mi novio, a quien le tocó afrontar todo esto sin tener puta idea de qué hacer. Y está aquí conmigo (le pregunté si me seguirá amando aunque quede mal de la cabeza y su respuesta me encantó). Agradecida con toda mi familia, amigos y compañeros de trabajo que se activaron y han sido mi red de apoyo. Red internacional porque estoy sorprendida que han escrito de todos lados. Gracias a todos por su apoyo, por sus palabras de ánimo, por ser y estar. Por joder, por no joder. Por sus mensajes, vídeos, voicenotes, regalos.

El día que me dieron el alta lloré. Cuando el camillero me sacó del hospital y vi el cielo lloré. Y de recordarlo en este momento se me vuelven a mojar los ojos. Esta experiencia me ha enseñado a valorar las cosas que damos por sentado. Y ese día yo lloré porque no había visto el cielo en semana y media. Me conmoví. Ahora valoro más muchas cosas, más de lo que antes hacía. Ahora soy una nueva Diana. Una Diana que ahora le toca recuperarse. Descansar. Hacer terapia. Una Diana que salió de esto y tiene mucho para dar todavía. Sigo reafirmando la frase que tengo tatuada en mi espalda: "Life is what happens to you while you're busy making other plans".



martes, diciembre 06, 2022

La baqueta.

Comenzamos teniendo tres cosas en común: el nombre, el reloj y la orientación sexual. Conforme pasaba el tiempo esta lista de coincidencias se fue incrementando. Nada es casualidad, asegurábamos las dos. Y a veces, cuando crees que tienes la vida resuelta, el universo te sorprende colocándote en un momento y lugar preciso para aprender más de ti.

Ese sábado acudimos juntas al plantón. Y por más experiencia que tengas siempre estás expuesta a que te suceda algo. Y ese día pasó. En un acto cobarde y traicionero, un agente de la autoridad te roció gas lacrimógeno a quemarropa por la espalda. Los gritos y reclamos de todos los presentes no se hicieron esperar. Y la humanidad afloró en todos al correr a socorrerte. Entre lágrimas y gritos de dolor intentamos aliviar el ardor. Te quitamos la camiseta y te cubrimos la cabeza con otra, a modo de carpa, para soplarte humo de cigarrillo. Tú seguías llorando. Yo no sabía qué hacer, nunca había estado en una situación así.

Terminamos saliendo del lugar para ir a la casa de una de las compas. Te metimos al baño y, con celular en mano, buscamos como quitarte esa huevada de encima. Un litro de leche y varias jarras de agua jabonosa después tú seguías sufriendo. Yo no sabía qué más hacer, nunca había estado en una situación así.

En un momento de lucidez (o conexión con algo más) cerré la puerta del baño y te desvestí. Me quité también toda la ropa y nos metimos a la ducha. Te bañé. Te abracé. Te besé. Mientras lavaba tu cabello sentí el ardor en mis ojos. Todavía tenías gas encima y empecé a llorar también. Cerré mis ojos y seguí restregando. Toda tú temblabas. Y no era por el frío.

Te enjaboné toda, de pies a cabeza. El agua nunca dejó de correr. Al igual que mis caricias por todo tu ser. De pronto, mi boca se unió y empecé a decirte cuán orgullosa estaba de ti y lo admirable que eres. Una mujer fuerte, decidida, luchadora, valiente. Alguien que cambia la vida de las personas que topa.

Y así, entre el shampoo, el jabón y el amor te fuiste calmando. Tu piel ya no estaba enrojecida y respirabas con tranquilidad. Ya no llorabas. No me dejabas de abrazar. Yo no te iba a soltar.

No sabemos cuánto tiempo habrá pasado. Cerré la llave del agua y procedí a secarte muy suavemente. Te sentía tan vulnerable que cuidaba todos mis movimientos para no lastimarte.

Y así, aunque al comienzo no supe qué hacer ya que nunca había estado en una situación así, me dejé llevar por la energía básica que nos mueve: el amor.

Fuente: Percha


martes, noviembre 15, 2022

¿Quién eres tú para decirme cómo debo verme?

Hoy estaba entrenando en el gimnasio con una compañera. Entre una serie y otra me cuenta que no se ha vuelto a poner una pequeña licra, le queda súper bonita, que viene con una faldita encima. ¿Porqué? Porque tiene celulitis y le da vergüenza. Luego, en la clase de spinning, le veo a otra compañera un lindo hoodie nuevo y le comento que estaba muy bonito y le quedaba muy bien. Me agradeció y al instante se lo alza un poco para agarrarse la "guata" y decirme: "lo único malo es esto". Yo le sonrío y le digo que no tiene nada de malo.

Y pienso en que yo atravieso la misma situación todos los días. No estoy conforme con mi cuerpo. Desde adolescente no lo he estado. Siempre mirándome al espejo y pensando que estoy gorda. Inclusive cuando bajé de peso y llegué al ideal, el reflejo del espejo me seguía diciendo que me faltaba. 

  • Te falta bajar más.
  • Tienes muslos muy grandes.
  • Te cuelga la piel de los brazos. El "doble hola", las "alas de murciégalo".
  • Esas pantorrillas parecen liquid paper.
  • Malditos rollitos.
¿Quién te crees para venirme a decir cómo debo verme para sentirme bien conmigo misma? ¿Por qué me vendes una crema para borrarme las estrías? ¿Por qué debo someterme a una cirugía para verme más joven? ¿Por qué no puedo volver a usar un vestido que me gusta porque ya lo usé en una fiesta anterior? ¿Por qué debo ponerme tacos si son incómodos? ¿Por qué debo maquillarme para verme bonita?

Continuamente nos están bajando la autoestima. Las revistas, los comerciales, la industria, el sistema. No podemos sentirnos bien con nosotras. No les conviene. Porque así seguiremos consumiendo los miles de productos que nos chantan para poder sentirnos mejor. Pero nunca lo logramos, siempre habrá un pero. Y siempre vendrá un producto nuevo para satisfacer nuestro amor propio.

El otro día una persona muy especial me dijo: "si te vieras a través de mis ojos". Yo le contaba que cuando llegué a mi peso ideal me veía al espejo y veía que todavía me faltaba. Y ahora que veo las fotos de esa época me digo: "qué chucha, estaba súper bien". Pero para mis ojos no. Porque justamente nuestra mente es nuestro peor juez y verdugo. Y de plano me remata diciéndome: "estás súper bien ahora".

Porque desde niñas nos van metiendo en el mate la obsesión por el peso y la imagen. La niña debe estar siempre bonita, arreglada, presentable, calladita, educadita, con una sonrisa. Una muñequita. Y a esta muñequita le justaba subirse a los árboles, correr, sudar, despeinarse. A esta niña le gustaba comer. "No, no, no, bocados pequeños". "No se embarre, no se ensucie, no importa que sea una hamburguesa, se come con cubiertos". Si el placer que da comer con las manos es fantástico.

Así que vamos a hacerle yuca a todas esas bombas cargadas de críticas, paradigmas y cánones de belleza. Yo decido cómo verme y qué ponerme para sentirme bien.

Déjame ser. 

lunes, septiembre 12, 2022

Derecha.

Se conocieron deslizando a la derecha. Ambos tenían la sensación de conocerse desde antes, aunque no sabían de dónde. Lo más seguro es que se hayan visto en algún lugar y no lo recuerdan. Pero sus rostros eran familiares. ¿En otras vidas? ¿Universos alternos?

Ella no busca amor. ¿Él? Ella no lo sabe. Cuando le preguntó él respondió: "lo mismo". No busca amor entonces, ella pensó para sí. Pero al decir "lo mismo" no se sabe qué mismo busca. Quizá no busca nada específico, susurró una pequeña vocecita en su cabeza. Que se dé lo que se tenga que dar, sentenció la misma voz. Y él estuvo de acuerdo.

Es a esa voz a la que le gusta jugar, contigo, que me estás leyendo, conmigo, quien está escribiendo, con él, quien me está inspirando. Aquel juego de seducción tan fácil de jugar, de seguir las reglas. Pero primero, establezcamos las reglas: 

Lo primero es que sea soltero

Con cerebro sería el dos

Que esté bueno va de tercero

Y de paso que tenga buen humor

Ahora esa vocecita sugestivamente propone: "Tocará pasar al siguiente punto en la historia. Tú y yo en el mismo lugar. Piénsalo..." ¿Ya estamos en ese punto? Se preguntaron ambos. "Una cerveza cada uno. Una mesa. Quizá música de fondo", acotó la voz.

Y por ahora hasta aquí llega este escrito. Estamos en apenas el piloto. Quizá ni pasemos de este primer capítulo.

Que se dé lo que se tenga que dar.



jueves, marzo 21, 2019

Hoy aprendí que Somos.

Hoy aprendí que Somos una sociedad machista, homofóbica, clasista, sexista, misógina, adultocentrista, racista. Y al mismo tiempo cálida, bondadosa, alegre, amiguera. Hoy comprendí que castramos emocionalmente a nuestros hijos varones, al mismo tiempo que ofrecemos a nuestras hijas al mejor postor. Digo, partido. Y que con tan solo 16 años ya vamos a ser madres. Y ya debemos dejar esas cosas de ensayos de lado, porque debemos cuidar al marido. 

Hoy aprendí que nuestros padres dicen estar orgullosas de nosotras y jamás han ido a ver nuestras presentaciones. Y que nos da permiso para ciertas cosas, pero para eso no. "Uy, no, señorita, mi marido para eso no me da permiso". 

Hoy conocí dos adolescentes con la fortaleza suficiente para hablar de cosas que nos incomodan. De primos, flores, libros, y derechos. De respirar. De sueños. De ser. Y sobre todo, de no dejar de ser lo que queremos ser. 

Hoy regreso a casa con la analogía del gasfitero que con el tiempo ya solo grita: "eeerooooo". Que nuestra relación al pasar el tiempo sea como su llamado, el cual lo entendemos aunque no lo pronuncie completo. 

Hoy Somos mucho más de lo que fuimos tiempo atrás. Y todavía nos falta por ser.

La danza del asiento amarillo.

Decidió avanzar hasta la estación central para agarrar el bus que la dejaba al pie de su casa. Ya era tarde. Justo se bajaba del bus y vio llegar al que debía subirse. Entró y se fijó que todos los asientos azules ya estaban ocupados. Al inicio del bus, sólo habían 3 asientos amarillos desocupados. Asientos que no son para ella.

"Ya es tarde", pensó. "Tal vez no se llene el bus. Y si se sube alguien que tenga preferencia, me levanto". Y así se sentó en uno de ellos.

Los otros asientos amarillos estaban ocupados por dos ancianos, y por otros dos jóvenes que, a simple vista, no eran de la tercera edad, no estaban embarazados, con alguna discapacidad física, o niño en brazo.

El bus inició su recorrido. Un par de estaciones más adelante se subió un señor de la tercera edad. Nadie se inmutó. Automáticamente ella se levantó y le cedió el asiento. 

Y ahí inició una danza. Sin música.

Uno de los jóvenes en otro asiento amarillo se levantó para cederle el puesto a ella. Sonrío y se sentó. El bus siguió avanzando y, nuevamente, luego de un par de estaciones una anciana se subió. Nadie se movió, y ella le hizo señas indicándole que se acercara. Pero el impulso tal vez fue contagioso porque el otro joven se levantó primero para cederle su asiento.

Ella sonrió y se quedó sentada. Tal vez vibraba en bondad y la estaba esparciendo.

Faltaban apenas 4 estaciones más para su parada cuando se sube una señora, de rostro cansado. La vio buscando dónde agarrarse bien y le sonrió. "Señora, venga, siéntese aquí", mientras se levantaba. Entre las arrugas brillaron unos ojos agradecidos. Con cuidado se sentó, y se pudo ver cómo dejó su cuerpo caer.

El recorrido llegó a su fin. Aunque sólo iba a casa en su mente ella iba danzando.

domingo, noviembre 12, 2017

El único asiento libre.

Por trabajo debo viajar todos los días a Milagro. Y ya es una rutina en mí el subirme a los buses, buscar un asiento y ver algo en Netflix a la ida, o quedarme dormida al regreso. Ese día me cambiaron la rutina.

Subo a la CITIM y estaba llena. Justo el día anterior me había tocado viajar parada hasta Yaguachi. Pero al fondo pude divisar sólo una cabeza en el asiento de la ventana y parecía estar vacío el del pasillo. Avancé y al llegar me topo a una chica con una nena acostada en el asiento que parecía estar vacío. No quise despertarla así que sólo me quedé ahí parada, pensando en que nuevamente me iba a tocar viajar de pie un tramo del camino. Pero la chica se me queda viendo y pregunta si deseaba sentarme.

- Si la nena no se despierta...

Pero al agarrarla para acomodarla encima de ella se despertó. Y como todo buen bebé, empezó a llorar.

Yo prefiero viajar mil veces parada a estar al lado de un bebé llorando.

La chica trataba de calmarla, se veía que la niña estaba molesta por haberla sacado de los brazos de Morfeo, y le rechazaba las muestras de cariño que le otorgaba. Le pregunté a la madre el nombre de la nena. Valentina. Y le dije que yo tenía una canción que mi papá me cantaba para hacerme dormir. Así que mientras ella se sacaba un seno para darle algo de leche yo empecé a cantar bajito:

"Cuando era niño pregunté: óyeme madre, ¿yo qué seré? ¿Seré muy rico, seré feliz? Y ella me contestó: Qué será, será... Será lo que debe ser... La vida te lo dirá... Qué será, será..."

La combinación leche + canción surtió efecto y Valentina volvió a quedarse dormida. ¡Excelente!, pensé. Ahora yo también podré dormir. Estaba cerrando los ojos cuando la chica me pregunta:

- Disculpe, ¿es usted policía?
- No, no lo soy.
- Aaahhh, es que le veo eso ahí -señalando mis placas- y creí...
- Ah, no, no. Aquí tengo información personal, en caso de emergencia.
- ¿Y quiénes usan eso?
- Bueno, por lo general los soldados, miembros de la fuerza pública, bomberos. O quien quiera. Yo las uso porque tengo un tipo de sangre jodido y alergias que son importantes que se sepan en caso que tenga un accidente.

La chica hablaba tímida, bajito. Quería saber más sobre las placas, si se podía poner otro tipo de información, por qué se usaban. Luego empezó a preguntar si yo era profesional, y un poco de cosas un poco superficiales. Pero de repente, aún con un tono tímido, me preguntó:

- Y cuando la mujer es profesional no se deja humillar de un hombre, ¿verdad?

Ahí me di cuenta que no iba a dormir durante ese viaje.

Le respondí que no necesariamente. Que un título no te hace más mujer, o mejor persona. Que eso dependía de uno mismo, de sus creencias, crianza, autoestima. Que existen personas que no tienen título y son maravillosas, y otras con título que pueden ser una mierda.

- ¿Y qué sucede cuando un hombre tiene una pareja, un hijo, y busca a su anterior pareja?

Les estoy redactando la pregunta de manera directa. Porque ella dio muchas vueltas para poder hacerla. Se notaba que le daba vergüenza hacerla, pero igual la hacía, con esa inocente confianza que tiene un niño.

Para no alargarles el cuento, durante toda esa hora de viaje, ella me confesó su situación actual. Estaba dejando su tierra, al padre de su hija, y estaba camino a Guayaquil a la casa de una prima para luego seguir a la sierra, donde esperaba encontrar un trabajo para poder mantenerse. Ella ya no quería seguir con ese hombre, porque sentía que no la quería, que Valentina lo fastidiaba. No sabía qué iba a hacer, pero se iba. 

Adicional ella tuvo una anterior relación, pero al fallecer su padre, su luto la llevó a alejar a ese hombre de ella. Me contó que él la quería apoyar, pero ella en su momento de dolor no quería saber nada de nadie y lo despachó. Tenía 16 años. Pasó un año y este hombre encontró otra mujer, con la que actualmente tiene un hijo, pero no la quiere. Y ellos siguen conectados, a través de redes sociales. O sea, él la sigue buscando.

Ella no sabe qué hacer. Tiene miedo de volver a intentar y fallar. Él ya tiene una nueva relación, y un hijo, y no entiende por qué la sigue buscando. Dándole esperanza de retomar. Tiene miedo que el padre de su hija la rastree, encuentre, y quién sabe qué vaya a pasar. Nadie en su familia sabía a dónde estaba yendo. Sólo una tía le dijo: "agarra tus cosas y vete".

¿Qué puedo decirle a una perfecta desconocida en un caso así?

No quedó más que darle pistas, o sugerencias. He aprendido que los consejos no siempre son una respuesta correcta. Es bueno que cada persona descubra dentro sí qué es lo que tiene que hacer. No puedo decirle: "Yo en tu lugar haría", porque soy yo. No ella. Es ella la que tiene que decidir qué hacer. "Escucha tu voz interna", fue mi sugerencia. Le dije que estaba haciendo bien en dejar a un hombre que no la quiere, y que tiene posibilidad de lastimarlas. Que se pare firme, y en caso de que la encuentre, busque ayuda. Ponga denuncia. Que jamás permita que la lastimen. Eso no es amor.

Y sobre su anterior pareja (que resulta es militar, por eso le llamó la atención mis placas), que debe decidirse él. No puede estar jugando con los sentimientos. Se comprende que esté en una encrucijada, pero debe tomar una decisión. Considero un error el quedarte con alguien que no amas por los hijos. "Tu felicidad es primero", le dije. "Si tú eres feliz, Valentina será feliz. Y los hijos sienten cuando papá y mamá no son felices. Tal vez no de manera consciente, pero lo perciben".

No sabía qué más decirle, no quería volcar todos mis libros de auto ayuda y superación personal sobre ella, por temor a hablar de más. Pero percibía que ella estaba sola, asustada, y necesitaba una voz que le dijera: "adelante, vas a salir de esta".

Ya llegando a Guayaquil ella me termina preguntando el nombre, y nos presentamos. Coincidencias del destino, la nena se llama Diana Valentina. Habíamos hablado todo el camino sin conocernos. Pero la veía un poquito más segura. Como que algo dentro de ella le decía que iba por buen camino. Me agradeció, y le di un abrazo. Le dije que por algo el único asiento vacío en todo el bus era al lado de ella, y adicional mis placas estaban a la vista. Porque suelen estar debajo de la camisa.

"Busca tu felicidad", le dije antes de irme. "Cuídate, cuida a Valentina. No importa que no tengas título. Puedes salir adelante. Date la oportunidad de encontrar nuevamente el amor". Veía temor en sus ojos, pero un brillo de esperanza también. Una mezcla de: "no sé lo que estoy haciendo pero ahí voy".

Y así me fui caminando, pensándola. Un asiento libre, unas placas, una canción para hacer dormir a un bebé se conjugaron para crear un retorno a casa inesperado. De verdad el universo obra de manera misteriosa.




miércoles, marzo 25, 2015

¿Maquillaje? No gracias. Natural, por favor.

Quienes me conocen, saben que no soy amiga del maquillaje. Quienes me conocen, repito, muy rara vez han tenido la oportunidad de verme maquillada. La mayoría de los días voy por el mundo, como dicen, con la "cara lavada". Próxima a cumplir 32 años, puedo decir que soy una mujer a la que no le gusta maquillarse. ¿Cuándo lo hago? En ocasiones "extremas". Entiéndase una boda, una mega fiesta o un gran evento. ¿Y les confieso algo? No tengo maquillaje, y recurro a mi madre para que me arregle.


No sabría decirles a qué edad le declaré la contra al maquillaje. Para ser sincera, nunca he sido muy fan del mismo. En el colegio, época en la que usualmente las mujeres empiezan a usar maquillaje, recuerdo que mis compañeras lo hacían, y a mí nunca me atrajo mucho. Siempre he sido de look casual, deportivo. Además, recuerdo que cuando íbamos a una fiesta, tardábamos horas en arreglarnos, ponernos guapas y todo, para que en 3 piezas de baile, se desbaratara el glamour. Y anda al baño a retocarte. Mientras mis amigas demoraban en elegir qué ponerse, peinarse, maquillarse, y más, yo estaba lista antes y tocaba esperarlas.

A lo mejor y empezó por ahí mi enemistad. Veía una pérdida de tiempo el pintarme la cara para luego sudar y se enjuagara la belleza. Ir al baño, retocarme, volver a sudar, y volver al mismo loop. Es que, cuando bailo, BAILO. Entonces no me gustaba tardar tanto en ponerme maquillaje encima, verme guapa, y que este desapareciera después del Meneaíto. Tampoco me gusta la sensación del maquillaje en mi rostro. A lo mejor y como no estoy acostumbrada, en serio siento el maquillaje encima. Como una pasta. Es algo incómodo.

Por otro lado, no me gustan los bolsos grandes. Y el maquillaje ocupa espacio. Base, blush, rímel, rizador de pestañas, sombras, delineador de ojos, de labios, labial, cubre ojeras, y más tereques. Si toca llevar bolso o cartera, llevo lo básico. Soy feliz con billetera, llaves y celular. O bueno, una mochila a la espalda también.



Adicional, soy una mujer que se mueve de arriba para abajo, hace ejercicio, anda en bici, y tiene rosácea (piel delicada). Son simplemente más motivos para no maquillarme. Pero es desde hace algunos años atrás en que pienso que no necesito maquillarme porque me siento hermosa tal como soy. Considero que el maquillaje sirve tanto para ocultar imperfecciones como para resaltar rasgos de tu rostro. Y yo no quiero eso. Para mí la verdadera belleza es natural. Así, con mis rasgos buenos y malos.

¿Y a qué viene todo esto? A que el otro día estaba en una reunión por el cumpleaños de un familiar, y mi madre me dice: "mijita, está muy pálida, póngase algo de color". Y yo no quería. Entonces pensé, ¿por qué es solo la mujer la que se maquilla? ¿y el hombre? Él también puede estar pálido. Él también tiene rasgos que realzar, u ojeras que tapar.

Queridos lectores: no quiero maquillarme.


¿Por qué las mujeres usan maquillaje?
Desde tiempos remotos, hombres y mujeres han hecho uso de los cosméticos. Los arqueólogos han encontrado éstos en tumbas egipcias que se remontan a 3,500 años a.C. Hoy sabemos que cuando las griegas empolvaban sus rostros para presentarse como pálidas bellezas, y las romanas ponían rubor en sus mejillas, algunas terminaban paralizadas y otras lo pagaban con la vida. El polvo facial, usado hasta el siglo XIX, tenía base de blanco de plomo, y el rubor era minio de plomo, ambos venenos potentes. Otro veneno mortal, el cloruro de mercurio, era ingrediente común de los rubores del siglo XVII. En los siglos XV y XVI las mujeres se aplicaban gotas de belladona (mujer hermosa, en italiano) para obtener una mirada brillante. Ese hábito producía ceguera. En la década de 1920 la enorme popularidad de las películas de cine impulsó el uso generalizado de cosméticos, inspirado en el maquillaje de los actores. Hacia 1950 la palidez perdió popularidad y se puso de moda el aspecto bronceado, que llegó a señalar al obrero que trabajaba a pleno sol. A últimas fechas, la gente cada vez está más consciente de que el sol provoca cáncer de la piel y por ello muchas personas se protegen con ropas y filtros solares, con lo que resurge la moda de la piel pálida.

Fuente: Selecciones.

¿Ven? ¿Ven? ¡Nuestros antepasados se morían por maquillarse!

Seguí investigando, y resulta que en algunos países los hombres ya están empezando a maquillarse.

Ocho de cada diez hombres argentinos usan productos de cosmética. Consumen crema antiarrugas, gel hidratante y crema para contorno de ojos. El 75% dice que le importa mucho su apariencia física. El 85% asegura que usa estos productos porque le ayudan a estar mejor y el 61% reconoce que ya es un hábito incorporado. Los resultados de la última encuesta realizada por Biotherm Homme Argentina son contundentes y confirman una tendencia mundial que ahora va por más: el maquillaje para varones.Fuente: Perfil.com

La mayoría de hombres que se maquillan no lo hacen con la intención de resaltar las pestañas o los labios como pueden hacerlo las mujeres, aunque siempre hay excepciones, sino que quieren conseguir un tono uniforme de su piel y corregir pequeñas imperfecciones.Fuente: Tener Clase.

Además de usar cremas de limpieza e hidratación para prevenir las arrugas, muchos hombres apuestan también por el maquillaje, que ya no es sólo cosa de metrosexuales. Ya son unas cuantas las marcas especializadas en maquillaje que han lanzado líneas para hombres: Shiseido, L'Oreal, Nivea, Clinique, Ken Men, Guerlain, Gaultier son algunas, pero la lista va creciendo. Son pocos los fabricantes que no han lanzado una línea para el hombre. El hombre se maquilla ya como viene haciendo la mujer, pero el método y el objetivo son distintos. Si una mujer puede decidir entre un maquillaje discreto, casi imperceptible, o uno extremo que quiere "notarse", el hombre tiene que buscar la naturalidad.Fuente: 20 minutos.

Pero bueno, siendo realistas, hasta que un hombre aquí en Ecuador empiece a maquillarse, va a pasar mucho tiempo. Comparto lo que dicen las citas, el hombre también debe verse bien, y puede usar cremas hidratantes, por ejemplo. Eso no lo hace menos hombre. He conocido hombres que van al gabinete a hacerse manicure y pedicure, lo cual me parece espectacular. O en su misma casa se corta las uñas y los cueritos. Maravilloso. Cuestión de estética. Uno tiene derecho a ponerse o quitarse lo que quiera con tal de sentirse bien, y feliz.

Por ello no estoy en contra del maquillaje. Si una mujer no se atreve a salir de casa sin maquillaje porque se siente fea, está en su derecho. Aunque no comparta su posición, es su posición. Si un hombre quiere ponerse rímel en las pestañas y brillo en las uñas, puede hacerlo. Pero con lo que no estoy de acuerdo es en que me impongan el maquillaje. Porque a cierta edad, una mujer ya debe maquillarse. O porque soy mujer debo maquillarme. Disculpen, pero pintarme los labios no me hace más o menos mujer.

¿Y qué sucede con estudios como este?

Casi la mitad de las mujeres no se gustan sin  maquillaje, según un estudio realizado porHarris Interactive, una empresa de investigaciones sociales estadounidense. Esta conclusión confirma lo imprescindible que se ha vuelto el maquillaje para las mujeres de hoy: tal como si fuera una prenda sin la que no se puede salir de casa.
 
En dicha encuesta participaron 1,292 mujeres estadounidenses, 44% de las cuales confesaron que se sienten mal si no se maquillan. Un 16% de ellas aseguran que no son atractivas sin sus cosméticos, mientras el resto creen que van 'desnudas' sin pintarse la cara y no se atreven a salir a la calle sin ello.
Además, la mitad de las mujeres encuestadas suele utilizar maquillaje para ocultar los defectos de su piel y un cuarto de las entrevistadas comenzó a utilizar cosméticos a los 13 años o menos.
 
Entre tanto, otros estudios sobre este tema indican que el sector masculino se siente más atraído por las mujeres no maquilladas. Algunos hombres sostienen que las mujeres excesivamente maquilladas tratan de esconder algunos defectos graves. Otros aseguran que pintarse la cara es equivalente a mentir.
Fuente: RT.

Nos han criado con estereotipos de belleza que no comparto. Roles de género. Y en vez de forjarnos una buena autoestima en base a lo que somos, y amarnos así tal cual, nos instan a ocultar, fingir, maquillar.

Tan solo pongan en Images Google "without makeup" y encontrarán un centenar de fotos de estrellas con y sin maquillaje. Tanta belleza que ven es ficticia. Y esos son los modelos que la industria quiere que sigamos.





Aprendamos a amarnos, tal como somos. Con nuestros defectos. Porque justamente nuestras imperfecciones es lo que nos hace humanos. No soy perfecta, y no quiero serlo.

martes, noviembre 11, 2014

La incongruencia.

La cabeza, el corazón, la vagina. No siempre se ponen de acuerdo. A veces parezco hombre, un par de días al mes me pongo demasiado mujer. Muchas veces no me comprendo. Parece que con el tiempo me he puesto muy exigente y no me atrae cualquiera. O como bien me dijo una amiga: "no hay huevo que te calce". Así de linda es ella. Pero luego leo a Walter Riso y resulta que no debo conformarme con cualquier pendejo. Y así ando, deseando un macho que me calce (no sólo el huevo debe hacerlo). ¿Y qué macho quiero? Chuta, ya he escrito algunos posts al respecto. ¿Dónde está el susodicho? Si lo conocen, no sean mal dato, presenten.

Sí. Estoy feliz soltera. Y prefiero seguir soltera a juntarme con alguien que no me complemente. Bien dice el dicho, "más vale solo que mal acompañado". Sin embargo confieso que ando con ganas de enamorarme. De pensarlo y sonreír. Que me digan "te quiero". Planificar cosas juntos. Admirarnos, apoyarnos. Tener esas largas conversaciones, donde se hable de todo un poco. Conocernos. Mandarnos a la mierda, disculparnos. Tener un amigo, amante, enamorado.

Damas y caballeros, público presente, estoy con la regla, se viene un arrebato de estrógeno.

El asunto aquí es que una está tranquila, esperando a que en algún momento aparezca el susodicho. Pero está también la carne, las ganas, el deseo, la quesura, mijita, la quesura. Uno tiene necesidades... Eso sonó como hombre. Pero dejémonos de comentarios machistas. Tanto hombres como mujeres tenemos las mismas necesidades sexuales. Y sí, me gusta el sexo. No se hagan, chicas, a todas. Entonces una se pone a veces más arrecha de lo normal, y zas, busca defogar. ¿Y después? Cada uno por su camino. A la larga eso ya cansa. Como acabo de decirle a un pana: "no quiero tirar y ya, quiero tirar con feeling". El vernos a los ojos y sentir que hay una conexión que vas más allá de la parte física. Porque el cuerpo se va. Uno llega al clímax, y esa sensación orgásmica se desvanece de a poco. Pero si hay algo más, eso queda.

Ay, bendita regla...

Claro, una aquí está rica, entonces el hombre te ve y te quiere entrar. Y no niego que me gusta sentirme deseada. Me encanta. Pero quiero más que un simple "cuerpeo" (como lo clasifica otra amiga). Es fácil agarrar, acostarse con alguien, y ya. Salen esas propuestas. También sale por ahí uno que otro que quiere algo serio. Pero no cuadran. Y los despacho (por eso mi amiga me chantó lo del huevo. Yo, la exigente). Por otro lado puede que algunos no se atrevan a intentar algo serio conmigo porque saben que aspiro alto (ahí mi amiga y Walter Riso no están de acuerdo) Además, hablo de sexo sin ningún tapujo, soy machona, zángana, jodona, descomplicada, y digo las cosas de frente, sin tanto drama. Así que sé que todo esto hace que puedan verme como alguien con quien pueden intentar un vacile y ya.

¿Y yo? ¿Qué quiero? Quiero alguien con quien planificar un futuro. Viajar. Ir al teatro, al cine. Salir con amigos en común. O simplemente quedarnos en casa, viendo una película, escuchando música, comiendo. O simplemente cada uno por su lado, en su patín. Extrañarnos. Corregirnos. Que se cabree con mi necedad. Pero que me tenga paciencia, por favor. Que sepa mis antojos, y que soy maricona para el dolor de estómago. Que me encantan los niños, pero me irritan los malcriados y peor si hacen berrinches. Que soy amante del chocolate, los viajes por carretera, tragona, irritante, desvergonzada. Me gustan los deportes de aventura, soy engreída, a veces inoportuna, e impulsiva.

Entonces así me encuentro, buscando, esperando, deseando, sin encontrar. Encontrarme, encontrarnos. En algún momento nos encontraremos. Sigo creyendo.

lunes, febrero 03, 2014

Bajar para subir.

A lo largo de mi vida he tenido que atravesar una serie de dificultades. De todo ámbito. Desde económico, estudiantiles, autoestima, etc. Autoestima. Mi infancia fue, para mi punto de vista, jodida. Tuve problemas de adaptación en la escuela. Pasé por algunas instituciones, y en la que más tiempo permanecí, me costó hacer amistades. ¿Por qué? Pues para resumir: era tartamuda, me sentía gorda, fea, y las niñas me tachaban de machona. El famoso "bullying" que tan de moda está ahora, yo lo recibía en la escuela.




Sí. Los niños podemos ser crueles. 

Todavía recuerdo cuando la más bonita del salón se paraba (cuando no estaba el profesor), y decía en voz alta: "Alce la mano quien le gusta Melanie". Y media muchachada alzaba el brazo. "Ahora alcen los que les gusta Gaby". Vaya ahí, otra sarta de manos al aire. Un par más de las chicas bonitas nombradas al azar, y más manos. Ya se imaginan qué pasaba cuando me nombraban...

Súmenle a ese recuerdo un problema de lenguaje. Tartamuda, con todas sus palabras. Moría de la vergüenza si tenía que hablar en público. Pararme frente al salón era una agonía para mí. Luigi, un compañero, osaba cruzarse de brazos y amagar que se quedaba dormido cuando me tocaba leer en voz alta.

Por último, siempre he sido una muchachita activa. Subirse a los árboles, pelotear, lanzarse al suelo, ensuciarse. ¡Eso era diversión para mí! Las muñequitas las tenía en casa. Desarregladas, despeinadas, rebeldes como su dueña. Pero la escuela era para correr, jugar a las cogidas, sacarse la madre en el recreo. Y entonces las niñas empezaron a decirme "machona". Pero cuando quería jugar con ellas, no me dejaban. ¿Qué más, pues? Me iba a jugar con los varones.

Todo eso creó en mí un serio problema de autoestima. Era feliz, tampoco crean que pasaba deprimida, llorando, buscando Tostitos para suicidarme. Jamás. Lloraba, sí, iba a terapia, también. Pero siempre tuve amor. Mi familia fue un puntal de apoyo magnífico. Y dentro de tanta muchachada pendeja, tuve contados amigos que me salvaron.

Así me gradué de la primaria. Al llegar la secundaria, las cosas cambiaron. Ya no había tanto pendejo. Había, sí. Siempre habrán pendejos. Pero empecé a reforzar mi autoestima, conocí mejores personas, y fui sintiéndome mejor conmigo misma. Ahí conocí a una amiga fanática de los dulces, como yo. El asunto era que yo los compraba, mientras que ella los hacía. Oh no, el debacle. Empecé a preparar tortas y galletas después del colegio. Y el problema aquí era que me comía la mitad de lo que hacía. 

Ahora imagínense esos cuadros de porcentajes de ventas, donde la flechita sube, y sube, y suuuuubeeee. Así subí yo de peso.




Siempre he sido de actividad física constante. Deportes, ejercicio. Me encanta. Desde chiquita. Mi abuelita tenía un gimnasio femenino, mi madre lo administraba y daba clases. Las tardes las pasaba ahí. Para mí, hacer ejercicio era un juego. Eso ayudó a que no me hiciera una bola. Pero igual, consumía más calorías de las que quemaba. Y por más dietas que hiciera, medio empezaba a bajar, la rompía, y volvía a subir. Mi adolescencia fue un continuo sube y baja de peso.

Pasé el colegio, entré a la universidad, y seguía en el mismo patín. Amante del azúcar. Podía bajarme paquetes enteros de galletas, medio litro de helado, tortas. La comida chatarra también era mi debilidad. Tengo buen diente. Comer para mí es un placer. Y descubrí que también es un refugio. Soy adicta a la comida. A ese placer momentáneo de meterme un bocado a la boca, saborearlo, disfrutarlo.

A mis 26 años llegué a pesar 199 libras. Con una altura de 1,69mts. Había hecho tantas dietas como amores platónicos tiene una adolescente. La Scardale, la sopa milagrosa, la de la piña, la del lagarto, la del higo (ah no, esas últimas no, disculpen), y tantas más. 

Yo sabía cual era mi problema. No quería cerrarme la boca. No quería dejar de comer rico. Y comía sano. En mi casa, mi madre quien es una excelente cocinera, prepara comida sana. Mi problema era la comida de afuera. La falta de voluntad. Esconderme detrás de ese plato de comida que en ese momento me iba a saber a gloria, y después se iba a alojar en mis caderas. El exceso. Saber que tenía que detenerme, y no hacerlo.

Intenté tantas veces bajar de peso, que a veces perdí la esperanza. No puedo decir que un día simplemente decidí cambiar, y lo hice. La verdad no fue algo así de apoteósico, una epifanía. Creo que simplemente empecé, y ya. Un paso a la vez. Aproveché un descuento que tenía por mi trabajo e ingresé a un centro nutricional. Seguí la dieta que me dieron, iba a las terapias corporales, y descubrí Beachbody. 

Y empecé a bajar.

Todavía recuerdo que durante los primeros 6 meses, no comí dulces, ni chatarra. Jamás había hecho eso. Cero, Polito, cero. Y al empezar a ver los resultados, me emocioné, y seguí. 

Así han pasado estos últimos 4 años. Donde me maravillé al descubrir que el bajar de peso, me subió el autoestima. Desde los últimos años de colegio, empecé a amarme más. A aceptarme. Poquito a poco. Entendí que de pequeña no era gorda, estaba bien. Mis compañeras eran raquíticas, que es diferente. Yo siempre comí sano, fui fuerte, de contextura gruesa. Superé mi problema de lenguaje. Y ahora hablo hasta por los codos. Todavía me trabo, a veces, y me río. Solita meto embrague y arranco otra vez. Mis panas me gozan. Lo machona, ¡ja!, eso no se me ha quitado. Y ya tengo 30 años, no creo que se me vaya a quitar. Soy feliz así, tal como soy. Me pongo mis vestiditos, falditas, me maquillo cada año bisiesto (y se me ve espectacular). Pero casi siempre vas a verme sencilla.

Sencilla. Esa es mi palabra.

Aquellos que recién me conocen hace un par de años creen que siempre he sido así, delgada. Pues nooooo. Era una gordita. Feliz, siempre con una sonrisa. Pero con sobrepeso. Este post fue inspirado por un collage que puse en Facebook donde muestro mi transformación, el trabajo, sacrificio, la voluntad. Me costó horrores. Pero lo logré. Y sigo, porque sé que todavía puedo lograr más. Gracias a todos por su apoyo, consejos, ánimos, puteadas, galanteos (y morboseos, jajajaja). Han sido maravillosos.

Este escrito podrá sonar superficial. A fin de cuentas bajar de peso es sólo apariencia física. Algo corporal, que con la edad se irá desvaneciendo. Pero va más allá. En mi caso, es una lucha conmigo misma, con mis debilidades, mis miedos, mis adicciones, el sistema, el qué dirán, el qué debo ser. Es una batalla, ponerse un objetivo, una meta, y llegar. Exigirse, ser mejor, equivocarse, y seguir, caerse, y seguir, y seguir. Es triunfar. Es una lucha. Bajé de peso, y eso me hizo sentirme mejor conmigo misma. Y todavía lucho. Porque todavía peco. Como cosas que no debería comer. Todavía me escondo en la comida. Y eso es un trabajo que todavía no termino. Poco a poco. Bocado a bocado, en este caso.

Yo no puedo hacer más que contarte mi experiencia. Lo que me costó a mí, no significa que te va a costar a ti igual. Puede que sea más fácil, o más difícil. Todos somos diferentes. Es cuestión de encontrar dentro de ti eso que te mueve a ser mejor. Ese motor que te impulsa. Yo quiero ser feliz, yo soy feliz. Me gusta verme al espejo y sonreír. Coqueta de mierda. Me siento viva, llena de dicha. En armonía. Hay días en que brillo, hay otros en que estoy apagada. Simplemente estoy aquí para aprovechar cada momento. Me gusta irme a la cama de noche sintiéndome satisfecha de lo que hice. Ya no estoy tan traumada. Bueno, a veces sí. Todavía tengo libras que quiero bajar, músculos por tonificar. Pero poco a poco. El truco aquí es disfrutar.

Aquellos que dicen "no puedo". Aquellos que intentan una y otra vez. Aquellos que creen que es muy difícil. A todos, a cada uno de ustedes, les digo que es posible. Perseverancia, disciplina, ñeque, y amor. Que cada fallo nos haga más fuertes.



jueves, septiembre 05, 2013

¿Homosexualidad? La acepto, mientras no la veo.

El otro día estaba conversando con unas personas y saltó el tema de la homosexualidad. Uno de ellos, con toda la seguridad del mundo, sentenció:

"Yo no tengo ningún problema con ellos. Si quieren andar juntos, está bien. Pero no es correcto que anden demostrando afecto en público. El otro día vi en una esquina a dos chicas besándose. Ya eso no deben hacer. No se ve bien. Y tampoco creo que deban permitirles adoptar niños. Va a crecer un niño desviado. No va a saber quién es el papá y quién es la mamá. O no va a entender por qué tiene dos papás o dos mamás".

Dijo tantas cosas con las que no estoy de acuerdo, que no supe por dónde empezar a debatir. Y así como él, deben haber muchas personas que piensan igual. Que toleren la homosexualidad mientras no la vean. "Living is easy with eyes closed". 

Tolerancia:
2. f. Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

¿Tolerancia? Eso no lo considero tolerancia. 

Eso es discriminación.

Entonces me viene la pregunta: ¿la homosexualidad va contra natura? Porque biológicamente el pene y la vagina están diseñados para encajar. Pero a la hora del sexo, se vale todo. Y ni hablar del amor. Si hay sexo sin penetración, y un sinfín de manifestaciones de amor, ¿por qué señalar a una pareja del mismo sexo?

Pero claro, el porno lésbico te enciende, ¿verdad?

Y a la hora de criar hijos, ¿cuál es el argumento que considera que dos hombres o dos mujeres no pueden educar a un niño con buenos valores, o principios? ¿Porque son homosexuales? El amor, el respeto, la comprensión, el perdón, la felicidad, el agradecer, la superación, el querer ser mejor, son innatas del ser humano. Ya sea hombre, mujer. Hetero, homo, bi, les, trans, y tantas definiciones. Todos somos capaces de amar, de ser felices, de enseñar, de aprender. ¿Una pareja del mismo sexo puede criar a un hijo con buenos valores? ¡Por supuesto!

Abre los ojos. El amor no se limita. El amor da, y recibe. El amor no se puede definir así y ya. Lo que es amor para mí, no será amor para el otro. Y si dos personas se encuentran, y nace algo entre ellos, algo que vale la alegría, algo por lo que valga la pena luchar, un sentimiento que crece y saca lo mejor de ellos, ¿quiénes somos nosotros para señalarlos y decirles que están mal?


domingo, junio 02, 2013

Quiero.


Quiero alguien loco como yo.
Que le guste planificar, y que también despierte un sábado sin planes y diga: "vámonos a la playa".
Que le guste que sea payasa. Y que ande en bici conmigo. Que haga ejercicio, y le guste estar en forma.
Que baile. Se coma mi comida. Y diga que está riquísima.
Que diga que yo estoy riquísima. Que me haga sentir una reina, una princesa, una puta en la cama. Que me coquetee, me diga que hoy estoy guapa. Y cuando algo no me asiente, me lo diga. Que se deje de huevadas, si ese jean me aplasta la nalga, dígalo.
Que sea un atrevido. Que me agarre la nalga en público, cuando nadie nos esté viendo.
Que despierte en la madrugada cachondo, y me haga el amor. Eso sí, no todas las noches. Quiero dormir, por favor.
Quiero alguien hogareño. Pasar un finde encerrados en casa. Descansando, viendo una peli. O cada uno por su lado.
Que comprenda mis manías, y me las goce. Sí, porque parece que soy obsesiva-compulsiva. Pero de las buenas -hasta ahora-, tranquilidad.
Quiero alguien que me abrace. Me bese la punta de la nariz, acaricie mi rostro, me rasque la espalda.
Quiero que me haga reír. Que me joda, me moleste, me saque de quicio. 
Quiero que me maltraten con cariño. Sí, también tiendo a ser sadomasoquista. No me pegues, que me enamoro.
Quiero alguien que no fume, ni use drogas, y beba cuando la ocasión lo amerita. Alguien que no necesite alcohol para divertirse.
Quiero alguien que escriba correctamente. No tiene que ser un grammarnazi como yo, pero las faltas ortográficas no van conmigo.
Quiero alguien que cometa errores, que los acepte, se disculpe, y trate de no volverlos a cometer. 
Quiero alguien con quien aprender.
Quiero alguien a quien admirar. De quien sentirme orgullosa, por estar a su lado. Alguien que crezca, y quiera ser mejor persona. Alguien que me apoye, me ayude, y me bote al vacío, cuando vea que estoy lista para volar.
Quiero pasión, quiero lujuria, quiero locura.
Quiero alguien maduro, responsable, trabajador. No quiero que se pudra en plata. Ni mansiones, 3 carros, y 2 piscinas. 
Quiero alguien sencillo, que no se complique por las puras. 
Quiero alguien seguro, independiente. Que no se muera porque no estoy ahí. Pero que me extrañe.
Quiero alguien que exprese sus emociones, lo que siente, lo que piensa, lo que quiere. Que no se guarde las cosas. 

Debe saber que:
Todavía lloro por la ausencia de mi papá.
No me gusta mostrar mi lado vulnerable. No dejaré que me vean llorar tan fácilmente.
Tuve una infancia muy complicada. Que me batraceaban en la escuela, era tartamuda, me sentía gorda, fea y tenía muchos problemas de autoestima.
Soy machona. Rara vez me maquillo. Amo andar en pantaloneta y zapatos de caucho. Pero también me gustan los vestidos, y las faldas.
Me gusta el huevo frito con la yema intacta.
A veces tomo el agua o el jugo a pico directo de la jarra.
Amo, amo, AMO a los Beatles.
Soy una "grammarnazi". Temática con la gramática y ortografía.
No le hago al fútbol, soy agnóstica tirando a atea, y medio me interesa la política.
Me equivoco, cometo errores, defraudo.
Amo a mi madre, pero muchas veces me saca de quicio.
Soy una antojada de mierda.
Tengo antojos permanentes: helado, galletas, yogurt con pan de yuca, chocolate, arroz con menestra y carne, camarón, maracuyá, comida china.
A veces me dan antojos de algo indefinido. Rara vez sucede. Me da el antojo, pero no sé de qué es. Y sufro. 
Soy temática para ir al cine. 
Soy terca, obstinada, obstusa, caprichosa, peleona, infantil, orgullosa.
Para aceptar que me equivoqué, me toma tiempo, trago mierda, pero al final agacho la cabeza y lo acepto. 
No me gusta que me griten por las puras, que me culpen de algo que no hice, y discutir las cosas más de dos o tres veces.
Cuando me enfermo, me gusta que me engrían, me apapachen y me cuiden hasta que me sienta mejor. Soy una niña.
Soy una engreída de mierda.
Jodo, porque cuando me toca joder, jodo en serio. A pain in the ass.
Si medio hace frío, se me hielan las manos y los pies (y la puntita de la nariz).
A veces me quedo callada, y disfruto esos momentos de silencio.
Soy bulliciosa, y gritona.
Soy temática con la limpieza, pero al mismo tiempo puedo ser una cochina de mierda.
Tengo mis incongruencias.
No me gusta perder, y me cuesta aceptarlo.
Me debato entre la responsabilidad y la irresponsabilidad en algunas facetas de mi vida.
Cuando me cabreo, me cabreo en serio. Puedo mandar a la verga. Muy rara vez va a pasar. Pero puede suceder. 

Quiero...
Quiero alguien que se debata entre la locura y la cordura. Alguien con quien volar, y aterrizar. Alguien que me ayude a entender por qué a veces nos complicamos por pequeñeces, y que con una sonrisa, me ilumine el día. Alguien que vea, entienda, y acepte, que no soy perfecta. Tengo mis errores, mis huevadas, mis cargas, pero vivo feliz. Soy feliz. Alguien con quien compartir la felicidad de vivir.

martes, marzo 26, 2013

Tú, en serio, me desatas.


Hay una pequeña pervertida que habita en mí, la cual despiertas con esa mirada obscena, que me desnuda en público. Esos dedos lascivos, divirtiéndose hurgando en mi interior. Aquella lengua hirviente, que me escarmienta, entre dientes, en cada beso. Te ofreces cual banquete. ¡Por la puta! Todo tú eres un deleite. 

Liberas esa bestia indomable con cada nalgada. Mmmm... esa palma salvaje me deja roja, azorada, deseando más. Más dolor, más placer. Mi trasero queda latiendo, y disfruto cada palpitar, y como la mínima brisa me hace erizar. 

Muérdeme, déjame tu marca. Así puedo sentirte días después, cuando me acaricio y dibujo el contorno de tus dientes en mi piel. Soy tuya. Eres mío. Me haces tuya. Te hago mío. Nos poseemos en cada encuentro.

Luego, me agarras del cabello, y tiras hacia arriba, (benditos hincones en mi cuero cabelludo), para introducirme tu lengua hasta lo más profundo de mi boca. Tomándome toda, como si fuera a acabarse el mundo en ese momento.

Y me haces explotar. Una, dos, tres, diez. Hasta perder la cuenta. Orgasmos que llegan en oleadas. Me convierto en mar. Fluyendo de placer. Corriéndome. Recorriéndome. Llegando al punto máximo en donde no distingo la realidad de la ficción. Donde convulsiono, y se nubla mi razón. Acabas mi mundo, me destruyes, y me reconstruyo. Muero, para volver a nacer. Así, adolorida, extasiada, sin poder moverme, yazco a tu lado. Viéndote viéndome. Deleitándote. Sonriendo. Poseyéndome con solo tu mirada. 

Cierro mis ojos, no puedo más. Caigo en un letargo. Y dormito, arropada con tu olor.

viernes, marzo 15, 2013

Escúchame.


Escúchame cuando creas que esté equivocada. Déjame expresarme, así no estés de acuerdo. A veces puedo decir barrabasadas. Lo sé. Sí, también soy una exagerada. Pero escúchame. Me gusta ser escuchada. Necesitamos ser escuchados.

No siempre vamos a estar de acuerdo. Venga, qué aburrido sería una relación donde no hayan puntos en contra. Es justamente eso lo que ayuda a definir y fortalecer el vínculo. Necesitamos ese desafío. La vida misma lo es.

No menosprecies mi opinión, por ser contraria a la tuya. No me calles. Escucharte es mostrarte mi respeto. Porque tu opinión es importante. Y lo reitero: aunque no esté de acuerdo con ella.

Escúchame cuando te cuente mis problemas, aunque tú los consideres pequeños. No siempre voy a necesitar que los soluciones. A veces, simplemente uno necesita desahogarse. Botarlo todo, y así dejar espacio para reacomodar los pensamientos. Y de repente, podremos encontrar la solución.

Escúchame cuando te cuente mi día. ¿Sabes por qué lo hago? Porque te quiero hacer partícipe del mismo. Para compartirte mi vida, en aquellos momentos en que no estamos juntos.

Escúchame cuando me queje, pero no permitas que me ahogue en críticas. Peor si no son constructivas. Tan sólo escúchame y ayúdame a ver que estoy perdiendo el tiempo, si me estanco en la queja y no busco una solución.

Escúchame cuando te pida ayuda, porque será cuando más te necesite. No me gusta mostrar mi vulnerabilidad. Si lo hago, no me abandones.

¿Y cuándo esté cabreada? ¿Y quiera mandar todo a la mierda? ¿Cuando quiera matarte?

Tenme paciencia. Muy rara vez llego a explotar. Me gusta hablar con tiempo, expresar mis desacuerdos. No me gusta acumular rabia. No es sano. Si llego a estar de malas, lo último que voy a querer hacer es hablar. Déjame en mi cueva, me calmaré, y saldré con mejor disposición para dialogar.

Y como toda en esta vida se devuelve. Yo seré recíproca. Aquí estoy para escucharte también.

lunes, marzo 11, 2013

¿Quién entiende al corazón?



Ama apasionadamente. Con rabia. Lujuria. Fervor. Y así como ama, también puede odiar. Con el mismo ímpetu, con el mismo desenfreno. 

Sí. Sé que el corazón es sólo un órgano que bombea sangre. Todo está en el cerebro. Bendita máquina segregadora de hormonas, pensamientos, emociones, y sueños.

Entonces, el que ama es uno. Entero. Yo. Yo amo. Con cada célula de mi cuerpo. Yo. Yo siento. Con cada poro de mi piel. Yo. Yo quiero. Con cada respiración que hincha mi pecho. Y así uno debe de aceptarse. Con sus errores, y sus virtudes. Porque uno es, y no puede cambiar. Sólo adaptarse. Y soltar, no amarrarse. Saltar al vacío, y disfrutar el viaje. Porque nada dura para siempre. Somos sólo pasajeros en este tren llamado "vida". Soy como la fábula de la rana y el escorpión. A la larga voy a picar, aunque eso provoque mi fin. Es mi naturaleza. Lo sé, y lo acepto. Moriré viviendo con pasión.