martes, diciembre 06, 2022

La baqueta.

Comenzamos teniendo tres cosas en común: el nombre, el reloj y la orientación sexual. Conforme pasaba el tiempo esta lista de coincidencias se fue incrementando. Nada es casualidad, asegurábamos las dos. Y a veces, cuando crees que tienes la vida resuelta, el universo te sorprende colocándote en un momento y lugar preciso para aprender más de ti.

Ese sábado acudimos juntas al plantón. Y por más experiencia que tengas siempre estás expuesta a que te suceda algo. Y ese día pasó. En un acto cobarde y traicionero, un agente de la autoridad te roció gas lacrimógeno a quemarropa por la espalda. Los gritos y reclamos de todos los presentes no se hicieron esperar. Y la humanidad afloró en todos al correr a socorrerte. Entre lágrimas y gritos de dolor intentamos aliviar el ardor. Te quitamos la camiseta y te cubrimos la cabeza con otra, a modo de carpa, para soplarte humo de cigarrillo. Tú seguías llorando. Yo no sabía qué hacer, nunca había estado en una situación así.

Terminamos saliendo del lugar para ir a la casa de una de las compas. Te metimos al baño y, con celular en mano, buscamos como quitarte esa huevada de encima. Un litro de leche y varias jarras de agua jabonosa después tú seguías sufriendo. Yo no sabía qué más hacer, nunca había estado en una situación así.

En un momento de lucidez (o conexión con algo más) cerré la puerta del baño y te desvestí. Me quité también toda la ropa y nos metimos a la ducha. Te bañé. Te abracé. Te besé. Mientras lavaba tu cabello sentí el ardor en mis ojos. Todavía tenías gas encima y empecé a llorar también. Cerré mis ojos y seguí restregando. Toda tú temblabas. Y no era por el frío.

Te enjaboné toda, de pies a cabeza. El agua nunca dejó de correr. Al igual que mis caricias por todo tu ser. De pronto, mi boca se unió y empecé a decirte cuán orgullosa estaba de ti y lo admirable que eres. Una mujer fuerte, decidida, luchadora, valiente. Alguien que cambia la vida de las personas que topa.

Y así, entre el shampoo, el jabón y el amor te fuiste calmando. Tu piel ya no estaba enrojecida y respirabas con tranquilidad. Ya no llorabas. No me dejabas de abrazar. Yo no te iba a soltar.

No sabemos cuánto tiempo habrá pasado. Cerré la llave del agua y procedí a secarte muy suavemente. Te sentía tan vulnerable que cuidaba todos mis movimientos para no lastimarte.

Y así, aunque al comienzo no supe qué hacer ya que nunca había estado en una situación así, me dejé llevar por la energía básica que nos mueve: el amor.

Fuente: Percha


1 comentario:

Anónimo dijo...

🥺 una maravillosa expresión de amor y revolución 💜